La crisis migratoria se convirtió en un boyante negocio que deja al menos 9 millones de dólares mensuales. Mientras familias lo venden todo y arriesgan sus vidas para pasar el Darién, el Partido Liberal asegura alcalde en Acandí. El Clan del Golfo también saca su parte.
1 de octubre de 2023
Por: Vorágine
Candidato a la alcaldía de Acandí Luis Fernando Martínez Migración Tapón del Darién

Desde hace un tiempo las calles de Acandí, en Chocó, lucen más limpias de lo normal. Unas cincuenta mujeres que visten camisetas del candidato Luis Fernando Martínez, del Partido Liberal, madrugan para embellecer el pueblo. La actividad, por la que reciben un salario mensual, sirve a su vez como propaganda política. 

La candidatura de Martínez, que llega con regalos y premios en todas sus correrías, es hoy toda una sensación en este pueblo costero de 14.000 habitantes y que en 2018 tenía un Índice de Pobreza Multidimensional del 51%, notablemente más alto que el promedio nacional. El año pasado, la tasa del país fue del 12,9%. Acandí es un pueblo pobre y olvidado históricamente, con muchas necesidades. Y se convirtió en un paso obligado de 320.000 migrantes irregulares que, según las autoridades de Panamá, han cruzado el Darién este año. Acandí es la puerta de entrada a la selva que limita con ese país.

Cuando Martínez se lanzó a la alcaldía muy pocos le daban opciones de ganar, dice una persona que trabajó en su campaña en los inicios. No lo conocían en el pueblo y no tenía ninguna experiencia en política. Su abuela, Hortensia Moreno, relata en un video de la campaña que su nieto se crió en Acandí en un barrio humilde y que pasó varios años afuera estudiando. Se graduó de administración de empresas en Medellín.

Las cosas cambiaron el 23 de julio pasado, cuando el candidato llegó al pueblo escoltado por una caravana de motos anunciando que había recibido el aval del Partido Liberal. Venía acompañado por el exalcalde Gabriel Olivares, quien también estaba aspirando a un nuevo mandato. Pero Olivares ese día dijo que se hacía a un lado para sumarse a la candidatura de Martínez o Luisfer, como lo llaman de cariño en Acandí. En ese momento ya lo tomaron en serio.

Bastaron seis días para que la campaña de Luisfer subiera a otro nivel. El 29 de julio la caravana fue multitudinaria. Acandí se llenó de camisetas, gorras, banderas, pancartas y bombas. Un dron grabó la procesión que terminó en el polideportivo con varios discursos. “Había camisetas hasta para los niños”, dice un habitante del pueblo consultado por VORÁGINE. “Esa campaña es un derroche de dinero a diestra y siniestra, una cosa de locos”, dice otro de los lugareños con los que hablamos. Consultamos a veinte personas que hoy residen en Acandí y que estuvieron en la movilización. Todas coinciden en decir que en dicha manifestación hubo camisetas, gorras y pancartas para todo el que quisiera.   

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Ese día se conoció el jingle en honor al aspirante, el mismo que comenzaría a sonar en las esquinas a todo volumen. Es un vallenato que dice: “Luisfer está preparado y viene a representar, tenemos que apoyarlo, trabajar con amor, Luis Fernando ya llegó, está aquí, Luisfer es más salud y educación que todos vamos a tener…”.

Desde entonces, Martínez no llega a un acto de campaña con las manos vacías. En cada barrio o corregimiento que visita hace un bingo, habla con los habitantes, ofrece comida o refrigerios y rifa regalos. La gente se va de los actos con ventiladores, vajillas, licuadoras, anchetas, sillas Rimax, mercados y juguetes para los niños, como se puede apreciar en decenas de  fotografías.

Los eventos también han sido una constante. El 11 de septiembre se presentó en Acandí el humorista Lucumí, de Sábados Felices, patrocinado por la campaña. El 16 del mismo mes Martínez convocó a un festival de verano con conciertos en el sector La Punta, que duró dos días. Estaba dirigido a jóvenes. Allí también se repartieron premios “a la mejor pinta playera, a la cometa más top, y un millón de pesos al equipo ganador de voleibol y 500 mil al ganador en triatlón”. El 23 de septiembre, Luisfer hizo otro concierto al que llamó Beach Party y que tuvo como atracción principal la presentación de ocho artistas de la región.

¿De dónde sale tanto dinero para la campaña? Martínez es medio hermano  de Darwin García Pérez, más conocido como Maradona, un exconcejal de Acandí y líder social que hace parte de la Junta de Acción Comunal de Capurganá. Desde el año pasado, esta organización comunitaria, a través de la Fundación Social Nueva Luz del Darién, organizó  el negocio de la migración en la zona. Esto lo confirmaron tres personas que trabajan para ellos.

Cada migrante que llega en lancha a Acandí o a Capurganá debe pagar a la fundación 150 dólares para poder continuar el camino hacia el Darién. Es un negocio muy organizado que emplea a unas 2.000 personas que sirven de guías por la selva hasta la frontera con Panamá. El recorrido puede durar entre dos y tres días.  

La fundación tiene montados dos albergues, uno en Acandí y otro en Capurganá, de donde sale otra de las rutas. En cada uno de estos lugares hay un médico y una enfermera. Ellos brindan primeros auxilios y algunos medicamentos a los migrantes que llegan con dolencias. En los últimos meses, en promedio están pasando por el albergue de Acandí 2.000 migrantes al día, la mayoría de ellos venezolanos. Esto a la fundación le representa 300.000 dólares al día, unos 9 millones de dólares al mes, una cifra exorbitante que no se compadece con las condiciones en las que llegan los migrantes. Del albergue de Acandí, a los migrantes los llevan en moto carros hasta un campamento llamado Las Tecas, donde pasan una noche. Al día siguiente avanzan hacia la selva. Las Tecas, donde también hay servicio de enfermería, también es manejado por la fundación.   

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VORÁGINE recogió testimonios en la zona y la mayoría de caminantes aseguran que vendieron sus casas, electrodomésticos y todo lo que tenían para poder emprender el viaje.    

Miembros de la fundación dicen que si ellos no ofrecieran estos servicios las personas que se arriesgan a adentrarse en la selva morirían en el camino. Y esto es cierto. Sin embargo, los guías de la fundación acompañan a los migrantes solo hasta la línea fronteriza. Un periodista de VORÁGINE que estuvo en la zona entre el 15 y el 17 de septiembre y que viajó entre un grupo de migrantes venezolanos así lo confirmó. En territorio panameño los caminantes continúan a expensas de las bandas armadas que operan en esa parte de la selva. 

La ruta que hacen la mayoría de los venezolanos comienza en Acandí, y va hasta un pequeño poblado del Darién panameño llamado Bajo Chiquito. Caminando en ascenso y descenso por montañas de hasta 1.600 metros sobre el nivel del mar, andando sumergidos en ríos, y bordeando precipicios, los migrantes se toman entre seis y diez días si se suma todo el recorrido. A Panamá llegan con deshidratación, golpes de calor, insolación, lesiones y peladuras en los pies, dolores en las extremidades por las intensas jornadas, diarreas y enfermedades gástricas por beber agua de ríos; también con depresión, ansiedad y estrés postraumático después de vivir o presenciar hechos violentos durante las caminatas.

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Entre enero y julio de 2023, la organización Médicos Sin Fronteras llevó a cabo 35.912 consultas médicas y de enfermería en el territorio panameño, lo que incluyó a 673 mujeres embarazadas y 206 personas supervivientes de violencia sexual. Además, realizaron 1.611 consultas de salud mental y 6.952 curas. Después de cruzar el Darién, los migrantes llegan a Panamá desfallecidos. Hay muertos en el camino.

Samira Gozaine, directora del Servicio Nacional de Migración de Panamá, dijo en junio pasado que durante 2023 las autoridades de su país lograron recuperar los cuerpos de 27 migrantes muertos en la frontera. Pero ese es un número muy pequeño para la cantidad de cadáveres que se han quedado en esa selva durante los últimos años, según testimonios de los mismos migrantes. No se sabe cuántos son.      

Antes de tomar las lanchas hacia Acandí (cuyo tiquete vale 180.000 pesos colombianos), los migrantes en Necoclí son obligados a pagar 300.000 pesos adicionales por persona, que son destinados a la compra de un sticker. Una fuente que pertenece a un organismo de seguridad del Estado y que ha monitoreado la situación desde Bogotá asegura que ese dinero va a parar al Clan del Golfo, una organización criminal que tiene presencia en todo el Urabá y cuyos dominios se extienden a la zona fronteriza. Si un migrante llega a Acandí sin el sticker allá igual lo tiene que pagar. Un artículo del diario The New York Times, publicado el 15 de septiembre pasado, cita una declaración del presidente Gustavo Petro en la que asegura que el Clan del Golfo gana 30 millones de dólares anuales por concepto del negocio migratorio.

La fuente que hace parte de un organismo de seguridad del Estado con la que habló VORÁGINE dice que incluso de los 150 dólares que recoge la Fundación Social Nueva Luz del Darién, 50 van para el Clan del Golfo. “Es una especie de tributo que cobran para dejar operar el negocio”, dice sentado en una oficina del búnker de la Fiscalía. 

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En Acandí es un secreto a voces que detrás de la fundación hay al menos dos cabezas o jefes. Cuatro personas que residen en Acandí se lo dijeron a VORÁGINE. Uno de ellos es Carlos Alberto Ballesteros Herrera, a quien conocen como El Barbas, un exconcejal de Acandí y líder social que el 2 de marzo de 2021 fue condenado a 24 meses de cárcel por el delito de tráfico de migrantes, luego de firmar un preacuerdo. Esto lo confirmó un fiscal que conoció el caso.   

La sentencia dice que Ballesteros hacía parte de “una organización criminal que operaba entre Medellín, Turbo y Necoclí”. Los miembros, dice el documento, “cometían  conductas punibles relacionadas con el tráfico de migrantes”, y la banda estaba “conformada por un número plural de personas, y liderada por los hermanos John Jairo y Fredy Mejía Mejía, encargados de promover, inducir, facilitar, financiar y realizar todo tipo de actividades encaminadas a recibir personas extranjeras procedentes de diferentes países”. 

La sentencia relata que las víctimas del tráfico eran migrantes de India y África, y que entraban al país por Ecuador. Luego eran llevadas a Medellín y finalmente conducidas a Turbo y Necoclí. De allí “eran enviadas en lanchas rápidas o pangas al corregimiento Capurganá de Acandí, ubicándolos en la ruta hacía Panamá y otros países centroamericanos, donde se les facilitaba su ingreso a los Estados Unidos como su destino final”.

De la mano de Ballesteros en la fundación trabaja a la sombra un empresario nacido en Acandí al que apodan El Paisa y que suele llevar dos anillos con diamantes en cada mano. Se trata de un hombre muy conocido en el pueblo, que en el año 2019 fundó una exitosa compañía que hace logística y presentación de eventos y conciertos. A cargo de esta empresa estuvo la gira nacional de un reconocido cantante cristiano que este año se presentó en varias ciudades de Colombia. Esto se lo dijo a VORÁGINE una de las personas que trabaja en la empresa.

El candidato Luis Fernando Martínez ha visto fluir el dinero en su campaña desde que estalló la crisis migratoria. Además del exalcalde Gabriel Olivares, Luisfer recibió la adhesión de otra candidata que estaba en la contienda para la alcaldía. Rosa Pérez, se llama. En septiembre pasado, ella anunció que declinaba su aspiración para ponerse la camiseta por Martínez.

De los candidatos que se presentaron al comienzo de la campaña solo quedan tres: Luisfer; Ana Graciela Arbeláez, del Partido Conservador; y Emilia Bello Altamiranda, de La U. Varias voces vaticinan que solo esta última llegaría a la recta final para competir con Martínez, aunque esto ya hace parte de los cálculos políticos de los que se habla en el pueblo, de acuerdo a quince llamadas telefónicas que VORÁGINE hizo a personas que viven en Acandí el 30 de septiembre.

Además del apoyo económico que la fundación proporciona a Martínez también están las promesas de votos. En dos videos obtenidos por VORÁGINE se escucha a un hombre decirles a un grupo de guías que trabajan en Las Tecas que necesitan el apoyo de todos para la campaña de Martínez. “Esto se volvió fue política, los invito a una reunión para que mañana me acompañen a una marcha, al candidato Luisfer”. Más adelante habla de listados para asegurar votos. “Necesito que nadie se me tuerza, les garantizo que todos los que están aquí comen conmigo allá arriba”. Las autoridades consultadas interpretan esto como un presunto constreñimiento al elector. Contactamos al candidato Martínez para preguntarle sobre esta denuncia y sobre la financiación de su campaña. A través de WhastApp, dijo: “relatar la campaña de Acandí con tanto sesgo como pude evidenciar hace daño. Mucho daño”. En un siguiente mensaje aseguró: “Soy respetuoso de la libertad de expresión (…) usted está libre de escribir. Siga utilizando la fuente que lo llevó a escribir todo lo que escribió. El día que haga periodismo real me consigue en Acandí. Ahí se da cuenta quién soy y qué me define”. Le dijimos que al menos veinte personas habían servido como fuente para este artículo, personas que se atrevieron a hablar y que confirmaron los hechos que aquí se relatan. Al final no aceptó la llamada.

Aunque en la campaña presidencial de 2022 Gustavo Petro habló de soluciones y de intervenciones del Estado en Urabá y en Chocó respecto a la migración, lo cierto es que en Acandí ha sido poco lo que se ha visto la mano del gobierno. El Darién sigue siendo una de las fronteras olvidadas del país. VORÁGINE contactó a Carlos Fernando García Manosalva, director de Migración Colombia, para preguntarle sobre la situación de los migrantes y de los pagos que hacen a la Fundación Social Nueva Luz del Darién. 

García Manosolva asegura que se han hecho tres diálogos fronterizos en los que ha participado la comunidad, organizaciones sociales, organismos de cooperación internacional, alcaldías y unas veinte entidades del Estado. Dice, además, que producto de estos encuentros saldrá un Plan Integral de Atención a Migrantes que será dado a conocer próximamente. La idea, dice, es formalizar y reglamentar el trabajo de guías que ahora presta la fundación. “La población que vive de fenómenos auspiciados por el tráfico de migrantes, del paso de narcóticos, tendrá una alternativa de carácter legal y de empleo. Buscamos fortalecer a organizaciones para que presten servicios de ecoturismo para garantizar la estabilidad y la permanencia de la selva del Darién”, dijo. 

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Mientras eso ocurre la fundación seguirá con el negocio. Además del paso por Acandí y Las Tecas, las autoridades consultadas tienen conocimiento de que estas mismas personas tienen el control de otro camino por Capurganá, al que llaman la “la ruta VIP”. Esta puede costar para cada migrante entre 800.000 y 1’800.000 pesos colombianos. Es VIP porque es mucho más corta y menos riesgosa. Después de Capurganá, el trayecto continúa en lancha hacia un sitio llamado Carreto, en Panamá. La caminata luego es a través de terrenos no tan empinados y solo se demora un día y medio. Las ganancias que se pueden obtener por el manejo de esta ruta son incalculables. Lo que para los migrantes es sufrimiento o dejarlo todo por un futuro incierto cruzando el Darién, para otros es el negocio de la vida.

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