Las dos fórmulas vicepresidenciales son mujeres nacidas en el Pacífico, aunque con visiones radicalmente distintas de país. Una llega ondeando las banderas del progresismo y el feminismo mientras que la otra es una defensora de los principios católicos, cercana al continuismo.
17 de junio de 2022
Por:  Revista Vive Afro* Miembro de la Beca 070 para cubrir las elecciones / Ilustración: Laura Ramos

Hace tres meses sólo era una posibilidad que un o una afrodescendiente llegara a la Vicepresidencia de Colombia. Este domingo será una realidad, pero también lo es que será una mujer, por segunda vez en la historia. Pese a estas coincidencias entre las dos candidatas, las diferencias de vida y de visión de país son muy grandes: está el discurso de Francia Márquez (fórmula de Gustavo Petro), centrado en la lucha social y en cambios más estructurales; y el de Marelen Castillo (fórmula de Rodolfo Hernández), cuyo discurso ha girado alrededor de la academia y el catolicismo, volviéndose más cercana al continuismo. 

Ambas mujeres nacieron en el Pacífico y ambas estudiaron en la Universidad Santiago de Cali, tienen dos hijos, dicen que construirán un mejor país y cerrarán brechas sociales y coinciden también en decir que restablecerían relaciones con Venezuela y Nicaragua. Pero la forma en la que entienden a Colombia es muy diferente. 

Un color de piel, dos formas de entenderlo y vivirlo

El color de piel fue uno de los temas frecuentes en los debates y en varias peleas de Twitter durante la campaña. Aunque ambas candidatas nacieron y se criaron en la región Pacífica, su vida y el entorno en el que crecieron las hicieron tomar caminos y discursos diferentes.

Marelen Castillo nació y creció en una familia de clase media y católica de la capital del Valle, lleva 32 años dedicados a la educación trabajando como maestra, decana, vicerrectora y rectora. En estos tres meses de campaña su discurso se ha centrado en la educación como eje transversal de las propuestas y no tanto en el tema étnico. Cuando ha hablado de racismo dice que se necesitan  “procesos de formación” para “poder vivir esa multiculturalidad”; y cuando habla de minería -que afecta en su mayoría a poblaciones afros- dice que “las universidades deben contribuir a la investigación” para tomar mejores decisiones de política pública. 

Para Castillo, que vivió las “oportunidades” de la urbanidad, el racismo es algo que afecta la parte personal e individual, pero no se enfoca en lo colectivo. Eso se nota en algunas frases suyas como “verdaderamente esos comentarios racistas atentan contra la persona y el respeto es fundamental”. Es decir, no asume que hay unas responsabilidades históricas y colectivas en ello, sino que es cuestión de educar al individuo. 

Por el contrario, Francia Márquez nació y se crió en lo que ella ha denominado “territorios empobrecidos”, en una vereda de Suárez, Cauca. Se formó en las luchas sociales del territorio desde muy pequeña y tomó las banderas de la eliminación del racismo y la lucha reivindicatoria de los pueblos étnicos. Más que en su formación educativa convencional, Francia se formó en las organizaciones de comunidades negras.  Su discurso se ha centrado en la “inequidad” de “la periferia” y en la necesidad de superar esa condición para lograr el desarrollo de comunidades étnicas como la suya. Además usa frecuentemente conceptos como “deuda histórica” para con los pueblos étnicos y “justicia social”. 

Márquez recalca la existencia del “racismo estructural”, que no solo afecta a la persona individualmente, sino a todos los afrocolombianos, y que proviene de las instituciones que han gobernado al país y no de ataques individuales. Por lo tanto, asume que hay responsabilidades colectivas en ello. 

Esta diferencia de posturas indica que ser afrodescendiente no implica necesariamente tener una comprensión de las comunidades étnicas, como lo explica el politólogo de la Universidad del Cauca, Harold Culman. “El que usted sea negro no lo hace tener una conciencia con las comunidades negras, eso se determina porque usted tenga esa identidad cultural de los usos y costumbres de la comunidades afros”. 

Dos formas de ser mujer

Una de las dos reemplazará a Marta Lucía Ramírez, que, aunque es la primera vicepresidenta mujer, no llevó las banderas del feminismo y progresismo. Algo similar representa Castillo, que es una defensora de los principios católicos que se fundamentan en el “derecho a la vida” y en negativas a la eutanasia y al aborto.

Márquez, en cambio, ha sido de ideas más liberales, lo que le ha valido el respaldo de grupos feministas al apoyar el aborto y lo que llama “persecusión de las mujeres empobrecidas”. 

En ambos casos las candidatas han hablado de apoyar a las mujeres, pero, de nuevo, desde dos puntos de vista: Castillo habla de “generar oportunidades” y Márquez de “posibilidades de dignidad”. Mientras Castillo no alude directamente al machismo y solo menciona igualdad en lo laboral, Francia propone una lucha frontal contra el “patriarcado”, que implica una transformación más estructural de las desigualdades y violencias que sufre la mujer. 

Para Culman, que también es líder social en Nariño, hablar de “generar oportunidades” es caer en la lógica de pensamiento actual, perjudicial, y desconoce la globalidad de los derechos. Cuando los derechos no son para todos, dice, se convierten en oportunidades y generar oportunidades es más económico que garantizar derechos. 

Recorre aquí nuestro especial de verificación del discurso: Rodolfo Hernández no dijo ni una verdad y Gustavo Petro no mintió en temas de género

La minería: entre el bienestar comunitario y la economía 

Colombia es un país que ha basado su economía en la extracción de sus recursos naturales. Solo en 2021 el carbón y el petróleo representaron el 40% de las exportaciones, siendo los territorios étnicos el centro de gran parte de su extracción.  La candidata Castillo plantea que sean las universidades las que realicen investigaciones para tomar mejores decisiones frente a la minería, para tener “equilibrio económico y medio ambiente”, lo cual indica que, de entrada, no está en contra de la extracción en territorios étnicos. Frente a la conservación del medio ambiente plantea que hay que hacerlo para prevenir “desastres naturales que son irrecuperables”, pero no pone en el centro a las comunidades que viven en dichos ecosistemas. 

En contraste, Francia no solo es lideresa social, sino ambiental. Su lucha la llevó a ganar el Premio Goldman, que es considerado el “Nobel ambiental”, por haberse enfrentado y haber frenado, junto a otras mujeres negras, a una multinacional que quería extraer oro en el río de su comunidad. En consecuencia, su apuesta política está enfocada en desmontar lo que llama un “sistema extractivista” que genera lucro a las grandes empresas, pero no a las comunidades rurales negras e indígenas, que, en cambio, ven afectado el territorio donde viven. Esto incluye no solo el daño ambiental, sino el deterioro social por la llegada de grupos armados que se lucran y defienden la explotación minera, como ocurre en el Pacífico. 

Por el lado de la conservación al medio ambiente, Márquez no la separa de la protección de los pueblos étnicos, pues la vida del uno depende del otro, dice. Para ella el “bienestar ambiental y social de la gente” están imbricados por el lazo comunitario, espiritual y cultural que tienen, y que asegura su supervivencia.  

El conflicto: sí a la paz y contradicciones frente al glifosato 

Las dos candidatas han dado su apoyo a un eventual proceso de paz con el ELN y no le apuestan a un aumento de la fuerza pública sino a consolidar un Estado de bienestar para lograr la paz. Sin embargo, las diferencias están en aspectos puntuales como el tema de tierras y el tratamiento de los cultivos ilícitos

En el primer punto Márquez le apuesta a una redistribución de la tierra o, al menos, a pensar el tema de la concentración de la tierra que genera “desigualdad e inequidad” y violencia implementando el punto 1 del Acuerdo de Paz, que se refiere a la Reforma Rural Integral. Entre tanto, Castillo se enfoca en un aumento en la titularidad de los predios de los campesinos, algo que igual hace parte del Acuerdo.  

En el tema de cultivos ilícitos la fórmula vicepresidencial de Rodolfo Hernández ha dicho que es “necesario” seguir las aspersiones con glifosato para erradicar los cultivos, aunque ha mencionado su preocupación frente a las comunidades campesinas y el medio ambiente por el uso del herbicida. La candidata no ahonda en la sustitución de cultivos con ofertas para quienes dejen de sembrar, sino más bien en eliminar la oferta y la demanda local por medio de la educación y la familia. “El consumo se evita cuando yo hago un fortalecimiento de la familia”, dijo. En ese sentido, también se ha opuesto a la legalización. El reto con esta visión es que si bien el consumo es un problema de salud pública, el aparato criminal más grande se concentra en la producción y distribución de coca, que supera las fronteras nacionales.  

Por su parte, la fórmula de Gustavo Petro plantea una idea que rompe con la actual política antidrogas, que es la legalización, con dos fines: “evitar las violencias en los territorios empobrecidos” y acabar “la destrucción del medio ambiente” . También se ha negado al uso del glifosato por el daño ambiental y social que genera a las comunidades “empobrecidas” y “racializadas” que viven en esos territorios y habla de generar iniciativas productivas para cambiar esa interacción entre campesinos, que siembran la hoja de coca por falta de acceso a otras economías rentables, y narcotráfico.  El cambio de foco va dirigido a aminorar los daños sufridos por los civiles por el narcotráfico. 

Cerrar brechas sí, pero desde la pobreza individual o desde la desigualdad estructural

Un aspecto en el que coinciden es en su papel como vicepresidentas: Castillo y Márquez se encargarán de “cerrar brechas”, pero mientras la primera lo hará para combatir la “pobreza”, la segunda lo hará contra la inequidad y la desigualdad. Aunque parezcan lo mismo son conceptos diferentes. La pobreza se asocia a una comparación individual de los ingresos, mientras que la desigualdad es una comparación grupal, asociada a todo el discurso de Francia, que habla sobre comunidad, territorios, pueblos que no han tenido el mismo acceso a derechos.

El politólogo Culman reconoce que la desigualdad abarca la pobreza pero es un tema más global que toca la historia y lo cultural. “La desigualdad es un concepto mucho más amplio que implica una integralidad de todos los aspectos sociales” de una comunidad determinada. Según su análisis, Márquez le apostaría a un cambio más estructural y Castillo a una reducción de indicadores.   

Así, si bien la llegada de una mujer afro a la Vicepresidencia es una ruptura, en principio, de la política colombiana, los discursos, pensamientos y formas de ver el mundo son muy diferentes y revelan dos formas de gobernar distantes. Mientras Castillo propone cambios con mesura y hasta continuar políticas ya existentes, Márquez propone una ruptura en el manejo de la política, la economía y la sociedad. Y es justo por eso que las propuestas de Márquez han sido más criticadas que las de Castillo. 

* Revista y empresa de contenidos digitales, transmedia y multimedia para el reconocimiento y visibilización de las comunidades negras. Miembro de la Beca 070 para cubrir las elecciones.

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