La chatarra que se esfumó: un escándalo que salpica a la familia del alcalde de Bucaramanga
10 de agosto de 2025
Más de 70 toneladas de chatarra del alumbrado público que durante años estuvieron arrumadas y olvidadas en dos bodegas, se convirtieron de repente en el centro de la controversia en Bucaramanga. La razón: miles de viejas luminarias y cientos de postes metálicos desaparecieron el año pasado, y hasta hoy, nadie ha podido dar luces de su paradero. Una versión, sustentada por un concejal de la ciudad, apunta a que los objetos que alumbraban las noches bumanguesas terminaron fundidos y convertidos en ollas, cucharones y otros utensilios de cocina, vendidos luego en el mercado de las pulgas. Pero esa curiosa transformación de la materia no sería tan llamativa si, en medio del escándalo, no estuviera señalado el círculo cercano de Jaime Andrés Beltrán, el alcalde de la capital santandereana.
El escándalo de la desaparición de la chatarra estalló en noviembre del año pasado, cuando la Contraloría de Bucaramanga redactó un informe en el que cuantificó la pérdida para las arcas municipales en 21.700 millones de pesos. Además, señaló como presuntos responsables al alcalde Beltrán, a su antecesor, Juan Carlos Cárdenas, y a dos secretarios de infraestructura de la administración actual. En su informe, la Contraloría incluyó el testimonio del testigo clave del caso: Edgardo Rodríguez, empleado de la oficina de alumbrado público, quien autorizó la salida de la chatarra de las bodegas. El funcionario dijo que había recibido órdenes de Hernán Villamizar, un asesor del despacho de Beltrán, y de Óscar Ramírez, cuñado del alcalde.
La alcaldía se defendió poniendo el espejo retrovisor. Le dijo a la Contraloría que no tenían cómo probar que la chatarra estaba en las bodegas, pues nunca recibieron un inventario de esos materiales por parte de la administración anterior. Pero las evidencias muestran que la chatarra sí existía. Había fotos y documentos que la mencionaban, también aparecía en los registros de las bitácoras de vigilancia de las bodegas. El informe del ente de control decretó la pérdida del material, pero no aclaró nada sobre su posible destino. El pasado 31 de julio, el concejal de oposición Carlos Parra presentó ante el cabildo nuevas evidencias que apuntan a que la chatarra terminó en las cocinas de los bumangueses.
Para entender cómo una lámpara puede convertirse en una cuchara, hay que reconstruir la trayectoria de los objetos. Durante los últimos 15 años, Bucaramanga ha modernizado paulatinamente su alumbrado público. Cada tanto, la administración pone lámparas nuevas y retira las viejas, incluso cuando todavía funcionan. El material reemplazado es almacenado en dos bodegas: una en el sector de La Hormiga y otra que en realidad es un colegio, el Villas de San Ignacio. Así, con los años, estos depósitos se llenaron de chatarra. Según la Contraloría, alojaban 27.000 luminarias, 760 postes, 430 reflectores y 10.000 brazos metálicos.
Las evidencias indican que el material estuvo allí hasta comienzos del año pasado. El informe de la Contraloría dice: “El sitio donde presuntamente se perdieron gran parte de bienes de la oficina de alumbrado público correspondió a la bodega Colegio San Ignacio, en el periodo comprendido entre el 1 de enero al 21 de marzo de 2024. En dicho periodo, al parecer no existió la prestación del servicio de vigilancia. Dentro de las bitácoras aportadas en este lapso de tiempo no hay trazabilidad alguna de quien vigilaba los bienes, tiempo que fue aprovechado presuntamente para extraer los bienes que se encontraban allí”.
De la otra bodega, la de La Hormiga, sí aparecieron las bitácoras que escribían los vigilantes. En los registros de abril y mayo de 2024 hay 50 anotaciones que describen la entrada de personas y vehículos que se llevaron la chatarra. En sus respuestas a la Contraloría, la alcaldía dijo que el material retirado era basura que había quedado del alumbrado navideño de la ciudad, que no tenía ningún valor y que debía desecharse por asuntos de salubridad. Pero las bitácoras reflejan una versión distinta.
En las primeras anotaciones, los vigilantes efectivamente señalaron que lo extraído en los vehículos sí era la basura navideña. De hecho, en uno de los registros aparece una aclaración de un guarda, quien indicó que las personas que llegaron a recoger el material, intentaron llevarse algunos tubos del alumbrado. El vigilante no lo permitió y les ordenó que lo devolvieran. Pero en los días posteriores a esa anotación, aparecen otros registros que describen el material extraído como lámparas, tubos y chatarra. Es decir, los restos del alumbrado que no se podían llevar.
En las bitácoras también quedaron escritos dos nombres claves en este caso. El primero es el de Edgardo Rodríguez, un contratista de la oficina de alumbrado público que aparece autorizando la entrada de las personas que se llevaron la chatarra. Es el mismo funcionario que le dijo a la Contraloría que dió el permiso tras recibir órdenes del círculo cercano al alcalde Beltrán.
En marzo pasado, Rodríguez le dio una entrevista a Jorge Caicedo, un periodista santandereano, en la que amplió los detalles de lo que le había contado al ente de control. Allí, dijo que era cercano a la familia del alcalde Beltrán porque hace más de 25 años había empezado a asistir a la iglesia cristiana fundada por el papá del mandatario. Luego, narró dos supuestas conversaciones que tuvo con Hernán Villamizar, quien hasta enero pasado era asesor del alcalde. En la primera, según Rodríguez, Villamizar le dijo: “necesitamos bendecir al hermano de Paula (la esposa del alcalde) pero no sabemos cómo”.
En la segunda conversación, según Rodríguez, Villamizar le pidió que autorizara el retiro de la chatarra. “Hernán me llama, me dice que autorice. Yo le digo: ‘perdón, Hernán, ¿eso es para el hermano de Paula?’ (…) Entonces, yo digo: ‘mínimo esta es la famosa bendición que va para el hermano de Paula’. Ahí es cuando yo le digo a Hernán Villamizar, y él me dice ‘sí’, él confirma. Entonces, él me dice: ‘te voy a pasar el número, él se va a comunicar contigo’”.
Según Rodríguez, después de que habló con el asesor del alcalde, Óscar Ramírez, cuñado del alcalde Beltrán, se comunicó por chat: “Entonces es cuando él me escribe ‘Edgardo, soy Óscar. Yo te voy a pasar el número del conductor, la placa, el número de cédula, para que sea esa la única persona que los guardas autoricen para retirar el material”. Rodríguez también aportó audios de una conversación en la que un hombre, supuestamente el cuñado del alcalde, habla sobre la extracción de la chatarra. La Fiscalía, que investiga el caso, tendrá que acreditar si la voz que allí se escucha es la del familiar del mandatario.
El otro nombre clave que aparece en las bitácoras de la bodega La Hormiga es el de Carlos Julio Fajardo, el hombre que entró en distintos vehículos, durante dos meses, para llevarse la chatarra. El informe de la Contraloría reseña su papel en la desaparición del material, pero no da pistas sobre su identidad. El concejal Carlos Parra, en conversación con VORÁGINE, explicó que Fajardo es un hombre dedicado al negocio de la compra y fundición de metales, y que su familia es dueña de la chatarrería JRK Mary.
De hecho, antes de llevarse la chatarra, el nombre de la empresa ya había estado vinculado a este proceso. En 2023, en el último año de la administración anterior, la alcaldía de Bucaramanga contrató un estudio para evaluar la chatarrización de las luminarias. En un informe entregado en diciembre de ese año, dos semanas antes de la posesión del alcalde Beltrán, el contratista dejó constancia de por qué sería provechoso que el municipio se deshiciera del material. El documento indica que era importante desocupar las bodegas por temas de salubridad, y que esa chatarra podría venderse para generar ganancias públicas.
Entonces, el contratista adjuntó las cotizaciones de varias chatarrerías que estaban interesadas en comprar el material. Entre esas aparece JRK Mary, la empresa de la familia de Fajardo, el hombre que finalmente se llevó la chatarra. Dicha chatarrería ofreció 2.500 pesos por cada kilo de aluminio y 1.000 por cada kilo de hierro. Según los cálculos del estudio, la chatarra se podría vender alrededor de 167 millones de pesos. A la administración no le terminó de convencer ese negocio, pues calculaba que si las vendía como luminarias de segunda mano obtendría ganancias mayores.
El concejal Parra indagó sobre la chatarrería JRK Mary y encontró que la persona que presentó la oferta de compra de las luminarias es la hija de Fajardo. El funcionario también visitó el lugar donde opera el negocio, y allí encontró un camión parqueado, cuyas placas coinciden con las de uno de los vehículos que entró a la bodega La Hormiga a llevarse la chatarra. Por último, explica Parra, estableció que el negocio de esa empresa es fundir metales para convertirlos en utensilios de cocina, que se venden luego en el mercado de las pulgas.
“Y se lo vendieron (a Fajardo), él compró eso, solo que no se lo vendió el municipio, se lo vendió el hermano de la esposa del alcalde, que dió las instrucciones para que él pudiera entrar a las bodegas (…) Ahí terminó la chatarra de los bumangueses, el aluminio, fundido, en el negocio particular de alguien que abusó de su relación con el poder”, dice Parra.
VORÁGINE buscó las explicaciones de la alcaldía de Bucaramanga a través de un asesor del despacho de Beltrán, pero no obtuvimos respuesta. El pasado 31 de julio, en el debate de control que se hizo en el Concejo, María del Rosario Torres, secretaria de infraestructura, aseguró que la administración actual nunca recibió el inventario del alumbrado público. “Se aclara que cualquier diferencia en cantidades o registros de inventario corresponde a situaciones heredadas de periodos anteriores, las cuales han sido debidamente puestas en conocimiento por esta administración ante las instancias correspondientes”, dijo la funcionaria. Agregó que la alcaldía ha respondido a todos los requerimientos que los entes de control le han hecho por este caso.
Otras evidencias que el concejal Parra aportó al caso son las fotos satelitales de las bodegas de alumbrado público. En una captura de febrero de 2024, los dos depósitos se ven llenos de materiales dispuestos en el suelo. En las fotos posteriores, de octubre del año pasado, las bodegas se ven vacías. Según el concejal, las imágenes prueban que la administración actual sí recibió la chatarra, y que se perdió durante su mandato.
En entrevistas a medios de comunicación locales, el abogado Rodrigo Parada, quien representa al alcalde Beltrán, ha dicho que lo que se llevaron de las bodegas durante esta administración fue la basura del alumbrado navideño de la ciudad, que no tenía ningún valor, y representaba riesgos a la salud pública. También ha dicho que Edgardo Rodríguez, el testigo que señala al asesor y al cuñado del alcalde, ha dado testimonios falsos con el fin de extorsionar al mandatario y obtener beneficios particulares.
Entretanto, hay discrepancias sobre el valor de las pérdidas públicas por la desaparición de los restos del alumbrado. Para la Contraloría, el daño al municipio se calcula en varios miles de millones. El ente tomó el valor de las luminarias como si estuvieran en funcionamiento, tras considerar que nunca se les dio de baja del inventario, ni se chatarrizaron ni se demostró que eran inservibles. Si se toman como chatarra, su valor sería mucho menor, tasado en cientos de millones. También existía la posibilidad de que el municipio las vendiera por valores intermedios, como luces de segunda mano. Al final, todas esas opciones de obtener ganancias para las arcas municipales se desvanecieron.
Si tiene más información de este u otros temas escriba al mail: jaime.florez@voragine.co