Como por obra de un milagro, el religioso recibió de regalo un apartamento enorme, propiedad de tres hermanos ancianos, dos de ellos enfermos de Alzheimer. La justicia les ha ordenado a las únicas herederas naturales del inmueble que busquen a dónde irse. Esta es la historia de una disputa legal, hasta ahora sin cura.
27 de febrero de 2022
Por: José Alejandro Castaño, Juan Pablo Barrientos, Luis Bonza / Ilustración: Camila Santafé
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El 24 de abril del 2018, el sacerdote José Wilmar Sánchez Duque, entonces rector de la Universidad Católica Luis Amigó de Medellín, instauró una demanda en contra de dos mujeres que ocupaban un apartamento a su nombre en el edificio El Bosque, en el barrio Boston, del centro de Medellín. A través de su abogado, el religioso les exigió a María Teresa Toro Isaza y a su mamá, Teresa de Jesús Isaza, que desocuparan la propiedad en la que ambas vivían, a pesar de que María Teresa es la heredera natural del inmueble, luego del fallecimiento de los tres hermanos que fungían como propietarios. Ellos eran Oscar Ariel, Sofía Celina y Regina del Rosario, los hijos menores y solteros del matrimonio Toro Monsalve, que recibieron como herencia de sus padres una casa solariega en la parte baja y más cotizada de las lomas del centro oriente de Medellín.

Fue allí, años después, sobre el amplio terreno de la vivienda con solar y techo a dos aguas, que se construyó el edificio El Bosque. Por derecho propio, los tres hermanos propietarios ocuparon el apartamento del primer piso, de ocho habitaciones, parqueadero y cuarto útil, una inmensidad impensable en los proyectos urbanísticos actuales. 

La pretensión del sacerdote sobre ese inmueble que reclama como suyo está plagada de un rosario de dudas. Todo comenzó diez años atrás, entre el 10 y el 12 de julio de 2012. En esos días, cada uno de los tres hermanos Toro Monsalve entregó un testamento sellado en la Notaría 11 del Circuito de Medellín. En ellos quedaba por escrito su voluntad sobre la propiedad que compartían por partes iguales: que cada uno, al morir, heredaría sus derechos patrimoniales a los hermanos sobrevivientes. Así fue, hasta que la última de ellos, Regina del Rosario, legó sus derechos totales al entonces rector de la Universidad Luis Amigó, el sacerdote José Wilmar Sánchez Duque, sin ningún lazo de consanguinidad con la familia.

Se trata de un personaje conocido en los círculos del poder burocrático de Medellín, alguien a quien es mejor no disgustar y menos querellar. En enero de 2020, Sánchez Duque fue nombrado Subsecretario de Prestación del Servicio Educativo y presidente del consejo directivo de la Universidad Pascual Bravo por orden de Daniel Quintero Calle, alcalde de la ciudad. Al parecer, esos nombramientos eran un pago de contado por el respaldo electoral que recibió de la Luis Amigó, donde su hermano, Miguel Quintero Calle, egresado de la facultad de derecho, dispuso un centro de caza de votos entre estudiantes y docentes en la campaña electoral que le permitió derrotar, contra todo pronóstico, al candidato del uribismo, a quien se daba por seguro ganador. 

El sacerdote estuvo en esos cargos hasta el 2 de junio del 2021, cuando fue nombrado director de la Unidad Administrativa Especial Buen Comienzo, el programa para la primera infancia de la Alcaldía de Medellín que pocas semanas después fue salpicado por las denuncias de abuso sexual contra al menos veinte niños en un hogar infantil del barrio Santa Cruz, en la Comuna 2 de Medellín. Su paso por la administración municipal como cuota burocrática de Daniel Quintero terminó en agosto de 2021, marcado por el proceso judicial que el sacerdote cargaba como una cruz: la herencia sorpresiva de aquel apartamento en el barrio Boston.

  Tras el fallecimiento de Regina del Rosario en abril de 2017, el religioso apresuró los trámites notariales para reclamar la propiedad. Las escrituras por las que finalmente adquirió los bienes son de agosto de ese año, pero cuando intentó ocuparlos se encontró con que en el apartamento heredado vivían María Teresa Toro Izasa, sobrina de los Toro Monsalve, y su mamá, Teresa de Jesús Izasa. A través de su abogado, Sánchez Duque presentó una querella de lanzamiento con el argumento de que las dos mujeres habían ingresado a su propiedad “valiéndose de la calidad de parientes y arrimadas” y que, después de la muerte de sus familiares, se habían quedado usurpando lo que no les pertenecía. La pretensión del sacerdote era que, además de desocupar el inmueble, madre e hija le pagaran los meses de arriendo en que habían vivido allí.

 De acusador a acusado

Después de mucho pensar y de rezar, María Teresa y su mamá decidieron demandar al sacerdote, convencidas del derecho que las asiste como habitantes y herederas naturales del apartamento. En su demanda puede leerse: “Este es el caso en el cual una persona, abusando de su jerarquía religiosa, presentándose como pastor de la Iglesia católica, conmina y engaña a una persona de la tercera edad para que le deje la totalidad de sus bienes”. Un caso por lo demás reiterado y documentado tantas veces que la Justicia debió precisar restricciones sobre la relación de los sacerdotes con ancianos y familias herederas de propiedades y fortunas. 

María Teresa Toro Isaza es hija de Teresa y Humberto, uno de los diez hermanos Toro Monsalve. En 2013, Humberto se enfermó y María Teresa, hija única, tuvo que dejar de trabajar para cuidarlo. Los tratamientos de su enfermedad eran costosos y los ingresos de la familia eran mínimos. Sofia Celina, su tía, les ofreció vivir juntos en el apartamento del Edificio El Bosque, al fin de cuentas ellos y nadie más eran los últimos parientes de la familia. Esa propuesta era salomónica: de un lado buscaba aliviar la situación de pobreza de su hermano Humberto y del otro extender los cuidados de su hija María Teresa a Regina y Oscar, entonces de 80 y 77 años, ambos solos en la inmensidad de aquel apartamento ocupado de recuerdos y de espacio sin oficio, de muebles sin uso. 

Regina, además de una decrepitud física que le imponía dolores y debilidad, tenía un diagnóstico de demencia vascular tipo alzheimer que la fue devorando con rapidez, por eso olvidaba con frecuencia el orden de los días y de los objetos, el nombre de los rostros que le sonreían y la saludaban. Un certificado médico del 2017 la diagnosticó como: “paciente con historia clínica de siete años de evolución (desde 2012) con quejas de la memoria, alteración y deterioro cognitivo con impacto funcional”. Su hermano Oscar Ariel sufría el mismo mal de olvido. Su diagnóstico médico es del 2 de junio de 2012.

Cuando María Teresa se fue a vivir al apartamento con sus padres y sus dos tíos no sabía que el apartamento que compartían ya tenía un nuevo propietario, un sacerdote que podía reclamarlo sin tardanza, en un santiamén. Los testamentos que entregaron los hermanos Toro Monsalve en julio del 2012 incluían documentos médicos que los certificaban como personas “en pleno uso de sus facultades mentales”, a pesar de los diagnósticos de su desmemoria comprobada. Esos certificados fueron firmados por Humberto Gallego Gil, médico egresado de la Universidad de Antioquia y empleado de la Universidad Luis Amigó, de la que era entonces rector José Wilmar Sánchez Duque. El rosario de dudas suma más cuentas:

Cinco personas firmaron como testigos el documento que oficializó la entrega de los testamentos en la Notaría 11, entre ellas, otros dos empleados de la Universidad Luis Amigó. Uno de los testigos firmantes fue Silvio de Jesús Londoño Osorio, conductor de Sofia Celina y de la familia Toro Monsalve durante cuarenta años, entre 1975 y 2015. Él, Silvio de Jesús, es uno de los testigos en el proceso por la disputa del apartamento del Edificio El Bosque. Según le explicó a Vorágine, fue él quien llevó a los hermanos a realizar ese trámite y, estando en la notaría, su empleadora Sofia Celina le pidió que firmara un documento sin darle mayor información. Silvio de Jesús insiste en que lo hizo sin leer.

Sobre el estado de salud de los hermanos, el antiguo conductor de la familia admite que Regina ya evidenciaba problemas graves de memoria y que, incluso, a veces se mostraba agresiva, una conducta típica desencadenada por el desconcierto de quienes no terminan de entender las circunstancias a su alrededor. Esa misma versión puede leerse en una declaración firmada por María Edelmira Rincón Ceferino, empleada de servicio doméstico de los Toro Monsalve durante 48 años. La mujer dice que conocía el diagnóstico de Regina y de su hermano Oscar Ariel y que fue testigo de cómo ambos “en medio de sus estados de demencia quebraban, dañaban, extraviaban y regalaban los objetos contenidos en la morada”.

María Teresa sustenta la defensa de sus derechos en esa incapacidad mental de los hermanos. Ella asegura que el exrector de la universidad Luis Amigó, entre avemarías y padrenuestros, se aprovechó de la condición de desmemoria de Regina del Rosario y de Oscar Ariel para quedarse con la propiedad. 

La audiencia para decidir la disputa por el apartamento de los Toro Monsalve se realizó en Medellín el 26 de octubre del 2018. En la diligencia, el sacerdote reconoció que sí sabía de las enfermedades físicas que padecían los hermanos, sin embargo, cuando le preguntaron por el diagnóstico mental de Regina, dijo que la recordaba como una persona “cuerda, con plena lucidez mental, que estaba ubicada en espacio y tiempo”.

Una cercanía terrenal

María Teresa Toro recuerda a su tía Sofia Celina como una persona entregada al trabajo, que no descansó ni después de pensionarse. La fecha de su último contrato fue el día en que falleció, a los 78 años, en julio de 2015. Ella trabajaba como asistente de Extensión y Bienestar Estudiantil de la Universidad Católica Luis Amigó. Allí laboró 25 años y coincidió con el sacerdote José Wilmar Sánchez Duque. La sobrina y Silvio de Jesús, el conductor de la familia, recuerdan que Sofía Celina temió perder su trabajo cuando nombraron al sacerdote José Wilmar Sánchez Duque rector de la universidad. Ambos dicen que ella, temerosa de verse de pronto cesante, le enviaba presentes a su oficina: tortas, regalos, detalles pequeños y grandes. Lo llamaba “mi preciosito” y lo hizo cercano a su familia.

Según María Teresa, el sacerdote “urdió una serie de patrañas para engañar a la causante, con el fin de que ella accediera a entregarle sus bienes y, de contera, le ayudara para que sus hermanos le entregaran también su parte del apartamento”. Para la sobrina, el entonces rector actuó como un pícaro, como un ladronzuelo. 

Él se defiende y dice que su relación con Sofía Celina era un “acercamiento desde la amistad, desde el cariño que indudablemente se fue gestando”. En el proceso jurídico admitió que fue gracias a ella, a la mediación de María Teresa, que pudo “acompañar ciertos momentos de la vida de la familia”. El sacerdote insiste en que Sofía Celina no se confabuló con él para engañar a sus hermanos.

El exrector le dijo a Vorágine que la asistente de Extensión y Bienestar Estudiantil no propició su amistad ni la de su familia como una estratagema para conservar el trabajo. “Decir eso es una calumnia contra su capacidad física y mental”. Según Sánchez Duque, Sofía Celina era una persona independiente y capaz. “No hubo nunca manipulación, ni de ella hacia mí para comprarme con detalles, ni siquiera con ese testamento para que no la sacara de la universidad, eso jamás sucedió”, dice el sacerdote en tono de prédica.

Según él, la única razón por la que Sofia Celina le quiso heredar su apartamento y el de sus hermanos desmemoriados fue su sola generosidad, sin más. Y como un gesto de gratitud con ella, el sacerdote propuso una beca de apoyo estudiantil con su bendito nombre. En efecto, mediante resolución rectoral de noviembre de 2015, Sánchez Duque creó la Beca Solidaria Sofia Celina Toro Monsalve, que contempla la exención de los pagos de pregrado de un único estudiante, al que además se le otorga un salario mínimo mensual por el tiempo de su formación. 

María Teresa insiste que el exrector no puede reclamar el apartamento de sus tíos, precisamente, por lo cerca que estuvo de ellos. La demandada afirma, así ha quedado escrito en los documentos del expediente, que el sacerdote era quien confesaba a los hermanos y que eso lo inhabilita para recibir la herencia. El artículo 1022 del Código Civil, la biblia en estos casos, reza lo siguiente: “por testamento otorgado en la última enfermedad no puede recibir herencia o legado alguno (…) el eclesiástico que hubiere confesado al testador en la misma enfermedad”. José Wilmar Sánchez Duque asegura que él jamás escuchó en confesión a Regina ni a sus hermanos, y explica que él no confiesa a sus empleados ni a su familiares. Sin embargo, el sacerdote sí reconoce que celebró eucaristías en el enorme apartamento de los Toro Monsalve y que les dio la comunión.

Dios o el diablo

La decisión del Juez Décimo Civil del Circuito de Oralidad de Medellín favoreció al exrector de la universidad Luis Amigó y le ordenó a María Teresa Toro y a su mamá la restitución del inmueble en favor del sacerdote; además, le impuso el pago en penitencia de un millón de pesos por concepto de los arrendamientos mensuales contados desde el 17 de agosto de 2018 y hasta cuando ellas se muden. María Teresa se declaró atea de esa decisión y la apeló. Y no sólo eso:  presentó una demanda para que fueran anulados los testamentos que firmaron sus tíos. Su intención es que ella y su madre sean reconocidas como herederas naturales de la propiedad. En ese nuevo proceso, la sobrina adjuntó pruebas en contra de Sánchez Duque.

Una de ellas es un intercambio de correos electrónicos entre el sacerdote y Sofía Celina, que según María Teresa fue encontrado impreso en un cajón de la casa. De acuerdo con el documento, el entonces rector y jefe de su tía sí conocía el diagnóstico de Alzheimer de los hermanos Oscar y Regina. En ese supuesto intercambio de correos se habla de una compraventa que el sacerdote pretendía hacerles firmar a los hermanos antes de que fallecieran. Ese intercambio de mensajes habría ocurrido dos meses antes de que Oscar, Regina y Sofía Celina diligenciaran sus testamentos sellados en la Notaría 11 del Circuito de Medellín. 

José Wilmar Sánchez Duque respondió a la demanda de María Teresa y controvirtió sus pruebas. Según él, los certificados médicos que respaldan los diagnósticos de Oscar Ariel y Regina del Rosario carecen de validez porque fueron expedidos por Lina María Agudelo Baena, médica ahijada de Regina y amiga de la sobrina. Al parecer, la cercanía por subordinación y parentesco de los testigos que validan las versiones del sacerdote, por el contrario invalidan las versiones de los testigos de la sobrina y la hermana reclamantes. El exrector insiste en su tesis y dice que la clínica que certificó el estado de salud de Regina no pudo verificar que la señora hubiera sido paciente de esa institución.

Sobre el intercambio de correos, el sacerdote asegura que es falso por una razón: “Sofia Celina era una persona mayor que no sabía encender un computador”, y supuestamente era una compañera de la Luis Amigó quien le ayudaba a administrar su correo institucional. Para probar que ese intercambio de mensajes nunca ocurrió, el sacerdote solicitó a la universidad, cuando aún era rector, que certificara si hubo cruce de correos entre él y Sofía Celina en las fechas y en las horas señalados por la sobrina. La respuesta de esa institución fue negativa y lo certificó en un documento expedido el 21 de junio de 2019. 

El sacerdote espera que María Teresa se retracte sobre la validez de esos correos y a cambio propone una conciliación con ella y la madre para darles su absolución y no acusarlas por fraude procesal.

El 28 de abril de 2021, en la sentencia de segunda instancia, el Tribunal Superior de Medellín ratificó la primera providencia en contra de María Teresa Toro y su mamá. La decisión dice que el demandante, José Wilmar Sánchez, acreditó su calidad de dueño del apartamento con suficiencia. 

La sobrina y la madre, que permanece postrada y sin movilidad, aún viven en el apartamento que fue de su familia, en la parte baja y más cotizada de las lomas del centro oriente de Medellín. Ellas se quejan con amargura, pero no pierden la fe. Dicen que rezan todos los días para que sus súplicas lleguen a Dios, el rector de los cielos.

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