“Qué culos te importa si a Postobón le meten una multa”: denuncian humillaciones y despidos ilegales en la compañía
2 de agosto de 2026
El pasado 15 de mayo, alrededor de cien empleados de Postobón fueron citados en cuatro auditorios repartidos por Bogotá sin que ninguno de ellos supiera el objetivo real de las reuniones. Todos ellos compartían una característica: sufren de distintas enfermedades y dolencias graves, físicas y mentales, que habían derivado en restricciones médicas para las labores que podían prestar en la compañía. Una vez reunidos, los empleados se enteraron de que la empresa había decidido terminar sus contratos. Este proceso estuvo plagado de atropellos, presiones indebidas, amenazas y tratos humillantes, según evidencias recogidas por VORÁGINE que incluyen testimonios directos y grabaciones que algunos trabajadores hicieron de las reuniones.
En los audios, por ejemplo, se escucha a uno de los abogados de la compañía lanzando los siguientes comentarios: “Acá hay dos formas, a las buenas y a las malas”; “a ti qué culos te importa si a Postobón le meten una multa por esto”; “yo no quisiera que tomaras una decisión de la que te vas a arrepentir”; “si tú demandas a una empresa, nadie te contrata, eso sí lo tengo clarísimo”.
La denuncia de las irregularidades ya está en conocimiento del Ministerio del Trabajo que, de hecho, adelantó recientemente una inspección en Postobón y está investigando los posibles atropellos a los que fueron sometidos los trabajadores. La compañía, por su parte, le dijo a VORÁGINE que los contratos se terminaron de forma voluntaria y “sin perjuicio de los derechos” de los involucrados. Pero las evidencias recogidas por este medio contradicen la defensa de la empresa.
Entre los testimonios que apuntan a los maltratos y las amenazas, el caso de Selena Zafra es uno de los más graves. La mujer grabó los atropellos a los que fue sometida. Ese día, Selena llegó temprano al hotel Dann Carlton, donde había sido citada de manera “obligatoria”. Al entrar al auditorio se dio cuenta de que las sillas estaban marcadas con su nombre y los de más de 20 compañeros suyos. Ella, que tiene 45 años y llevaba once en la compañía, rápidamente reconoció que se trataba de empleados con algún tipo de enfermedad o restricción médica, muchas de estas, como en su caso, adquiridas durante los años de trabajo en Postobón.
Según su relato, sus problemas de salud se desencadenaron en 2017, cuando se cayó de un camión de la empresa. El golpe en la cabeza le causó un trauma craneoencefálico, según su historia clínica, y pronto empezó a sufrir de pérdida de la memoria, a sentirse desubicada e incluso a padecer de incontinencia urinaria. Con el tiempo, a sus dolencias se han sumado una hernia en la columna, ansiedad, depresión y psoriasis, dice ella, por el estrés causado en el trabajo.
Presionada hasta la desesperación
La primera en intervenir en el hotel Dann Carlton, a donde llegó Selena Zafra, fue una empleada de gestión humana de Postobón. Ella les dijo a los reunidos que la empresa estaba pasando por un momento difícil y que todos estaban allí para contribuir. Después, al auditorio entró un hombre sin brazos que dio una charla motivacional en la que se ponía como ejemplo de superación, pues había logrado ser campeón de ciclismo pese a que le faltan las extremidades.
Los empleados seguían confundidos sobre el motivo de la reunión, hasta que los empezaron a llevar, uno a uno, a una oficina contigua donde quedó claro que los desvincularían de sus trabajos. Cuando le tocó el turno, Selena Zafra empezó a grabar. Los audios registraron 45 minutos de la reunión entre la mujer y un abogado de Postobón que la presionó constantemente para que firmara el acuerdo de terminación del contrato. Allí queda claro que el empleado la intimida, la amenaza, y que no se detiene pese al desespero y la confusión emocional y mental que Selena le manifiesta continuamente.
Según el registro de la conversación, el abogado empezó reconociendo que las terminaciones de los contratos estaban enfocadas en los empleados con problemas de salud: “Por las razones que sean – y las razones son objetivas, hay mediciones, el negocio está muy duro- un fragmento de esto terminó. Desafortunadamente esto implica que algunas personas van a ser retiradas de la compañía, y van a ser retiradas porque sí o porque no. Y aquí hay dos formas: a las buenas y a las malas. Yo soy abogado y con un equipo analizamos cada uno de los casos de salud, como el tuyo (…) Yo sé que tú tienes unas patologías, tengo una hoja que dice qué tienes. Sé que son complejas, pero ninguna de ellas implica una barrera significativa para poderte emplear”.
El abogado le explicó a Selena que la empresa le ofrecía una indemnización de 50 millones de pesos. La mujer se mostró inconforme con esa suma y le pidió un acuerdo “respetuoso” y acorde a sus once años de trabajo y a su estado de salud. El abogado, según se escucha en los audios, le contestó: “Esta es la decisión de la compañía y te voy a decir algo: aquí no hay margen de negociación (…) Si tú no aceptas, yo tengo esta carta de una página donde dice más o menos lo siguiente: que desaparecen las causas que dan origen a tu vínculo laboral y que por ende hoy termina tu contrato con pago de seguridad social al día y pago de acreencias laborales”. En ese punto comenzaron las amenazas. El hombre le decía que si no aceptaba la propuesta, se iría sin nada.
El abogado usó una estrategia recurrente: le planteaba escenarios hipotéticos a Selena y le decía que, en cualquiera de esos, ella tenía la de perder. “Te voy a decir lo que va a pasar: puedes durar tres años peleando en un juzgado laboral y lo que va a pasar es que ese juez, si te da la razón, que tú le ganes a Postobón. Y puedes pelear tu indemnización legal, que es mucho más chiquita que esto. Y tú puedes reclamar tu tema de salud ante un juez laboral, ante un juez de tutela, y sabes qué va a pasar, que te la van a negar por improcedencia. Te la juegas, dale, es tu decisión, tranquila. Si tú estás en ese plan me notificas, yo te notifico, me firmas acá un recibido y te vas. Presentas tu acción, tu demanda, y te digo con sinceridad: no creo que te la vayas a ganar”.
Los audios registran que, en medio de la insistencia para que firmara el documento, Selena le pidió tiempo al abogado para salir de la oficina y hablar con su familia. Pero el hombre se lo impidió. Selena, desesperada, le dijo: “Necesito respirar, necesito llamar a mi familia, tengo que hacerlo afuera. Yo acá no me estoy sintiendo cómoda, tengo derecho a salir. Dame media hora para tomar una decisión”. El abogado le contestó cortante: “No puedo. Me da mucha pena pero si te vas…”. Selena, al borde del llanto, insistió: “Tú sabes que esto es coacción. Esto es como cuando a ti te sientan y te dicen: o firma o firma y tiene cinco minutos. Yo soy un ser humano. Necesito pensar”.
El abogado le contestó: “Tú no te puedes salir. Obviamente nadie te va a retener, pero si te vas a mí me van a poner a notificarte el plan B”. El abogado se refería a que si Selena abandonaba la oficina, perdería la liquidación. Entonces, la mujer, cada vez más angustiada, le rogó: “¿Pero cuál es el problema de que salga al frente del hotel y me fume un cigarrillo?¿Me quieres ver? Ponme cámaras, te dejo mi maleta, lo que sea. Déjame salir a fumarme un cigarrillo, necesito respirar”. Y empezó a llorar: “No es fácil, tengo tres niñas que me necesitan”, le dijo refiriéndose a las tres nietas que tiene a su cuidado.
Finalmente, el hombre le impidió salir de la oficina: “Hagamos una cosa: tú te quedas acá y yo te dejo el tiempo que tú quieras”. La conversación continuó y se volvió cada vez más angustiosa para la mujer. El abogado le dijo que si ella reclamaba ante un juez o ante el Ministerio del Trabajo no iba a conseguir nada. Incluso subió el tono de sus palabras: “A ti qué culos te importa si a Postobón le meten una multa por esto. Esa satisfacción qué. (…) Tú no ganas nada porque jodan a Postobón”, le dijo.
Tras más de media hora de conversación, el abogado aumentó la presión: “Selena, yo no tengo más tiempo. Yo no quisiera que tomaras una decisión de la que te vas a arrepentir, siento que eso sería tenaz. Pero uno tiene en la vida el derecho a tomar sus decisiones. Ya te dije de mi experiencia. Yo llevo siete años en esto y no he visto el primero de estos planes de una condena. Si tú crees que vas a ser la primera, bacano, inténtalo. Pero cuando te quedes sin el pan y sin el queso, eso es un mierdero”.
El abogado también insinuó a Selena que si no aceptaba la negociación, no conseguiría trabajo en otro lugar. “En este escenario en el que estamos consigues trabajo rápido con la carta de recomendación, no demandando a la empresa. Si tú demandas a una empresa, nadie te contrata, eso sí lo tengo clarísimo”.
Selena intentó explicarle al abogado que no podía aceptar ese acuerdo porque no podía dejar a sus nietas sin nada. Entonces, la mujer se quebró emocionalmente y cayó en un llanto afectado que duró más de 10 minutos. “Yo me voy ya, ya no quiero saber más de esto”, dijo. Pero el abogado no se detuvo ante la evidente conmoción de Selena y le volvió a insistir: “Esto lo terminamos en dos minutos y yo te dejo libre. Esto es hacerle una embarrada a tus nietas. Si te quieres ir, tranquila, pero esto es hacerle una embarrada a tus nietas. Por favor, Selena, firma los documentos y vete tranquila. Coge esa plata y sigue adelante”. Selena, desesperada, le contestó: “Pero cómo adelante si tengo una sentencia de muerte encima mío (dijo refiriéndose a una enfermedad del hígado que, ella cree, puede terminar en un diagnóstico de cáncer). Lo único que estoy pidiendo es que me dejen asegurar a mis niñas con una casa, yo no pido nada más. A mí no me importa morirme”.
Finalmente, en medio de un evidente estado de alteración emocional y mental, Selena firmó los documentos. Al fin pudo salir de la oficina y se fue al baño: “En ese momento mi pensamiento era voy a dejar de existir. Yo pago una póliza, sé que si me mato las niñas van a quedar aseguradas. Me metí al baño y empecé a mirar la manera, me subí al lavamanos y una señora salió de uno de los cubículos del baño y me agarró y me tranquilizó y me controló. (…) O sea, no sé ni siquiera cómo salí de ahí. Jugaron con mi cabeza ese día”, cuenta la mujer.
Otros testimonios sobre los despidos del pasado 15 de mayo señalan presiones similares a las que padeció Selena Zafra. Luisa Garrido fue una de las más de 20 personas citadas al hotel Cosmos. Allí, cuenta, también los recibieron con una charla motivacional de una persona en condición de discapacidad, y luego comenzaron los despidos. “Empecé a llorar, a llorar, a llorar. Lo único que quería era irme. En ese momento llegó otra señora y me sentí como si estuviera secuestrada. Se me hizo al lado, yo no podía casi ni moverme. Lo que hizo fue decirme: ‘Firme ¿Por qué no firma? O se quiere ir sin nada. Firme. Acuérdese que usted tiene tres hijos’. Jugaron con la información de nosotros. Decía ‘O prefiere irse sin nada. Usted no tiene casa. Firme o se va a ir sin nada’. Yo entré en shock, se me activó mi tema de ansiedad”.
Luisa cuenta que salió muy afectada del hotel y esperó a que su esposo la recogiera. Mientras tanto, no podía parar de llorar y temblar. Al llegar, su pareja la vio tan mal que la llevó a la clínica Los Nogales, cerca del lugar, y allí la dejaron hospitalizada. “Me dejaron ingresada porque me tomaron la temperatura y yo tenía 40 de fiebre. Fue la reacción de mi cuerpo. Y cuando me vio la doctora que me hospitalizó, ella se dio cuenta de que yo estaba en un ataque de ansiedad bravo”. Luisa cuenta que le dolía el pecho, le costaba respirar, y terminó remitida a psiquiatría.
A Diana Romero, por su parte, la citaron en el hotel Hilton, donde se repitieron escenas similares. La llevaron a una oficina y dos hombres le mostraron los documentos para que firmara. “Decían que esa era la decisión que había tomado la compañía y que sí o sí debía firmar. Cada vez se iban poniendo más de mal genio, y yo les pedí que me dejaran salir a tomarme en un vaso de agua, algo para calmarme. Ellos dijeron que yo no podía salir de esa oficina hasta que no firmara. Y en un momento, fueron como 5 minutos, ellos dos salieron, y yo fui a abrir la puerta y no me abría. Ellos me la habían dejado con seguro, no abría. No me dejaron salir”.
Diana cuenta que la presionaron durante más de una hora para que firmara. “Lo único que me explicaron del documento es que era una muy buena oportunidad y que debíamos darle las gracias a la empresa por la indemnización que nos estaban dando. No les quise firmar y me presionaban: que si usted no firma acá se va a ir sin nada, no le van a dar nada y va a ser peor”.
Presiones y presuntos procedimientos irregulares
La abogada Paola Yepes, quien representa a casi la mitad de los más de cien empleados que Postobón desvinculó el pasado 15 de mayo, dice que esos procedimientos fueron “despidos ilegales”. Y explica: “Todos los empleados tenían una condición de salud o restricciones de salud reconocidas. La ley dice que ni siquiera existiendo una justa causa se puede despedir a una persona que tenga fuero laboral, que genera una estabilidad reforzada. Cuando ocurre el despido de una persona que tiene un fuero de salud tiene que haber una autorización del Ministerio de Trabajo, y en este caso no la hubo”.
La mayoría de empleados despedidos el 15 de mayo pasado se desempeñaron durante años como “vendedores en calle” de Postobón. Su trabajo consistía en desplazarse varios kilómetros diarios, visitando decenas de almacenes, tiendas, supermercados. En esos trayectos tenían que cargar maletas pesadas con publicidad o muestras de productos. También tenían que surtir y acomodar las neveras y vitrinas con los productos, alzando botellones y otros elementos pesados. El relato se repite: esos esfuerzos físicos les causaron problemas en la columna, en las piernas, en las rodillas. Pero también hay decenas de casos de padecimientos psicológicos, ansiedad y depresión, que los empleados atribuyen al estrés y a la fuerte presión laboral.
Para la abogada Yepes, Postobón no solo se equivocó al sacar de su nómina a empleados enfermos sin seguir los procedimientos de ley. Dice que la forma en que fueron despedidos violó totalmente el derecho de decidir libremente. “Lo que a mí me parece claro es que forzaron a los trabajadores a firmar los los acuerdos usando información privilegiada. Eso hablando solo de la voluntad, pero no fue solo eso. Los encerraron, les coartaron su libertad no sólo de discernir, de pensar para tomar una decisión, sino también incluso de locomoción. No podían irse, no podían salir, fueron encerrados, acorralados por los abogados”.
Hace un mes, decenas de empleados denunciaron lo que consideran como despidos ilegales ante el Ministerio del Trabajo. Sandra Muñoz, viceministra de Relaciones Laborales, le contó a VORÁGINE que la cartera ya está investigando el caso y que las denuncias dejan ver varias presuntas irregularidades cometidas por Postobón.
“Aún hablando de terminaciones voluntarias o de acuerdo voluntario, los trabajadores no pueden tener ningún tipo de presión. Que los citen a un hotel ya es un tipo de presión. Y que los hayan llamado antes para caracterizarlos es una falta la transparencia y falta al procedimiento. Los trabajadores tienen que tener el tiempo suficiente para irse con la información, saber por qué les están proponiendo lo que les proponen. Pueden negarse a los acuerdos voluntarios, pueden pedir la asesoría de abogados externos. Y no pueden tener ningún tipo de presión en cuestión de tiempos, como cuando les dicen: ‘firmen ya o no hay nada’, dijo la alta funcionaria.
Según la viceministra, para terminar los contratos de las personas enfermas, la empresa debía pedirle autorización al ministerio que, a su vez, debía analizar cada caso. “No quiero adelantarme a dar una decisión, pero para nosotros hay indicios de que hay una anomalía porque todos son trabajadores con algún tipo de estabilidad (los problemas de salud) y eso configura claramente una discriminación. Claramente hay una intención, porque no hay otro tipo de trabajadores. Todos los trabajadores que hicieron parte de de este relato que te estoy contando son trabajadores que tienen algún tipo de estabilidad”.
La viceministra Muñoz asegura que los acuerdos que las empresas presentan como voluntarios, pese a que coaccionan a los empleados, suceden con regularidad. “Las empresas no pueden abusar de la figura legal de la terminación de acuerdos voluntarios para liberarse de las estabilidades laborales reforzadas. En el sentido de no solicitar los permisos o de usarlos como un factor de discriminación para dejar en sus plantas solamente las personas que, entre comillas, se cree que son más productivas que otras”, advirtió la funcionaria.
VORÁGINE contactó al área de comunicaciones de Postobón, que no contestó las preguntas puntuales que les hicimos. La empresa se limitó a decir: “Postobón no tiene declaraciones sobre los señalamientos particulares planteados y la compañía reitera que sus procesos de gestión de personal se desarrollan dentro del marco de la legislación laboral colombiana vigente. Cuando se llega a un acuerdo de terminación de contrato, este se suscribe de forma voluntaria entre las partes y sin perjuicio de los derechos de la persona involucrada. Por último, Postobón, como corresponde, y en caso de presentarse, siempre atenderá y gestionará cualquier requerimiento de las autoridades competentes”.
Si tiene más información sobre este u otros temas para investigar, escriba al correo [email protected]