‘Operación Siloé’: la noche de terror del 3 de mayo

Vorágine visitó durante una semana la Comuna 20 de Cali y reconstruyó los hechos en los que fueron asesinados Kevin Agudelo, José Ambuila y Harold Rodríguez en la jornada más violenta hasta ahora en ese sector. Revelamos apartes de las conversaciones entre uniformados.

10 de junio de 2021

Por: Andrés Felipe Carmona Barrero / Ilustración: Camila Santafé

Como si se tratara de un operativo en una favela de Brasil, en la noche del lunes 3 de mayo, Siloé presenció una incursión del Esmad y de grupos especiales de policías y militares que irrumpieron con fusiles de asalto en varias cuadras del sector, mientras se hacía una velatón a las 8:15 p.m. en memoria de Joan Nicolás García Guerrero, un joven manifestante de 27 años asesinado un día antes en el norte de Cali. En el marco de esa intervención de agentes del Estado​ fueron asesinados Kevin Agudelo, de 22 años; José Emilson Ambuila, sin edad establecida, y Harold Rodríguez, de 20 años. Vorágine conoció audios de las comunicaciones sostenidas entre policías esa noche, que confirman que los homicidios de los dos últimos ocurrieron justo en el área donde había presencia de fuerzas especiales.

Los encargados de entregar las revelaciones de lo vivido son testigos de los homicidios, personal médico del hospital local, familiares de las víctimas, fuentes judiciales y sobrevivientes de los disparos con armas de fuego, gases lacrimógenos y chorros de agua de las tanquetas, quienes indicaron que la Fuerza Pública estuvo desplegada en un radio de acción de 130 metros a la redonda desde la glorieta de Siloé, lo que abarcó siete cuadras internas del sector en forma de anillo de seguridad. 

Este medio también pudo conocer detalles sobre el desarrollo de la intervención policial y militar que duró toda la noche del 3 de mayo y las primeras horas de la madrugada del 4 y que dejó, por lo menos, 24 personas heridas que fueron atendidas en el hospital de la zona, ubicado en la periferia del lugar de ‘resistencia’. Dos de los heridos fallecieron en ese centro de salud. 

La primera de las víctimas fue Kevin Agudelo, quien según testigos cayó herido de gravedad entre las 8:50 p.m. y las 9:00 p.m. en la esquina de la panadería La Sorpresa, en la calle 2 oeste con carrera 52. Cuarenta minutos después, a 150 metros de ese lugar, recibió un disparo José Emilson Ambuila en la calle 2 oeste con diagonal 51, el mismo sector donde recogieron herido de gravedad a Harold Rodríguez a las 10:30 p.m., justo al frente del Súper Inter. Los momentos de angustia y caos en Siloé, así como la incursión combinada de Policía y Ejército esa noche, quedaron grabados en videos que circularon por redes sociales y grupos de WhatsApp.

La primera que habló fue la madre de Harold Antonio Rodríguez, un joven de 20 años que recién había salido de prestar servicio militar en el Chocó, donde combatió a las disidencias de las Farc y otros grupos armados ilegales de crimen organizado. “Como digo yo, defendió a su patria combatiendo a la guerrilla y ahora la misma patria lo mató”, dice desde su lugar de trabajo en la parte baja de Siloé, justo en la misma dirección en la que policías del Grupo de Operaciones Especiales (Goes) y militares llegaron para irrumpir en el sector pasadas las 9:00 p.m. de ese día, para poner control en la zona tras los disturbios que se estaban generando por cuenta del choque entre el Esmad y manifestantes en la glorieta de Siloé. 

En la capital del Valle, según datos entregados por la Fiscalía, entre el 28 de abril (inicio del paro nacional) y el 11 de mayo se presentaron 7 de los 14 homicidios registrados hasta ese momento en Colombia en las movilizaciones sociales. Siloé, un sector conformado por once barrios ubicados en una ladera al sur de Cali, tiene el 83% de sus habitantes residiendo en estrato 1, mientras que el 14 % vive en el 2, según la alcaldía.

Esa noche Harold recibió un disparo cuando salió a comprar una salchipapa con un amigo, Kevin cuando huía de los gases lacrimógenos del Esmad, y Emilson mientras trataba de ponerse a salvo. Este último se encontró de frente con grupos especiales de la Policía que perseguían, supuestamente, a un sospechoso que huía con un fusil y pretendía dispararles a larga distancia desde techos cercanos al Súper Inter, luego de que la estación de policía de El Lido fuera atacada a disparos. En ese enfrentamiento resultó herido un uniformado del Goes, según conoció Vorágine con una fuente policial.

“Hacia las 10:40 p.m. me llaman a decirme que Harold había muerto, yo no lo creía, salí de inmediato para el Hospital de Siloé que fue al sitio donde lograron llevarlo, pero llegar allá fue terrible. Cuando estábamos por la panadería La Sorpresa salieron policías a apuntarnos porque íbamos en una moto… Seguimos el camino y llegamos a La Regalía (una cacharrería de Siloé muy conocida), allí también nos apuntaron con armas… Logramos cruzar la Avenida Circunvalar y llegar al hospital, lo vi muerto con un disparo que le entró por el lado izquierdo de la cara y le salió al otro costado, lo destrozó”, expresa la mujer, a quien solo le queda un hijo que sufre de esquizofrenia y que ahora mismo tiene una recaída en su enfermedad tras perder a su hermano menor. 

Ella recuerda que su hijo llegó a la casa en el corregimiento de La Sirena, parte alta de Siloé, porque le dijo que le diera dinero para comprar una salchipapa que se quería comer con un amigo, el mismo que lo acompañaba en el momento de su asesinato. “Yo le tenía un dinero y le di para su salchipapa, eso fue entre las 8:30 p.m. y las 9:00 p.m., y lo esperaba de regreso porque es que él ni siquiera estaba en las protestas. Él había estado temprano conmigo desde las 9:00 a.m. en el negocio y nos habíamos ido temprano a la casa por los cierres y la velatón que se iba a hacer, entonces la salida se iba a complicar”, narra su madre con la voz entrecortada mientras reitera que, de sus hijos, Harold era el más alegre y fue destacado como uno de los mejores soldados, lo que llevó a que lo ascendieran a dragoneante. 

El testigo del crimen dice que estaban en la zona del Súper Inter tratando de llegar a comprar las salchipapas en una moto cuando vieron a los policías armados. Acto seguido, una luz de láser llegó al rostro de él y luego pasó a la cara de Harold. Sonó un tiro y su amigo cayó desplomado. Esa misma versión se replicó en Pereira dos días después, el 5 de mayo, por testigos del atentado a tres jóvenes en el viaducto de esa ciudad y quienes aseguraron que a Lucas Villa le apuntaron con un láser desde un puente, antes de que se escucharan los disparos. Es como si los hubieran marcado. 

El relato que entrega el testigo del asesinato en Siloé coincide con el de Juan Camilo Rodríguez, amigo de Kevin Agudelo, de 22 años y otra de las víctimas mortales que dejó el 3 de mayo. Menciona que aunque no estaba esa noche con él, sí estuvo en la velatón con dos amigas cuando empezó la arremetida del Esmad con gases lacrimógenos. Relata que es testigo del asesinato de José Emilson Ambuila, muy cerca al punto donde cayó Harold, una hora después. 

“La Policía nos encerró por las dos entradas a Siloé, por el lado del puente peatonal donde estaba yo, y por la principal que daba a La Sorpresa (panadería), en el otro extremo estaba Kevin, por eso no cruzamos palabras nunca. Ambuila estaba cerca de mí en El Palo, un sector conocido acá frente al Súper Inter, cuando vimos a alguien que nos alumbraba con un láser y por eso nos echamos para atrás todos… cuando íbamos a cruzarnos al supermercado lo volteo a mirar y se desploma, todo fue caos y lo que hicimos fue arrastrarlo para que no lo fueran a desaparecer y prestarle ayuda en ese momento, pero nada que hacer”, cuenta.

Con los homicidios de estos tres jóvenes, -dos de ellos, Harold Rodríguez y Kevin Agudelo, jugadores en el Club Siloé F.C.-, y otros que todavía no están vinculados a las protestas por las autoridades, Siloé completa este año 28 asesinatos, trece más que el año pasado por estos mismos días. Uno de esos homicidios, ocurrido en el barrio Lleras Camargo, es el de un expolicía conocido como ‘Nacho’ y quien al parecer era abogado de integrantes de la banda local “Los Bríñez”, lo que ha detonado, al margen de las protestas, enfrentamientos en la Comuna 20 entre organizaciones ilegales que ya no son vigiladas por policías de las estaciones El Cortijo y La Sultana, pues estos espacios fueron vandalizados e incinerados en medio del paro nacional.

Siloé y sus once barrios cuentan con una población de 95.650 personas que residen en  12.459 viviendas, de las cuales 11.637 corresponden a construcciones en estratos 1 y 2, según datos de la Alcaldía de Cali a 2017. Además, para un territorio de 268 habitantes por cada kilómetro cuadrado, esta zona de Cali solo cuenta con un hospital de primer nivel y seis subsedes distribuidas en la loma, que solo son para citas y controles médicos y otros servicios sencillos. Cada vez que llega un herido de gravedad al centro médico de Siloé, este debe ser trasladado de urgencia a clínicas de alta complejidad.  

Para las autoridades en terreno no ha sido fácil reconstruir todo lo sucedido en Siloé por cuenta del choque violento que hubo entre manifestantes, vecinos del sector, grupos del Esmad y policías del Goes. Lo que Vorágine pudo confirmar con investigadores judiciales sobre los homicidios es que el detonante de los enfrentamientos fue producido por una arremetida violenta de aproximadamente 40 uniformados del Goes, 30 integrantes del Esmad y un número indeterminado de policías del CAI de El Lido, apoyados por militares que terminaron distribuyendo su operativo entre la parte baja y media del sector. Justo en esa irrupción de la Fuerza Pública fueron cometidos los tres homicidios. Según una fuente judicial, todos portaban armas largas, menos el Esmad.

Desde el centro hospitalario del sector, sobre la Avenida Circunvalar, la médica Norma, a quien llamaremos así por seguridad, dice que esa noche recibió a 24 personas heridas en apenas dos horas. “Algunos llegaron con lesiones por arma de fuego, quemaduras por contacto directo de táser (dispositivo de choques eléctricos) y perdigones de goma y acero. Fue una catástrofe, las lesiones daban luces de una arremetida muy fuerte esa noche. Si contamos desde el 28 de abril, que iniciaron las protestas, han ingresado por ahí unos 45 lesionados en total, muchos se fugaron del centro hospitalario para no ser registrados por miedo a represalias”, cuenta la profesional, quien hace parte del equipo de urgencias.

Recuerda muy bien el ingreso al centro médico de Harold Rodríguez, quien recibió una lesión por arma de fuego en el rostro que le terminó quitando la vida. Aunque no supo con certeza el lugar exacto desde donde la gente llegaba con los heridos, dice que hay características que llamaron mucho su atención y que los diferenciaban de ingresos rutinarios que podían llegar a tener antes del paro y se daban principalmente por enfrentamientos entre las más de 20 bandas delincuenciales que hay en la Comuna 20.  

“Normalmente uno recibe pacientes con problemas de consumo y que han tenido ingresos anteriores por diferentes heridas, pero en los casos del 3 de mayo atendimos muchos lesionados sin antecedentes de consumo o ingresos anteriores, sumado a que llegaron sin documentos de identidad, teléfonos celulares y dinero, como si quedaran incomunicados y sin posibilidad de identificación”, afirma Norma, quien explica que la mayoría de heridas eran de espalda, abdomen y piernas. 

En medio de la entrevista, a la médica la interrumpe un compañero de trabajo para contar algo que entre los integrantes de la Primera Línea en Siloé era un rumor sin confirmar: investigadores de la Sijín de la Policía de Cali, después del episodio violento del 3 de mayo, visitaron las instalaciones del hospital tratando de obtener copia de las historias clínicas de todos los heridos y muertos en estos días de protestas. 

“Eso fue como el 13 de mayo, me acuerdo, llegaron dos de civil y dos uniformados del cuadrante. Le dijeron al vigilante que los ayudara y que si no, lo iban a procesar por obstrucción a la justicia. La orden fue clara de parte de la misión médica: no se les entrega nada porque no traían una orden judicial que los respaldara”, cuenta la médica mientras asiente con la cabeza.

Para seguir reconstruyendo lo que ha pasado en la ladera del sur de Cali es clave lo afirmado por Esthefanie Alejandra Blandón Zúñiga, la novia de Kevin Agudelo, conocido de cariño como ‘Polaco’. Para recordarlo apela a su memoria y se refiere al viaje en Semana Santa que tuvieron este año a las playas de Buenaventura, de donde es oriunda la familia paterna de él. Por esos días ella visitó el mar por primera vez.

“Nosotros estábamos en la glorieta en la velatón, viendo videos del día anterior y las protestas que hubo en la ciudad. Yo estaba delante de él mientras me abrazaba, todo estaba tranquilo, estaban encendiendo velitas y la gente con arengas pedía un cambio, cuando de un momento a otro, como a las 8:20 p.m., se escucha una explosión y llegó mucho humo, la gente empezó a correr y él se perdió. Yo como pude paré en la esquina de la estación de bomberos a esperarlo, pero no llegaba… mientras corría, vi policías disparando a las personas que iban subiendo hacia Siloé… hasta que llegué a esa panadería La Sorpresa y vi ahí una persona en el piso y me desesperé mucho y dije voy a ir a ver quién es, y resulta que era ‘Pola’, le grité que no se me fuera”, relata la joven quebrada y entre lágrimas. 

Su testimonio es muy relevante porque se une, de una u otra manera, con el de la madre de Harold Rodríguez, quien contó que cuando iba camino al hospital, cerca a la cacharrería La Regalía, en dos momentos policías le apuntaron con armas. Muy cerca de ese sitio, sobre la misma calle, la novia de ‘Polaco’ asegura que vio policías disparar hacia la gente, así como también en la esquina de la panadería La Sorpresa, donde cayó herido de muerte Kevin. Aunque las dos mujeres pasaron por los sitios en momentos distintos, lo que se pudo establecer en terreno es que en ambos casos, los asesinatos se dieron en medio de la redada de la Fuerza Pública. 

La joven, mientras continúa recordando los momentos vividos con su novio, cuenta un detalle que llama la atención: hay un testigo, amigo de Kevin, que vio el momento en el que cayó herido. Esa versión original, entregada a ella en tres audios de WhatsApp, fue conocida por Vorágine y constatada con un pantallazo del chat.

“Yo estaba ahí con él, nosotros no estábamos con armas ni saqueando ni nada, sólo protestando normal y ya, cuando de un momento a otro el Esmad (desde la glorieta y hacia la parte interna del barrio Siloé) empieza a disparar gases lacrimógenos y bombas de aturdimiento… pero yo sí veo que detrás de uno de los Esmad, apoyado sobre su espalda, se hace una persona y saca un arma que brilla, para mí un revólver o pistola, y dispara, entonces yo me tiro al piso y les digo a todos ‘al piso, al piso’, pero más de uno no escuchó, entre ellos Kevin, que de una se desplomó y empezó a perder mucha sangre”, relata el hombre que es pieza clave en la reconstrucción del rompecabezas, porque advierte sobre un comportamiento del que ya se había hablado en las manifestaciones de Cali: según un testigo del asesinato de Nicolás Guerrero el 2 de mayo en la carrera 1 con calle 62, en el norte de la ciudad, al joven también lo habría impactado el disparo realizado por un hombre que estaba detrás de la primera línea del Esmad. 

Esto coincide con las versiones de testigos, médicos e investigadores judiciales que han explicado que el caso de Kevin es el único de los tres homicidios ocurridos esa noche sobre el que no se tiene información del tipo de arma accionada. Además, según ellos, sucedió mientras el Escuadrón Antidisturbios avanzaba desde la glorieta de Siloé hacia los barrios altos por la calle principal, mientras que fuerzas especiales trataban de hacer un anillo ingresando por el costado del puente peatonal de la Avenida Circunvalar hacia el supermercado Súper Inter, donde recibió un disparo de fusil Harold Rodríguez, según el dictamen de Medicina Legal en poder de investigadores y la familia.

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Grupos especiales sí estuvieron en el sitio de dos de los homicidios

La intervención de los Grupos de Operativos Especiales de Seguridad, diseñados para combatir el terrorismo y adelantar operaciones especiales urbanas, fue puesta en marcha tras, supuestamente, ser atacadas las estaciones de policía de El Lido y El Cortijo, con “ráfagas de fusil y armamento de corto alcance”, como aseguraron las autoridades en la ciudad. 

Vorágine conoció detalles del desarrollo del operativo de retoma de las estaciones y la búsqueda de dos sospechosos que, según la policía, con armas largas habrían atacado a la Fuerza Pública. Las comunicaciones de radio conocidas por este medio se dieron la noche del 3 de mayo, entre las 9:45 p.m. y las 11:27 p.m. 

“Ahí en la estación del Lido, saquen un vehículo urgente, hay uno del Goes 910 (herido) en la glorieta de Siloé, en la glorieta de Siloé”. Así inicia, a las 10:04 p.m., el llamado de un uniformado que pide que sea auxiliado su compañero herido por arma de fuego en la glorieta del sector. Este es el punto donde la incursión policial a los barrios se hace con mayor determinación, cuando los uniformados se despliegan sobre la calle que lleva al supermercado Súper Inter, el mismo lugar en el que cayeron Harold Rodríguez y Emilson Ambuila.

Un minuto después, un policía da la primera orden y pide a las unidades en terreno estar más pendientes en el paso por las bocacalles que conectan a Siloé con la Avenida Circunvalar. “Pendientes cuando pasemos por las bocacalles, no dejemos que se agrupe tanto la gente, si tienen que armar una cortina más al frente de la tanqueta, hagámosla y vamos retrocediendo, tanqueta no se quede, retroceda… Hay un 910 (herido) en Siloé, posiblemente 911 (disparos)”, se escucha en el audio de la comunicación, sin dar detalles del lesionado y su condición en el terreno. 

A las 10:22 p.m., uniformados en tierra hablan con el piloto del Halcón de la Policía para que pongan la luz desde la aeronave y traten de identificar a uno de los dos francotiradores que, según ellos, había en la zona. Buscaban a una persona de camiseta blanca que supuestamente estaba sobre el techo del almacén Herpo. “Necesitamos que nos despejen la esquina del Herpo, pasen rápido esas unidades del Goes, estamos en el Súper Inter, tratemos de ubicar al tirador”, hablan a la vez varios policías. La orden era ingresar de forma acelerada al barrio. 

A las 10:39 p.m., cuando ya habían sido heridos de gravedad Emilson Ambuila y Harold Rodríguez en la zona del Súper Inter, un uniformado pide la aprobación de un “gaseador” porque hay una “situación”. “¿Quién le brinda seguridad a ese personal? Hay una situación de 911 (disparos)”, dice un policía, quien es interpelado por otro que dice: “ahí se encuentra el Goes”. Una uniformada interrumpe y dice: “ojo al techo del Inter (supermercado)”. Lo que esto significa, según pudo comprobar Vorágine en el sitio, es que los grupos especiales sí estaban haciendo presencia en el mismo lugar en que cayeron dos de los tres jóvenes que murieron esa noche. 

Tras estos momentos de tensión, las fuerzas especiales siguen avanzando hacia la parte media y alta de Siloé, buscando apoyar a los policías de la estación La Sultana, que para las 11:25 p.m. ya estaba siendo atacada por vándalos que abrieron fuego contra la estructura. “Nos están disparando en La Sultana, que llegue el apoyo, que llegue apoyo”, dice un policía desesperado. A las 11:27 p.m. vuelven a insistir en la llegada de refuerzos para retomar el control de la estación.

“A tres personas en Siloé las montaron en una camioneta blanca y aparecieron en una estación de Policía” 

Juan David Ladino Rojas, vocero de la Red de Derechos Humanos Francisco Isaías Cifuentes, coincide en que el 3 de mayo ha sido una de las fechas más violentas en Siloé en el marco del paro, así como el 10 de mayo o el 20 de mayo, que hubo más o menos seis o siete horas de confrontación continua entre manifestantes y Fuerza Pública. 

“A Siloé llega primero el Esmad en motocicletas. Cuando llega la noche, en algunos momentos cortan el suministro de energía… ahí es donde se escuchan ráfagas de armas de fuego, no sabemos si de fogueo o de verdad, pero lo que sí es cierto es que hemos evidenciado plomo incrustado en piernas de manifestantes heridos. El actuar del Goes es dentro del barrio, en las callecitas, porque ellos en su lógica creen que todos aquellos que corren de regreso a sus casas o buscando refugio son de bandas criminales, y entonces bajo ese supuesto toman el control a como dé lugar y ahí es donde pueden llegar a disparar”, relata el líder de derechos humanos. 

En su relato denuncia que en otros de los nefastos episodios que Siloé ha vivido estos días, como si se tratara de la época de los agentes de inteligencia del F2, en los tiempos más caldeados de los carteles del narcotráfico, algunas personas han sido subidas a camionetas con ocupantes de civil y luego aparecen en estaciones de Policía. “En distintas fechas tenemos el registro de tres personas a las que subieron a una camioneta blanca y se las llevaron, a otro lo arrastraron los del Esmad y lo subieron a la tanqueta, a otro lo arrastraron y lo llevaron así a la estación de Siloé. A todos los llevan a diferentes estaciones de Policía como esa y las del Lido, Floralia, Fray Damián e incluso un espacio deportivo de Las Américas”, afirma Ladino Rojas, quien dice que las víctimas prefieren callar por miedo a represalias. 

Desde la Red de DD.HH. tienen identificadas cuatro camionetas que en diferentes episodios, desde el 7 y 8 de mayo pasado, han circulado por puntos de concentración como La Luna, Ciudad Jardín y La Nave con conductores y pasajeros que hacen disparos de forma indiscriminada contra la ciudadanía que está reunida. “En la Loma de la Cruz está sucediendo algo particular y es que llegan uniformados de la Policía, entre ellos Esmad, no atacan y se van. Más o menos una hora después empiezan a rondar por el sector hombres en motocicletas que empiezan a pretender montar a la fuerza a personas que van saliendo del sector camino a sus casas. Tenemos el registro de dos personas golpeadas de forma muy fuerte para tratar de subirlas”, denuncia. 

Vorágine intentó en varios momentos obtener una entrevista con el comandante de la Policía Metropolitana de Cali, general Juan Carlos León Montes, pero la respuesta de su oficina de prensa siempre fue que había que estar “pendientes de las ruedas de prensa” para lograr respuesta alguna.

Frente a los episodios de las camionetas extrañas que rondan las calles de Siloé la información no es del todo clara, más allá de los testimonios de jóvenes de la Primera Línea de la resistencia que fueron víctimas de personas que les dispararon desde vehículos a altas horas de la noche y la madrugada. 

“Yo estaba el 14 de mayo por Mercatoño (lugar conocido de ventas de frutas y verduras en Siloé) cuando una camioneta pasó como a las 11:00 p.m. y nos disparó a varios que estábamos ahí, yo como pude me escondí para que no me fueran a ‘prender’. Días atrás unas camionetas blancas pasaron dando bala por acá en la glorieta y por la primeras cuadras del barrio que los sacaba a La Nave (un sector de la zona sobre la Avenida Circunvalar), pero nadie sabe quiénes son los que disparan”, relata uno de los jóvenes de la Primera Línea.

Además de los tres asesinatos que ocurrieron esa noche, todavía es indeterminado el número exacto de personas heridas que hubo ese día. Uno de los lesionados es Sergio, un menor de 16 años que reside en el corregimiento de La Sirena, y que hoy está postrado en una cama luego de haber recibido un impacto de bala, aparentemente, de un arma larga disparada por la Policía el 3 de mayo. Según su madre, tiene fracturado el fémur en tres partes y la recuperación podría tardar, por lo menos, un año.

Sobre esa noche, explica que Sergio había salido con algunos de sus primos, mayores de edad, para tomar una gaseosa en la glorieta de Siloé (parte baja de la ladera y lugar de concentración de los manifestantes). “Él me dijo que las balas venían desde la entrada a la glorieta, diagonal al CALI (Centro de Atención Local Integral) de la Comuna 20, donde está la estación de Policía. Dice que ellos estaban disparando desde allá y que desde el helicóptero lanzaron algunos gases lacrimógenos. A ellos les caen gases y ahí es donde él (Sergio) se empieza a ahogar”.

Aunque todo fue cuestión de segundos, en ese momento, su hijo y sus sobrinos comenzaron a huir del ataque “pero llegó un punto en el que él ya no pudo correr más porque se sentía sin fuerzas, ahí la bala ya le había partido el hueso”, dice. Érika, que habla desde ese sector, muy cerca de donde hirieron a su hijo, asegura que el mayor problema de lo que se vive en la ladera de Cali es que incluso actividades propias del día a día, son solucionadas con cuotas o favores políticos. 

En los 47 años que lleva viviendo allí, apunta, no ha encontrado nunca un apoyo estatal desinteresado. “Acá uno sabe que los líderes políticos llegan y le piden a uno los certificados de votación. Yo, por ejemplo, tenía un grupo de madres cabeza de familia en el que hacíamos manualidades y un día llegó Uriel Rojas, el político (excandidato a la Cámara de Representantes) y nos dijo que nos colaboraba con materiales, pero entonces él me dijo que le garantizara unos votos para poder trabajar, entonces decidí desbaratar el grupo… le dije que prefería que se dañara mi equipo a que me engañara las mujeres”, denuncia. 

Su súplica no es fortuita. Por décadas Siloé ha sido uno de los sectores más marginados y discriminados de la ciudad. Comenzó como una invasión de ladera hace más de un siglo, a partir de la llegada de mineros que explotaron el carbón vegetal en la zona. Todo este tiempo ha pasado y todavía el acceso a la educación es una promesa incumplida. En sus once barrios hay presencia y operación de más de 20 bandas delincuenciales y de sicariato. Eso, sumado a la desigualdad social histórica de la zona, los posiciona hoy como uno de los puntos de la ciudad en los que “resistir” no es una opción, sino una obligación.

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