Vivir sin miedos: la historia de Tania Franco

A pesar de vivir en uno de los municipios más conservadores y creyentes de Colombia, Tania Franco ha sido capaz de poner a la Corporación Santa Fe Diversa como ejemplo nacional por su buen trabajo

30 de noviembre de 2020

Por: Pacho Escobar / Ilustraciones: Camila Santafe

Lloró.

Tania Franco no se dejó ver, pero lloró. La noticia se la dieron por la noche. Era el sábado de Semana Santa del 2008. Mataron a Juan David*, le dijeron. 

Silencio. 

Lo mataron a tiros, le aseguraron. 

Silencio. 

Dónde, preguntó. En el Puente de Occidente, aquí en Santa Fe de Antioquia, le contestaron. Ella se quedó en blanco, o quizá en negro. Pasaron muchos minutos para que volviera de sus recuerdos. Estaba sentada en un corredor de su casa. Llevaban 12 años de novios. Decidió no ir al velorio. No quería dar de qué hablar. Tampoco se vistió de negro. Deseaba evitar chismes en nombre de un muerto. Mucho menos fue al entierro. Añoraba que él se fuera en paz. Pero se prometió averiguar quién había apretado el gatillo que mató un amor.

Y aunque la vida de esta líder de la comunidad LGBTI no ha sido fácil, ella nunca se ha rendido. Los primeros años de su infancia fueron felices en aquella inmensa casa de pisos de barro, paredes de calicanto y techos de paja en Medellín. Era la casona de su abuela Olga, esa mujer con la que pasaba horas y horas conversando y aprendiendo a ser una mujer trabajadora. Las dos se iban a recoger leña para hacer las comidas del día. Tania pedía permiso para meterse un rato al río y ella la dejaba nadar por la libre, sin piedras atadas al cuello, sin ataduras. Lo único que le aburría de su abuela era que fuera tan rezandera, sin embargo la octogenaria nunca la obligó a pedirle a ningún dios. 

Un par de años más tarde, cuando su mamá se la llevó a vivir a Santa Fe de Antioquia, recibiría una de esas bellas lecciones que da la vida. Era diciembre y Tania, en una carta le había pedido un regalo al Niño Dios. El 25 navideño que despertó, en la sala estaba un presente que con emoción abrió, pero se puso a llorar cuando se dio cuenta que no le había llegado lo que había pedido. Hizo tanta pataleta que su mamá la tuvo que llamar, sentarla y contarle la verdad: “Tu niño dios es tu hermano Jorge, porque el niño dios es un mito. Quien con sus ahorros te compró el regalo fue tu hermano”, sentenció la madre. Desde ese día amó más a su hermano y valoró aún más aquella familia tan pequeña, pero unida. Su madre se dedicó al trabajo doméstico para sacarlos adelante. Altiva, nunca se dejó amilanar por el otro y eso mismo ha ocurrido con sus dos hijos. 

Cada oscuridad la convirtieron en luz. Tania estaba en cuarto grado la primera vez que el amor se asomó. A la escuela había llegado un jovencito del campo y no más verlo fue sentir un corrientazo por donde se une el pecho con el aire. Se asustó. Tuvo un choque emocional. Le habían dicho que era ley que a los niños solo les gustaran las niñas, ¿quién lo determinó? No sabía. Quizás alguien que nunca tuvo corazón. Entonces le contó a su mamá con aquel miedo del que jamás desea sentir rechazo. Pero se encontró con una mente liberal para la época. Su mamá le dijo que no se preocupara, que eso era normal y que se podía enamorar de quien quisiera, eso sí, sin faltarle nunca al respeto. 

Su mamá también estuvo presente la primera vez que la ignorancia de los otros la atacó. Estaba en sexto de bachillerato en el Colegio San Luis Gonzaga de Santa Fe De Antioquia y había un par de jovencitos que no dejaban de molestarla. La asediaban por su suave voz, por sus finas maneras y hasta por estar siempre de punta en blanco. Tania les corría y no dejaba que la alcanzaran. Pero ninguna injusticia es perenne. Un día se llenó de valor. Paró en medio de la correría. Recogió una piedra, cerró los ojos y la lanzó. Rogó no golpear a ninguno; sin embargo, quien posaba de más bravo cayó y comenzó a revolcarse en llanto. Del colegio mandaron llamar a su mamá. Tania suponía lo peor y de nuevo su heroína la llenó de orgullo, al director y profesores les puso argumentos sobre tiza, en tanto que su hija debía defenderse al sentirse atacada y además la conminó a jamás dejarse ultrajar. En un municipio tan conservador el paso por el colegio no fue fácil. Recorrió cinco instituciones pero en todas debió poner a raya a los machos cabríos, así que finalmente se graduó de un colegio virtual avalado por el Ministerio de Educación.

Tenía 19 años cuando regresó a Medellín para inscribirse en una escuela de belleza y estética llamada Orly, que quedaba justo por el edificio de los espejos. “Me tocó estudiar lo que les toca a las mujeres trans: peluquería. Peluquería porque estamos relegadas a ser putas o peluqueras. Decidí, entonces, ser peluquera”, dice Tania. Como para repasar sus conocimientos, a su regreso a Santa Fe de Antioquia entró a estudiar lo mismo en el Sena. Allí también conoció la intolerancia. Una de las profesoras la presionaba y creía que poniéndole pelos crespos, los cuales para muchos son los más difíciles de definir en un corte y de peinar, la iba a aburrir. Pero lo que hizo fue darle valor. No tuvo miedo el día que la enfrentó y fueron sus propias compañeras quienes salieron a defenderla. 

Determinó que solo atendería a mujeres, además que lo haría a domicilio. Empezó con un precio ínfimo mientras ganaba la confianza de sus primeras clientas. El voz a voz fue creciendo y su base de datos se elevó considerablemente. No hay un solo día en que no tenga una cita para poner bellas a las mujeres de aquel municipio. Hoy el precio mínimo de su trabajo es de $40.000, aunque puede variar según la solicitud estética. Ha echado mano de las nuevas tecnologías, así que tiene su propio call center vía WhatsApp, en el que ella misma contesta, da consejos, y fija citas. 

No lo dice pero el arte de utilizar las tijeras para darles vida a rostros cercanos le recuerda cada día que su saber es valioso y recompensado. El sonido de las tijeras cortando mechones, el olor del secador dejando lacios los pelos y el correr de las peinetas y cepillos hacen que una hora parezca un segundo y un día un minuto. Lo disfruta. 

Sin embargo, no ha dejado de ser complicado vivir en uno de los municipios más conservadores de Colombia. Santa Fe de Antioquia tiene una historia de más de 300 años de catolicismo, incluso, esta villa que no supera los 30 mil habitantes tiene su propia Arquidiócesis, la cual es una de las más influyentes y antiguas del país. Otro de los ejemplos de su ferviente devoción por los santos, los curas y las iglesias son las procesiones que realizan en Semana Santa, solo comparables con las de Popayán. Anclados en un pasado casi que colonial, todo el que exhiba un ápice de libre albedrío no la tiene fácil.

Y es que han sido muchas las veces que la escena se ha repetido. Tania camina por una calle. Empiezan murmullos. Un cuchicheo de burla. Un susurro de sorna. Risas sinsentido. Llega la frase hiriente. De pronto un fetiche disfrazado de piropo. El cobarde solo habla entre dientes. Tania no hace caso. Supone que no es con ella. Se contiene porque el amilanado o la apocada no es capaz de construir frases claras. Pero cuando el insulto es audible, cuando el ignorante se ha atrevido a dejar clara su ofensa no hay quien detenga a Tania Franco. Se devuelve. Encara. Pide una explicación precisa del porqué la burla, la sorna, y el desaire para con ella. No es con usted, le responden cuando la ven enfadada. Aunque han sido pocas las veces y no se alegra de eso, Tania se ha ido a las manos con uno, con una, o con varios que la han querido degradar por su sexualidad. 

Tal vez por estas y otras razones quiso ir más allá. En el año 2010 fue invitada por el Centro para la Diversidad Sexual e Identidades de Género de Medellín a varias de sus conferencias y procesos. Fueron cuatro años en los que consiguió aprender cuanto más pudo sobre el tema. También se dio cuenta de que el centro tenía una organización detallada, que realizaban actividades importantes para la sociedad civil y que además participaban en convocatorias del Estado con el objeto de poder financiar sus trabajos. Tania maduró la idea y en 2014 logró unirse con un grupo de amigas y amigos para crear la Corporación Santa Fe Diversa. Querían empezar a hacer valer los derechos de la comunidad LGBTI en aquel municipio y, sobre todo, en el occidente de Antioquia. 

La que sueña y hace, se regocija. Años atrás Tania había asistido a los premios León Zuleta, los cuales destacan el trabajo de los movimientos y organizaciones LGBTI en Colombia, y allí vio cómo una de sus amigas se había vestido de gala con tanta belleza que lo único que faltaba era una alfombra roja y 100 camarógrafos haciendo estallar sus flashes delante de aquella deidad. De modo que a Tania se le metió en la cabeza y en sus sueños crear un evento para la comunidad LGBTI de tal altura. Así nació el Festival de Diversidad Sexual y de Género en Santa Fe de Antioquia, y el esfuerzo valió tanto la pena que el destino les pagó con varios reconocimientos de los premios León Zuleta que muchos años antes la habían inspirado. 

También han logrado realizar talleres pedagógicos en varios colegios, ancianatos, cárceles, hospitales, instituciones prestadoras de servicios y otras empresas donde el componente principal es enseñar sobre el trato diferencial y sobre los derechos de la población LGBTI. Al mismo tiempo, Tania Franco fue elegida como una de las imágenes de la Gobernación de Antioquia, en la administración de Luis Pérez (2016-2019), y también ha sido la imagen de campañas publicitarias de oenegés con el componente de diversidad. “Una de nuestras filosofías ha sido no realizar ni patrocinar reinados, fiestas, espectáculos o eventos bulliciosos que puedan ridiculizar a las personas”, asegura Tania. 

Orgullosas, en la corporación dan cuenta sobre los eventos que han realizado. En sus paneles han tenido a Lady Tabares, Endry Cardeño, Mara Cifuentes y Briggite Baptiste, para que hablen sobre sus saberes, sobre los obstáculos que han sobrepasado y cómo sus vidas dignas pueden ser ejemplo para una población tan vulnerada en una sociedad con tanto arraigo patriarcal y machista. Otro de los sueños de Tania es poder traer a Colombia a la diputada española Carla Antonelli, porque para ella es una de las mujeres que más sabe y que más ha defendido a la comunidad LGBTI.

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Un momento

Carla Antonelli, la heroína de Tania, tiene la palabra en la Asamblea española. Se dirige a la diputada por el partido de ultraderecha Vox, Alicia Rubio, quien se ha referido con sorna a la educación en diversidad sexual. De modo que Antonelli enfila sus argumentos y sentencia: “Señora Rubio. ¿Qué hacemos con el resto de las personas? ¿Las echamos, las encarcelamos como en los tiempos esos que añoran ustedes? ¿Sabe cuál es la única diferencia entre usted y yo? La única diferencia es que usted tiene una psicopatía, una psicopatía asociada que se llama transfobia y yo no, porque solamente hay que ver su muro obsesionada con las personas trans, lo cual ya llega a preocupar un poco por aquello de que: ‘el que hambre tiene con pan sueña’. Pero le pese a quien le pese, estas leyes las vamos a hacer cumplir. Muchas gracias, Señoría”. 

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Otro momento 

Tania Franco ha sido llamada por una emisora local de Santa Fe de Antioquia. También tienen en otro de los canales de la consola a un cura. La quieren enfrentar con el sacerdote. El tema es álgido. El 17 de mayo de 2015 la Corporación Santa Fe Diversa hizo una marcha por los derechos de la población LGBTI. La Iglesia puso el grito hasta en el firmamento oscuro del infierno. Todo les olía a pecado, a caucho quemado. Para contrarrestar, los sacerdotes convocaron justo a los ocho días a otra marcha. La camuflaron diciendo que era contra el aborto. No obstante, todo el discurso fue homofóbico según las personas que asistieron. En la emisora le dan paso al cura, lo dejan hablar hasta que se cansa. Entonces le conceden la palabra a Tania Franco, quien muy al estilo de Carla Antonelli, en dos minutos dejó clara la persecución. Pero, curiosamente, la comunicación con Tania se corta y al único que dejan al aire en la radio es al cura. 

Pero esto no la atormenta, ella sigue con su oficio noble de curar vanidades. Mucho tiempo indagó por quién había matado a Juan David. Y tal vez por el talante fuerte de Tania nadie se atrevió a señalar al asesino. Se tuvo que extinguir el grupo paramilitar al que pertenecía el verdugo para que le contaran quién había apretado el gatillo. Aunque Tania solo quería saber la verdad, le fue dada cuando la resignación había curado su corazón. Tania cree en fantasmas y dice que los siente, pero que no les tiene miedo. Tal vez el que la persigue o el que la protege es Juan David, porque un fantasma solo habita el lugar donde lo quisieron. 

*Nombre cambiado por sugerencia de Tania Franco: “para respetar su memoria”.

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Acerca del autor

Pacho Escobar
Pacho Escobar es comunicador social de la Universidad del Cauca. Realizó un posgrado en Periodismo en la Universidad de los Andes. Trabajó como estratega en la campaña a la presidencia de Antanas Mockus. Estuvo en los primeros dos años de la revista digital Kien&Ke. Trabajó durante los primeros tres años de la revista digital Las 2 Orillas. Trabajó en el proyecto periodístico Pirry Sin Censura, del Canal RCN, su contenido digital fue merecedor del Premio India Catalina. Trabajó tres años en La W (W Radio) como su editor web. Hoy es uno de los cofundadores de Vorágine. A Pacho Escobar lo levanta preguntar y lo desvela escribir.
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