Presidente de la Conferencia Episcopal protegió a cura denunciado en escándalo sexual

La historia quedó registrada en el libro ‘Este es el cordero de Dios’, que la Iglesia católica pide sacar de circulación a través de tutelas.

25 de octubre del 2021

Por: Equipo Vorágine

En medio de la conmoción que ha causado un informe francés que da cuenta de 216.000 niños, niñas y adolescentes que fueron víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes de ese país desde 1950 hasta 2020, el arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia aparece involucrado en el escándalo sexual de Villavicencio.

Monseñor Luis José Rueda Aparicio protegió y encubrió a uno de los 38 curas que abusaron sexualmente e indujeron a la prostitución a un mismo hombre desde sus 15 años y hasta sus treintas, según la denuncia que el sobreviviente presentó ante la Fiscalía General y la Arquidiócesis de Villavicencio entre febrero y mayo de 2020, registrada en el libro ‘Este es el cordero de Dios’.

Se trata del sacerdote Oswaldo Jaramillo Osorio, de los Padres Montfortianos, recibido en Bogotá por el arzobispo, quien le dio trabajo a pocas cuadras de la Plaza de Bolívar y del palacio episcopal. Al momento de los nombramientos, Jaramillo Osorio tenía investigaciones abiertas en la Fiscalía y en la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Vaticano, como lo reconoció el superior de esa comunidad religiosa, Jorge Enrique González Vásquez, en respuesta a un derecho de petición enviado por Vorágine

El primer salvavidas que el arzobispo de Bogotá le lanzó, el 15 de abril de 2021, al sacerdote denunciado en Villavicencio fue el nombramiento del padre Jaramillo Osorio como vicario parroquial de Nuestra Señora de Belén, en el barrio Egipto.  A los tres meses vino el segundo salvavidas: lo ascendió a párroco

A pesar de que el superior de los montfortianos le confirmó a Vorágine que el cura Jaramillo Osorio está siendo investigado por la Fiscalía y por la Iglesia católica, el obispo auxiliar de Bogotá, monseñor Luis Manuel Alí Herrera, lo defendió en una entrevista que le dio al periodista Miguel Estupiñán para El Espectador: “la Arquidiócesis ha hecho indagaciones sobre Oswaldo Jaramillo, pero no tiene conocimiento, hasta el momento, de ninguna investigación eclesiástica ni civil abierta contra el misionero”.

Desde mayo de 2019 el papa Francisco les ordenó a todos los obispos del mundo crear unas comisiones en cada diócesis para prevenir que los sacerdotes violen niños. Alí Herrera fue nombrado por el papa Francisco en el grupo que dirigiría la estrategia global: la Comisión Pontificia de Protección de Menores.

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El consentido del Papa

A sus 59 años, Rueda Aparicio ascendió rápidamente en la jerarquía eclesiástica católica, gracias a los escándalos de abuso sexual a menores de edad por parte de sacerdotes en Colombia que dejaron por fuera de la carrera para llegar a Bogotá a los arzobispos de Medellín y Villavicencio, Ricardo Tobón Restrepo, de 70 años, y Óscar Urbina Ortega, de 74 años, encubridores y protectores de sacerdotes pederastas, como lo demuestran varias investigaciones periodísticas.

Rueda Aparicio reemplazó a Rubén Salazar Gómez como arzobispo de Bogotá. Monseñor Salazar le dijo a la Revista Semana en 2019 que “quien calla un abuso es también abusador”. Un año más tarde se demostró que Salazar Gómez encubrió al sacerdote pederasta Nelson William Montes Lizarazo, a quien autorizó para irse a trabajar a la Diócesis de San Carlos, en Venezuela. 

En este entramado, que ha revictimizado a la sobreviviente, participaron monseñor Pedro Mercado Cepeda, presidente del Tribunal Eclesiástico de Bogotá y capellán del Congreso de la República, y Mauricio Uribe Blanco, exconjuez de la Corte Constitucional, capellán y decano de la facultad de Filosofía de la Universidad Sergio Arboleda.

Rueda Aparicio nació en San Gil, Santander, en 1962. A los 27 años se ordenó sacerdote y en 2012 Benedicto XVI lo nombró obispo de Montelíbano, Córdoba. Allí estuvo hasta julio de 2018, cuando Francisco lo nombró arzobispo de Popayán, cargo que ostentó menos de dos años pues el 25 de abril de 2020 fue nombrado arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, es decir, el obispo más importante del país. Un año más tarde fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal.

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A pesar de ser arzobispo desde 2020, Rueda Aparicio ha ignorado no solo a los sobrevivientes de los sacerdotes de la arquidiócesis que dirige, sino también a los que han sido víctimas en la jurisdicción de Bogotá, al menos, de los curas salesianos, franciscanos y los clérigos de San Viator. A estas comunidades religiosas, blindadas por las más altas esferas del poder eclesiástico, se suma ahora, con la protección del arzobispo Rueda, la de los montfortianos, involucrados en el escándalo sexual de Villavicencio por el que piden, a través de tutelas, que salga de circulación el libro ‘Este es el cordero de Dios. 

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