Édgar Quitián, que tuvo un alto cargo en una sala de interceptaciones, fue acusado por un subalterno de entregarle información a un grupo criminal en Meta. Seis años después de ocurridos los hechos, la Fiscalía no ha avanzado en la investigación, pese a tener abundante material probatorio.
5 de febrero de 2023
Por: Vorágine

El anónimo que llegó a la oficina de Transparencia de la Presidencia en 2017 dejaba ver la gravedad de los hechos: “El mayor Quitián utiliza la sala de interceptaciones para investigar organizaciones criminales y una vez que sabe cuál es el líder o líderes de la organización procede a abordarlos para exigirles dinero a cambio de no capturarlos”. Ese mensaje dio inicio a una investigación penal de la cual Vorágine obtuvo documentos inéditos que dejan al descubierto presuntos delitos que habría cometido el entonces mayor Édgar Alexander Quitián Bustos, según la declaración de uno de sus subalternos. El oficial fue durante tres años el jefe de la Unidad de Investigación de la Sala Negro de la Policía Antinarcóticos, unidad que recibe dinero de la embajada británica en Colombia y que tiene a su cargo equipos de interceptación de líneas telefónicas.

La investigación penal tiene como principal soporte el testimonio que rindió ante la Fiscalía un exsubordinado de Quitián. Los dos trabajaron en la Sala Negro de la Policía Antinarcóticos. Se trata de Diego Velásquez*, quien confesó que participó en una operación de venta de información a narcotraficantes y señaló que lo hizo supuestamente bajo instrucciones de Quitián.

El 11 de mayo de 2018, un fiscal recibió la declaración bajo juramento que dio Velásquez, a la cual Vorágine tuvo acceso. En ese interrogatorio, el agente aseguró que a finales de 2015 Quitián lo llamó y le propuso entregar una información en Villavicencio, a cambio de 100 millones de pesos.

Según el relato de Velásquez, la relación con Quitián era cercana desde 2013: “Me pedía el favor de que le retirara dinero con su tarjeta débito de Bancolombia, consignaba en el banco Davivienda la administración de un inmueble que él tiene en Villavicencio, una casa en un conjunto cerrado, me parece que se llama Las Palmas. Nosotros teníamos mucha confianza, éramos muy amigos”. Sin embargo, contó que la supuesta amistad se empezó a deteriorar en 2015. “Hubo varias ocasiones en las que nos tratábamos mal delante de los compañeros. Hubo una ocasión, un fin de semana, un sábado, tuvimos un alegato fuerte donde se dieron cuenta varios funcionarios del turno”, relató el exagente.

Velásquez aseguró que en el momento en que recibió la llamada de Quitián, este le dijo: “Le tengo una propuesta, pero lo que le voy a decir acá va a quedar entre nosotros dos, usted está aburrido, se quiere ir y ante todos los problemas que he tenido con usted yo lo estimo”.

De acuerdo con el relato, tras el ofrecimiento, Quitián y Velásquez se encontraron al día siguiente en la oficina y luego fueron al centro comercial Salitre Plaza, en el occidente de Bogotá. Este último aseguró que en una cafetería su jefe le habría mostrado unos documentos: “Había un organigrama, en cada hoja había personas involucradas, modus operandi, ubicación del inmueble, cédula. Eso fue lo que él me mostró”. En ese momento, Velásquez aceptó el ofrecimiento de entregar una información a cambio de dinero. Estaba previsto que la operación se concretara a finales de diciembre.

Los planes, sin embargo, cambiaron y la entrega de información empezó a aplazarse. A principios de marzo de 2016, según Velásquez, Quitián le dio varios elementos para preparar la filtración: “Me hace entrega de un sobre de manila y me dice ‘aquí le hago entrega de 2 celulares Black Berry, $500.000 para viáticos’ y me muestra el contenido de dos carpetas donde se encontraban números interceptados, ubicación, el perfil de cada persona con su plena identidad y datos personales”.

Velásquez aseguró que a mediados de marzo recibió instrucciones de Quitián para ir a un conjunto de casas en Villavicencio y encontrarse con un narcotraficante llamado Antonio. El agente, según su relato, entró a una vivienda, dijo que venía desde Medellín y preguntó por Antonio. El hijo del narco, que atendió a Velásquez, le informó que en ese momento su padre no estaba, pero lo llamó supuestamente por celular para informarle de la visita. A los pocos minutos llegó un hombre que aseguró ser Antonio, pero Velásquez supo que le estaba mintiendo, según le relató a la Fiscalía, por las fotos que había visto en los documentos que llevaba.

“En ese momento le escribo a mi mayor (Quitián) contándole la situación y le pregunto que ‘qué hago’, entonces me dice que le muestre por encimita el organigrama tapando las fotografías de los otros sujetos y solo mostrándole la fotografía de Antonio”, detalló Velásquez.  Después de hacer eso, siempre de acuerdo con el relato del agente, el mayor Quitián le escribió diciéndole que no entregara la información, que saliera de la casa y buscara un hotel donde quedarse en Villavicencio. Al día siguiente se encontró en el centro comercial Llano Grande con Alirio, la persona que el día anterior se hizo pasar por Antonio, y con Jesús Antonio Bejarano López, el narcotraficante que iba a recibir la información. En ese momento volvió a recibir instrucciones de no entregar las carpetas y devolverse a Bogotá.

Según Velásquez, la tercera semana de marzo el mayor Quitián le dijo que en la estación de servicio de la autopista sur con avenida Boyacá, de Bogotá, lo iba a recoger Alirio. Este lo llevó a Fusagasugá y luego a Chinauta (Cundinamarca), donde almorzaron con Antonio. Unos días después se vieron de nuevo en un hotel en Bogotá y en ese momento Velásquez entregó las carpetas sin que le entregaran el dinero.

Velásquez dijo que después de eso se llevó una decepción: “Al día siguiente el mayor Quitián me escribe como en la tarde, me dijo que nos viéramos a las 7 de la noche por los lados del puente peatonal, yendo para el aeropuerto por la Esperanza. Llegué al punto a esa hora, él no había llegado todavía, al rato llegó, ingresamos al centro comercial Salitre Plaza, nos tomamos una bebida y él me explica que esa gente no dio la plata, que esa gente se complicó, que lo único que me podía dar eran 4 millones. En ese momento hubo una discusión donde yo le manifesté que era un mentiroso, que me había metido en ese problema, que 4 millones para qué”.

El agente hizo esa entrega de información mientras estaba en vacaciones y, según contó, cuando se fue a reincorporar a sus labores Quitián le informó que ya no hacía parte de la Sala Negro (unidad en la que laboró nueve años) y le entregó un oficio de traslado al área erradicación de cultivos ilícitos, por lo que pidió la baja de la institución. El 4 de abril de 2017, Velásquez fue capturado cuando iba a sacar del parqueadero el taxi en el cual trabajaba.

En el segundo trimestre de 2017, Quitián fue trasladado para que apoyara la Operación Agamenón, que la Policía adelantó contra las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC, también conocido como Clan del Golfo) en Urabá (Antioquia). Luego, comandó el distrito número 1 de Policía en El Espinal (Tolima) y fue ascendido al grado de teniente coronel. Todo lo anterior mientras la investigación avanzaba a paso de tortuga en la Fiscalía.

Las escuchas que confirman la filtración

Tras su descanso de Semana Santa de 2016 el patrullero de la Policía Jaime Andrés Pérez volvió a su sitio de trabajo en la Sala Negro, empezó a revisar los resultados de las interceptaciones a algunas líneas telefónicas y halló algo que le pareció inusual. En las grabaciones correspondientes al 19 de marzo de ese año encontró que el hijo de una persona que tenían identificada como ‘Toño’ (Jesús Antonio Bejarano) lo llamó para anunciarle que había llegado alguien que decía provenir de Medellín y tenía una información importante para él.

Según consta en la declaración que Pérez le dio a la Fiscalía, el 14 de junio de 2018, ese hecho afectó la investigación que estaban adelantando contra la estructura delincuencial de Bejarano. “Transcurridos 14 días se evidencia que las comunicaciones de varios objetivos de la organización criminal empiezan a disminuir”, puntualizó. Aunque Pérez dijo que en su momento le había informado a Quitián de las novedades de manera verbal, cuando se empezaron a ver las consecuencias en el caso decidió dejar la constancia escrita.  

Pérez relató que el 4 de abril de 2016 intentó, acompañado del intendente Eliseo Tarazona, entregarle el oficio a Quitián, pero no encontró receptividad. “Se le solicitó el recibido del informe, contestando el señor mayor que ahí estaba la cámara. Tras la respuesta de mi mayor, yo mismo hice el recibido en el informe plasmando que se hizo entrega. Sucesivamente ingresé a la sala y en el libro de anotaciones de la unidad, en el folio 129, hice la anotación dejando como constancia que se le había entregado un informe al señor jefe de la unidad, donde se informa la novedad del caso en vista de que no fue recibido”, aseguró Pérez, como quedó consignado en un informe de policía judicial en poder de Vorágine.

La versión de Pérez concuerda con la del intendente Tarazona, también conocida por este medio. El mismo 14 de junio Tarazona le contó a la Fiscalía más detalles sobre las implicaciones de la filtración de información: “Nos pareció extraño que estas personas no volvieron a utilizar los teléfonos que teníamos interceptados”. El intendente también se refirió al episodio en el que intentaron entregarle el oficio a Quitián, pero él no les dio el recibido.

Lo dicho por Pérez y Tarazona coincide con lo que dijo Velásquez sobre la manera cómo se llevó a cabo el primer encuentro con los narcotraficantes en Villavicencio.

La filtración puso en riesgo la operación contra una estructura criminal que estaba conformada por Bejarano, Pedro Díaz Hoyos y Luis Alberto Hernández Bastidas. Los tres, según arrojaron las investigaciones de la Policía Antinarcóticos, se organizaron para producir cocaína y exportarla hacia Centroamérica. Entre 2015 y 2016 las autoridades lograron cuatro incautaciones en Uribia (La Guajira), Puerto Carreño (Vichada), Villanueva (Casanare) y Barranca de Upía (Meta), que en total sumaron 2.036 kilos de cocaína. Además, destruyeron dos laboratorios de procesamiento del alcaloide: uno en Norcasia (Caldas) y otro en San Luis (Antioquia). Esos golpes contra ese grupo ilegal dan cuenta de la capacidad delincuencial que tenían. 

La caída de un tío de Quitián

A mediados de 2014 el mayor Quitián fue a Estados Unidos para hacer un curso de Estado Mayor. En ese país estuvo hasta mediados de 2015. Durante esa época, integrantes de la Sala Negro trabajaban en un caso llamado Fénix. Uno de los resultados de esas pesquisas fue la captura, presuntamente en flagrancia, de Óscar Javier Quitián Romero, señalado por la Fiscalía de transportar 155 kilos de cocaína. El hombre es tío del oficial Édgar Alexander Quitián (mayor en ese tiempo). A los pocos días de ese hecho, este último terminó sus estudios y volvió a Colombia.

En una ampliación del interrogatorio, Velásquez señaló a Quitián de tomar represalias en contra de los policías que adelantaban el caso en el que cayó su tío y de entorpecer la investigación para que no resultaran capturados otros familiares suyos. “En esa época llevaba el caso Fénix el señor patrullero Javier Angulo, ellos dos, el señor mayor Quitián y el señor patrullero Javier Angulo, sostuvieron una reunión en la cual el tema era el caso Fénix. Esta reunión fue en la oficina del mayor, eso creo que fue más o menos para el año 2015, a finales. Pasaron ocho días y realizaron un relevo de analista del caso Fénix”, señaló Velásquez.

Según el mismo exagente, desde ese momento la operación Fénix dejó de dar resultados hasta marzo de 2016, cuando hubo una serie de capturas en Villavicencio. Velásquez señaló que había más familiares de Quitián metidos en el negocio del narcotráfico, pero que no fueron capturados. También relató que él informó las supuestas irregularidades a un coronel de apellido Martínez, quien días después le aseguró que Quitián y otros investigadores que participaron de la operación habían hecho una prueba de polígrafo, sin anomalías. Velásquez agregó que por ese episodio lo habían tratado de “desleal” y “mentiroso”. “En ese momento me sentí decepcionado de la Policía con tantas injusticias”, dijo.

Otra persona hizo referencia al caso del tío de Quitián. La fiscal María Consuelo Molina relató, en entrevista ante la Fiscalía, que cuando supo de la captura se inquietó. “Fui muy directa con los funcionarios e incluso con el coronel Martínez, dije que una persona que tenía un familiar en estas circunstancias no debería ser el jefe de la Unidad que investigaba casos de narcotráfico”, aseguró. Molina dijo que su comentario le produjo algunos problemas: “Creo que a raíz de esa investigación fui objeto de rechazo por los jefes del grupo investigativo que tenía a cargo esa sala”.

La misma fiscal aseguró que las personas que participaron en el caso que dio con la captura del tío de Quitián sufrieron represalias: “Todos fuimos objeto de traslado y, si se puede llamar así, de discriminación laboral, pero no hay pruebas para sustentar esto”.

La versión de Quitián

El teniente coronel se defendió de las acusaciones y denunció a su exsubordinado por injuria y calumnia. Además, en un interrogatorio que rindió ante la Fiscalía, el 24 de mayo de 2019, aseguró que los señalamientos de Velásquez en su contra son falsos, que no ha aportado ninguna prueba y que obedecen a una retaliación en su contra por pedir que removieran a ese agente de la Sala Negro, debido a deficiencias en su trabajo.

Quitián le dijo a la Fiscalía que solo conoció al narcotraficante Jesús Bejarano, y a las otras personas de esa estructura criminal, el 9 de diciembre de 2016, cuando fueron capturados. “Nunca antes en mi vida los había visto, ese día fue la primera vez. Yo mismo los recibí porque, reitero al honorable despacho, yo era el responsable de la operación”, aseguró. Y agregó: “Si tan solo fuese cierto que yo hice parte de la fuga de información en la manera que Velásquez** lo indica, ¿qué motivación hubiese tenido para hacer todo lo necesario por materializar su captura (de Bejarano y su banda)?”. También afirmó que tras la caída de la estructura criminal se hicieron entrevistas a los narcos y dijeron que  la única persona con la que tenían contacto era Velásquez.

Quitián planteó otros interrogantes frente a los señalamientos. “¿Cómo un oficial de policía puede ser tan perfectamente estúpido de proponerle a un funcionario de deficiente desempeño un hecho de corrupción de estas dimensiones? Y con el cual tenía algunas diferencias de tipo laboral, no se puede ser tan estúpido para tomar tal decisión ¿No se supone acaso que si hubiese querido realizar esta actividad ilícita no lo haría con alguien que tuviera mejor confianza? (sic)”, cuestionó en el interrogatorio ante la Fiscalía.

“Su intención no es la de denunciar mi participación, sino, por el contrario, encubrir probablemente a otros funcionarios que hayan eventualmente participado en la fuga (de información), porque es claro que Velásquez** nunca hizo parte de ese programa metodológico”, agregó Quitián en el interrogatorio. A lo que se refiere es a que Velásquez no hizo parte de la investigación contra Bejarano y su estructura criminal.

Frente a sus acciones después de que le informaran de la sospecha de que se había filtrado información del caso, dijo que le comunicó la situación a la fiscal Molina. “Mi responsabilidad institucional, como así lo fue, era ponerle de presente lo ocurrido para darle inicio a una hoja de ruta que nos permitiera desarticular la organización a la mayor brevedad posible”, dijo. Además, en su defensa esgrimió que una investigación interna que abrió la Policía fue archivada.

Quitián también intentó desvirtuar lo dicho por Velásquez frente al caso Fénix que involucraba a su tío. Primero, aseguró que el exagente no podía tener información sobre esa investigación porque no hacía parte de ella. También dijo que cuando se enteró de la captura de su familiar le informó “inmediatamente” al jefe de la Sala Negro y al director de la Policía Antinarcóticos de la época, el general Ricardo Restrepo Londoño.

Incluso, el teniente coronel señaló que Velásquez estaría intentando conseguir una rebaja de la pena por venderles información a los narcos declarando contra él. “Es muy probable que todo este andamiaje de mentiras sea un esfuerzo sistemático por parte de Velásquez** para engañar a la administración de justicia y buscar un beneficio ante la supuesta eventual colaboración a la justicia”, concluyó Quitián en el interrogatorio.

El pasado 13 de enero le enviamos un derecho de petición a la Policía para saber de la suerte de Quitián en la institución y preguntar por detalles de la investigación interna que se surtió por los hechos denunciados en este reportaje, pero no hemos obtenido respuesta.

La fiscal Molina adelantó en un primer momento la investigación contra Velásquez y, según contó en la entrevista ya citada, empezó a tramitar un principio de oportunidad (figura jurídica que otorga rebajas de pena a cambio de información que permita esclarecer hechos delictivos). “La información era creíble ya que él (Velásquez) estaba inmerso en ese hecho”, le dijo a la Fiscalía. Sin embargo, el caso llegó a manos de otro fiscal que, según ella, echó para atrás esa actuación.

La investigación avanza a ritmo paquidérmico. La oficina de comunicaciones de la Fiscalía le aseguró a Vorágine que el radicado “se encuentra en estado de indagación”. Es decir, casi seis años después del anónimo que llegó a la Presidencia de la República, el ente investigativo no ha decidido si va a llevar a Quitián ante los tribunales. En palabras de la propia entidad: “A la fecha el despacho se encuentra estudiando el expediente para evaluación del caso y disponer lo pertinente que en derecho corresponda”. La falta de respuestas por parte de la justicia no ha permitido dilucidar la duda acerca de si un oficial que trabajaba en una sala de interceptaciones financiada por la embajada británica en Colombia, usó la información para enriquecerse, haciendo presuntos acuerdos oscuros con narcotraficantes. Del trabajo del fiscal encargado del caso depende que se pueda establecer con certeza lo que pasó en este episodio de corrupción policial.

* Nombre modificado

** En el interrogatorio que respondió el teniente coronel Édgar Quitián se refirió a Velásquez con su nombre real, pero Vorágine lo modificó.

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