La Parada, un barrio de Villa del Rosario (Norte de Santander), se ha convertido en un escenario de explotación sexual al que las autoridades le prestan poca o ninguna atención. Allí, grupos armados como el ELN o el Tren de Aragua son la ley y se disputan el control del territorio. Cilia y María* son dos mujeres que han vivido en carne propia la orfandad por parte del Estado que se padece en este lugar.
18 de mayo de 2023
Por: Lucas Molet

En la frontera entre Colombia y Venezuela, por el municipio de Villa del Rosario (Norte de Santander), existe un barrio que se conecta con varios de los pasos ilegales que facilitan el flujo de migrantes: La Parada. Este espacio, en los últimos años, se ha convertido en tierra de nadie. Grupos armados al margen de la ley como el ELN o el Tren de Aragua ejercen dominio y se disputan el control del territorio, dejando a la población civil a merced de sus armas y reglas.

Los delitos que se cometen en esta zona se cuentan con todos los dedos. Desapariciones forzadas, asesinatos selectivos, masacres… Las mujeres enfrentan, además, otro espinoso camino: el de la prostitución. Cilia y María*, quienes aceptaron protagonizar este reportaje gráfico bajo la condición del anonimato, son prueba de ello. Prueba de lo que pasa cuando las organizaciones armadas ilegales deciden la suerte de los habitantes.

*Nombres modificados por seguridad de las mujeres.

En 2020, María cruzó la frontera y llegó de Venezuela a Colombia huyendo por su vida. Días atrás la habían violado en San Cristóbal siete miembros de un grupo armado; entre los violadores estaba su propio novio.

En Colombia, María tuvo una hija. Ambas vivieron en esta casa del barrio La Parada, en donde María pagaba 10.000 pesos diarios. En más de una ocasión, su casero le pidió sexo en vez de la renta. Ella se cansó del acoso y se mudó en enero de 2023.

En 2021, con 19 años, María dio a luz a su hija y su pareja las abandonó. Se metió en la prostitución para evitar morirse de hambre junto con su pequeña. Dice que se siente en riesgo cada vez que un hombre se le acerca para comprar sexo.

María ha tratado de subsistir del reciclaje, pero en Villa del Rosario pagan apenas centavos por este material. Hizo un curso básico de peluquería y aspira a poder mantener a su hija con ese oficio.

En noviembre de 2020, en la trocha La Arrocera del barrio La Parada (Villa del Rosario), Cilia vio por última vez a su proxeneta, quien era a la vez su pareja. Él huyó para evitar ser linchado y ella, al verlo correr, dice que se sintió de nuevo viva.

Esta es la casa de La Parada donde Cilia vivió con su proxeneta/pareja en un cuarto “pagadiario”. La última vez que él le propinó una golpiza, sus vecinos salieron a defenderla y a tratar de linchar al agresor, quien huyó a Venezuela.

Justo en frente del templo histórico de Villa del Rosario, donde se firmó la Constitución de 1821, a Cilia la explotó sexualmente por primera vez su novio, quien era miliciano de la guerrilla del ELN y se quedaba con el dinero que los compradores de sexo pagaban por Cilia.

Cilia sigue viviendo en La Parada, donde muchas mujeres son sometidas a la prostitución por grupos armados como el ELN o el Tren de Aragua. Ella dice sentirse segura en este lugar. Volvió a recurrir a la prostitución por su cuenta, pero en 2021 la dejó por completo con ayuda de su pareja actual.

Esta historia fue elaborada con el apoyo de Consejo de Redacción (CdR).

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