Las contradicciones y vacíos en la versión del Ejército sobre operativo en Putumayo

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Mientras el general Zapateiro dice que los soldados no tocaron los cuerpos, las actas de inspección a cadáver advierten lo contrario. El Ejército no ha podido demostrar que todos los muertos estaban armados, ni que el operativo se dio sin población civil en medio.  

17 de abril de 2022

Por: Jose Guarnizo y Bibiana Bello, Vorágine.
Ilustraciones: Angie Pik

El general Eduardo Enrique Zapateiro, comandante del Ejército, le dijo esta semana a Noticias RCN que esta no era la primera operación donde caían mujeres embarazadas ni menores. Esta declaración descarnada y espontánea sobre los hechos del 28 de marzo en la vereda Alto Remanso, en Putumayo, abre la puerta a una serie de contradicciones en las versiones oficiales. En el operativo, como se sabe, murieron once personas que fueron presentadas como miembros de las disidencias de las Farc. A continuación un análisis de cada uno de los puntos en los que el Ejército aún no logra dar una respuesta consistente de cara a las pruebas y testimonios.

Inconsistencia 1: El Ejército niega que hubiese civiles en medio del fuego cruzado pese a que evidencias demuestran lo contrario 

El general Juan Carlos Correa, comandante de la División de Aviación de Asalto Aéreo del Ejército le dijo a Caracol Radio la semana pasada que la operación en Alto Remanso se dio en momentos en que no había civiles. “El día lunes no había población en el caserío, no estaban en la cancha de fútbol, no estaban por fuera bailando, no estaban en ningún bazar, no estaban en ninguna actividad. Nuestros grupos observan que hay seis miembros de la estructura armada caminando hacia el embarcadero”. Una fuente del Ministerio de Defensa que tiene a cargo el caso también negó que el enfrentamiento con disidencias se haya dado con personas de la comunidad de por medio. 

Sin embargo, no hay un solo testimonio de los habitantes del Alto Remanso que no coincida con que en ese amanecer del lunes 28 de marzo el caserío estuviese lleno de visitantes de veredas aledañas que estaban en un bazar de tres días. Además de dos videos y una foto que muestran asistentes tomando cerveza, algunos ya borrachos, hay declaraciones de testigos que detallan con precisión los instantes previos a la balacera: 

“Las cocineras no daban abasto con la comida por la cantidad de gente que había. Fueron dos noches de trabajo seguidas. (…) El domingo para amanecer lunes iba a entrar otro grupo de mujeres”, dice una de las testigos de los hechos que estaba allí preparando alimentos. En otro de los apartes de su declaración habla de la presencia de niños: “Había diez niños entre 5 y 10 años. Y recién nacidos cinco, cinco bebés”, dijo.

Es preciso analizar también el lugar donde se desarrollaron los combates. Se trata del centro del caserío, donde está una cancha en cemento alrededor de la cual hay  casas de tablas que no son en ningún caso refugio de proyectiles. A un costado del cuadrilátero está la caseta donde la gente se reunió a tomar. Al lado contrario está la cocina en la que prepararon los alimentos para vender en el bazar. Es una estructura sin paredes. Se trata de una enramada sostenida por cuatro troncos. Ese día no solo estaban en el caserío los habitantes de Alto Remanso: una foto tomada después de los enfrentamientos muestra cómo el Ejército reunió a todos los asistentes al bazar en la cancha. Les exigieron sentarse dando la espalda a donde habían quedado los muertos. 

 

Inconsistencia 2: No todos los muertos estaban armados

Uno de los puntos decisivos para desentrañar lo que realmente ocurrió ese día en el caserío es saber si todos los muertos eran combatientes, es decir, si cada uno de ellos estaba armado repeliendo la operación del ejército. Si alguna de las víctimas no estaba participando de lo que en el Derecho Internacional Humanitario (DIH) se denomina “hostilidades”, se estaría ante una ejecución extrajudicial, un homicidio en persona protegida.

Los testimonios indican que al menos cinco disidentes armados estaban en el caserío mezclados con decenas de civiles el día de la operación. La gente estaba departiendo en un bazar, y miembros de las disidencias llegaban alternadamente y se iban. Eso es un hecho. Sin embargo, la tesis oficial de que todos los muertos eran disidentes en combate se ha venido desdibujando con el paso de los días. Una muestra es el caso de Divier Hernández, presidente de la Junta de Acción Comunal, sobre quien el Ejército no ha mostrado pruebas de que estuviera armado o disparando. 

El general Correa le dijo a Caracol Radio que los disidentes “hicieron parte de esta actividad bélica en contra de nuestros hombres. Fueron unos elementos armados que también atacaron y atentaron contra nuestros hombres”.

Frente a Divier, hay algunas evidencias que contrastan con lo dicho por el general. Una fotografía tomada después de la operación, cuando aún no se habían ido los soldados de Alto Remanso, muestran la posición en la que quedó el cadáver del presidente de la Junta de Acción Comunal. Está tendido boca arriba, con los brazos abiertos, detrás de una enorme palmera que está cerca a la orilla del río Putumayo. En la escena no hay armas y eso coincide con cerca de treinta testimonios recopilados por periodistas de Vorágine, Cambio y El Espectador.

Una mujer que estuvo hablando con Divier al momento en que sonó el primer disparo lo cuenta así: “Divier estaba explicándole al nuevo grupo de mujeres dónde estaba la comida, lo que había qué hacer cuando escucharon un disparo hacia la parte de atrás de la cocina.  Yo me agaché, y a Divier le dio risa: ‘Parece boba, alguien debe estar estallando totes ahí’”. 

Otro caso es el de Ana María Sarrias, una mujer de 24 años en estado de embarazo que está dentro de los once muertos y cuya historia contamos en Vorágine el pasado domingo, en alianza con El Espectador y Cambio. Era la esposa de Divier. Decenas de testimonios que recogimos dicen que ella en el bazar estaba ayudando en la cocina y que, una vez la hirieron en una pierna, duró más de una hora y media desangrándose antes de fallecer. Sobre ella y el menor de edad Brayan Santiago Pama, también muerto en el operativo, el general Zapateiro le dijo a Noticias RCN: “Estaban en combate. Estaban en la línea de muerte”. 

Sin embargo, una versión distinta dio el general Correa en entrevista con la W Radio. Este alto oficial no dijo que Ana María estuviera en combate sino que estaría tirando armas al río. De esto tampoco el Ejército proporcionó pruebas. “Ella estaba con esa estructura, participó no solamente en estas actividades, sino también, lo manifiestan nuestros soldados que estaban observando, es que ella empezó a quitarle el material de guerra, me imagino que era su misión o su forma de operar, quitar el material de guerra y el equipo al personal que estaba muerto y tirarlo al río”.

Incluso hay una tercera versión oficial que no coincide con las dos anteriores. Una alta fuente del Ministerio de Defensa cercana al caso nos dijo que los militares ya tenían claro que Ana María no estaba armada ni disparando el día del bazar. Asegura que el Ejército no se hará cargo de su muerte ni de la de Divier ni la de una tercera víctima. Esto quiere decir que dentro del proceso de investigación que adelanta la Fiscalía, los militares sostendrán que estas tres personas habrían muerto por disparos de las disidencias, distinto a lo que hasta ahora habían afirmado. Cabe recordar que desde el primer momento en que ocurrieron los hechos, el Ejército dijo haber “dado de baja” a once supuestos disidentes y no ocho.

Otra de las personas que resultaron muertas en el operativo fue Óscar Oliva Yela. Frente a este hombre el Ejército manifiesta que “cayó herido tras las confrontaciones y se escondió en una vivienda en donde continuó disparando contra los soldados”. Periodistas de Vorágine, Cambio Colombia y El Espectador tuvieron acceso a una foto en la que el cuerpo de Oliva aparece boca arriba, sobre el pasto, a unos pocos metros de la cancha de fútbol, y no en una casa. La comunidad del Alto Remanso insiste en que este vecino no era un combatiente. 

La esposa de Oliva es Nohora Andrade, una sobreviviente del operativo que en un inicio fue presentada por el ejército como capturada y miembro de las disidencias. Seis días después, la Fiscalía reconoció que el procedimiento nunca se había llevado a cabo. Lo mismo ocurrió con tres heridos más. En el caserío aseguran que Oliva y Andrade llegaron a la zona en 2020, y que trabajaban en lo que saliera: criar  gallinas, cultivar yuca. Como muchos campesinos de la región también fueron recolectores de hoja de coca. Años atrás en Puerto Asís, vendieron ropa, administraron una rocola y días antes del bazar habían comprado una moto, con un pagaré que firmaron a 8 años. 

Inconsistencia 3: La ambigüedad del Ejército frente a quién disparó primero

Sobre este punto, el general Correa le dijo a Caracol Radio: “Nosotros no entramos disparando. Porque cuando uno dice que entramos disparando es como que entramos, mejor dicho, todos disparando  de primeras. Y yo quiero aclarar que en el momento en que se inicia la operación es con discriminación de blancos contra estructura armadas”.  Y luego dice: “En el momento del combate empiezan a dispararnos miembros de esta estructura armada. Dispararon de forma indiscriminada hacia todas las direcciones”.

Saber quién disparó primero será un punto clave en la investigación de la Fiscalía. La fuente del Ministerio de Defensa consultada por esta alianza nos dijo que los militares pidieron permiso a los superiores para abrir fuego en contra de tres disidentes que estaban armados, haciendo uso de la distinción de blancos. Asegura que el combate se dio cuando comenzaron a dispararles a los soldados desde otros puntos del caserío.

Inconsistencia 4: Documentos probarían que soldados movieron cuerpos

El general Zapateiro fue categórico al decir que “los soldados no tocaron ni un solo cadáver”. Sin embargo, hizo una salvedad en el caso de dos cuerpos que quedaron a la orilla del río, uno de los cuales era el de Brayan Santiago Pama, el niño de 16 años. “Hubo un desprendimiento de la parte de la ribera izquierda del río que se estaba llevando esos cadáveres, entonces la Armada Nacional los recuperó y los colocó en el lugar donde estaban al momento de la ribera”.

En la pasada entrega de esta investigación contamos que vimos tres fotografías del cuerpo de Brayan Santiago. Las analizó un forense. Sobre una de las imágenes, el experto dijo: “Lo arrastraron, le dieron la vuelta. Signos de arrastre. Arrastre de la parte inferior del brazo derecho es un arrastre cuando todavía estaba vivo. (La herida) del brazo izquierdo, como si fuera con un arma cortopunzante”.

El general Correa en Caracol Radio también fue enfático en que los soldados no movieron cuerpos. “No, no, en ningún momento. En ningún momento. nosotros ni manipulamos ni tocamos ninguno de los cuerpos. Lo único que se hizo fue asegurarlos, tener el área segura para que entrara la policía judicial y entrar a hacer sus actos urgentes. Es un protocolo. Colombia puede estar tranquila de que tiene un ejército profesional”.  

Periodistas de Vorágine, Cambio y El Espectador accedimos a las actas de inspección técnica a cadáver de los once muertos. Estos documentos dejarían ver que los  cuerpos sí fueron movidos del lugar en el que quedaron. Los agentes del CTI consignaron en dichos documentos que en todos los casos los cuerpos estaban en posición “natural” al momento de hacer la inspección. Lo que no encaja es que los mismos funcionarios dejaron escrito en las actas que los once cadáveres tenían la misma posición para cuando se diligenciaron los documentos de los actos urgentes. Un experto forense consultado hizo este análisis: “Por la posición en la que describen los cuerpos (todos boca arriba, con las palmas de las manos hacia arriba y sin pliegues en las extremidades), pareciera que los cuerpos hubieran sido enfilados en algún lugar para que el CTI luego realizara los actos urgentes”.

Inconsistencia 5: El CTI no llegó al lugar a la hora que dice el Ejército

Según las once actas de inspección técnica a cadáver la hora de llegada de funcionarios del CTI al lugar de los hechos para realizar los levantamientos no cuadra con la versión oficial presentada por el general general Correa. La diferencia es de cuatro horas. El oficial señaló en rueda de prensa que “a las 11:50 a.m., ya estando asegurada el área, ingresan los funcionarios del CTI a realizar los actos urgentes”. En las actas en poder de la Fiscalía, por el contrario, dice que siendo las 14:20 de la tarde del día 28 de marzo de 2022, los técnicos del CTI fueron informados sobre los hechos ocurridos en Alto Remanso. A las 14:35 tres funcionarios se desplazaron al Batallón de Artillería No. 27 Santana, de Puerto Asís. En los documentos de inspección técnica quedó registrado que al caserío llegaron los funcionarios a las 15:00 y que solo hasta las 15:45 iniciaron las diligencias. 

Hay otros detalles que tampoco coinciden y que la Fiscalía tendría que entrar a valorar. En entrevista con Caracol Radio el general Correa dijo que a las 9:40 a.m., cuando el fuego había bajado, el área quedó asegurada. En las actas de inspección técnica los funcionarios del CTI  reseñaron no haber recibido el lugar asegurado. 

Inconsistencia 6: El Ejército no se pone de acuerdo en si sabía o no de la presencia de alias Bruno en el caserío

Las Fuerzas Militares han defendido la legitimidad de la operación. Uno de los argumentos tiene que ver con que el ejército entró al caserío persiguiendo un objetivo que han presentado como de alto valor. Se trata de un cabecilla llamado Carlos Emilio Loaiza Quiñónez, que lleva el alias de ‘Bruno’. Tras un operativo con once muertos este hombre no fue capturado, tampoco dado de baja y no hay rastro sobre su paradero. ¿Qué fue entonces lo que falló? 

Y aquí vienen las versiones encontradas de los mismos militares. El general Óscar Alexander Tovar, comandante del Departamento Jurídico Integral del ejército aseguró que la avanzada se ejecuta porque tenían ubicado al cabecilla: “Entonces se lanza la operación militar contra estos dos objetivos que son alias Bruno y Managua, se tiene la ubicación y se lanza la operación militar”.

Otros oficiales de alto rango aseguraron a los periodistas de Vorágine, El Espectador y Cambio Colombia que la noche del domingo 27 de marzo (la noche antes de la operación), inteligencia militar habría visto salir de la vereda a ‘Bruno’. 

Y, de otro lado, el general Correa aseguró en entrevista con La W que los militares se habrían dado cuenta de la ausencia de alias Bruno solo después de que se cumplieron las operaciones. “Al momento de la operación, se estima que alias ‘Bruno’ estaba en el lugar (…) posteriormente, con Inteligencia militar, nos enteramos que él salió desde la noche anterior”. Una fuente del Ministerio de Defensa afirma que no hay precisión sobre la salida de alias Bruno: “los militares vieron que la noche antes del operativo, salió una lancha con base de coca, pero el informe no dice que ahí haya salido ‘Bruno’”.

Inconsistencia 7: ¿Qué pruebas tiene el Ejército de que Divier, Ana María y el gobernador indígena pertenecían a las disidencias?

A veinte días de cumplirse el operativo militar en la vereda Alto Remanso, los cuestionamientos continúan. Mientras las fuerzas militares insisten en que las once víctimas integraban el grupo residual 48 de las disidencias de las Farc, quienes lideraron el operativo han encontrado a su paso serias dificultades para justificar la función que tenía cada supuesto miliciano dentro de la organización armada. Una de las razones es que ninguno de los once aparecían en el organigrama presentado por la fuerza pública, que haría parte del trabajo de inteligencia desarrollado previo a la incursión militar. 

Sobre los once muertos el general Correa aseguró: “Los once están en los informes de inteligencia que se han dado por una u otra fuente, los once estaban y participaron en actividades hostiles”. Así mismo, el general Zapateiro dijo que  “las once personas pertenecen a una estructura criminal que es el GAOR 48, posteriormente a esto, la inteligencia demarca cada uno de los blancos y cada una de las personas que quedaron en la orilla del río, muertas en desarrollo de operaciones”.

La prueba en contra del presidente de junta es una foto de Facebook 

Divier Hernández tenía 35 años y era presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Alto Remanso. Una fuente del Ministerio de Defensa confirmó  que “en el reporte aparece que el presidente de la junta no tenía armas” al momento en que murió. Sin embargo, una de las pruebas que buscan vincularlo a las disidencias de las Farc es una fotografía que inteligencia militar tomó de su Facebook en la que se “se observa (a Divier) sostener un arma corta”. 

Vecinos de Alto Remanso le dijeron a Vorágine que días después de cumplirse el operativo, a la casa de Divier entraron soldados sin orden de allanamiento y que en la vivienda abandonada revolcaron todo. “Los están amedrentando y temen que el ejército presente municiones, armas, y drogas incautadas, como por arte de magia”.  Pidieron también que se le garantice la vida a Rodolfo Pama, padre del menor de edad Brayan Pama, uno de los once muertos. “A la casa de él también entraron soldados, acusándolos de tener una olla de vicio, queremos que todo el país sepa lo que está pasando, que el ejército busca incriminar a los civiles”.

A la joven embarazada la presentan como alias ‘Dayana’ 

Ana María Sarrias, la joven embarazada que agonizó durante una hora y media, era cristiana. Su padre Alejandro cuenta que asistía a la iglesia Pentecostal. En Alto Remanso recuerdan que ella ni siquiera bebía alcohol y que su mayor preocupación eran sus dos niños: Dainara Hernández Sarrias, de 6 años. Y Kaleth Hernandez Sarrias, de 2. En enero de este año, Ana María había enviado a Dainara hasta Florencia para que comenzara a estudiar.

La única prueba que el ejército ha presentado sobre la supuesta pertenencia de Ana María a las disidencias es un informe de inteligencia en el que se le reseña con el alias de ‘Dayana’. Se desconoce la fecha de la elaboración de dicho documento. Ana María no tenía antecedentes penales, ni órdenes de captura ni estaba en ningún organigrama.  

El caso del gobernador

Pablo Panduro Coquinche, el gobernador indígena del resguardo Kichwa del Bajo Remanso, agonizó a pocos metros de la cancha de fútbol. Su cuerpo deja ver un disparo de fusil que le destrozó su brazo izquierdo. En entrevista con la W Radio, el general Correa dijo que Panduro fue uno de los disidentes que supuestamente disparó en contra de los soldados: “Se observa a un sujeto que dispara. Los soldados ven una persona que les dispara de manera indiscriminada con un fusil con mira telescópica”. Su hijastra, Flor Gaitán, dice que él ni siquiera cargaba un cuchillo, “ahora menos un fusil. Uno queda aterrado de las cosas que hacen ellos (el ejército)”.

Panduro fue gobernador en cuatro ocasiones. Dicen que le enseñaba lengua materna a los niños, y que era animador de la iglesia católica. “Trabajaba en la agricultura, vendía yuca y plátano. Yo tengo ahí mi huertica y él me mandaba plátanos, yuca, limones, y todo para yo vender y darle la plata a mi mamá”.

A Panduro también lo tratan de vincular como miembro de las disidencias a través de un informe de inteligencia. En el documento aluden a un testimonio de un supuesto desmovilizado del frente 48 que habría mencionado a Panduro. Sin embargo, en el mismo informe se puede leer que la declaración no está firmada: “Mencionada entrevista no se encuentra firmada, por tal motivo hasta el momento no cuenta con validez”.

De Panduro tampoco hay órdenes de captura ni antecedentes penales. No está en el organigrama que presentó el ejército en rueda de prensa. Lo que sí existe es su registro en el Ministerio del Interior como autoridad indígena, con fecha de actualización del 5 de abril de 2022. En la alcaldía de Puerto Leguízamo también están las actas de posesión como gobernador, cargo que ejerció por cuatro periodos consecutivos (2019-2022) . 

Luego de conocerse la versión del ejército, las autoridades indígenas del pueblo han dicho que temen por sus vidas. Dicen estar seguros de que Panduro Coquinche no tomó nunca un arma en su vida y le exigen al gobierno contar la verdad y limpiar el  nombre de su líder. Fidelina Joven Ospina, esposa del gobernador, tuvo que desplazarse forzosamente del territorio. Está afligida, desorientada. Es evidente que requiere ayuda psicológica. Dice que no está al tanto de las publicaciones sobre el caso de su esposo porque sencillamente no sabe leer.

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Acerca del autor

José Guarnizo
JOSÉ GUARNIZO: Es comunicador social y periodista de la Universidad de Antioquia y máster en Creación literaria de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona. Fue editor de Nación de la revista Semana, editor general de Semana.com, editor de investigaciones de El Colombiano. Ganador del premio Internacional de Periodismo Rey de España en dos ocasiones (en 2011 de forma individual y en 2020 como miembro de un equipo), del Premio Excelencia Periodística de la Sociedad Interamericana de Prensa -SIP- (2020), del Premio Simón Bolívar en cuatro ocasiones (2018, 2019, 2020 y 2021), del premio Nacional de Periodismo Digital (en 2019), del Fetisov Journalism Award (2021, en trabajo colectivo) y finalista del Premio Gabo (en 2019, en colectivo), entre otros reconocimientos. Es autor de libros de no ficción, entre los que está La viuda negra, texto que fue llevado a la televisión por RTI y Televisa.
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