Juan Carlos Martínez: baldíos y condenas anteceden curul afro de su hija en el Valle

Una de las propiedades del exsenador tiene 12 hectáreas y 7.500 metros cuadrados y está ubicada en Timbiquí, municipio que cuenta con siete consejos comunitarios de negritudes, hoy protagonistas en la candidatura de su hija Lina Martínez García.

28 de marzo de 2022

Por Andrés Felipe Carmona Barrero  

Ilustración: Camila Santafé

Juan Carlos Martínez Sinisterra, hoy con 52 años, no ha dejado de sonar en la política vallecaucana para impulsar candidaturas, pese a un pasado judicial marcado por su primera captura en 2009 y por tres condenas posteriores. La primera sentencia la recibió en 2011 por el apoyo de paramilitares en su elección. La segunda fue en 2016 por intentar favorecer al candidato Francined Cano en las elecciones atípicas de 2012 para la Gobernación Del Valle. La más reciente, y que está en apelación, le fue impuesta en 2018 por enriquecimiento ilícito al recibir, supuestamente, $300 millones del narco Hernando Gómez Bustamante, alias ‘Rasguño’, cuando Martínez Sinisterra era senador. Su actual protagonismo político está a la orden del día por la candidatura de su hija Lina Martínez para llegar a la Cámara de Representantes por las negritudes. 

Su presencia en las comunidades negras del Pacífico colombiano no necesariamente tiene que ser física ni tampoco está atada únicamente al hecho de ser oriundo de Timbiquí, Cauca. Tener dos lotes en territorios con consejos comunitarios afro también es estar vigente e incidir a la hora de conseguir votos por su hija. Vorágine encontró dos propiedades con estas características a su nombre, en escrituras públicas y certificados de tradición registrados en oficinas de Buenaventura, Cali y Guapi.

Lo anterior muestra, de una u otra manera, su influencia en los territorios que apoyaron a su hija Lina Martínez García, de solo 27 años, como candidata a la Cámara por una de las dos curules que se les entregan de forma directa a los afrodescendientes, a nombre del Consejo Comunitario de la Comunidad Negra de Limones, en Buenaventura. La joven libra hoy una lucha voto a voto por quitarle la curul a Miguel Polo Polo, avalado por el Consejo Comunitario de las Comunidades Negras y Afrocolombianas Fernando Ríos Hidalgo, ubicado en el departamento de Magdalena. La votación del movimiento de Lina Martínez García sumaba, hasta el momento de publicación de esta historia,  34.308 votos, y la de Polo Polo iba en 35.253. 

Fuentes consultadas por Vorágine en Buenaventura, territorio con once consejos comunitarios, dieron fe de que el propio Juan Carlos Martínez Sinisterra hizo presencia en el puerto sobre el Pacífico para coordinar de cerca los apoyos electorales para su hija, durante todo el fin de semana de las elecciones al Congreso de la República.

Desde el 3 de mayo de 2016, como consta en bases de datos de la rama judicial, Martínez Sinisterra está en libertad condicional tras suscribir un acta de compromiso con el Juzgado 9 Penal del Circuito de Cali, en el marco del proceso judicial por el que fue condenado por el intento de fraude electoral para favorecer al candidato Francined Cano en las elecciones atípicas de 2012 para la Gobernación del Valle del Cauca.

Junto al parapolítico también fueron condenados, por los delitos de cohecho propio y tentativa de alteración de resultados electorales, Alina Martínez García, exregistradora Ad Hoc para Jamundí, y José Francisco Angulo Jaimes, exfuncionario de la Registraduría Distrital de Bogotá. Otros de los procesados, pero por cohecho por dar u ofrecer y tentativa de alteración de resultados electorales, fueron Luis Enrique Forero Téllez, exfuncionario de la Registraduría Nacional; María del Pilar Yangana Cubides, exsecretaria ejecutiva del partido político MÍO; Jairo Candelo Banquero, exmagistrado del Tribunal Seccional de Garantías Electorales del Valle del Cauca, y Óscar Yesid Ramírez Forero, exfuncionario de la Registraduría.

En las recientes elecciones a Senado y Cámara “en Buenaventura se estaba comprando el voto a $50.000; y sumado a eso a la gente le estaban regalando botella de aguardiente y un pollo asado”, relata una fuente con la que este medio habló y que pidió reservar su identidad, tras indicar que esta localidad fue clave, pues allí consiguió 4.640 votos el Consejo Comunitario de la vereda Limones por el que estaba avalada la hija del parapolítico Martínez Sinisterra.

Vorágine trató de contactarlo, pero hasta la publicación de este artículo no se había logrado comunicación alguna con él. Mientras tanto, su hija Lina Martínez se limitó a responder que seguían esperando los resultados electorales finales, sin concretar diálogo alguno. 

El hoy condenado fue dos veces senador: en 2002-2006 y 2006-2010. En su primera aspiración obtuvo 58.723 votos luego de su paso por la Asamblea del Valle del Cauca. “En 2006, ya como integrante del movimiento Convergencia Ciudadana, repite en el Senado con 62.077 votos, de los cuales en Buenaventura solo obtuvo 5.008 sufragios, razón por la cual muchas veces decía que con los votos de esta ciudad nunca habría llegado al Senado”, se lee en un artículo publicado por el portal Verdad Abierta. 

Poco después de su segundo periodo en el Congreso, en junio de 2011, la Corte Suprema lo condenó a siete años y seis meses de cárcel por el apoyo político que paramilitares del Bloque Calima le dieron para lograr su curul en Buenaventura, el principal puerto de Colombia, algo que Martínez Sinisterra siempre negó en declaraciones a medios y en estrados. 

Estando aún en prisión, según registros de Twitter de La Silla Vacía, se unió al también detenido exsenador Luis Alberto Gil para fundar el Partido de Integración Nacional (PIN). “Con este llegó a tener el control de 32 de las 42 alcaldías del Valle”, reportó el medio en su momento. En mayo de 2016 Martínez Sinisterra recibió otra condena, esta vez a 48 meses de prisión por el intento de fraude en las elecciones atípicas a la Gobernación del Valle en 2012.

Varias de las afirmaciones de Martínez Sinisterra han generado escándalos en el país, incluyendo las dos frases que la Revista Semana publicó hace diez años en una de sus ediciones, dando a entender que el parapolítico las había pronunciado: “Es mejor negocio la política que el narcotráfico” y “la plata que deja una Alcaldía no la deja un embarque”. 

En una entrevista con El País de Cali, en noviembre de 2011, Martínez negó haber dicho esas expresiones, las calificó de una mentira y afirmó que le había pedido al medio que rectificara. “Tendría que ser muy estúpido para hacer una comparación tan absurda, con la que reconocería que estoy en una actividad ilícita. Le puedo decir al mundo que no conozco la coca, no he ganado un peso con la coca, no la he consumido y me someto a un examen de medicina legal para demostrarlo”, aseguró en su momento. 

Otras de sus frases famosas, que en su momento generaron polémica, son: “Yo me considero un preso político”, “nunca existieron los vínculos con el paramilitarismo, eso quedó demostrado en el juicio”, y “yo me conocí con Olmes Durán (narco extraditado a EE.UU.) cuando tenía 15 años y llegué de Timbiquí a Buenaventura… Yo me pregunto: ¿Entonces todos los que conocieron a los (hermanos) Rodríguez (Orejuela) eran narcotraficantes?, ¿todos los que conocieron a Pablo Escobar eran narcotraficantes o hacían cosas ilícitas?”.

La historia de los lotes

De Juan Carlos Martínez Sinisterra se ha hablado mucho por sus relaciones con la política tradicional del Valle del Cauca y por sus alianzas a todo nivel para poner candidatos de ese departamento, pero de sus propiedades poco ha trascendido más allá de la casa lujosa en la que ha vivido, en un condominio ubicado en las afueras de Yumbo, cerca a Cali, y de la que siempre ha manifestado que es alquilada. 

Vorágine logró acceder a escrituras públicas y certificados de tradición y libertad que muestran que siendo senador de la República, Juan Carlos Martínez Sinisterra compró un lote en Timbiquí (Cauca) y otro en Buenaventura (Valle del Cauca), municipios que fueron claves en la campaña de su hija Lina Martínez García, abogada de la Universidad Santiago de Cali. Solamente en el puerto vallecaucano sacó 4.640 votos, mientras que entre Timbiquí, López de Micay y Guapi, las tres zonas que conforman el Pacífico Caucano, la joven candidata logró 1.042 sufragios.  

La primera de las propiedades está ubicada en el barrio Bellavista de Buenaventura, en la carrera 45 # 4-65. Se trata de un lote de 6,50 metros de frente por 21,45 metros de fondo, que fue comprado por Martínez Sinisterra hace 19 años.

De acuerdo con la escritura pública 548 del 9 de abril de 2003, que reposa en los archivos de la Notaría Primera de Buenaventura, el entonces senador adquirió un lote que la Nación le había cedido a “perpetuidad” al municipio de Buenaventura, a través de la Ley 185 del 20 de diciembre de 1959, para que las autoridades locales del puerto levantaran obras que propendieran por el desarrollo de esta ciudad portuaria del Valle del Cauca.

El 9 de abril de 2003, Efrén Rodríguez Valencia, en calidad de director de la Dirección Técnica de Vivienda de Buenaventura, le vendió a Juan Carlos Martínez Sinisterra el terreno en cuestión por $273.400 de la época, luego de que el congresista demostrara tener derecho a ser beneficiado de la adjudicación que le estaba dando la Alcaldía de Buenaventura, sin que se entrara en detalle en los documentos notariales sobre los requisitos puntuales que cumplía Martínez Sinisterra para poder comprar el terreno. 

Desde Vorágine tratamos de contactar al exfuncionario, pero no fue posible. Rodríguez Valencia sí laboró como asesor y secretario de Vivienda el año en que el exsenador compró el predio, como se puede leer en la página web de la Alcaldía de Buenaventura en un artículo de 2019, en el que hacen un recuento de su hoja de vida para asumir el cargo de nuevo secretario de Vivienda del distrito portuario. Curiosamente, en el texto aparece que el funcionario destacó la importancia de promover los procesos de titulación de predios.

El segundo lote a nombre de Juan Carlos Martínez Sinisterra es un terreno de 12 hectáreas y 7.500 metros cuadrados que está ubicado en Bubuey, un corregimiento de Timbiquí (municipio con siete consejos comunitarios afro), en el estero El Correo, como consta en escritura pública 2727 del 21 de agosto del 2002 que reposa en los archivos de la Notaría Novena del Circuito de Cali. Dicho predio Martínez Sinisterra se lo compró por $25 millones a su primo José Víctor Amú Sinisterra, quien más adelante, en 2012, fue alcalde de Timbiquí, Cauca. El lote es conocido en la región como ‘Lucía Segunda’ y está ubicado en la zona donde nacieron los padres de Amú Sinisterra y donde están las raíces del exsenador condenado.

Según documentos consultados en la Superintendencia de Notariado y Registro se trata de un “terreno baldío denominado ‘La Segunda’, ubicado en el paraje estero El Correo, inspección de Policía Municipal de Bubuey, municipio de Timbiquí, departamento del Cauca”.

Este lote tiene orígenes baldíos, es decir, que son bienes públicos que la Nación conserva para adjudicar bajo ciertos requisitos, especialmente a comunidades campesinas y vulnerables que nunca han tenido acceso a la tierra y/o que son víctimas del conflicto armado. Fue adjudicado a través de la Resolución 0813 del 6 de diciembre de 1977 al extinto Instituto Incora en Guapi, pero muchos años después, exactamente el 2 de noviembre de 1993, José Víctor Amú Sinisterra le compró el terreno a un particular por $150.000 de la época. En 2002 se lo vendió a su primo Martínez Sinisterra por $25.000.000, cuando estaba recién posesionado como senador de la República. El terreno actualmente está embargado por orden del Juzgado 3 Civil Municipal de Cali bajo oficio 2388 del 16 de noviembre de 2003.

Lo que más llama la atención es que los dos terrenos a nombre de Juan Carlos Martínez tienen en común que el primer dueño fue el Estado; es decir, en ese entonces la Nación destinó esos terrenos para que los municipios los usaran en el desarrollo de sus regiones. En el primer caso en 1959 y en el segundo, en 1977.

Lina Martínez, de momento, tiene el camino cada vez más despejado para llegar al Congreso de la República de la mano de su padre, quien desde hace muchos años ha gobernado en el Valle del Cauca sin necesidad de estar de cuerpo presente.

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