Arzobispo de Cali reta a los jueces de la República y se niega a cumplir sentencia

Aunque se autoproclama como defensor de los derechos humanos, monseñor Darío Monsalve es un férreo encubridor de sacerdotes pederastas y abusadores sexuales. Se suman a él los arzobispos de Medellín, Bogotá y el obispo de Sonsón-Rionegro.

12 de junio de 2022

Por: Juan Pablo Barrientos
Ilustración: Angie Pik

El 17 de mayo de 2022, Vorágine publicó la historia del sacerdote Dagoberto Cárdenas Artunduaga, quien presuntamente abusó sexualmente de un niño de 14 años que era parte de la llamada «Primera Línea» en Cali, según tres fuentes protegidas. Cárdenas salió del país con la venia de su arzobispo, monseñor Darío Monsalve Mejía, quien lo protegió y lo encubrió por ser su mano derecha. 

La presunta violación ocurrió en la Casa Mónaco, un lugar que el arzobispo destinó para los jóvenes de la «Primera Línea» que se manifestaron durante las protestas de 2021. Cárdenas era el párroco de Nuestra Señora de los Remedios, rector de la escuela diaconal Pablo VI, asesor de una asociación privada llamada Lazos de Amor Mariano y vicario episcopal para el Desarrollo Humano Integral. Este último cargo fue el que precisamente lo llevó a acercarse a los jóvenes que pernoctaban en la Casa Mónaco.

Vorágine contactó al sacerdote Dagoberto Cárdenas quien, al igual que todos los curas denunciados por pederastia y abuso sexual en Colombia, negó las acusaciones: «Que yo tenga presente ni he abusado de ningún menor ni el arzobispo me ha sacado del país». El clérigo dijo que estaba de viaje porque «desde el año 2020 tenía una peregrinación a Fátima, Tierra Santa y Roma pendiente, que después de haber solicitado permiso al arzobispo y comunicado al arzobispo coadjutor y a mi comunidad parroquial he salido con un grupo de sacerdotes y laicos y estoy por acá hasta finales de la próxima semana (sic)». Y agregó: «Si hay alguna denuncia al respecto, al regresar con mucho gusto responderé ante quienes me notifiquen de tal situación».

Cárdenas ya regresó al país, y desde su llegada ha emprendido una campaña mediática para negar las acusaciones. Su defensa es que no existe una denuncia penal en la Fiscalía, afirmación que no hemos hecho en Vorágine; sin embargo,  nos reafirmamos en la publicación y en la denuncia que conocimos a través de tres fuentes protegidas. Una cuarta fuente protegida nos la confirmó recientemente, y agregó incluso que a los jóvenes de «Primera Línea» los tienen amenazados si hablan de los presuntos abusos del cura Dagoberto Cárdenas. 

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Monseñor Darío Monsalve no quiso responder a los mensajes de Vorágine que le preguntaban las razones por las que había sacado a Cárdenas del país. Luego, cuando el cura regresó, el arzobispo de Cali enfiló sus baterías para tildarnos de «verdaderos encubridores» y asesinos morales, en respuesta a un comunicado que publicó su protegido en redes sociales. Dicho documento también fue replicado por las redes de la Arquidiócesis de Cali que, hasta el momento, no ha emitido una comunicación oficial ni nos ha enviado una solicitud de rectificación. Tampoco lo ha hecho Cárdenas Artunduaga.

Lo que sí hizo la Arquidiócesis de Cali, fue enviarnos una exótica solicitud de información «al tenor de la legislación del derecho canónico y conforme al Decreto 406 de 2014 de la Arquidiócesis de Cali». 

Como el derecho canónico no es una fuente de derecho, Vorágine no responderá dicha solicitud, más cuando todos los detalles sobre esta denuncia los tienen el sacerdote Dagoberto Cárdenas y su protector y encubridor, el arzobispo de Cali, a quien no le importa insultar a medios de comunicación y periodistas con tal de que no se conozca el escándalo. 

La actitud pendenciera de Monsalve Mejía para proteger a pederastas no es nueva. Ya lo hizo con el abogado Elmer Montaña, defensor de cuatro hermanitos que fueron violados por el cura William Lasso. Monseñor Monsalve, discípulo del cardenal Alfonso Lopez Trujillo, culpó a la mamá de los menores por el abuso sexual de sus hijos y trató de silenciar a la familia con dinero con tal de que abandonaran la defensa de Montaña. 

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El arzobispo de Cali cree que el derecho canónico está por encima del derecho ordinario, y es por eso que, además de enviar solicitudes ilegítimas, reta las decisiones de los jueces de la República. Monsalve se sigue negando a responder un derecho de petición que pregunta por 627 curas, porque, según él, Vorágine no es un medio serio u objetivo. El 28 de febrero de 2022, la jueza 13 Civil Municipal de Cali le dio 48 horas al arzobispo Monsalve para que respondiera, pero su negativa persiste. 

La autoridad —y la dignidad— de la jueza Luz Amparo Quiñones fue pisoteada por el arzobispo de Cali, y ella lo permitió. Después de ordenarle a Darío Monsalve responder por los 627 curas, y luego de evidenciar la negativa del alto prelado de cumplir la sentencia judicial, la jueza se negó a iniciar el incidente de desacato.

El caso de Dagoberto Cárdenas no es el único de los últimos días en el Arzobispado de Cali. Hace poco, Monsalve también suspendió a John Fredy Gallego Bermúdez, rector del Seminario Mayor. En noviembre de 2021, Noticias UNO publicó la historia del cura Francisco Hernán Castaño Zapata, protegido de Darío Monsalve y prófugo de la justicia después de violar a una niña de 13 años. De ahí la renuencia del arzobispo en cumplir la sentencia de la jueza 13 civil, pues demostraría que durante su episcopado ha encubierto a decenas de sacerdotes pederastas y abusadores sexuales, con la venia del arzobispo coadjutor, Luis Fernando Rodríguez, quien ha acompañado a Monsalve desde 2014 como obispo auxiliar y lo sucederá en el cargo cuando el papa Francisco le acepte la renuncia.

Y no solo el arzobispo de Cali ha retado a los jueces de la República. El arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Luis José Rueda Aparicio, se niega a responder un derecho de petición que pregunta por 927 sacerdotes. Engañosamente, y avalado por Hernán Andrés González Buitrago, juez 33 civil municipal de Bogotá, monseñor Rueda entregó los nombres de seis sacerdotes que la Arquidiócesis de Bogotá ha suspendido o expulsado en los últimos meses para evitar responder por todos los sacerdotes que han tenido relación con esa jurisdicción eclesiástica en toda su historia.

Rueda Aparicio aspira a ser cardenal a pesar de que encubre a sacerdotes pederastas. En esa tarea le ayuda monseñor Luis Manuel Alí Herrera, su obispo auxiliar, a quien, irónicamente, el papa Francisco nombró en la comisión que busca que los curas no violen niños y niñas en representación de los obispos del mundo. Es tal la red de pederastas en la Iglesia católica que cada diócesis, arquidiócesis y comunidad religiosa está obligada a tener comisiones similares, todas en el papel, pues los obispos siguen encubriendo a peligrosos depredadores sexuales.

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Pasa en las ciudades grandes, también en las pequeñas. El obispo de Sonsón-Rionegro, Fidel León Cadavid Marín, quien también ha encubierto a decenas de pederastas, se niega a responder un derecho de petición que pregunta por 485 sacerdotes, insultando a los dos jueces de Rionegro que, en primera y segunda instancia, le ordenaron entregar la información. 

Cadavid Marín encubrió a cuatro de los seis sacerdotes que, presuntamente, abusaron sexualmente de un niño al que «se rotaron» en San Rafael, Antioquia. La historia la cuenta el libro Dejad que los niños vengan a mí, que fue entutelado por dos curas que perdieron en primera y segunda instancia, para tratar de evitar que el libro se comercializara y que Colombia conociera su historia. Tras una breve suspensión luego de conocerse la denuncia, monseñor Cadavid nombró a los dos curas en importantes cargos diocesanos. Hoy el sobreviviente está al borde de la muerte, sin que eso le importe mucho a los mal llamados representantes de Cristo en la Tierra.

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Acerca del autor

Juan Pablo Barrientos
Bachiller del INEM José Félix Restrepo de Medellín. Comunicador social de la Universidad Católica del Norte, especialista en periodismo electrónico de la Universidad Pontificia Bolivariana y magíster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown. Ejerce el oficio desde hace 15 años. Fue corresponsal en Washington de La Fm y Noticias RCN; director de Teleantioquia Noticias; periodista de La Fm, La W y Caracol Radio. Ha sido profesor de las universidades Pontificia Bolivariana, Eafit, Santo Tomás y Politécnico Grancolombiano. Actualmente es profesor de la Universidad de Antioquia. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2018 a la Mejor Investigación en Radio con 'Dejad que los niños vengan a mí', y 2020 a la Mejor Noticia en Radio con 'No son 19, son 36 los sacerdotes involucrados en escándalo sexual en Villavicencio'. Autor del libro 'Dejad que los niños vengan a mí', de editorial Planeta, uno de los textos de no ficción más vendido en Colombia en 2019. Para contactarlo: [email protected]
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