El daño colateral: Lo que viene para Colombia en medio de la crisis venezolana
11 de enero de 2026
Colombia fue el país que sufrió los mayores efectos colaterales del ataque militar que Estados Unidos desplegó sobre Venezuela para capturar a Nicolás Maduro. La larga frontera compartida entre ambos países, los vínculos de los grupos armados colombianos con el régimen chavista, la tensión diplomática entre Trump y Petro y la campaña presidencial formaron un cóctel explosivo que comprometió al país en varios frentes.
El narcotráfico colombiano y la caída de Maduro
Los vínculos del régimen venezolano con los grupos armados colombianos, que por años han sido una justificación para las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela, también fueron un argumento para la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores. En 2020, el Departamento de Justicia señaló al entonces presidente venezolano como el líder del Cartel de los Soles, al que describió como una organización criminal que conspiraba con las Farc, entre otros grupos, para traficar cocaína. En ese mismo documento, acusaban por cargos similares a Iván Márquez y al fallecido Jesús Santrich, jefes de las disidencias de la Segunda Marquetalia. “Las Farc y el Cartel de los Soles enviaban cocaína procesada desde Venezuela a Estados Unidos a través de puntos de transbordo en el Caribe y Centroamérica”, se lee en el expediente.
Esta semana, como lo contó el diario The New York Times, el Departamento de Justicia presentó una nueva acusación contra Maduro, en la que se modificaron sustancialmente los términos de los señalamientos. En el nuevo escrito, el Cartel de los Soles ya no era definido como una estructura criminal concreta, sino como una etiqueta para designar la participación de militares y agentes del Estado venezolano en el narcotráfico. Pese al cambio en los argumentos, la descripción del rol de los grupos delincuenciales colombianos se mantuvo.
“Alrededor de 2011, el entonces líder del Cartel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, alias ‘El Chapo’, financió laboratorios de cocaína en Colombia. La cocaína producida en dichos laboratorios se transportaba a Venezuela bajo la protección de las Farc, y recibía protección de (Hugo) Carvajal Barrios, aliado cercano de (Nicolás) Maduro Moros y (Diosdado) Cabello Rondón, en su camino hacia una pista de aterrizaje”, dice uno de los apartes en los que se trata de explicar el supuesto papel de Maduro en ese andamiaje delincuencial.
Uno de los episodios más concretos del factor colombiano, relatados en esta nueva acusación, se refiere a una presunta alianza entre las disidencias y el hijo de Maduro. “Alrededor de 2020, Nicolás Maduro Guerra asistió a una reunión en Medellín, Colombia, con dos representantes de las Farc. Durante la reunión, Maduro Guerra discutió los acuerdos para transportar grandes cantidades de cocaína y armas a través de Colombia hacia Estados Unidos durante los próximos seis años. Maduro Guerra también discutió la posibilidad de pagar a las Farc con armas en relación con los cargamentos de cocaína”, dice el documento del Departamento de Justicia.
Pero más allá del proceso ante la Corte de Nueva York, los nexos de miembros del régimen venezolano y grupos criminales colombianos han sido documentados durante años en otras instancias. En los correos incautados a distintos jefes de las extintas Farc quedaron descritas esas relaciones. Allí se habla de acuerdos políticos con emisarios del gobierno venezolano y hasta de compras y ventas de armas y droga mediadas por altos militares de ese país.
También hay evidencias más recientes. Por ejemplo, el año pasado, VORÁGINE reveló las declaraciones de un exjefe financiero del Eln que trabajó como informante del Ejército y la Fiscalía y terminó asesinado. Dijo que él coordinó negocios de venta de droga con carteles mexicanos y agentes venezolanos. Entre estos últimos mencionó a una mujer que les compraba droga frecuentemente: “Localicé a alias La Gocha, quien era la mano derecha de Diosdado Cabello, miembro del gobierno de Venezuela, y ella era quien hacía los envíos de droga al cartel de Sinaloa en México, y quien coordinaba la compra de la droga al Eln en la zona de Río de Oro, en la frontera”, dice el testimonio del desmovilizado.
Aunque existen amplias evidencias de las alianzas entre guerrilleros, narcos colombianos y miembros del régimen venezolano, los fiscales estadounidenses tendrán que probar ahora que Nicolás Maduro hacía parte de esos entramados. Faltan meses para que comience el juicio, pero desde ya se presume que uno de los testigos principales será Hugo “El Pollo” Carvajal, un exgeneral venezolano que llegó a ser jefe de inteligencia de Chávez y de Maduro, hoy está preso en Estados Unidos. En lo que ha trascendido de sus declaraciones, se sabe que ha hablado de los nexos del régimen con las Farc y el Eln.
La frontera caliente
Tras la captura de Maduro se preveía convulsión en la frontera. Colombia es el país con más migrantes venezolanos -2,8 millones-, y los picos migratorios suelen elevarse durante las crisis vecinas. Por eso, se anticipó un aumento del flujo de venezolanos hacia el país. Sin embargo, Migración Colombia reportó que no hubo cambios particulares en ninguno de los cruces fronterizos, que permanecieron abiertos con normalidad durante toda la semana. El gobierno colombiano dispuso medidas de atención humanitaria y anunció el despliegue de 30.000 soldados sobre la frontera.
Pero eso no significa que no esté pasando nada en las regiones limítrofes. La situación que genera mayor preocupación a las autoridades es la reacción de los grupos armados colombianos que están ubicados del lado venezolano. Según reportes del Ejército, el Eln y las disidencias de las Farc tienen alrededor de 2.000 integrantes en Venezuela. Allí se han refugiado varios de sus jefes más relevantes, como “Antonio García” y “Pablito”, del Eln; e “Iván Márquez” y “John 40”, de la Segunda Marquetalia.
Durante años se ha especulado que, en caso de un ataque contra Venezuela, las guerrillas colombianas asumirían una posición de defensa del régimen, como una especie de grupo paramilitar. Aunque hasta ahora no hay indicios de acciones concretas tras la captura de Maduro, sí hay declaraciones en ese sentido. “Iván Mordisco”, jefe de las disidencias del Estado Mayor Central llamó a una coalición entre los distintos grupos armados, incluso con los que sostienen guerras a muerte.
“Sabemos que existen diferencias heredadas del pasado, pero hoy miramos al mismo enemigo”, dijo el jefe disidente en un video. “Los convocamos a una cumbre de comandantes insurgentes de Colombia y de toda Latinoamérica. Forjemos el gran bloque insurgente que hará retroceder a los enemigos de la patria grande”, agregó. El presidente Gustavo Petro reaccionó a esa declaración: “La alianza que propone el señor ‘Iván Mordisco’ no defiende a Venezuela ni a Colombia ni a América Latina. Al contrario, son la excusa de la invasión”. También dijo que había hablado con la presidenta Delcy Rodríguez para que Colombia y Venezuela actúen en conjunto contra esos grupos narcotraficantes.
En contraste con la propuesta de “Mordisco”, informes de inteligencia recogidos por varios medios de comunicación apuntan a que las guerrillas ubicadas en Venezuela se estarían replegando. Según conoció Blu Radio, por ejemplo, el Eln revisa las rutas y la logística para traer de vuelta a Colombia a sus jefes, pues consideran que ya no están seguros en ese país. Estos movimientos habrían comenzado desde hace un par de meses, cuando Estados Unidos desplegó embarcaciones, aeronaves y tropas en el mar Caribe.
Ese repliegue armado plantea escenarios preocupantes. El regreso de cientos de guerrilleros aumenta la presión violenta sobre las poblaciones del lado colombiano. Desde la semana pasada, en Catatumbo, muy cerca a la frontera, se padece una nueva crisis humanitaria que ha dejado cientos de desplazados por cuenta de la disputa entre el Eln y disidentes del frente 33, por el control territorial. También queda la pregunta sobre los negocios que las guerrillas han establecido en Venezuela durante años. En ese lado de la frontera no solo tienen pistas para enviar la cocaína procesada en Colombia, también ejercen control de la explotación de oro y otros minerales como el coltán.
Petro vs. Trump
La reacción del presidente Gustavo Petro ante el ataque estadounidense en Venezuela fue casi inmediata. Esa misma madrugada convocó un consejo de seguridad. De entrada, el mandatario rechazó la violación de la soberanía colombiana y agregó: “El país adopta una posición orientada a la preservación de la paz regional, y hace un llamado urgente a la desescalada”.
Pero lo que vino a continuación fue lo contrario a esa desescalada. Al día siguiente, en medio de una rueda de prensa en su avión, el Air Force One, Trump puso la mira en Colombia: “Venezuela está enferma, Colombia también está muy enferma. Gobernada por un hombre enfermo al que le gusta producir cocaína y venderla a los Estados Unidos, y no va a estar haciéndolo por mucho tiempo”. Cuando le preguntaron si lanzaría una operación sobre Colombia, respondió: “Suena bien para mí”.
Petro tampoco bajó el tono. Además de condenar el ataque militar de Estados Unidos, y de calificar la captura de Maduro como un secuestro, habló de una posible guerra: “Juré no tocar un arma más desde el Pacto de Paz de 1989, pero por la patria tomaré de nuevo las armas que no quiero”, escribió en X. Para ese momento, la tensión era tal que la canciller, Rosa Villavicencio, se atrevió a plantear el escenario hipotético de una respuesta armada a Estados Unidos: “Tenemos un ejército muy capacitado, muy preparado, al mando del presidente Gustavo Petro, que tendrá que defender a nuestras poblaciones si se llegara a dar ese caso”.
El miércoles, el Gobierno convocó manifestaciones en todo el país en defensa de la soberanía nacional. Hacia el final de la tarde, Petro se alistaba para dar un discurso en la Plaza de Bolívar. Según él mismo contó, iban a ser palabras duras que seguramente llevarían la tensión a su punto máximo. Pero poco antes de salir a hablar, las gestiones del embajador colombiano en Washington, Daniel García-Peña, a través del senador republicano Randall Paul, dieron frutos, y se concretó una llamada entre los mandatarios.
Se trató de la primera conversación directa entre Petro y Trump, lo que habla de las malas relaciones que ya habían desembocado en la descertificación de Colombia en la lucha contra las drogas, y la inclusión del presidente y su círculo en la lista Clinton, destinada a sancionar a personas presuntamente vinculadas al narcotráfico. Los mandatarios conversaron durante 55 minutos. Luego, Petro se dirigió a la Plaza de Bolívar y, mientras empezaba su discurso, uno improvisado, distinto al que llevaba preparado, el presidente Donald Trump publicó un mensaje en redes sociales con un tono totalmente opuesto al que había caracterizado sus referencias a Petro. Aseguró que había sido “un gran honor” hablar con el mandatario colombiano y que pronto se reunirían en la Casa Blanca. Inesperadamente, la escalada se frenó.
Entonces Petro, desde la tarima, contó sobre lo conversado. Dijo que le habló a Trump de los resultados de su gobierno en la lucha antidrogas y le propuso que los dos países trabajen conjuntamente en la implementación de energías limpias. Aseguró que las malas relaciones con Trump habían sido instigadas por la oposición colombiana, que había desinformado al presidente estadounidense, llegando a decirle que Petro era un testaferro del régimen venezolano. Subrayó que, en adelante, para mejorar la relación y evitar una guerra, los dos gobiernos sostendrán comunicaciones directas.
Luego, en una entrevista al diario El País, Petro amplió los detalles de la llamada: Trump le dijo que había llegado a planificar una operación contra Colombia. El presidente colombiano agregó que, por ahora, esa amenaza está “congelada”. En los días posteriores a la comunicación entre presidentes, el discurso del mandatario bajó de tono y se supo que la reunión se llevará a cabo a comienzos de febrero. Los gestos de parte y parte aliviaron la tensión. Sin embargo, con la volatilidad que caracteriza a los dos presidentes, y en medio de una amenaza bélica sin precedentes, las relaciones entre Colombia y Estados Unidos pasan por el que puede ser su momento más crítico en la historia.
Una bomba en plena campaña presidencial
A menos de cinco meses para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, la captura de Maduro y el bombardeo a Venezuela agregaron a la campaña elementos que podrían ser definitivos en los resultados, pues movilizan ampliamente a las masas: el sentimiento nacionalista, y el miedo a una intervención militar estadounidense. Sin embargo, aún no es claro a quién podrían favorecer.
La candidata Vicky Dávila aseguró que una eventual intervención de Estados Unidos le daría la victoria electoral a Iván Cepeda —quien lidera algunas de las encuestas más recientes, y pierde en otras con Abelardo de La Espriella— “porque despertaría el nacionalismo”, dijo. Sin embargo, otros análisis apuntan a que afectaría la aspiración de Cepeda por el miedo a que, en una eventual presidencia suya, se mantuviera el riesgo de la intervención norteamericana en Colombia.
La imagen de De la Espriella, otro de los opcionados según las encuestas, también podría verse afectada. El abogado ejerció durante años la defensa del colombiano Álex Saab, hoy diplomático venezolano y señalado como testaferro del régimen, y ese vínculo podría alejar a un segmento del electorado. Hay que decir, no obstante, que la encuesta de Semana en la que puntea De la Espriella con un 28%, sobre un 26,5% de Iván Cepeda, fue hecha entre el 5 y el 8 de enero, según la ficha técnica que presentó la firma AtlasIntel.
En la consulta del Pacto Histórico hay un antecedente del ingrediente que las relaciones Trump – Petro pueden sumar a las elecciones. El 24 de octubre pasado, dos días antes de las votaciones, Estados Unidos anunció la inclusión de Petro, su esposa Verónica Alcocer y el ministro Armando Benedetti en la lista Clinton. Sin que se pueda establecer una relación causal directa, el resultado electoral fue muy positivo para el partido del presidente, que eligió a Iván Cepeda como candidato y sumó 2,7 millones de votos, mucho más de lo que pronosticaban los analistas políticos.
Ya la última encuesta de Invamer, publicada en noviembre, había mostrado que, para el electorado colombiano, la relación con Estados Unidos es un tema clave: el 81% de los encuestados la consideró importante. Hay otros datos relevantes de esa medición relacionados a la coyuntura generada tras el ataque a Venezuela: el 52,3% tienen una imagen desfavorable de Trump, y el 85,2% de Maduro, quien es la persona más impopular en Colombia de todos los medidos. El 58,3% estaba en desacuerdo con los bombardeos de lanchas de Estados Unidos en el Caribe.
En una rueda de prensa, un corresponsal colombiano le preguntó al secretario de Estado, Marco Rubio, qué pasaría si Colombia elige a otro presidente de izquierda, y si las relaciones entre ambos países dependerán del candidato ganador. La mano derecha de Trump esquivó la carga de la pregunta, que lo podía hacer incurrir en una explícita injerencia en la campaña: “Esto no se trata de izquierda ni derecha, se trata de tener en el poder una persona que coopere con nosotros”, dijo. Lo claro es que el bombardeo de los aviones estadounidenses en Venezuela transformó el panorama electoral en Colombia, y dejó un ambiente de incertidumbre en toda la región.