Nukak: cercados por un baño de sangre y la ganadería
18 de junio de 2026
Por las calles de San José del Guaviare y en el estadio municipal deambulan ocho familias nukak que hasta principios de mayo estuvieron en un sector conocido como Filo de Hambre, a unos 30 kilómetros del pueblo. Allá resistieron hasta que sintieron inminente el reclutamiento de jóvenes de la comunidad por parte de una de las disidencias de las Farc que opera en la zona. En total unas 45 personas tuvieron que desplazarse.
La cifra, sin contexto, puede parecer pequeña. Sin embargo, dicho pueblo indígena está compuesto por unas 1.000 personas, de las cuales solo 346 permanecen dentro de su resguardo por la destrucción de la que ha sido objeto durante décadas. Su territorio está ubicado entre los municipios de San José del Guaviare y El Retorno, cerca al departamento del Meta. La realidad de esas 45 personas agudiza la grave crisis de los nukak: en 2009 la Corte Constitucional advirtió que esa etnia está en riesgo de desaparecer por cuenta del conflicto armado y el desplazamiento forzado. A esos problemas se suma la expansión de grandes fincas ganaderas en su territorio que han deforestado miles de hectáreas.
El temor de los indígenas al reclutamiento tenía fundamento. El pasado 12 de junio el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, anunció en su cuenta de X que el Ejército había aprehendido a cuatro integrantes de la disidencia de “Mordisco”. Una fuente de una entidad estatal le contó a VORÁGINE un detalle que Sánchez omitió en su publicación: tres de esas personas eran indígenas nukak, entre ellas una menor de edad.
Los nukak son un pueblo indígena que fue contactado apenas en 1988. Su modo de vida es seminómada, por lo que su relación con la selva es fundamental. Por eso, las amenazas que acechan esos lugares los afectan de manera desproporcionada.
Los territorios nukak y buena parte del departamento del Guaviare son escenario de una guerra brutal entre las disidencias comandadas por “Calarcá” y por “Mordisco”. El 3 de junio Medicina Legal informó que 48 personas fueron asesinadas en el sector de Barranco Colorado, en San José del Guaviare. En enero de este año también aparecieron 26 cuerpos de personas que al parecer integraban el grupo de “Mordisco”. Todas fueron asesinadas con tiros de gracia.
Esos hechos, aunque sigue siendo un enigma cómo se dieron, tuvieron gran despliegue mediático. Sin embargo, otros han quedado relegados en la agenda nacional. Por ejemplo, el desplazamiento forzado de 11 familias del pueblo nukak hacia un sector conocido como Puerto Flores, luego de que se presentaran combates en los lugares donde estaban asentados. Según un funcionario que pidió no ser identificado por seguridad, los indígenas estuvieron confinados unos 15 días.
Incluso, la fuente que contó los detalles sobre la aprehensión de los integrantes de la estructura de “Mordisco”, le relató a VORÁGINE que el grupo armado de “Calarcá” les imponen algunas normas de conducta a los nukak. Dijo que en una reunión a inicios de mayo: “les dieron la orden de no circular en las noches y no salir a cazar en ciertos sectores porque les dijeron que había campos minados y que podían ser objetivo militar. Eso es grave porque los nukak viven de su cacería, madrugan y se van selva adentro a cazar”. La persona no pudo ser citada por seguridad y porque no es vocera de la institución en la que trabaja.
Otro hecho que da cuenta de las presiones que sufren los nukak por cuenta de la guerra se dio el 4 de diciembre de 2025. Ese día, varios indígenas bloquearon una vía en San José del Guaviare. “Ellos nunca habían protestado de esa manera”, le dijo a este medio una mujer que trabajó durante años con los nukak, pero pidió no ser citada. Cuatro fuentes consultadas para este reportaje coincidieron en que los manifestantes lo hicieron bajo coacción de las estructuras de “Mordisco”. Pedían retirar una base militar que está establecida a orillas del río Inírida. “Esa unidad está allá hace más de 20 o 30 años y las comunidades nunca han tenido problemas, pero los obligaron a venir a protestar”, dijo la fuente de la entidad estatal. El medio de comunicación Infobae dijo haber tenido acceso a un documento de inteligencia militar en el que se hacían los mismos señalamientos.
Por su parte, el Bloque Amazonas (bajo las órdenes de “Mordisco”) emitió un comunicado en el que negaba las presiones. “Las acciones de la Fuerza Pública contra los indígenas en el departamento de Guaviare lo ponen de presente: si los pueblos protestan son instrumentalizados por la guerrilla; si la guerrilla los defiende somos terroristas”, señalaron. También publicaron nombres de funcionarios del ministerio del Interior que, según el grupo armado, estaban criminalizando la protesta. El gobierno rechazó las amenazas contra el viceministro de esa cartera y una contratista.
En sus comunicados, la estructura de “Mordisco” ha señalado al gobierno de aliarse con la otra disidencia. Según ese grupo ilegal, las estructuras de “Calarcá” están operando como grupos paramilitares. En una comunicación del 15 de abril de 2025 se lee: “Recordamos que el grupo criminal del Séptimo de ‘Calarcá’ en conjunto con inteligencia militar hoy hacen parte de ese oscuro plan de desestabilizar el Guaviare”. La fuente de la entidad estatal dijo que en la región también se comenta que las acciones de guerra emprendidas por el Estado se han orientado solo a afectar al grupo de “Mordisco”. “Curiosamente el Ejército bombardea al (Frente) 44 y detrás entra la estructura de Calarcá”, dijo.
El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, negó que la Fuerza Pública favorezca a las estructuras de “Calarcá”. En una publicación en redes sociales, anunció que el gobierno de Gustavo Petro ha hecho 23 bombardeos entre los que se orientaron 12 contra hombres “Mordisco” y uno contra el grupo de “Calarcá”.
Ganadería: la gran protagonista de la deforestación
Aunque la violencia armada explica una parte de las afectaciones hacia los nukak, hay otras dinámicas que también tienen incidencia en los riesgos de desaparición física de esa etnia. La ganadería que se adelanta en zonas del resguardo indígena es la causa de gran parte de la deforestación que ha destruido amplias zonas de la selva amazónica.
“En el resguardo hoy el primer motor de deforestación es la ganadería, sobre todo en la parte occidental”, le dijo a VORÁGINE Liliana Duica, consultora senior de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (Fcds). Los datos estatales permiten dimensionar el daño que ha hecho la ganadería en ese lugar: el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) registró en 2023 que en ese resguardo había 37.575 bovinos. Esa actividad económica ha llevado a la pérdida de miles de hectáreas de selva amazónica. Según el informe Tendencias y Dinámicas de la Deforestación en la Amazonía Colombiana, elaborado por Fcds, de los territorios indígenas ubicados en esa región el resguardo Nukak es el que más se deforestó entre 2017 y 2025 con 19.539 hectáreas, muy por encima de Llanos del Yarí Yaguara II, con 6.066.
“La tala de bosque, que resulta en la praderización del paisaje, ha provocado el desplazamiento de algunos de los grupos nukak (como los wayari muno), quienes se han visto obligados a migrar hacia centros urbanos o caseríos y a integrarse en las economías locales”, se lee en una investigación publicada por Duica junto a Jacobo Walschburger y Cristián Salas. “Esto ha implicado la limitación y obstrucción de las prácticas de subsistencia de los nukak, como la recolección de frutos, fibras e insectos, así como el acceso a diferentes tipos de palma”, dice el documento.
Al preguntarle sobre la relación entre la ganadería y los grupos armados, Duica respondió que “es muy tenue” y dijo que quien tendría que responder esas preguntas son los entes de control como la Fiscalía. Lo que sí se ha documentado es que las disidencias cobran extorsiones por cada cabeza de ganado, en 2022 la cuota era de $10.000, lo cual vincula el sostenimiento del grupo armado con esa actividad económica.
Las dinámicas armadas son importantes para entender la explosión de la deforestación en el Guaviare. Durante décadas operó en ese departamento el Bloque Oriental de las Farc, guerrilla que se desmovilizó en 2016 tras el Acuerdo de Paz con el Estado. Para el accionar de ese actor armado, según explicó Duica, era importante mantener la cobertura selvática. Así se protegían de vigilancias aéreas que pudieran devenir en bombardeos.
En el Guaviare subsisten y se han replegado estructuras armadas que no se acogieron a lo acordado entre las Farc y el Estado. Fue después de la desmovilización del Bloque Oriental, que regulaba la expansión de las fincas ganaderas, que se disparó la deforestación. “Quedaron esos nuevos grupos ya sin ese control central que antes ejercían las Farc, entonces se desreguló un poco esa relación que tenían con el territorio y con la gente”, dijo Duica.
Las cadenas de la ganadería
Deforestar un resguardo indígena para hacer fincas ganaderas es una actividad ilegal, pero en las tierras nukak se hace frente a los ojos de todos. Para que eso pase se necesita toda una cadena que se beneficie de la actividad económica.
La investigación de Duica, Walschburger y Salas da algunas luces sobre el tema. “Tras la firma del Acuerdo de Paz, esta economía comenzó a ganar aún más fuerza, de la mano de la llegada de ganaderos adinerados, principalmente provenientes del Meta, Boyacá y Arauca”, se lee en el documento. Además, también se encuentra citado el testimonio de un campesino de la región que explicó: “El fenómeno para el incremento de los precios de las tierras fue la ausencia de la institucionalidad en el campo, ligado a temas irregulares de algunos grupos económicos. Antes, con los grupos armados, eso estaba más regulado, no se permitía que cualquier persona llegara a comprar tierras. Ellos decían quién podía y quién no. Eso controlaba los precios porque no era mucho el que llegaba”.
Duica le dijo a VORÁGINE que en el territorio confluyen todo tipo de ganaderos: desde grandes propietarios hasta pequeños productores campesinos. “La ganadería ha sido culturalmente aceptada en Colombia como una actividad de prestigio. Entonces, el pequeño ganadero, el mediano y el grande la ven como un ideal. Hay una idea de la ganadería como una forma de prestigio social”, explicó.
Esa investigación y el informe Tendencias y Dinámicas de la Deforestación en la Amazonía Colombiana coinciden en que los lugares donde más se ha incrementado la ganadería en el resguardo son Gualandayes y Caño Makú. En el primer lugar hay 9.898 cabezas y en el segundo 9.328. Otros sectores con gran presencia de esa actividad económica son Cachicamo (8.702) y Angoleta (8.695).
La falta de trazabilidad de la carne en Colombia facilita que ganado levantado en el resguardo nukak sea vendido en otras partes del país. Fcds calcula que el 60% se comercializa en Guaviare, 24% en Bogotá y 10% en Meta. Entre 2017 y 2024 la venta de ganado desde Gualandayes hacia Meta tuvo un aumento de 417% y hacia Bogotá de 153%, según documentó la investigación de Duica, Walschburger y Salas. “En las plantas de procesamiento se fabrican productos cárnicos, y los consumidores en Bogotá no tienen certeza sobre el origen de los animales que adquirieron”, se lee.
La comercialización de ganado fomenta otro fenómeno deforestador: la construcción de vías ilegales. El resguardo nukak es el territorio indígena de la Amazonía que más extensión de carreteras tiene, según reportó Fcds: 504 kilómetros. La cifra es alarmante porque representa casi el 50% del total de vías en resguardos en el arco noroccidental amazónico. “El aumento ganadero está estrechamente ligado a disponibilidad de vías de comunicación, y disponibilidad de tierras sin restricción en el terreno”, señaló Fcds.
Intentamos, por medio de llamadas y correos, comunicarnos con la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y Oriente Amazónico (CDA) para escuchar su versión sobre los hechos revelados en este reportaje, pero no obtuvimos respuesta.
La persistencia de la coca
Según reconstruyó Alfredo Molano, la primera vez que la semilla de coca llegó al Guaviare fue en los 70 de la mano de un mafioso conocido como Manteco Murcia. Él facilitó que los campesinos de El Retorno sembraran esa plata, les compraba la cosecha, la transformaba y comercializaba la cocaína. Desde esa época, el departamento ha tenido cultivos de coca.
La llegada de la coca y la presencia de las Farc en el territorio nukak desde los 80 generaron varios éxodos. Luego, la economía cocalera tuvo su auge y la deforestación para la creación de fincas se expandió. Con el paso de los años, la tierra empezó a ser utilizada en otra actividad. “A partir de los primeros años del siglo XXI, los lotes que antes se dedicaban al cultivo de coca empezaron a expandirse y transformarse en pastizales para la ganadería, mientras que los cultivos de coca se desplazaron hacia el oriente del resguardo nukak, descendiendo a través de los caños que alimentan al río Inírida, entre el resguardo y la reserva nukak”, se lee en el estudio de los investigadores.
La presencia de cultivos de coca sigue siendo un factor de deforestación. En el documento de Fcds citado antes, la organización reportó que el 15% de los cultivos que están en resguardos en la Amazonía se encuentran en territorio nukak.
“La coca funciona como una medida temporal con la que se adquiere dinero y la ganadería, por lo que es legal, es una forma de reinvertir”, dijo Duica. “Desde los primeros años del siglo XXI, la ganadería ha funcionado como una suerte de caja de ahorro para los campesinos, quienes compraban animales con los excedentes que dejaba la coca”, se lee en el estudio en que ella participó.
Otros intereses
Sumados al control territorial, la ganadería y la coca hay otros intereses que están cercando a los nukak. Para este reportaje no pudimos hablar con líderes indígenas: según le dijeron a VORÁGINE varias personas que han trabajado con ellos, ahora hay una cooptación de los liderazgos por parte de empresas interesadas en los bonos de carbono. “Ellos no hablan con la prensa si la compañía no los autoriza”, dijo una de las fuentes.
Esa cooptación había sido advertida por este medio en una publicación de octubre de 2025. Incluso, en ese reportaje se incluyó una comunicación de la entonces directora de la Unidad de Restitución de Tierras, Jhenifer Mojica, quien le advirtió al Ministerio del Interior la injerencia de terceros en las decisiones comunitarias.
Además, dos fuentes le mencionaron a VORÁGINE que en territorios nukak habría intereses por algunos minerales. Esa versión también fue expuesta en un comunicado de las estructuras de “Mordisco”. En un documento publicado el 3 de enero de 2026 se lee: “Vale la pena informar, pero a la vez preguntar, sobre las explotaciones que en Cerro Pintado, dentro de la reserva natural Nukak Makú hacen los militares colombianos y/o gringos extrayendo uranio, renio y coltán a espaldas del pueblo colombiano”.
La Fcds ha hecho un diagnóstico sobre la problemática de la deforestación en la Amazonía que no explica el fenómeno solo desde un factor, sino que invita a hacer una lectura integral. “El problema de la criminalidad organizada en la cuenca amazónica no puede reducirse a un problema de minería ilícita, de control de las rutas del narcotráfico, o de la expansión de grupos armados colombianos y del crimen organizado. Se trata de un problema de macro criminalidad que conecta a grupos armados, bandas, y carteles con intermediarios políticos y conglomerados empresariales que además de apoderarse de los recursos naturales y destruir los ecosistemas, pretenden ejercer un control territorial y poblacional sobre la región”, se lee en uno de sus informes.
Lo que queda claro es que, por ahora, los intereses económicos están prevaleciendo sobre la pervivencia del pueblo nukak. Si esa tendencia se mantiene podría materializarse la advertencia que en 2009 dio la Corte Constitucional: la desaparición física y cultural de un pueblo que ha sido arrasado por los intereses de negociantes de todo tipo.