Expertos explican las causas de la xenofobia, la violencia por prejuicio u OSIGEG (orientación sexual, identidad de género y/o expresión de género), el machismo, el clasismo y el racismo en las elecciones y en las dinámicas políticas cotidianas.
21 de julio de 2022
Por: RedCheq y Consejo de Redacción

Durante las últimas tres semanas de la reciente campaña presidencial en Colombia  el país estuvo dividido entre petristas y rodolfistas. Algunos actuaban como si su candidato fuera la salvación y el otro la perdición, una narrativa que hizo que la tranquilidad de reuniones laborales, salidas con amigos y cenas familiares se convirtiera en un ring de debate político con pocos argumentos y muchos discursos de odio que terminaban en discriminación, exclusión, anulación, estigmatización, instrumentalización y deshumanización del que piensa diferente. La intolerancia y el tono agresivo de la discusión en redes se trasladó a la vida real.

La campaña presidencial llegó esta vez al país después de haber vivido un Paro Nacional en 2021 que mostró un descontento y cansancio con el modelo de gobierno y que se convirtió en un caldo de cultivo para unas elecciones tensas.

Durante la campaña RedCheq detectó desinformación electoral basada en discursos de odio como lo son el machismo, la xenofobia, la violencia por OSIGEG, el racismo y el clasismo, pero ¿exactamente qué son, cómo lo utilizan las diferentes orillas políticas y cómo manipulan al electorado con este tipo de mensajes?.

Beatriz Vallejo, científica del comportamiento, economista de la Universidad de los Andes y Directora ejecutiva y Co-fundadora de DIP (Detox Information Project o Proyecto para Desintoxicar la Información) explica algunas características para identificar los discursos de odio: “tienden a ser deshumanizantes. El discurso de odio suele quitarle cualidades positivas humanas a otros con el objetivo de invalidar su razonamiento, se culpa a grupos de individuos de situaciones complejas donde se desconoce la profundidad de la realidad, se le atribuye a una persona cualidades o juicios que recaen sobre el grupo al que pertenece y de forma inversa se puede generalizar, quitar rasgos y valores que diferencian a la persona”. 

Es importante entender que la discriminación tiene su origen en la evolución del ser humano, antes, los hombres al ver personas que no eran parte de la tribu y que eran distintas, surgía una alerta para proteger al grupo. Hoy en día, aunque la amenaza desapareció, el cerebro continúa, a través de los sesgos, discriminando a personas que son distintas a nosotros, lo cual conlleva a discursos de odio, en este caso, en ámbitos tan importantes como la política, señala Vallejo.

Emile Bruneau, biólogo y neurocientífico cognitivo, en su investigación “¿Por qué peleamos? Los lazos psicológicos que nos unen y que nos separan” planteó la teoría de la brecha de empatía, donde el ser humano silencia su empatía y de esa forma no logra ponerse en el lugar de la otra persona a la que se percibe como enemigo o diferente. Con su investigación en distintas sociedades no muy alejadas a la realidad colombiana, encontró que los seres humanos aceptan con mayor facilidad lo negativo o violento y prefieren los discursos simples para narrar realidades complejas, ya que de esa forma el cerebro ahorra energía. Si se tiene algo simple y algo complejo la mente elegirá lo primero ya que le permite optimizar mejor el tiempo, y no hay nada más simplista que los discursos de odio. 

¿Qué tanto hemos caído en este juego?

Racismo: un flagelo develado en la política colombiana

Por Natalia Vivas G.

Durante las elecciones presidenciales del 2022, los colombianos presenciaron un hecho inédito en la historia del país: de las ocho candidaturas, cinco tuvieron a una persona afrodescendiente aspirando a la vicepresidencia de la República. Se trató de Francia Márquez de la coalición Pacto Histórico, Luis Gilberto Murillo de la coalición Centro Esperanza, Marelen Castillo del movimiento Liga de Gobernantes Anticorrupción, Ceferino Mosquera de Colombia Piensa en Grande y Sandra de las Lajas del partido Colombia Justa Libres.

Si bien esto demostró que para definir una fórmula presidencial cada vez cobra mayor relevancia promover la diversidad e inclusión, también dejó entrever fuertes actitudes racistas manifestadas por los colombianos en redes sociales y espacios de opinión.

“De manera consciente o inconsciente la población en general hace asociaciones del lugar donde deben estar las personas afrodescendientes en este país y esto no necesariamente corresponde con posiciones de poder”, explicaron a RedCheq los expertos de Ilex Acción Jurídica, una organización de derechos humanos conformada por abogados y abogadas afrodescendientes que lucha contra la discriminación racial. Desde esta organización insisten en que es necesario transformar el imaginario de que lo afro solo está relacionado con las expresiones culturales o el deporte, pero no con otros espacios protagónicos de la sociedad. 

“Lo que no nos suena como sociedad es que una mujer afrodescendiente como Francia Márquez llegue a la vicepresidencia. Esto supone un desafío a los estereotipos y los lugares reservados en esta sociedad para las personas negras, y por eso se ha evidenciado una proliferación de discursos de odio en redes sociales y otros espacios de opinión en el país”, agregaron desde Ilex Acción Jurídica.

El racismo, en ese sentido, se rige por estereotipos e imaginarios negativos y falsos alrededor del color de piel de las personas, lo cual, muchas veces, tiene como consecuencia discursos que desinforman y generan odio.

Por ejemplo, un caso de desinformación relacionada con los estereotipos que se tiene alrededor de las personas afro, se dio en redes sociales (12) cuando circuló una foto en la que supuestamente la vicepresidenta electa, Francia Márquez, estaba practicando santería o brujería en mitad de una ofrenda de flores, frutas, semillas y velas encendidas. Sin embargo, Colombiacheck confirmó que la foto fue sacada de contexto, pues realmente fue tomada durante un evento al que asistió la entonces candidata y lideresa ambiental en su visita a Florencia, Caquetá. Durante la campaña presidencial, en WhatsApp también circuló un mensaje de audio en el que tildaban a Márquez como “la bruja mayor”. 

Carolina Botero, directora de la Fundación Karisma –organización que vela por los derechos humanos en el mundo digital– explicó que “los comentarios dirigidos a Francia Márquez son un ejemplo de la discriminación interseccional que puede ocurrir: ella es mujer, afro y empobrecida, que en algún momento fue trabajadora doméstica. Todas estas condiciones son injustamente subvaloradas en la sociedad y por eso son objeto de fuerte cuestionamiento”.

Botero precisó que aunque suele pensarse que quienes se dedican a la política, especialmente las mujeres, deben formar un “cuero duro” para aguantar las críticas, “lo cierto es que estos ataques muchas veces logran el objetivo de quien los realiza: silenciar a personas que se deciden por participar en política”. La experta también hace énfasis en que los discursos de odio afectan no solo a individuos específicos, sino a toda una comunidad, pues “refuerzan la situación estructural de racismo en la que vivimos”. De hecho, Botero considera que “el racismo no se refiere únicamente a comentarios en redes sociales, sino a temas estructurales como el acceso a servicios públicos, al sistema de salud, a oportunidades iguales de educación y de trabajo”.

Incluso, durante la campaña presidencial también se observaron ataques racistas que deshumanizaron a Márquez. A través de un trino en Twitter, la cantante Marbelle llamó “King Kong” a la entonces candidata vicepresidencial. Por esta comparación con el mítico gorila que protagoniza diferentes películas de acción, una gran cantidad de usuarios comentaron la publicación señalando el evidente racismo de su afirmación. Posteriormente, la artista borró su trino.

Con el fin de defender a su compañera de movimiento político, el senador Gustavo Bolívar, del Pacto Histórico, publicó un tuit con una foto en la que se encuentra King Kong al lado de una mujer que parece ser su presa y un texto sobre la imagen que dice: “Querida Marbelle, cuando yo sea vicepresidenta, haré que te respeten y te den todo el amor que te ha faltado”. Bolívar acompañó su mensaje con la siguiente frase: “El racismo es inaceptable. Es pura falta de amor. El mensaje de King Kong es poderoso”.

A pesar de que el senador trataba de defender a Márquez, terminó haciendo lo mismo que Marbelle: compararla con un gorila y reforzar el acto de racismo. 

En ese momento, Alí Bantú Ashanti, director del colectivo de abogados Justicia Racial, instauró una denuncia para que se investigue a la cantante por el delito de hostigamiento por motivos de raza, religión, ideología política u origen nacional étnico o cultural (citado en el artículo 134 del Código Penal). Para argumentar su decisión afirmó para la Revista Semana que “(Marbelle) la compara con un gorila o un mono, un mensaje con alto contenido discriminatorio y racista en contra no solo de Francia, sino también de la población negra y afrodescendiente en general”. 

Debido a sus declaraciones, la Fiscalía General de la Nación citó recientemente a Marbelle a una audiencia de conciliación por el delito de injuria contra la vicepresidenta electa por el Pacto Histórico. 

Del otro lado de la orilla política

Los ataques racistas en redes sociales también se han dirigido contra protagonistas que están en una orilla política diferente a la izquierda. El congresista electo Miguel Polo Polo, quien hace parte del Centro Democrático, es un ejemplo de que este tipo de discursos de odio no son exclusivos de ningún espectro político. 

En redes sociales encontramos los siguientes mensajes: 

  1. “Así de importante es el negro q se creyó indígena. Osea toda la mafia colombiana y la izquierda le temen al poder del negrito?” (Ver aquí).
  2. “Yo quiero negros capitalistas: que se endeuden un año para comprar un celular, 10 años para un carro y 40 años para comprar un apartamento” ya saben como lo logro este “negro capitalista” (Ver aquí).
  3. “El problema no es que sea de derecha, el problema es que no hayas superado tú sumisión, el problema es que no tengas dignidad de negro moderno. QUE SEAS ARRODILLADO Y LAMBÓN” (Ver aquí).

Desde Ilex Acción Jurídica explicaron que este tipo de ataques pueden afectar la democracia en la medida en que develan los imaginarios negativos que se tienen contra la población afrodescendiente en materia de capacidades intelectuales y de gestión necesarias para la participación efectiva en política. “Estos prejuicios también suponen un déficit en la garantía de derechos y acceso a espacios de representación política de la población afro en comparación con el resto de la población”, añadieron.

Por su parte, Sandra Arizabaleta, representante legal de la Fundación Afrodescendientes por las Diversidades Sociales y Sexuales, afirmó que los discursos de odio anteriormente expuestos demuestran que el color de piel se usa para violentar, para estigmatizar y para racializar aquellos cuerpos que están por fuera de la blanquitud como sistema de poder. “La mirada es sobre el color de piel, una mirada homogeneizante, que nos ubica en un lugar de subordinación a raíz de esa deshumanización que se da por nuestro color y que tuvo su génesis en el periodo esclavista de la colonización”, precisó la experta.  

¿Por qué son rentables los ataques racistas?

Arizabaleta explicó a RedCheq que estos discursos de odio son rentables porque hay un público que resuena con ellos. “Se podría pensar que si hoy una persona manifiesta abiertamente su racismo va a recibir rechazo de parte de la mayoría de la sociedad y terminaría siendo señalada. Pero no, los discursos racistas tienen un público, un público que los apoya y que los sigue porque están diciendo lo que ellos siempre han pensado”, puntualizó la experta. 

Un ejemplo internacional, según ella, es lo que sucedió en Estados Unidos durante el gobierno del expresidente republicano Donald Trump. “El mundo se podía escandalizar por sus comentarios, pero existía un público interno que lo aplaudía porque él representaba lo que ellos estaban pensando. Lo mismo sucede aquí en Colombia”, reiteró la representante legal de la Fundación Afrodescendientes por las Diversidades Sociales y Sexuales. 

Justamente, este martes 19 de julio circuló en redes sociales un audio de la periodista Paola Ochoa, durante una transmisión del programa radial Mañanas Blu, en el que le preguntó a la lideresa indígena Leonor Zalabata si ella sabe hablar inglés. Esto debido a que el presidente electo, Gustavo Petro, nombró a Zalabata como nueva embajadora del país ante la ONU. La lideresa indígena y defensora de derechos humanos le respondió a Ochoa que no sabe hablar inglés, pero en ese momento el conductor del programa radial, Néstor Morales, tuvo que interrumpir la respuesta para advertir que la pregunta formulada por la periodista era impertinente y fuera de lugar.

En definitiva, los discursos de odio relacionados con racismo que se evidenciaron durante la coyuntura electoral colombiana son el reflejo de que los estereotipos e imaginarios negativos alrededor del color de piel de las personas siguen presentes. Su superación representa un desafío fundamental no solo para contrarrestar la desinformación que circula en redes sociales y en espacios de opinión, sino también para la construcción de una sociedad con garantías democráticas para todos y todas. 

“Cabe recordar que la población afrodescendiente y las comunidades negras han liderado luchas y construido procesos organizativos por la igualdad y la garantía de sus derechos fundamentales, haciendo visibles las inequidades históricas a las que se han enfrentado. (…) Que el país siga hablando de la población afrodescendiente para despreciar, minimizar, exotizar y quitarle capacidad a su identidad étnica y racial, solo refuerza la urgencia de luchar contra el racismo y la discriminación racial en Colombia”, concluyeron desde  Ilex Acción Jurídica.

El prejuicio y la instrumentalización como estrategia política

Por Donney Cardona Upegui

“Esto es por nuestras abuelas y abuelos, las mujeres, los jóvenes, las personas LGBTIQ+, los indigenas, los campesinos, los trabajadores, las víctimas, mi pueblo negro, los que resistieron y los que ya no están… Por toda Colombia”. Estas palabras, publicadas vía Twitter por la nueva vicepresidenta electa, Francia Márquez, evidencian que el discurso sobre la diversidad y la inclusión ha cobrado protagonismo en la agenda política de Colombia, especialmente durante la pasada campaña presidencial. Sin embargo, los desafíos en esta materia siguen siendo enormes para la democracia. 

Una de las poblaciones históricamente vulneradas ha sido la de orientación sexual, identidad de género y expresión de género diversa. La Misión de Observación Electoral (MOE), a comienzos del presente año, manifestó a través de un comunicado su rechazo ante este fenómeno y aseguró que “con preocupación se nota que este tipo de discursos de odio han sido replicados sistemáticamente y han aumentado su alcance en los diferentes medios de comunicación, así como en las redes sociales, a partir de la inscripción de las candidaturas a Presidencia de la República”. Además, reiteraron que las expresiones discriminatorias por parte de personajes públicos o agrupaciones políticas y los comentarios ofensivos que se difunden constantemente a través de redes sociales son un mecanismo de estigmatización y violencia simbólica.

Un concepto clave para comprender el riesgo que representan dichas expresiones negativas es el de ‘violencia en razón de una OSIGEG’. Se ejercen en contra de las personas LGBTIQ+ en razón de su orientación sexual, identidad y/o expresión de género, las cuales, según estos prejuicios, no se ajustan a los roles de género socialmente consensuados.

A pesar de que en Colombia la homosexualidad se despenalizó desde 1980 y están aprobados el matrimonio, la adopción igualitaria y el cambio del componente sexo género, los esteriotipos y los discursos discriminatorios siguen siendo un flagelo arraigado a la sociedad. Ces Badillo, coordinador de Incidencia y Derechos Humanos de Caribe Afirmativo, manifiesta que “esta realidad normativa no dialoga con la realidad social, pues existen todavía muchos prejuicios en cuanto a lo que se entiende por diversidad sexual. Nos categorizan como actores o actoras que vamos en contra del status quo, la norma, la moral y todo lo que se considera como ‘bueno’, según los estándares de la sociedad”. De acuerdo con Badillo, estos prejuicios generan que se cometan actos de violencia contra las personas LGBTIQ+ bajo el imaginario de que son individuos que no deberían existir en el orden social establecido.

Justamente, los discursos de odio hacia esta población han alimentado los actos de violencia física incluso al punto de costarle la vida a muchas personas, como ha alertado la organización Colombia Diversa en su informe titulado ‘Nada que celebrar’. El documento revela que “en 2020 se registraron 738 casos de violencia contra personas LGBT y los asesinatos fueron el doble de lo registrado en 2019″. Por su parte, la Defensoría del Pueblo –en un comunicado emitido en junio de 2022– advirtió que “desde 2021, cada semana es asesinada una persona con orientación sexual e identidad de género diversas en Colombia”. 

Terreno de prejuicios y desinformación

Las cifras expuestas anteriormente confirman el riesgo constante en el que viven las personas que se identifican de manera no hegemónica y cómo los diferentes tipos de agresiones han calado en la sociedad. Los estigmas y prejuicios contra las personas LGBTIQ+ son el primer paso para negar sus derechos. Uno de esos prejuicios es que estas personas atentan contra las buenas costumbres y los pilares de la sociedad, lo que no solo es desinformación basada en prejuicios, sino que abona el terreno para los discursos de odio. Pero, ¿cómo resultan estos discursos y a quiénes beneficia? 

Diego Ruiz Thorrens, director de la corporación CONPAZES, explica que esto se intensifica durante las coyunturas políticas, cuando se requiere un objetivo votante que genere poder y control. “Se originan a partir de la creación y distorsión de imaginarios a tal punto de convertirse en un miedo colectivo que apela duramente a la emoción de la sociedad. Así, las personas que reciben estas informaciones no se preguntan si es cierto o no, sino que simplemente dan por hecho que es una verdad absoluta”, puntualizó el experto. Según él, el mecanismo más común para difundir los discursos de odio y la desinformación es “aprovechar que de estos grupos poblacionales aún no se habla abiertamente por las barreras que hay en el país, y así los grupos radicales encuentran facilidad para movilizar a un número importante de personas”. 

Ahora bien, también hay que resaltar que durante la contienda electoral del presente año se pudo observar un cambio en el discurso de las campañas: parecía como si la población diversa ya no significara un gran riesgo para los valores de la sociedad, sino que –al contrario– fueran una gran aliada de los líderes políticos para ganar adeptos. Sin embargo, esto hay que tomarlo con pinzas, pues la instrumentalización de estos sectores vulnerables, en muchos casos les revictimiza e invisibiliza sus luchas. Badillo lo explica al decir que “nuestros cuerpos se han leído como algo accesorio que se nos vende con el arcoiris y que si sales con la bandera gay, trans o no binaria estás siendo incluyente pero esto no se materializa en cambios reales o transformaciones de fondo”.

Un ejemplo de esto lo podemos ver con el caso de Rodolfo Hernández, quien en campaña aseguró, a través de su cuenta de Twitter, que su alcaldía en Bucaramanga fue la primera en la historia de Colombia en izar la bandera LGBTIQ+. RedCheq y Colombiacheck confirmaron que dicha afirmación era discutible, pues Hernández utilizó imágenes de colectivos independientes, fuera de contexto y de épocas distintas a la del mensaje de su trino. Además, si bien el exalcalde encabezó la que según los registros fue la primera alcaldía que izó en su edificio la bandera LGBTIQ+, su administración no invirtió en dicho acto y no fue la primera en hacerlo en actos oficiales o en edificaciones públicas, pues en 2013 Gustavo Petro la había izado ya en un evento de Gobierno. 

Al respecto, Ruiz Thorrens explica que la postura de algunos políticos de “mostrarse como una persona progresista y avanzada, no se traduce necesariamente en lo que piensan o han hecho”, pues detrás de este tipo de mensajes hay más intereses electorales que verdaderos compromisos con la inclusión y la garantía de derechos. 

Adicionalmente, Danne Aro Belmont, directora de la fundación GAAT, reclamó a través de un video que “como personas LGBT, les recordamos a los candidatos que no somos una estrategia política para llegar a la presidencia, sino un sector social que por más de 50 años ha exigido incluso a costa de nuestras vidas la garantía de nuestros derechos”. 

Retos para fortalecer la democracia

En junio de este año, el activista cristiano Jonathan Silva interpuso una recusación contra Mauricio Toro, congresista que lideró el proyecto de ley 461 de 2022 que busca prohibir las llamadas “terapias de reconversión” hacia personas LGBTIQ+. Silva alegó que ese proyecto de ley no debía ser ni siquiera discutido y votado, debido a que Toro es una persona abiertamente gay, lo que representaba –según Silva– un conflicto de interés. Esta acción fue calificada por el congresista como un acto de homofobia, mientras que el Comité de Ética terminó negando la recusación. 

Ahora bien, La Silla Vacía encontró que el propio activista cristiano Jonathan Silva había publicado en redes sociales un video en el que argumentaba que el proyecto de ley de Toro buscaba encarcelar a padres de familia, pastores, líderes cristianos o católicos. El medio de comunicación verificó esas afirmaciones y determinó que se trataba de desinformación, pues en el video se hacían planteamientos que realmente no estaban incluidos en el texto del proyecto de ley. No obstante, el video alcanzó a tener más de 35 mil reproducciones y cientos de reacciones. 

Por esa razón, Ces Badillo hizo énfasis en la importancia de poner los temas correspondientes a los derechos de las personas LGBTIQ+ en la agenda del legislativo. “Debe hacer parte de lo público de manera real y no superficial. Se debe entender que existen violencias y entender cómo funcionan y lograr que los prejuicios se deconstruyan y que la situación general mejore”, puntualizó el experto. En ese sentido, no solo basta con que haya curules en el Congreso para personas que hagan parte de una población diversa; también es fundamental exigir que se discuta de manera transversal las problemáticas y demandas de esta población. 

“Debe haber una formación y una socialización del enfoque de género en las diferentes ramas del poder, pues hay que trabajar de la mano con la institucionalidad. Mientras la sociedad civil siga haciendo campañas sobre la no discriminación, sin un pilar que las haga robustas, los esfuerzos seguirán siendo endebles”, concluyó Badillo. En definitiva, el gran desafío que tiene que enfrentar la democracia colombiana está atravesado por la necesidad de articular medidas que contrarresten los discursos de odio –difundidos ampliamente a través de redes sociales– pero también la necesidad de promover iniciativas políticas y legislativas incluyentes que garanticen los derechos de las personas con orientación sexual, identidad y/o expresión de género diversa.

Llegar al poder político pese al machismo

Por Maritza Palma Lozano / La Cola de Rata

Durante las elecciones de este 2022 tanto al congreso como a la presidencia, candidatos y ciudadanía en general aludieron a discursos que según el informe En sus marcas: la carrera de las mujeres en la política, realizado por el Observatorio de violencias políticas contra las mujeres, se enmarcaron en narrativas relacionadas con sexualización, menosprecio físico, menosprecio de capacidades, desprestigio, instrumentalización y señalamiento como cuota de género. Encontrando a las violencias psicológicas como una manifestación común en todas las categorías de análisis, lo cual “desestimó, degradó, o buscó controlar las acciones, comportamientos, creencias y decisiones de otras personas por medio de intimidación, manipulación, amenaza, humillación, aislamiento”, señala el informe.

Alejandra Florian Camargo, politóloga y lideresa de innovación democrática en la organización Artemisas, explica que “la política como la conocemos es un espacio muy hostil, un espacio ocupado históricamente por hombres, así que cuando las mujeres emprenden la carrera por llegar a estos espacios de poder comienzan a generarse unos discursos de odio y discriminación que se enfocan siempre en desprestigiar, menospreciar, o a veces instrumentalizar a las mujeres”. Lo que se suma a acciones como la repartición desigual de recursos de campaña para hombres y mujeres dentro de los partidos políticos, lo cual repercute directamente en su invisibilización, según detalla.

Uno de los candidatos que más discursos machistas pronunció fue Rodolfo Hernández. Hizo comentarios como “el ideal sería que las mujeres se dedicaran a la crianza de los hijos, pero como tienen a toda la ciudadanía arruinada, a la mujer le tocó ponerse a trabajar para aportar” y “yo recibo (en mi campaña) a la Virgen Santísima y todas las prostitutas que vivan en el mismo barrio con ella”

En estos comentarios se evidencia la pretensión de “ejercer el control, mantener la subordinación femenina y las relaciones e identidades de género tradicionales”, lo cual corresponde a la definición que hace la organización Mugarik Gabe de violencia machista, entendida como una forma de dominio y relación desigual.

Respecto al comentario de Hernández sobre las prostitutas, Katherine Ángel, licenciada en educación comunitaria con especialización en derechos humanos, trabajadora sexual y activista argumenta que “él demostró ante todo que su campaña era machista, además era una constante misoginia porque él desaprobaba absolutamente a las mujeres en todos sus ejercicios de trabajo, no solamente a las trabajadoras sexuales sino en general a las mujeres. Pienso que son más las ganas de politizar el discurso desde la moral y ponerse en el lugar de una persona supuestamente correcta para que las personas les crean”. 

Florian coincide: “en la campaña desafortunadamente conocimos muchos ataques, mucha violencia por parte de Rodolfo, a través de audios y de videos, no solo con las mujeres también con hombres, reconociendo que él es un hombre hostil, pero muchos de sus comentarios en campaña eran de un desprestigio contra la mujer increíble, de un tema de minimización de sus capacidades en términos políticos, de cómo las mujeres no pueden estar en la política”. 

Hernández también afirmó en la campaña que el 70 % del gabinete durante su alcaldía en Bucaramanga fueron mujeres, lo cual resultó discutible tras la verificación hecha por RedCheq y ColombiaCheck en la que se identificó que “en general cumplió con la cuota de género del 30 % exigida por la ley y en algunos periodos de su gobierno la superó, pero no llegó al 70 %”. Sin embargo, este tipo de manifestaciones, confirma Camargo, corresponden a una forma de narrativa machista que busca instrumentalizar a las mujeres y su representatividad con el fin de figurar como “incluyentes, diversos y amplios”, explica.

Los discursos machistas más reiterativos según el Observatorio de violencias políticas contra las mujeres, son los relacionados con la sexualización y el menosprecio físico. Camargo explica que en el primero se valora a la mujer por “su apariencia física, su atractivo, sus cualidades físicas hegemónicas y se convierte en un objeto de deseo sexual que la maximiza como candidata al congreso, por ejemplo. Entonces vemos comentarios como ‘es muy linda, voto por usted’, ‘me encanta, le doy mi voto’ en lugar de identificar sus capacidades”.

Comentarios de este tipo, enmarcados como sexuliazación, los recibió la politóloga Katherine Miranda, reelegida como representante a la cámara por la Alianza Verde. 

El segundo, es decir, el menosprecio físico, complementa Camargo, “son referencias negativas, referencias ridiculizantes que hacen de las condiciones físicas de  las mujeres, las discriminan, las desprestigian en su rol de representación”.

Este tipo de discurso machista también lo ha sufrido la politóloga María Fernanda Cabal, electa nuevamente como senadora por el Centro Democrático, según análisis del informe En sus marcas: la carrera de las mujeres en la política.

El mismo informe acota que para la categoría de violencia por sexualización ejercida contra las mujeres “en algunos casos se habla explícitamente de la vida sexual de las candidatas y en otros se describe a las candidatas como ‘perras’, ‘zorras’, ‘putas’ o ‘prostitutas’”.

Catalina Moreno Arocha, abogada con maestría en derecho público y coordinadora de inclusión social de Karisma, organización que promueve los derechos humanos en el mundo digital, agrega que “la violencia en Internet impacta de manera diferencial a las mujeres y este impacto es aún peor cuando se trata de mujeres públicas, porque lo que hacen es desafiar esos roles que siempre nos han asignado a las mujeres”, en ese sentido, “las violencias que son dirigidas a los hombres hablan de amenazas de golpes, que también son muy graves obviamente, pero las violencias que son dirigidas a mujeres hablan de daños a su integridad sexual, exponen sus datos, sus fotos, se centran en la sexualización”.

Además, como evidenció el informe En sus marcas: la carrera de las mujeres en la política del Observatorio de violencias políticas contra las mujeres “este tipo de afectaciones las reciben mujeres de todos los espectros políticos, independientemente de sus corrientes ideológicas, preparación o cualidades”.

El machismo no descansa ni cuando las mujeres ganan

Arocha expone que los discursos machistas “afectan la democracia porque tienen una finalidad especial y es hacer callar a una mujer definitivamente, sacar a una mujer de la política, cuestionarla por temas personales y no por sus ideas”, mientras “debatir sobre ideas fortalece la democracia, debatir sobre ataques personales afecta la democracia porque a la larga las mujeres tendrán mayores barreras para llegar a participar en política”. Y agrega que pese al “montón de barreras para ser candidatas, cuando lo son lo que buscan es siempre callarlas y disminuir su presencia”.

Esto se evidencia en el caso de Francia Márquez Mina. Florian narra que “Francia es una mujer que rompe esquemas, que reta al establecimiento, a las élites blancas también. Estos recursos (desinformaciones) se los inventó la sociedad que no está de acuerdo con ella, para que no llegara a la vicepresidencia ni a ningún cargo de poder y ahora, que ya está ocupándolo, los utilizan para ponerla en un lugar de desprestigio y quitarle legitimidad inventando cosas”. Como la foto de Márquez junto al grafiti en el que se lee “hoy desayuné feto” que resultó ser un montaje, según la verificación de Colombiacheck.

En consecuencia, Florian considera que una de las razones por las cuales se reproducen estos discursos es por la “detención del poder” que busca “mantener la dinámica y las asimetrías de poder. Es beneficioso para las personas que han estado ahí durante décadas no dejarse quitar su lugar y si esto los lleva a menospreciar y generar afectaciones a la salud mental y física de las mujeres sin duda alguna lo van a hacer”. 

Discursos antiderechos que alimentan el machismo

Arocha cuenta que tras la despenalizacón del aborto en Colombia hasta la semana 24 de gestación, por decisión de la Corte Costitucional, en Karisma identificaron un caso relacionado con las candidatas al congreso: “cuando un hombre apoyaba la sentencia recibía felicitaciones por ser más demócrata y las mujeres que también la respaldaban lo que recibían era comentarios muy odiosos referentes ha ‘han debido abortarla a usted’. Estamos hablando de la misma decisión de apoyo, términos iguales y ¿por qué es tan distinto cuando viene de una mujer a cuando viene de un hombre?”. 

Otro discurso que desconoce los derechos de las mujeres fue el de Rodolfo Hernández cuando se refirió a la ley de feminicidios (Ley Rosa Elvira Cely o 1761 de 2015) expresando: “la Corte Constitucional tengo entendido que la tumbó” acompañado de expresiones como “es que aquí el gobierno para solucionar los problemas se inventa delitos” o “una política resolvió hacer una bandera del feminicidio”. Esto desconoce que “el feminicidio es la forma más extrema de terrorismo sexista motivado por odio, desprecio, placer o sentido de propiedad”, según el libro Feminicidio. La política del asesinato de las mujeres y que se explica con detalle en la verficación realizada por RedCheq. Florian añade: “es muy difícil que una persona que aspiraba a ser presidente de Colombia crea que a las mujeres y a los hombres los matan por las mismas razones”.

Florian también explica que “las narrativas que se dan en una red social tan particular como Twitter hacen que una narrativa crezca como una suerte de bola de nieve y se convierta en un discurso de odio y una mentira generalizada. Creo que ahí puede ser el epicentro de estos discursos de odio que también son altamente reproducidos por algunos medios de comunicación hegemónicos que se benefician de esos trends”. Arocha complementa al indicar que así como hay unas violencias que son más claras como “revelar datos personales y sensibles, el acoso, difusión sin consentimiento de imágenes íntimas”, también “hemos visto que la desinformación puede ser una forma de violencia porque habla de desprestigio, habla de poner palabras en la boca que la persona no ha dicho”.

Para Arocha no todos los discursos machistas son discursos de odio, ya que los discursos de odio “generalmente incluyen llamados a la violencia”, dice. 

Narrativas misóginas fuera de campaña y fuera de Colombia

Arocha manifiesta que “es claro que se aumentan las violencias en época electoral porque las mujeres son mucho más visibles en ese momento, están exponiendo su campaña, recorriendo el país, incluso se pronuncian un poco más, tienen más interacciones dentro de Internet”, pero esto no significa que una vez terminada la campaña terminen los discursos machistas. Estos permanecen, por ejemplo, comentarios sobre lo qué hablan o cómo hablan algunas mujeres políticas: “a Claudia López o a Paloma Valencia las critican muchísimo por la forma en la que hablan: habla muy duro, grita, es muy hostil. Esto casi nunca pasa con los hombres”, resalta Florian Camargo. Ambas coinciden en que existen coyunturas en las que se presentan auges de los discursos machistas, por ejemplo, cuando están en la agenda nacional temas relacionados con el aborto y durante estallidos como el paro nacional del 2021.

Florian explica que tanto en América Latina como en el mundo entero los discursos machistas permean la política, sin embargo, cuando aumenta la representatividad de las mujeres, ellas mismas desde sus lugares de poder pueden combatir mejor los discursos y las acciones machistas, argumenta, y expone a Chile como ejemplo donde “casi todos los partidos políticos tienen frentes feministas, lo que es muy beneficioso en el marco de que los partidos tienen, en algunas ocasiones, dinámicas muy machistas”.

El estudio El Acoso y la violencia política contra las mujeres en Bolivia, realizado en 2013, identificó que “la primera forma de acoso y de violencia política hacia las mujeres es la presión que se ejerce sobre las concejalas para obtener su renuncia, utilizando un conjunto de métodos violentos. La difamación pública y la discriminación ocupan el segundo y el tercer lugar en los tipos de acoso y de violencia identificados”. Además, “en la medida en que la participación política de la mujer se consolida en el tiempo, la probabilidad de que esta sufra de acoso y de violencia política se incrementa”, concluye dicho estudio.

En cuanto a Estados Unidos, Florian Camargo agrega que en “las elecciones de 2016 todo el discurso de Trump giraba en torno al machismo y a un sistema patriarcal súper complejo”, pero se sumaban también “los ataques hacia Hillary Clinton por cómo se veía, por su edad, por el escándalo con su esposo de infidelidad” y “toda la violencia que sufrió ella es un claro ejemplo de que sin importar que sea un país desarrollado o en vías de desarrollo, si se quiere catalogar así, igual hay violencias, ataques, discursos de odio y discursos machistas que se mantienen”. 

Pese a este panorama, Florian Camargo concluye que “aún con las violencias que se sufren reconocemos que las mujeres han hecho un trabajo muy juicioso para, primero, siempre hacer parte de los espacios de decisión, bien sea desde la representación o desde círculos un poco más lejanos, y también una voluntad y una estrategia muy juiciosa para visibilizarse como candidatas y llegar a espacios de toma de decisión”.

La xenofobia, un comodín del discurso de odio

Jhoandry Suárez

Juan Naranjo, líder de proyectos y asuntos públicos del Barómetro Xenofobia, organización que analiza las narrativas en redes sociales y ámbitos públicos en contra de la migración en Latinoamérica, señaló que la xenofobia suele originarse desde varios frentes, tanto por parte de líderes políticos como desde la misma ciudadanía, y que principalmente “busca obtener réditos” con un sector de la población que tampoco simpatiza con los migrantes.

“La xenofobia fomenta el discurso de odio porque apela al miedo o rechazo de una población hacia la comunidad migrante y con esto incentiva que se hagan llamados a la acción en su contra”, apuntó.

En el caso de los políticos, apuntó que a veces “no escatiman en hacer comentarios discriminadores contra una población migrante” para atraer mayor índice de favorabilidad. “Aunque no ocurrió en esta reciente campaña, tenemos el caso de Rodolfo Hernández que hizo varios comentarios xenófobos durante su paso por la alcaldía de Bucaramanga llamando a las mujeres venezolanas fábricas de venezolanos pobres o Claudia López asociando la delincuencia con los venezolanos”, recordó.

También señaló que este tipo de comentarios se utiliza para culpar a los extranjeros y usarlos como “chivos exploratorios de las falencias de una administración o gobierno”. “Contribuye a la desinformación porque quienes la ejecutan suelen culparlos por los problemas de una sociedad, aunque no haya causalidad directa”, resaltó y aclaró que esto se da incluso en publicaciones de la ciudadanía en redes sociales.

Naranjo agregó que los políticos también pueden recurrir a usar a la migración para favorecer un discurso o una tendencia, “asociando a una nacionalidad con una desgracia”. “Se generan mensajes como los que vimos en la campaña de que los migrantes venezolanos están en la pobreza por culpa de la izquierda”, indicó, al tiempo que explicó que estos escenarios también se han dado en Perú y Ecuador, principalmente en época de elecciones.

Aunque aseguró que en la realidad colombiana los discursos xenófobos han salido desde diferentes orillas políticas, desde el Barómetro han identificado que los partidos de derecha han utilizado en varias ocasiones la situación de los venezolanos para criticar a la izquierda (1, 2) mientras que desde ese sector político han lanzado mensajes asociando el Permiso Por Protección Temporal (PPT), un mecanismo de regularización, con una forma del Gobierno de Iván Duque de conseguir votos entre los migrantes.

Otra manera en que se presenta la xenofobia, de acuerdo con el integrante de Barómetro Xenofobia, es cuando los políticos y gobernantes deciden sencillamente ignorar a la población migrante, lo cual a su juicio es una forma de discriminación institucional, y es una estrategia que se utilizada cuando se sabe que esa población no goza de favorabilidad para la comunidad de acogida. “Definitivamente entre elegir que no los mencionen y que utilicen discursos de discriminación, es mejor que no los mencionen, pero no mencionarlos en alguna medida también es violento porque es decir esta gente no existe”, advirtió.

Para Naranjo estos discursos afectan la democracia al no permitir abrir las discusiones sobre los problemas reales atribuyéndolos exclusivamente a las personas migrantes y, además, generan un ambiente de democracia sin justicia o sin derechos humanos para las minorías que pueden representar los extranjeros. “No solo se les desconocen sus derechos, sino que se busca que sean expulsados, segregados o violentados”, advirtió.

Desde su óptica, deberían tenerse en cuenta varios aspectos al momento de hablar de la migración como son: no asociarla con temas como la delincuencia, no generalizarla o universalizarla, tampoco invisibilizarla y, por último, cuando se anuncien propuestas para ella que también se mencionen las acciones en favor de la población vulnerable dentro de la comunidad de acogida para no dar la impresión de que se le está dando preferencia a unos sobre otros.

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