Alejandro Casallas, el hombre detrás del descalabro del Jamming

El que prometía ser el festival de música más grande del año en Colombia, con más de 100 artistas y bandas repartidos en tres días, se canceló pocas horas antes de su comienzo. ¿Qué pasó? ¿Qué harán los proveedores que habían invertido millones de pesos para estar en el evento? ¿Se les devolverá el dinero a quienes compraron las boletas?

19 de marzo de 2022

Por: Brandon Ortiz

El 16 de marzo de 2022, el Jamming Festival publicó un comunicado en el que confirmaba la realización del evento que estaba pronosticado para comenzar tres días después. Allí, incluso, los organizadores dieron “un parte de tranquilidad” e invitaron a todos los medios de comunicación y asistentes “a no caer en falsas incertidumbres que tienen como único objetivo frenar el buen curso del festival”, que se llevaría cabo el fin de semana del 19, 20 y 21 de marzo en Ibagué (Tolima).

Desde noviembre del año pasado ya se venía advirtiendo que varios de los grupos o artistas musicales del ambicioso cartel del Jamming no tenían publicada en sus páginas web la fecha de esta gira o su participación en el festival, y fue entonces cuando comenzaron las dudas. Sin embargo, su director y fundador, Alejandro Casallas, en entrevista en La W Radio el 9 de noviembre de 2021, aseveró que todo estaba en orden y que seguía en marcha. 

En ese momento, el festival estaba vendiendo las boletas con un descuento especial; comprar un combo para los tres días costaba, por ejemplo, 620.000 pesos.

Casallas aseguró, en esa misma entrevista con La W, que tenía firmados contratos con todos los artistas que aparecían en su cartelera y que jamás lanzaba un artista sin confirmar. Además, se refirió a los “video saludos” como garantía de confirmación de los artistas anunciados. 

Tanto así, que hasta el 17 de marzo seguían publicando videos promocionales del Jamming en sus redes sociales, con saludos de UB40 FT Ali Campbell, Sobredosis de Soda, Cultura Profética o Feid. 

El Jamming Festival 2022 prometía ser el evento musical más grande del año en Colombia, al juntar a más de 100 artistas y agrupaciones en tres días, de géneros tan variados que iban desde el reggae, el rock y el ska, hasta la música norteña mexicana, el vallenato, la salsa, el merengue y el reggaetón. El Jamming reuniría a estrellas de la talla de Sean Paul, Don Omar, Los Tigres del Norte, El Gran Combo de Puerto Rico, Grupo Niche, Guayacán Orquesta, Silvestre Dangond, Maelo Ruiz, ChocQuibTown, Miguel Mateos, La Mala Rodríguez, Los Toreros Muertos, Molotov, Los Prisioneros, Aterciopelados, Caifanes, Orishas y Los Amigos Invisibles.

Y no solo fueron los “video saludos” de estos artistas, sino que el festival continuaba promocionando la venta de boletas hasta unas 13 horas antes de que se anunciara la cancelación.

Incluso, los propios artistas estaban informando sobre su llegada a Colombia o a  Ibagué, la ciudad donde se realizaría el evento.

Pero algo olía mal en todo esto. Primero, la Superintendencia de Industria y Comercio emitió un comunicado según el cual, tras unas “visitas administrativas de inspección y requerimientos de información”, le había ordenado a la empresa Buena Vibra Eventos E.U., organizadora del festival, que informara de manera “clara, veraz, suficiente, oportuna, verificable, comprensible, precisa e idónea” de todas las presentaciones de los artistas porque no lo había hecho. El plazo para hacerlo: 16 de marzo, tres días antes del comienzo del festival. 

Luego, las redes sociales se inundaron de rumores sobre nuevas cancelaciones de artistas y bandas, y de mensajes que recordaban lo sucedido en ediciones anteriores del festival, como cuando se realizó en Ricaurte (Cundinamarca) y recibieron críticas por la logística del evento.

Hubo quienes desde enero venían advirtiendo de varias cosas que no cuadraban en las promesas del Jamming. El periodista musical Sebastián Narváez fue uno de ellos. 

Tras la confirmación de la mala noticia, poco antes de las 8 de la mañana del viernes 18 de marzo, Johana Fuentes, editora general adjunta de La W Radio, dijo en su Twitter que el problema era tan grave que muchos artistas de la talla de Bobby Cruz, Caifanes o Aterciopelados solo se enteraron de la cancelación del evento cuando la emisora llamó a entrevistarlos.

¿Qué viene ahora?

En diálogo con Vorágine, Fabián Montenegro, organizador y promotor de eventos, así como encargado de producción de campo para eventos masivos como el Estéreo Picnic o el Baum Festival, dijo que un organizador de eventos de este tipo mantiene una responsabilidad con las personas a través de la boleta que se compra, y que debe comprometerse a realizar la devolución del dinero en caso de cancelación total del evento.

La boleta para asistir un día costaba $290,000, y el paquete de los tres días completos tenía un valor de $720.000. Incluso, los organizadores del Jamming ofrecían el servicio de transporte desde Bogotá por $100.000. Varias fuentes le dijeron a Vorágine que el aforo en los tres días sería de al menos 150.000 personas, pero el lugar donde se realizaría (el parque recreacional Playa Hawai, a unos 10 kilómetros de Ibagué) solo tenía aforo para 40.000. Con esos números, el festival recogería solo por concepto de venta de boletas, aproximadamente, la nada despreciable suma de $40.000.000.000. 

Varias personas que hablaron con Vorágine compraron sus boletas para este festival desde finales de 2019, recordando que en 2020 comenzaron los aplazamientos por diferentes motivos, el principal de ellos, la llegada del Covid-19 a Colombia. Una de ellas conserva la orden de compra para dos personas, en dos días del festival. Fue a finales de 2021 cuando se anunció que se le añadiría un día más y que vendrían muchos más grupos y artistas de los prometidos para el que había sido aplazado por la pandemia.

En un nuevo comunicado, emitido cuando ya el escándalo era imparable y se sabía que no iba a llevarse a cabo, el Jamming Festival volvió a hablar de un “aplazamiento”, precisamente con el objetivo de no referirse a cancelación de ningún tipo, generando una nueva expectativa de fecha con los asistentes, sin otorgar una respuesta contundente y de fondo que resolviera todas las dudas existentes frente a las causas y consecuencias de esta cancelación. 

Montenegro dice que no quisiera estar en este momento en los zapatos del organizador, pues su compromiso principal es con los artistas: “Ahí está el meollo del asunto, por los compromisos que le quedan al organizador con las cláusulas de contrato con cada artista. Si tú tienes un artista contratado, tú lo apartas con un 50% y hasta llegado el día del evento le puedes pagar el otro 50%. Otros artistas ponen otras condiciones, en donde ese otro 50% puede ser la condición de que no haya ningún reembolso. De entrada, el organizador va en pérdida con aquellos que ya deben estar en Ibagué o Bogotá, gastos como transporte, hospedaje, alimentación”.

Sobre los comerciantes que esperaban ventas masivas durante este fin de semana, la situación es igual de preocupante. Por un lado, Sebastián Rengifo, emprendedor de Ibagué, cuenta que las directivas del Jamming le aseguraron que habían vendido 150.000 boletas (50.000 por día), por lo que sería un evento masivo y de reactivación para la ciudad, así que les pagó a ellos directamente por 3 puntos distintos en Playa Hawai, el escenario donde se desarrollaría este festival. Añade que los organizadores le solicitaron inicialmente el pago en efectivo, lo que le generó desconfianza. 

“Colocamos a disposición 9.000 platos de lechona, y aunque la gente nos ha tratado de ayudar, no hemos podido venderlos. Nosotros invertimos una cantidad de dinero muy alta, pues el punto más económico (dentro del festival) costaba 15 millones y de ahí para arriba… el monto de un restaurante costaba 86 millones de pesos”, narra Rengifo. Este afectado por la cancelación del Jamming dice que empezó a temer que algo pasaba el 16 de marzo, cuando el equipo de logística se retiró del lugar pero, según él, los organizadores aseguraron que no había ningún problema. 

Sin embargo, Rengifo cuenta que el 18 de marzo, a las 4 de la mañana, recibieron la noticia de que los directivos del Jamming se habían ido, o en sus palabras: “como quien dice, se volaron”. Según él, otro afectado del lugar le informó a las 6 de la mañana que debía ir a Playa Hawai a recoger lo que alcanzara porque “todo se había ido al piso”. Se refiere a los hurtos que se presentaron en horas de la mañana, cuando varias personas se llevaron una gran cantidad de elementos del montaje y productos, entre otros. 

En el mismo sentido, Angie Paola Carreño, comerciante de alimentos también afectada por la cancelación del Jamming, afirma que hasta el 17 de marzo todo el evento seguía confirmado, y que incluso a ella la motivaron a elaborar más productos porque eran muy pocos para la cantidad de asistentes que Ibagué recibiría. 

Carreño dice que su participación se daría a través del Ibagué Bureau, y que pagó $800.000, correspondiente a un primer 50% del valor total del stand. Asegura que desde el Bureau tampoco conocían lo que estaba ocurriendo y que han prometido devolver el dinero. 

Esa información del flyer, publicado por el Instagram de Ibagué Bureau, coincide con la promesa que las directivas del festival le hicieron a Rengifo: asistirían unas 150.000 personas.

“Yo vi este evento como una vitrina muy grande para visibilizar y abrir el camino de muchos campesinos para mejorar los precios de las cosechas… Hoy a las 4 de la mañana nos llega a un grupo (de Whatsapp) que no dejaban entrar a nadie, que la gente de logística se estaba montando en los buses y se estaba yendo, que estaban sacando a todo el mundo. El jefe más grande del Jamming aún no aparece. Si hace dos días, con el comunicado de la superintendencia, ya se sabía que lo iban a cancelar, ¿por qué no nos dijeron?”, relató Carreño el día de la cancelación. 

Vorágine intentó comunicarse con Greis Cifuentes Tarquino, secretaria de Cultura de Ibagué, y con Andrés Hurtado, alcalde de Ibagué, pero hasta la publicación de este artículo no contestaron nuestras llamadas ni mensajes de Whatsapp. 

El 18 de marzo, tras la cancelación del que prometía ser uno de los festivales de música más importantes del país, el Jamming Festival publicó un nuevo comunicado, en el que primero justificaron la cancelación de varias agrupaciones o artistas como Vicentico, La Maldita Vecindad, La Sonora 100 Fuegos, Black Eyed Peas, Damian Marley, Ky Mani Marley, Enanitos Verdes y Zona Ganjah, entre otros. 

Luego, culparon a una “bodega digital que bombardeó las redes sociales de denuncias sin sustento” y dijeron que algunos de esos mensajes buscaban “incitar a agredir al director general” del festival. “Dichas circunstancias conllevaron a tomar medidas responsables como suspender el evento, con el fin de salvaguardar la integridad, bienestar y salud de nuestros asistentes, proveedores y público en general”.

Según el comunicado, los organizadores “han estado en reuniones con autoridades locales para ver la forma de minimizar el impacto en la región”. 

El alcalde de Ibagué Andrés Fabián Hurtado apareció luego en los medios locales para “exigir” a los empresarios organizadores del festival la devolución total del dinero. “Exigimos que de manera inmediata se pronuncien, de manera seria y responsable, no con este comunicado que genera solamente expectativas y zozobra. Exigimos al empresario que devuelva el dinero de manera inmediata y se pronuncie de manera oficial y no con estos comunicado de prensa irrisorios, que no responden a la gran expectativa que se había generado en la ciudad de Ibagué”, aseguró Hurtado. 

¿Qué pasará con los emprendimientos que pagaron por sus puestos o stands y fueron afectados con esta cancelación? ¿Quién responderá por la poca seguridad del lugar y los elementos que hayan sido hurtados de allí? Este nuevo comunicado no responde ninguna de estas preguntas y deja más dudas en el aire. 

En ese texto sólo se menciona que las personas que adquirieron sus boletas para el ingreso en los distintos días al festival tendrán la posibilidad de cambiarlas por otro evento organizado por ellos o pedir la devolución del dinero, para lo cual deben escribir al correo [email protected] antes del 30 de marzo.

¿Quién es el empresario a cargo del Jamming Festival?

De los empresarios tras bambalinas de los grandes eventos, muchas veces es poco lo que se sabe. Alejandro Casallas, fundador y director del Jamming Festival, inauguró su idea hace 10 años con la primera edición de este festival, que hoy tiene en un drama a decenas de emprendimientos que estarían ofreciendo sus productos estos tres días. 

Alejandro Casallas es odontólogo y, junto a su esposa, Paola Moreno, crearon este evento para reunir a grandes artistas de la música reggae con sus fans. En una entrevista con Cartel Urbano, esta pareja contó el inicio de este proyecto, al que le antecede un bar que fundaron, llamado ‘Bar Casa Babylon’, y desde donde surgió la iniciativa de realizar algo más grande y ambicioso. 

De hecho, es frente a este bar, ubicado en el barrio Chapinero de Bogotá, donde decenas de personas han ido a reclamar su dinero, exigir una explicación sobre lo ocurrido y protestar a través de grafitis, huevos o, incluso fuego.  

Este odontólogo-empresario declaró en esa misma entrevista que su cercanía y amistad con varios integrantes de reconocidos grupos musicales lo llevaron a conocer más bandas y artistas, por lo que amplió su posibilidad de realizar el evento con mayor éxito.  

En 2011, Alejandro Casallas y su esposa ya habían traído a Bogotá (en la celebración del séptimo año de su bar) a Damian Marley. La pareja aseguró que en su momento costó 200.000 dólares traerlo. 

En esa misma entrevista, este organizador de eventos hizo diferentes críticas al Estado colombiano, según él porque no apoyan lo suficiente estos festivales. 

En febrero de 2020, Casallas le aseguró a ‘La Casa del Hip Hop Colombiano’ que siempre ha estado preocupado por otorgar espacios a las nuevas bandas o bandas emergentes. Habló también de un supuesto sentido social que intenta reflejar con donaciones, alianzas y espacios de reflexión. 

Por ahora, el dueño y principal organizador del evento continúa sin dar explicaciones claras sobre lo ocurrido, de forma individual. La Superintendencia de Industria y Comercio anunció que abrirá una investigación administrativa contra Buena Vibra Eventos E.U. Y los fanáticos de los más de 100 artistas y agrupaciones que eran la gran promesa del festival, se quedaron con los crespos hechos.

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