Los escándalos que rodean a Jorge Enrique Vélez, el ‘culebrero’ de la Dimayor

Esta es la historia de un hombre que, a pesar de las denuncias y las críticas sobre su gestión, supo atornillarse durante mucho tiempo a uno de los cargos mejor pagados del sector privado en Colombia.

Por: Laila Abu Shihab / Ilustraciones: Morphart

Es 1997. Luis Alfredo Ramos, entonces uno de los hombres más poderosos de Antioquia, llega al Hipódromo de los Comuneros, en Guarne. Es visitante asiduo y siempre va acompañado de un treintañero de cachetes prominentes, que habla con todo el mundo, sonríe, es muy amable y parece disfrutar del ambiente.

“¿A Jorge Enrique Vélez le gustaban mucho los caballos?”, le pregunto a un amante de la hípica que lo conoció ese año.

“No, para nada. Lo que le gustaba era hacer buenas conexiones, le gustaba estar en el hipódromo para hacer política. Él siempre ha sido un tipo con facilidad de palabra, que convence a la gente, con buen verbo”, responde el hombre.

Capítulo 1: Uribe y la presión por reanudar el fútbol 

¿Qué tiene que ver el senador Álvaro Uribe Vélez con el fútbol? ¿Por qué los dirigentes del fútbol profesional colombiano fueron invitados el 21 de mayo pasado, en plena cuarentena, a reunirse virtualmente con el líder del Centro Democrático?

“Eso fue una violación a los estatutos (de la Federación Colombiana de Fútbol), que dejan muy claro que el fútbol no se puede mezclar con la política. Nada tenía qué hacer Uribe ahí”, le dijo a Vorágine uno de los “presidentes de la oposición”, que prefiere no ser identificado. Así se les conoce a los dirigentes de al menos 11 de los 36 equipos profesionales de fútbol que hay en Colombia, que pedían constantemente la renuncia del presidente de la Dimayor, Jorge Enrique Vélez. En dos años de mandato trataron de hacerle al menos cinco ‘golpes de Estado’, pero nunca alcanzaban la mayoría de los votos. Muchos de los presidentes de esos clubes no asistieron a la reunión con Uribe.

Para Vélez resultó perfecto que el expresidente quisiera meterse en el tema porque tenía mucho afán y así podía presionar más al Gobierno para lograr que los entrenamientos grupales volvieran a principios de junio y la liga se reanudara en julio. Pero le salió el tiro por la culata: el Ministerio del Deporte no acogió la propuesta de la Dimayor en ese sentido, sino la de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro), el gremio que vela por la protección de los derechos laborales de los jugadores. Los entrenamientos se pueden reiniciar a partir de este 8 de junio pero primero serán individuales y cuando arranquen las ligas, tal vez en agosto aunque todavía no es seguro, la Dimayor deberá asumir el costo de todas las pruebas de covid-19. 

Dos días después, el 23 de mayo en la mañana, una carta volvió a sacudir al mundo del fútbol. En ella, el ministro del Deporte Ernesto Lucena informó que se negaba a tener a Vélez como interlocutor durante la crisis, por lo que el único contacto válido con el Gobierno sería Ramón Jesurun, presidente de la Federación.

La desacertada reunión con Uribe y la carta de Lucena llevaron a que se expandiera el rumor de que Vélez por fin se iba de la Dimayor. Pero pasaron dos meses y no se movió del cargo. Solo el viernes 24 de julio se confirmó su salida, tras una abrumadora mayoría de 34-2 en una asamblea con los 36 equipos de fútbol profesional colombiano. Se dice que aceptó salir a cambio de una millonaria indemnización*. 

Capítulo 2: El típico culebrero paisa

La única elección que Jorge Enrique Vélez ha ganado en su vida es la que lo llevó a la presidencia de la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor), el 31 de julio del 2018.  De todas las demás salió quemado: Alcaldía de Medellín en 2003 y Senado en 2006 y 2010.

“Yo no perdí las elecciones, yo creo que en todas gané mucha experiencia. Esas elecciones fueron las campañas más baratas que se desarrollaron en ese tiempo y en las tres saqué una muy buena votación para el momento de opinión que yo tenía, yo no tenía organizaciones políticas”, le explicó Vélez a Vorágine.

En las elecciones a la Alcaldía de Medellín obtuvo cerca de 25.000 votos y quedó en el cuarto lugar. El ganador ese año fue Sergio Fajardo, con más de 200.000 votos. En 2006, cuando quiso llegar al Senado por primera vez, consiguió casi 13.000 votos (el 85% de ellos en Antioquia) y en 2010, unas 23.000 personas votaron por él. 

Vélez sí asumió una curul en el Senado entre 2008 y 2010, pero para reemplazar a Luis Carlos Torres Rueda, el segundo más votado de Cambio Radical en el 2006 después de Germán Vargas Lleras. Torres, esposo de la actual senadora Maritza Martínez, fue destituido e inhabilitado por 10 años por delegar en terceros la celebración de contratos y de licitaciones que le correspondía liderar cuando fue gobernador del Meta.

Mientras estuvo en el Senado, Vélez apoyó todas las políticas del entonces presidente Álvaro Uribe y fue autor de 16 proyectos, de los cuales solo 2 fueron aprobados: uno para que la Nación se uniera “a la celebración de los 250 años de la fundación del municipio de San Vicente Ferrer”, en Antioquia, y otro para ordenarle a la Asamblea de ese departamento emitir la “Estampilla Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid” para recoger recursos para esa institución educativa.

Cuando Vélez ganó por fin su primera elección se quedó con uno de los cargos mejor pagados en el sector privado en Colombia (el comentarista deportivo Iván Mejía dice que gana más de 70 millones de pesos mensuales y cuando Vorágine le preguntó a Vélez si eso era cierto él no negó ni confirmó que así fuera). Pero su llegada fue una sorpresa. Un día antes de la votación se daba por hecho que la presidencia de la Dimayor sería para Carlos Mario Zuluaga, presidente de La Equidad, un club pequeño. Se decía que Zuluaga tenía 23 o 24 votos en el bolsillo y Vélez tenía 12, máximo 13. Hasta Yamid Amat llamó a Zuluaga para tenerlo la noche del 30 de julio en su noticiero y dar la exclusiva. 

— Yamid, la elección todavía no se ha hecho. La asamblea es mañana a las 10 de la mañana, esperemos.

— Yo sé por qué se lo digo, usted va a ser el presidente.

Inexplicablemente, a la mañana siguiente las cargas se invirtieron. La elección quedó 24-12. ¿Qué hizo Vélez para voltear la balanza a su favor si no venía del mundo del fútbol? ¿Qué tenía para ofrecerles a los 36 presidentes de los clubes?

La respuesta la dan públicamente y también en voz baja la mayoría de esos dirigentes. Vélez venía de ser presidente de Cambio Radical, Superintendente de Notariado y Registro y presidente de la Comisión Arbitral de la Federación. Ofrecía una buena relación con el Gobierno y, sobre todo, se creía que dada su estrecha amistad de más de 20 años con Germán Vargas Lleras podía tener un contacto directo con la Fiscalía, entonces en cabeza de Néstor Humberto Martínez.

La Fiscalía no es un actor de segunda categoría en esta película porque allí duerme desde el 2018, a pesar de algunos llamados a indagatoria y de una imputación de cargos a un empresario, la investigación por la reventa de la boletería para los partidos que Colombia jugó como local en las eliminatorias a Rusia-2018. La investigación se inició en la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) de Pablo Felipe Robledo en el 2017 y determinó que el comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) y las empresas Ticketshop y Ticketya planearon una estrategia para revender 42.221 boletas, que según su precio de taquilla equivalían a $8.700 millones pero, gracias a la reventa, terminaron costando la bobadita de $21.800 millones.

Uno de los investigados es el actual presidente de la Federación, Ramón Jesurun, quien en ese momento era el presidente de la Dimayor (desde hace décadas, por una regla tácita, casi siempre el que preside la Dimayor salta luego a la Federación, que es la sombrilla que agrupa tanto al fútbol profesional como al aficionado). En la investigación también está señalado Luis Bedoya, quien antecedió a Jesurun en la FCF y, cómo no, antes fue presidente de la Dimayor. Bedoya ahora está preso en Estados Unidos tras declararse culpable por recibir cerca de 4 millones de dólares en el escándalo global del Fifagate. En Colombia, las indagaciones que Bedoya tiene abiertas en la Fiscalía ni siquiera han llegado a la etapa de imputación de cargos.

¿Usted relaciona de alguna manera el escándalo y la investigación por la reventa de boletería con la llegada de Vélez a la Dimayor?, le pregunté a Zuluaga. “Por supuesto, fue muy oportuno. Era claro que a Jesurun le convenía que Vélez estuviera en el cargo para que esa investigación no se moviera en la Fiscalía”.

El hoy expresidente de la Dimayor le negó a Vorágine que eso sea cierto e insistió en que se quedó con el puesto porque en su presentación ante los 36 presidentes de los clubes les expuso un plan de acción “innovador” para “buscar recursos con diferentes líneas de negocio” que se está cumpliendo a la perfección. “Yo nunca hablé de mi amistad con Néstor Humberto ni de mi amistad con el gobierno, porque manejé la campaña de Germán Vargas y esa campaña había perdido. Ese no fue mi plan de acción, sino que expuse otros planes distintos que se están cumpliendo a la perfección”, dijo. 

Pero varios de los dirigentes rechazan esa afirmación y aseguran que Vélez también llegó y se mantuvo en el cargo mucho más de lo que varios equipos deseaban porque hizo gala de algo muy suyo, y muy paisa: “buena labia”. En dos años de gestión hizo grandes promesas, varias de las cuales no se cumplieron.

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Capítulo 3: Esa platica se perdió

Los dirigentes del fútbol profesional colombiano se quedaron con los crespos hechos por una promesa que Vélez les hizo a finales del 2018. Si bien Win Sports ya tenía los derechos de transmisión del fútbol por televisión cerrada, Vélez les dijo que si votaban para que esa misma empresa se quedara con el contrato del famoso canal premium, que no fue idea suya pero que terminó ejecutando, él tendría luego capacidad de maniobra para vender los derechos del fútbol colombiano a la televisión internacional y eso les representaría 300 millones de dólares en seis años. Un año y medio después los equipos no han visto un peso. Y como van las cosas, lo más probable es que nunca vayan a verlos.

“Cuando nos presentaron el contrato sí nos pareció raro, porque era difícil de creer que nos llegara tanta plata, eran 50 millones de dólares por año y eso es toda la plata del mundo para el fútbol colombiano, entonces se obnubilaron y lo aprobaron. Además, Vélez nos prometió un anticipo de 50 millones pero pasó todo el 2019 y nunca llegó, primero nos dijo que en febrero, luego que en abril, después en agosto, y se acabó el año y no pasó nada”, reclama el presidente de La Equidad, uno de los líderes de la oposición.

Confiando en la palabra del entonces presidente de la Dimayor, muchos equipos se endeudaron hasta lo indecible en el 2018 y hoy, sin esa plata y con la crisis por la cancelación de los torneos por la pandemia ocasionada por el coronavirus, están al borde de la quiebra.

El problema es que Vélez no podía ofrecer ese contrato porque los derechos internacionales ya estaban vendidos hasta el 2021 a RCN, que antes había tenido el contrato de televisión abierta y es uno de los dueños de Win Sports, al que finalmente le adjudicaron el canal premium. Además, para vender esos derechos Vélez trajo a dos fondos de inversión estadounidenses, uno de los cuales resultó estar inactivo en el momento de la firma del contrato y no tenía el músculo financiero para hacerse cargo del tema: Prudent Corporate Finance (PCF).

“Ese fue un contrato chimbo, fue muy irresponsable de parte de Vélez proponernos eso”, asegura Zuluaga. “Nos metieron el golazo más grande de la vida, pero en ese momento no éramos conscientes porque todos estábamos felices con la promesa de los 300 millones de dólares. Por ese confite fue que aceptamos darle el canal premium a Win, porque había otras propuestas de otros canales que eran mejores”.

Pero Vélez se defiende. A principios de este año le dijo a la prensa deportiva que esa plata no estaba embolatada y que entendía el desespero de muchos equipos. Aclaró que había convencido a RCN para que cediera el contrato y señaló que el hecho de que una empresa no esté activa en Estados Unidos no la inhabilita para funcionar en Colombia. “En este tema hay que tener paciencia porque hay que ser cuidadosos para garantizarles a los compradores que nadie más podrá ver o comercializar el fútbol colombiano en el mundo sin su autorización”.

El último plazo para cumplir su promesa fue el 20 de junio de 2020. “Vélez se ha dedicado más a defender su puesto que a la administración de la Dimayor (...) Se equivocó gravemente en pasar a un canal de suscripción. Fue una equivocación que además no se socializó y hoy el rechazo es total de parte de los aficionados, que son los clientes (…) El tema de la televisión internacional es otro negocio que no tiene credibilidad. La plata debió llegar el año pasado, extienden y se excusan (...) Tiene plazo entre el 15 y 20 de junio para que llegue”, sentenció hace unos días el presidente del Cúcuta Deportivo, José Augusto Cadena, en una entrevista con Colmundo Radio. 

Capítulo 4: De cargar cables a gobernador “loco”

Cuando se habla con los amigos de juventud de Jorge Enrique Vélez ocurre algo curioso: de todos los trabajos que ha tenido -que son muchos y que incluyen desde cargar cables como asistente de cámara de televisión hasta ser gobernador encargado de La Guajira- el que más recuerdan es el de Secretario de Transportes y Tránsito de Medellín entre 1998 y el 2000, durante la Alcaldía de Juan Gómez Martínez.

Vélez no temía enfrentarse con los taxistas, incluso en la calle, de ser necesario. “Jorge Enrique siempre ha sido un tipo que no carga agua en la boca, es frentero, lo que piensa lo dice y no teme tomar decisiones difíciles. Cuando fue secretario de Tránsito reorganizó el transporte con medidas que no les gustaron a muchos dueños de taxis y buses y hasta recibió amenazas por eso, pero él siguió ahí, firme”, recuerda Édgar Montoya. Él y Vélez se conocieron en 1977, en los últimos años del bachillerato, y se emparrandaban juntos casi todos los fines de semana con otros amigos porque vivían cerca. Vélez vivía en Laureles. “A Jorge Enrique era al único que se le ocurría hablar de política en esa época. Los demás andábamos en cuentos muy diferentes. A él le picaba eso desde joven”, le cuenta Montoya a Vorágine.

Años después, cuando Montoya fue gerente comercial de Múnera Eastman Radio, una emisora que fue muy popular en Antioquia, les alquiló un espacio a Vélez y a Carlos Andrés Pérez, hoy estratega y consultor político, para hacer un programa de opinión. Le pusieron “Debate abierto”, se emitía los domingos en la mañana y en él hablaban, sobre todo, de política. Eran los primeros años del primer mandato de Álvaro Uribe como presidente y Vélez siempre lo defendía. “Jorge es un dirigente que es fácil de describir, es lo que los estadounidenses llaman un fixer, una persona que soluciona problemas, por eso en su vida profesional lo hemos visto siempre en retos de esa naturaleza”, le explica Pérez a Vorágine. 

Nacido en agosto de 1963 en Medellín, Vélez se graduó de abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana y ha cruzado muchas veces la puerta que divide al sector privado del sector público. Entre otros, asesoró a empresas mineras, fue gerente comercial del canal Cosmovisión (el que se ve en los televisores de los aeropuertos de Colombia), subsecretario de Servicios Administrativos del alcalde Luis Alfredo Ramos, secretario de Gobierno del alcalde Luis Pérez Gutiérrez, gerente de Estrella Automotriz (concesionario de Mercedes Benz), y miembro de las juntas directivas del Metro de Medellín, el Terminal de Transportes de Medellín, Metroseguridad y el Aeropuerto Olaya Herrera.

En el 2011, siendo superintendente de Notariado y Registro, la Corte Suprema de Justicia le abrió una investigación preliminar por las declaraciones en las que el extraditado jefe paramilitar Juan Carlos ‘El Tuso’ Sierra aseguraba que había apoyado con dinero la última campaña de Vélez al Senado. Dos años después la Fiscalía archivó la investigación.

Vélez permaneció en la Superintendencia a pesar del huracán y en junio del 2016 el presidente Santos lo nombró gobernador encargado de La Guajira, cuando el Consejo de Estado destituyó a Oneida Pinto (quien a su vez había reemplazado a Juan Francisco ‘Kiko’ Gómez, condenado a 55 años de cárcel por un triple homicidio). Todos de Cambio Radical. Pero no fue sencillo. Siendo gobernador, Vélez recibió amenazas de muerte y lo acusaron de sufrir de “discapacidad mental”.

Según él, 8 de los 11 diputados guajiros que estaban aliados con Pinto lo tildaron de “loco” porque llegó a “luchar contra la corrupción y organizar la casa”. “Destapar toda la corrupción en La Guajira, en un trabajo que hoy está de moda, eso lo hicimos nosotros en su momento con la Procuraduría, la Fiscalía y la Contraloría. Si ser loco es luchar contra la corrupción como lo hice yo, pues obviamente sí tengo un poco de locura. Todavía la gente me lo dice y añoran que hubiera continuado siendo su gobernador por la transparencia con que se manejaron las cosas”, me respondió el hoy presidente de la Dimayor cuando le pedí que explicara qué fue lo que hizo en La Guajira. Durante los cuatro meses y medio que estuvo en el cargo, Vélez suspendió la ejecución de 11 de los 78 contratos firmados por la Gobernación entre 2014 y 2016. 

El 21 de febrero de 2017, solo tres meses y medio después de que Vélez dejara el cargo tras las elecciones atípicas en el departamento, el presidente Santos ordenó la intervención temporal de los recursos destinados a salud, educación y agua potable en La Guajira (cerca de $785.000 millones), impidiendo que se manejaran desde la gobernación y los municipios y transfiriendo su control a tres “equipos élite” de los ministerios de Salud, Educación y Vivienda en Bogotá, dadas las “grandes falencias en el uso y manejo de estos recursos, lo que ha generado que estos servicios no lleguen de manera efectiva a una gran parte de la población guajira”.

En una entrevista realizada en el programa “Polos opuestos” a finales del 2017, cuando ya había dejado la Superintendencia y estaba al frente de Cambio Radical, Noemí Sanín le preguntó qué significaba ser el director de un partido lleno de miembros investigados o condenados por distintos delitos. “Los partidos no delinquen, son las personas”, respondió Vélez, quien lideró la entrega de avales para las elecciones parlamentarias del 2018.

En esa misma charla con la excandidata presidencial, Vélez se definió como “conservador y de derecha” y se mostró “en total desacuerdo” con lo pactado en La Habana entre el Gobierno y las Farc en el tema de tierras, la nuez del conflicto armado colombiano. “Hay que reconocerle a este Gobierno (el de Santos) que fue capaz de decir cómo se robaron las tierras en Colombia y en manos de quién quedaron, del paramilitarismo, los ladrones de cuello blanco y las Farc. Pero lo que sí no se puede hacer es una gran reforma como se pretende, entregándoles toda la tierra a los campesinos. Mira Noemí, la altillanura no es para campesinos, ahí hay que hacer unas grandes inversiones que un campesino con la ley que tenemos no les da”.

Vélez alardea y dice que trabajó sin descanso en la Superintendencia para acelerar la muy lenta titulación de tierras a las víctimas del despojo. Según él, mientras estuvo en esa entidad, entre 2010 y 2017, logró que más de 47.000 colombianos obtuvieran un título de propiedad “gracias a la facilitación de los procesos de formalización de predios”.

Pero hay varios funcionarios de la Superintendencia de Notariado y Registro que contradicen las cifras del informe oficial de gestión de Vélez. Pedro Betancourt es abogado, trabaja allí desde hace 13 años y le aseguró a Vorágine que creó el que hoy es el sindicato más grande de esa entidad por “los abusos y la grosería” del entonces superintendente. “El tipo llegó haciendo toda la bulla y dijo públicamente que en la Superintendencia donde entraba el dedo salía pus, que allá todos éramos unos corruptos. Claro, en todas las entidades del Estado hay corrupción, pero hay que detectarla y denunciar a los responsables y no generalizar, porque en el sector público también trabaja gente buena”. 

Betancourt y otros siete compañeros, todos abogados, le pidieron entonces a Vélez que rectificara o que mostrara las pruebas concretas del “pus”. Le dijeron que lo apoyaban en todas las investigaciones internas que fueran necesarias, pero que no fuera “injusto” y no los metiera a todos en el mismo saco. Vélez no lo hizo. “Él es muy autoritario y semanas después los ocho comenzamos a ser perseguidos, nos mandaban memorandos por bobadas y de repente empezaron a trasladarnos y a abrirnos investigaciones disciplinarias”, explica Betancourt. Ese fue el germen del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Fe Pública (Sintrafep), creado en junio de 2011 y que hoy tiene cerca de 500 afiliados.

Capítulo 5: Una lengua muy larga

“Aquí el temperamento lo confunden con el carácter y en un país como Colombia se requiere gente con carácter”, ha dicho Jorge Enrique Vélez en varias entrevistas a lo largo de los años. Él suele hablar sin filtro y varias veces, después de hablar sin filtro, tiene que tragarse sus palabras. 

“Somos una empresa privada. Si el Gobierno quiere fútbol para los colombianos, a dónde les mando la factura. Pero gratis no puede ser, les vendemos”, dijo con soberbia en diciembre del 2019, tras la propuesta de unos congresistas para que algunos partidos de fútbol fueran transmitidos por la televisión abierta, pensando en las personas que no pueden pagar los 30.000 pesos mensuales que ahora vale la suscripción al canal premium de Win Sports. Tres meses después sus detractores recordaron esa frase cuando Vélez le pidió al Gobierno que ayudara a los equipos de fútbol por la crisis por el coronavirus. 

Soberbia es una palabra que repiten varias personas cuando se les pregunta por Jorge Enrique Vélez. Cuatro periodistas deportivos con los que Vorágine conversó, de cuatro medios distintos, coincidieron en describirlo de esa manera. 

El 10 de marzo, cuando en varios países del mundo ya se habían suspendido los campeonatos de fútbol, Vélez salió con esta otra perla: “No me voy a poner a inventar. A mí no me preocupa para nada el coronavirus. El día que el ministro (de Salud) salga a hablar con algún problema, ese día nos preocupamos”. Para Vélez la prioridad era “buscar cómo jugar”, la prioridad era el negocio. Solo dos días después, la evidencia científica obligó a la Dimayor a suspender todos los torneos.

Y en diciembre del 2018 le dijo al diario Marca Colombia que es un “enamorado del fútbol femenino”, pero sus acciones lo contradicen. Vélez no tenía ninguna intención de organizar una liga profesional femenina en el 2019 -a pesar de que el equipo campeón de la Copa Libertadores femenina estaba en Colombia (Atlético Huila)- y tampoco tenía intención de que hubiera fútbol femenino en el 2020. Solo programó de afán unas ligas express, que duran 3 o 4 meses, cuando se sintió arrinconado por la presión mediática de las jugadoras, que organizaron sendas ruedas de prensa para quejarse públicamente.

Capítulo 6: Cuando la democracia no sirve

¿Qué mantuvo a Jorge Enrique Vélez tanto tiempo en la presidencia de la Dimayor? O mejor, ¿quiénes lo mantuvieron? En buena medida, el apoyo permanente de tres empresarios paisas, todos millonarios, que siempre convencen a los equipos más chicos: Tulio Gómez (dueño del América de Cali), Raúl Giraldo (dueño del Deportivo Independiente Medellín) y Jaime Pineda (dueño del Once Caldas). Gómez y Giraldo, tenderos que crearon una cadena de supermercados que luego compró el Éxito, son cuñados. Pineda es el dueño de la empresa de camiones Kenworth de la Montaña y hace unos meses quedó por fuera del Comité Ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol por incidentes con otros dirigentes, en algunos de los cuales estaba pasado de tragos. Varios dicen que “es un tipo que cuando toma se pone violento y agresivo”.

El otro peso pesado que sostenía a Vélez es Atlético Nacional (la organización Ardilla Lülle es dueña del 50% de Win Sports). En un inicio, también tuvo el respaldo de Fuad Char, dueño del Junior, y de su hijo Antonio, presidente del equipo. Se dice en los pasillos, de hecho, que Fuad jugó un papel clave cuando se voltearon las cargas a favor de Vélez en aquella elección que estaba cantada para Carlos Mario Zuluaga, la de julio de 2018.

Hoy, los Char están en el bando de los arrepentidos y no soportan a Vélez, aunque eso nunca se refleja en los votos del Junior en las asambleas. La democracia es un invento extraño, en la Dimayor muchos se quejaron durante años y en voz alta de la gestión de Vélez, pero en el momento de traducir eso en votos, se olvidaban del tema.

Las razones del inconformismo son muchas pero todas están relacionadas y en todas aparece el mismo nombre: Mauricio Correa.

Correa -hijo del veterano dirigente deportivo Jorge Correa Pastrana, presidente de la Dimayor entre 1990 y 2002- ha sido dueño, presidente o vicepresidente de todas las empresas que desde 2006 se han quedado con los contratos de los derechos de la transmisión por televisión, las vallas de los estadios, la venta de publicidad de las transmisiones y, ahora, la implementación de la tecnología del VAR. Correa es un desconocido para el país, pero lleva años controlando el negocio del fútbol, mientras los 36 equipos profesionales se quejan cada año de la falta de plata.

En 2006, la Dimayor firmó un contrato por los derechos de la transmisión del fútbol por televisión cerrada con las empresas Telmex (hoy Claro) y Une. Correa era el vicepresidente de mercadeo y publicidad de Telmex, pero cuando llegó el momento de renovarlo, en 2012, ya no trabajaba allí y le propuso a la Dimayor que firmaran el contrato con un canal del que ahora era presidente, llamado Win Sports. Por esa época, la Dimayor le entregó otro contrato para vender la publicidad de las transmisiones y comercializar el fútbol colombiano a un empresa llamada GoSports, creada por Mauricio Correa.

El contrato por los derechos de televisión, que va hasta 2021 y del que Vorágine obtuvo una copia, es leonino y les deja muy poco a los equipos, nada más unas migajas.  En 2018, la Dimayor recibió 33 millones de dólares para repartir entre la entidad y los 36 clubes (20 de la A o primera división y 16 de la B). Para los más chicos, recibir cerca de 1 millón de dólares anuales puede ser un buen negocio, pero clubes grandes con gastos mucho más altos, como Junior, América, Nacional o Millonarios, salen perdiendo. Mucho.

En Ecuador, con menos de la mitad de los habitantes de Colombia y la mitad de los equipos, reciben cerca de 100 millones de dólares anuales; en Chile, unos 200 millones; en Argentina los clubes más pequeños se quedan cada uno con 40 millones de dólares, mientras River y Boca ganan cada uno más de 60 millones.

“El 23% de los ingresos por los derechos de TV lo reciben los equipos y la Dimayor, los cableoperadores se quedan con el 30% y el 47% lo recibe Win Sports. Para decirlo de forma coloquial: nosotros somos los dueños del circo, ponemos los payasos y los malabaristas, pero el enano que vende las crispetas en la puerta se queda con la plata”, sostuvo en una entrevista con Vorágine el presidente de La Equidad, Carlos Mario Zuluaga.

Pero además de leonino, el contrato es opaco. La cláusula 17 prevé que solo pueden conocerlo Ramón Jesurun y Mauricio Correa, aunque ya no ocupen los cargos que tenían cuando se firmó en el 2012. Algo absurdo porque ninguno de los 36 presidentes de los equipos de fútbol ni quien esté al frente de la Dimayor, que son los directamente impactados, tienen acceso al documento.

Cuando Jorge Perdomo, el anterior presidente de la Dimayor, se dio cuenta de eso, contrató una auditoría externa y quiso abrirles los ojos a los dirigentes, pero las ganas de llevar algo de transparencia a la entidad desembocaron en que la asamblea lo tumbara, antes de terminar su mandato. A Perdomo lo reemplazó Vélez, que no ha hecho nada para corregir el rumbo. Una democracia fallida.

Las quejas siguen. El contrato del canal premium le fue adjudicado a Win Sports en junio de 2019, pero los presidentes de los equipos preferían que fuera una de las otras opciones (Fox Sports, Gol Caracol o Gol TV, un canal uruguayo que era apoyado por Char), porque les traía más beneficios. Sin embargo, la labia de Vélez y aquella promesa que no podía hacer de los 300 millones de dólares por los derechos internacionales de televisión convencieron a los dirigentes y Win se quedó con la otra punta del negocio.

En abril de 2019, Correa renunció a Win Sports para convertirse en el presidente de la filial colombiana de Mediapro, una empresa española que a su vez compró a Televideo, la encargada de hacer la producción para Win. El último de los contratos otorgados por la Dimayor el año pasado quedó en manos de Mediapro, esta vez para la implementación de la tecnología del VAR en los partidos.

Cuando Vorágine le preguntó por la adjudicación de ese contrato, de nuevo a una empresa de Correa, Vélez afirmó que era “la mejor oferta” por los beneficios económicos que traía y por la implementación técnica del mismo. El problema es que Mediapro también está involucrada en el Fifagate y en el 2018 aceptó ante la justicia de Estados Unidos haber sobornado a varios directivos del fútbol latinoamericano para quedarse con unos cuantos contratos de derechos de televisión.

Epílogo: La caída del concorde

El último escándalo que rodea a Jorge Enrique Vélez ocurrió durante la cuarentena por el covid-19. En el momento de construir un protocolo de bioseguridad que debía ser presentado al Gobierno para analizar el regreso a las canchas, el presidente de la Dimayor propuso a una empresa canadiense llamada Athletics and Health Solutions para que implementara todas las medidas sanitarias.

Varios de los “presidentes de la oposición” alertaron de un conflicto de intereses porque encontraron que un amigo personal de Vélez, Juan Carlos Gómez Roa -gerente general en Colombia de Winner Group, una empresa de casinos- es el dueño del 11% de Athletics and Health Solutions. El presidente de la Dimayor reconoció su amistad con Gómez y tuvo que echarse para atrás. Desde entonces, su perfil ha sido más bien bajo. Muchos periodistas los han buscado para entrevistarlo, pero él no les responde. 

“Vélez llegó pisando muy duro, dando entrevistas en todas partes, haciendo grandes promesas. Tenía muchas ínfulas, su ego no cabía en el traje, pero a medida que empezaron a destaparse sus mentiras ha dejado de mojar prensa. Yo digo que él empezó disparado en la política, como un concorde, y llegó arriba, a 35.000 o 40.000 pies de altura, pero ya empezó el descenso y está cayendo en picada”, le dijo a Vorágine un accionista de uno de los equipos grandes del fútbol colombiano.

*Nota de la redacción: Esta historia fue actualizada el viernes 24 de julio tras la confirmación de la salida de Jorge Enrique Vélez de la presidencia de la Dimayor.

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Acerca del autor

Laila Abu Shihab Vergara
Politóloga de la Universidad Nacional de Colombia, con Maestría en Periodismo de la Universidad Torcuato di Tella y el diario La Nación de Buenos Aires (Argentina). Trabajó durante más de 10 años en la Casa Editorial El Tiempo y fue reportera y redactora de los periódicos La Nación, en Argentina, y Expreso, en Guayaquil (Ecuador). Asesora de comunicaciones del Ministerio de Educación Nacional entre 2012 y 2014 y docente de los programas de periodismo de la Universidad del Rosario y la Universidad Externado, dictando talleres de crónica, reportaje y perfil; periodismo internacional y periodismo multimedia. Fue periodista de CNN en Español entre el 2016 y el 2017 y dirigió el programa de crónicas y reportajes “Somos Región” del Canal Trece, durante el 2019.
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Pedro Caro

Mientras hayan equipos como Nacional y Junior que mezclan lo deportivo con lo político el futbol colombiano seguirá siendo la cloaca que siempre ha sido, el futbol colombiano salió de los narcotraficantes y cayó en manos de los políticos corruptos y esto no es ninguna mejora

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