El niño vive en Istmina junto a sus padres. El menor, de tan solo 4 años, debe cumplir diariamente con un tratamiento médico para controlar los niveles de azúcar en su cuerpo, y otro para estimular el desarrollo de la glándula de crecimiento. En una especie de paradoja, hoy es la imagen de una marca de chocolate en el país.
25 de octubre de 2022
/ Ilustración: Camila Santafé

El niño

El niño de 80 centímetros de estatura está frente a un balón de fútbol en una cancha sintética con medidas profesionales. Hace un calor de 30 grados en Istmina, en el suroriente del Chocó. El pequeño está vestido con tenis blancos, sudadera azul y camiseta blanca, es el uniforme de la guardería donde estudia. Patea fuerte la pelota y marca un gol que su mamá le deja anotar para que la felicidad le estalle en el rostro y deje ver una sonrisa sin dientes, porque los de leche se le cayeron y apenas están mudando. El pequeño tiene 4 años, el próximo 21 de diciembre cumple los 5. Sus padres, Jeancarlo y Tatiana, suben a la gradería del complejo deportivo para observar la jornada lúdica que el niño tiene con sus compañeritos del Jardín Sonrisas Tiernas.

Mientras que los dos adultos ven jugar al menor con sus amigos, en un costado de la cancha de la Escuela Normal Superior, las profesoras comienzan a alistar el refrigerio que han llevado para los niños. Allí destapan tres botellas de 2,5 litros de una reconocida gaseosa de color rosado, dos litros de jugos sabor a mango en presentación tetrapack y, a un lado, ponen una bolsa sellada con cinco litros de agua pura. La humedad y los rayos del sol que descienden sin la intervención de ninguna nube, hacen dar sed. Por momentos, el niño no les presta el balón a sus compañeritos, que cada tanto llegan a ponerles quejas a las profesoras. Ellas lo educan para que sea generoso, el niño asiente, aprende, se deja enseñar. Es un niño de voz y movimientos suaves que hace lo que los adultos le indican o lo que los ve hacer, incluso los imita hasta en el modo de alimentarse. Es la dulce inocencia de la niñez.

El video

Es noviembre de 2021. Su tío lo va a recoger al jardín infantil. Por el camino de regreso a casa, el hombre saca su celular para filmar al pequeño:

—Ey ¿vos por qué venís caminando así todo bonito, hombre? —le dice. 

—Porque sí —responde el pequeño. 

—¿Cómo qué? —le pregunta el tío. 

—Como un hombre—responde el niño. 

—¿Y los hombres cómo caminan? —pregunta el adulto. 

—Así como yo camino —dice el niño.

Esa escena, ese video, ese instante de veinticinco segundos le trajo el almibarado sabor de la fama. El momento se viralizó en TikTok y miles de personas comenzaron a seguir la cuenta de su tío, pero solo con el objetivo de ver al niño en su cotidianidad. Su tío siguió subiendo videos de modo que su comunidad digital inició un ascenso vertiginoso, del mismo modo que influencia del pequeño. El niño comenzó a salir en videos de evidente free press para comercializadoras de juguetes, con ello llegaron invitaciones a shows de televisión, la visita del influencer El Mindo, una campaña para una plataforma de streaming y, hace poco, la propuesta de ser la imagen para un comercial de un chocolate de mesa que se vende en Colombia desde 1950. En YouTube, el video de 26 segundos tiene más de 5,9 millones de vistas.

Ante semejante fenómeno mediático, sus padres decidieron abrirle al niño sus propias cuentas en Instagram, Facebook, TikTok y YouTube, redes en las que hoy tiene más de cinco millones de seguidores. Las cuentas son supervisadas por ellos; pero además, el niño tiene un mánager que trabaja desde Bogotá.

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La dieta

Tatiana, de 29 años, recalca que su hijo asume como un juego cada jornada de grabación en la que lo contratan. Esto lo dice para indicar que el pequeño no les teme a las cámaras y que los guiones se los aprende muy rápido, como el que tuvo que ensayar para el comercial de chocolate, que solo  repitió una vez en casa y listo. La segunda vez que lo dijo fue en Bogotá, donde se grabó el clip. El niño, dice la madre, todos los días desayuna con chocolate o aguapanela. Le encantan las gomitas de colores y su lonchera tiene dos menús posibles que se arman a partir de fruta, papitas de paquete y el famoso yogurt que viene con cereal. Una dieta dulce, quizá muy dulce para un niño de cuatro años.

Al advertir la cantidad de bebidas azucaradas que han llevado a la actividad, Eliza Marcela, la profesora del pequeño, asegura que en el jardín tratan de no darles gaseosas ni jugos de cajita; más bien, dice, les proporcionan agua y preparaciones naturales con frutas de todo tipo. Al ser consultada por las gaseosas consumidas durante la actividad, dice que solo se debe  al “calor” que está haciendo en Istmina, cambia de tema rápidamente y cuenta que el niño tiene habilidades para la pintura, el inglés y la interpretación de cuentos infantiles que les deben leer los papás en casa, como ejercicio de la clase. 

El pequeño, mientras está con sus compañeros de jardín, se comporta como cualquier otro niño: juega, corre, salta, patea balones. Habla claro, se le entiende todo lo que dice a su corta edad. Cuando no quiere algo, lo hace saber de forma contundente. Cada vez que habla, dicen sus padres, es la sensación, porque se expresa con oraciones completas que solo un adulto podría pronunciar: “Papá, ¿por qué no trajo los dos balones, el blanco y este?”, cuestiona a Jeancarlo mientras sostiene el balón que le regaló un amigo que vive en Quibdó, la capital del Chocó. 

Interroga al mundo como un niño, aunque tenga que hacer cosas de adultos: aprenderse guiones y viajar a Bogotá y Cali cada cierto tiempo; a esta última ciudad va con frecuencia debido a que cada tres o cuatro meses la EPS Coosalud les entrega a sus padres los medicamentos para la hipoglucemia y el hipotiroidismo que padece, y la inyección que diariamente le deben aplicar para la glándula de crecimiento. En el tetero, el niño toma vitaminas de todo tipo para su metabolismo. Si se le olvida un medicamento o la inyección, él se lo recuerda al papá o la mamá. 

Una vez termina la jornada de esparcimiento en la cancha de fútbol junto a sus compañeritos, el pequeño se despide de las profesoras. Él va acompañado de su padre y su madre. En una de las graderías del lugar han quedado las bebidas que no fueron consumidas por los niños. Allí reposa la bolsa sellada que contiene varios litros de agua purificada y también una botella con un poco menos de la mitad de la gaseosa rosada de 2,5 litros. El niño por primera vez suelta el balón, se lo entrega a su papá y decide llevarse para la casa la bebida. El pequeño de menos de un metro de altura se la pone en el hombro y la sujeta como si fuera el trofeo que se ganó por anotar goles. Está en la edad de la inocencia. 

Dicen sus padres que él tiene supervisado cada vaso de gaseosa que se toma. Los médicos, asegura Tatiana, le han recomendado no darle mucho de este líquido, aunque en la salida educativa del jardín se pudo constatar que tiene a disposición más bebidas artificiales que agua pura. 

Tatiana, quien también tiene una hija de 13 años llamada Yasbleidy, afirma que los únicos cuidados drásticos para su hijo son los medicamentos y la inyección diaria, mientras que la alimentación del menor es normal. “Hay gente que confunde la hipoglucemia (niveles bajos de azúcar) y la hiperglucemia. Nosotros le controlamos mucho el azúcar con dulce. Él come dulce normal, se puede comer un helado, tomar un jugo, lo que no es muy recomendable son las gaseosas. Él se puede comer un bombón normal, una gomita”, relata la mujer.

El padre interrumpe y cuenta que su hijo también come pescados en preparaciones sudadas o fritas, huevos y frutas. Afirman que los hábitos de alimentación no han variado. Lo que ahora puedan recibir de dinero por alguna publicidad del niño lo guardan para pagarle el jardín particular en el que estudia desde hace un año. Ahora tiene cama, armario, más ropa y zapatos en la casa de Tatiana, en el sector La 70. 

El pequeño ama los dinosaurios, se sabe los nombres de varias de las especies que habitaron el planeta Tierra hace más de 200 millones de años. Recuerda que existieron los brontosaurios y tyrannosaurus. Hace poco, cuando viajaron a Bogotá a grabar el comercial del chocolate, fue  al cine con sus papás para ver Jurassic Park. Durante toda la película mencionó los nombres de los dinosaurios que iba viendo. Para explicar la extinción de estos animales, dice que del cielo les cayó encima una piedra grande. 

“En el boletín que reclamé hace como una semana todas las notas las tiene bien. Él es como una esponja, aprende todo. Él se sabía varias letras del abecedario antes de entrar al jardín. En la casa se aprendió la s, p, r y la h, que no la llamaba hache sino que le decía Hillary, como se llama una amiguita de él. Que esté aprendiendo sobre los dinosaurios le ha ayudado a desarrollar su inteligencia mucho, a él no hay que explicarle dos o tres veces las cosas, tiene la capacidad para interpretar todo muy rápido”, relata Jeancarlo, quien es oficial de construcción.

Curiosamente la bebida que más le gusta al niño para desayunar es el chocolate, producto ultraprocesado del que ahora es la imagen. El pequeño ve el video en un celular, y repite de memoria todo el mensaje que millones de colombianos han visto en televisión: “Hoy tengo un día tenaz. Me toca prepararme mi desayuno, llevar el carro al taller y dejar unas cuentas hechas…”. 

El reconocimiento que ha adquirido y la reducción en las crisis de salud que padecía antes van de la mano; él y sus padres no tienen que viajar en bus a Cali para las citas médicas, trayecto que dura 6 horas y media. Ahora lo hacen desde el aeropuerto de Quibdó, en media hora. Los costos de transporte y hospedaje los cubre la EPS, dice sonriendo la madre del niño, al tiempo que Jeancarlo cuenta que el pequeño no volvió a tener con frecuencia las convulsiones por los niveles de azúcar ni cuadros de fiebre muy alta.

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Sabor dulce, datos amargos

Hace un par de meses, en uno de los videos en vivo en los que apareció el niño, una de sus seguidoras preguntó si era normal que el niño consumiera tanto dulce, porque en varias tomas se le veía haciéndolo. La pregunta quedó en el aire. Un reportero de Vorágine también advirtió que en al menos 16 videos el pequeño aparecía consumiendo algún producto ultraprocesado. Teniendo en cuenta que este medio ha realizado un seguimiento  periodístico riguroso y a profundidad sobre el consumo de productos altos en en azúcar, sodio, grasas saturadas y calorías, nos dimos a la tarea de identificar la relación diaria con comestibles ultraprocesados de un niño como él -que además es  un influencer-, en un municipio como Istmina, para entender mejor el impacto del consumo de  estos comestibles, también llamados  comida chatarra, en la salud y la economía, entre otros. 

Consultamos con una nutricionista sobre los hábitos alimenticios que podría estar teniendo.

Vorágine: ¿Qué pasa si un niño de 4 o 5 años consume una vez al día un vaso con gaseosa?

Nutricionista: Las gaseosas contienen exceso de azúcares o edulcorantes artificiales, además de colorantes y saborizantes artificiales. Están catalogadas como una bebida azucarada, hay una amplia evidencia científica sobre su nocividad, su consumo está directamente relacionado con la aparición de obesidad, diabetes y enfermedad cerebrovascular (ECV).

V: ¿Qué pasa si un niño de 4 o 5 años desayuna todos los días con chocolate procesado?  

N: Los chocolates azucarados para preparar bebidas calientes y las chocolatinas son en su mayoría productos comestibles ultraprocesados (PCU) con exceso de azúcares y grasas saturadas, también contienen aditivos que pueden llegar a ser nocivos para la salud. Esto se debe a que en el mercado colombiano la mayor parte de estos productos tienen un bajo porcentaje de masa de cacao y el sabor a chocolate se lo otorgan con grasas añadidas y saborizantes artificiales. El consumo frecuente de este tipo de productos puede ocasionar obesidad, diabetes y ECV.

V: ¿Qué pasa si un niño de 4 o 5 años consume una vez al día un paquete de gomitas?

N: Las gomitas son un PCU que tiene exceso de azúcares y una amplia gama de aditivos que le dan sabores, colores y aromas, estas características hacen que la persona que lo consuma esté en riesgo de sufrir de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer, cambios negativos en el comportamiento, dificultades en el aprendizaje por el efecto de algunos colorantes. Adicionalmente se puede afectar la microbiota intestinal debido al efecto negativo de algunos de estos aditivos.

V: ¿Qué pasa si un niño de 4 o 5 años consume todos los días papas de paquete?

N: Este tipo de paquetes contienen exceso de sodio y grasas saturadas. Su consumo está relacionado con la aparición de hipertensión arterial, ECV y enfermedad renal.

V: ¿Qué pasa si un niño de 4 o 5 años consume todos los días un yogurt con cereales ultraprocesados?

N: Este producto es una bebida láctea, está elaborado a base de suero de leche y no de leche entera. Contiene alto contenido de azúcares, alrededor de 30 gramos de su contenido son azúcar (6 papeletas de azúcar que se dan en cafeterías). El cereal que lo acompaña también es un PCU con alto contenido de azúcares, sodio o grasas saturadas. El consumo frecuente de este producto puede ocasionar obesidad, diabetes, hipertensión y ECV. Si el mismo niño consume diariamente los productos mencionados, corre un grave riesgo de padecer esas enfermedades desde edades tempranas, y se acorta su expectativa de vida.

***

El Chocó es una región que cuenta con 154.778 viviendas, de las cuales el 28,5% tienen garantizado el servicio de acueducto; 20,4%, el de alcantarillado, y solo un 2,4% cuentan con gas natural. En Istmina, municipio donde residen el niño y su familia, el 83,96% de los 28.087 habitantes, de la zona rural y urbana, tienen algunas «Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI)», según datos recogidos en el Censo Nacional de Población y Vivienda del Dane de 2018.

¿De qué se enferman los ciudadanos en Istmina? Cifras entregadas por la Secretaría de Salud de ese municipio indican que la diabetes y la hipertensión son las dos enfermedades que más muertes causan en este poblado chocoano. “El 68% de la población padece alguna de estas enfermedades. De cuatro pacientes que saquemos remitidos diariamente, dos son por estas enfermedades”, dice desde su oficina Jhovanny Arias, secretario de Salud de Istmina. 

La razón, explica, es una dieta alimentaria que tradicionalmente ha estado basada en muchos carbohidratos, gaseosas, y pocas frutas y verduras. En la mesa de las familias de Istmina predominan preparaciones altas en sal y grasas. “Acá el queso, alto en sal, y el cerdo se comen casi todos los días, en distintas preparaciones. Tenemos una nutricionista que sigue de cerca el menú de alimentación del Plan de Alimentación Escolar (PAE) para que todo salga bien en la nutrición de los niños en los colegios, la tarea importante sigue en casa para reforzar los buenos hábitos alimenticios de la escuela”, agrega. 

El vicario Eduard Alexis Mena Palacios, de la Arquidiócesis de Chocó, habla desde su oficina en la Catedral de Istmina. Explica, según su experiencia con comunidades del litoral chocoano, cómo se alimenta la niñez en esta región del país compuesta en un 78,9% por población afro y un 16% por indígenas, según el Censo 2018 del Dane.

Mena Palacios dice que lo primero que encuentra cuando visita el Alto, Medio y Bajo San Juan, por ejemplo, es que un colegio se puede quedar 15 días y hasta un mes sin insumos de alimentación escolar. Asimismo, muchos de los que viven lejos de los centros educativos deben quedarse a dormir donde otros familiares durante la semana.

“La papita y la gaseosa llegan a lugares apartados, pero no todos los niños en Alto Baudó, por ejemplo, compran una gaseosa que vale 3.500 pesos o hasta 5.000 pesos, los padres no les van a dar ese dinero para que se lo gasten en eso. Esto sucede en las zonas más remotas. Una comida al día es lo que hay en los hogares de Istmina, muchas de las veces hay niños que solo tienen lo que comen en los colegios o jardines. Hay familias que se esperanzan en lo que ofrece el PAE y nada más”, cuenta el presbítero. 

Sin embargo, cuando es consultado sobre qué tan garantizado está el acceso a las frutas y verduras en municipios como Istmina, dice que es limitado  pese a ser una región que recibe productos por carretera desde Medellín y Pereira, entre otras ciudades. Para él, las familias que pueden comprar un mercado completo se identifican fácilmente: o son funcionarios  o docentes o comerciantes. 

“El resto de personas difícilmente tienen mercados en sus casas, solo compran por unidad lo básico y no precisamente frutas: arroz, queso, fríjol, lenteja, aceite, huevos y algo de carne, solo ciertos cortes, los más baratos. También el plátano, la yuca”, expresa el vicario adscrito a la Diócesis de Istmina, que tiene a su cargo el Alto Baudó, Bahía Solano, Bajo Baudó, Condoto, Juradó, Nóvita, Nuquí, San José del Palmar, Sipí y Tadó.

Respecto a la prevalencia del consumo de comida chatarra entre la población de Istmina, él dice que este se ve principalmente en la juventud, mientras que en los adultos se mantienen los hábitos de consumo que toda la vida han predominado en  esta zona del Pacífico, como el queso, el pescado seco y muchas frituras. 

“A los niños poco les gustan las frutas y los jugos naturales. Quieren gaseosas, papitas, (bebidas solubles) que vienen en sobrecitos, esto último sí que se ve en el consumo de ellos. Acá en Istmina los muchachos toman una gaseosa de una marca que es barata, (la consumen) al desayuno, el almuerzo y la cena. Incluso en muchas loncheras los niños las consumen. También está una bebida de malta. Se consume azúcar, sal y queso hasta la saciedad”, cuenta. 

Para él, que un niño sea la imagen publicitaria de una bebida de chocolate es complejo de procesar, sobre todo  por el contexto en el que se alimentan los niños y jóvenes  en el Chocó. “Promover este tipo de bebidas lo que va a hacer  es prolongar  las enfermedades más presentes en el Chocó por el consumo de azúcar, sal y grasas, hablamos de la diabetes y la hipertensión, principalmente”. 

Infografía ilustrada: Tiendas escolares: sin regulación y a merced de la industria de comestibles ultraprocesados y bebidas azucaradas

Municipio azucarado

En una visita realizada por Vorágine a Istmina se pudo comprobar que los productos ultraprocesados que más se desembarcan son: papitas de paquete y gaseosas de una compañía poco conocida, bebida azucarada mucho más económica que los productos de compañías . 

Jaime Cardona, empresario de las gaseosas en Istmina y quien desde hace 15 años se dedica a vender productos de una reconocida marca nacional de gaseosas en esta zona, explica que cada mes se comercializan entre los dos municipios y los alrededores de Istmina entre 60 mil y 70 mil cajas de gaseosas. Esto se traduce en 720 mil botellas de la bebida, principalmente de la bebida de color rosado, que consumen los habitantes de Quibdó, municipio de 120.679, y los de Istmina con 28.087 pobladores, según datos del Censo del Dane de 2018.

Cardona dice que semanalmente llegan tres camiones desde Dosquebradas, Risaralda, a Istmina, todos repletos de gaseosas, jugos en caja y agua embotellada. Cada uno transporta, como mínimo, de 12 a 14 toneladas de las mercancías, algo que representa ventas mensuales de 400.000.000 millones de pesos. Explica que mientras su negocio vende en un día 10 cajas de gaseosas de la compañía nacional más reconocida, sus competidores comercializan 20 de gaseosas de bajo costo.

Los istmineños, por ejemplo, de los productos que vende consumen en primer lugar la gaseosa rosada,  siguen la de color ambar, y la bebida negra. En cuanto a los jugos de caja, como los que estuvieron al servicio del jardín del pequeño hijo de Jean Carlo y Tatiana, la gente compra principalmente los sabores de naranja-piña, mango, tropical y mora.

El niño más famoso de Istmina por estos días, camina de la mano de su mamá y su papá por una calle destapada, contigua a la cancha sintética en la que metió goles. En su pequeño hombro lleva a casa la gigante botella de la gaseosa rosada, una bebida dulce y ultraprocesada que se comercializa en tiendas y mercados de Istmina como si fuera un alimento básico de la canasta familiar. El agua potable en bolsas o envases, en un municipio rodeado por el río San Juan, no es un artículo de primer consumo para calmar la sed; siempre pierde la batalla con  los líquidos artificiales de colores rosa, negro, verde y otras tonalidades cargadas de azúcar.

NOTA: Este reportaje se realizó con el apoyo de VITAL STRATEGIES.

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