Jamming Festival: habla exsocia del fracasado evento musical

Paola Moreno es la exesposa y exsocia de Alejandro Casallas, empresario del evento. Vorágine revela las explicaciones que Buena Vibra Eventos ha dado en la SIC y el testimonio de un extrabajador de la empresa que cuenta detalles de lo que podría ser un engaño con la promoción de boletas.

6 de junio de 2022

Por Andrés Felipe Carmona Barrero
Ilustración: Camila Santafé

Buena Vibra Eventos EU recaudó en boletería del cancelado Jamming Festival $12.855 millones, representados en 71.000 boletas ofrecidas de forma individual y en combos de dos y tres días de evento. Así lo demuestra un documento obtenido por Vorágine y que fue expedido por el Portal Único Ley de Espectáculos Públicos de las Artes Escénicas (PULEP) para que la Alcaldía de Ibagué expidiera los permisos del festival.

Se trata de un listado de seis páginas, en poder también de la Fiscalía, que contiene la información reportada por la empresa ante dicha entidad indicando día de evento, aforo, valor de cada boleta y el total de entradas habilitadas en cada etapa de venta. Sin embargo, este documento no refleja lo notificado por Alejandro Casallas, organizador del festival, en los trámites que adelantó ante Espacio Público de Ibagué para el sellamiento de tiquetes.

El representante legal de Buena Vibra Eventos EU el 1 de febrero notificó la venta de 130.000 entradas por un valor de $16.900 millones, pero cuatro días antes del evento, el 15 de marzo pasado, la cifra informada era de 55.000 tiquetes vendidos por un precio total de $5.500 millones.  

En documento del 16 de marzo pasado, dos días antes de la cancelación, el propio Alejandro Casallas Rodríguez le indicó a Juan Diego Prada Marmolejo, director de Espacio Público de Ibagué, que el reporte de boletería presentado (55.000 entradas) correspondía a las entradas “realmente vendidas hasta la fecha de suscripción de dicha comunicación, motivo por el cual informamos a su despacho que no estamos obligados al pago de la contribución parafiscal señalada en la precitada ley (Ley 1493 de 2011)”, desconociendo así el reporte oficial ante el Ministerio de Cultura donde la empresa reportó 71.000 boletas. Descarga aquí la documentación del sellamiento de boletería ante la Alcaldía de Ibagué. 

Luego de conocerse la noticia del fracaso del evento musical mucho es lo que se ha rumorado sobre lo sucedido, más allá de lo evidenciado por este medio hace unas semanas en otro artículo relacionado con las finanzas en rojo que tenía la empresa Buena Vibra Eventos EU cuando promocionaba el festival. No obstante, hay una persona que en algún momento tuvo que ver con el evento y que no había hablado hasta ahora.

Se trata de Johanna Paola Moreno Cobos, de 43 años, cofundadora del Jamming Festival junto a Alejandro Casallas Rodríguez, actualmente desaparecido de la escena pública tras no realizar el megaevento que iba a ser de tres días en Playa Hawai, en el kilómetro 22 de la vía Ibagué-Espinal, en el Tolima, entre el 19 y 21 de marzo pasado.

Moreno Cobos habla por primera vez ante un medio de comunicación para dar su opinión sobre lo sucedido y contar también los orígenes del festival, algunos rasgos del proyecto empresarial que construyó junto a Casallas Rodríguez y cómo era la vida de negocios junto a él. 

Ellos dos -él odontólogo y ella diseñadora gráfica- tienen un hijo de once años y sostuvieron una relación sentimental que terminó en 2016, y una sociedad comercial que llegó a su fin hace un par de años. La empresa organizadora del Jamming Festival 2022, como lo reveló Vorágine el 2 de mayo pasado, no tenía dinero suficiente en sus estados contables para sacar adelante el megaevento que fue cancelado por Casallas Rodríguez horas antes de su inicio, lo que se tradujo en pérdidas económicas para los asistentes, el sector hotelero y comerciantes del festival por cerca de $75 mil millones. En resumen: por cada $100 que tenía la empresa Buena Vibra Eventos EU, $96 estaban endeudados.

Paola Moreno actualmente es productora y promotora de eventos con su marca Bongo House. En el sector de los eventos musicales lleva más de dos décadas. Desde hace dos años, cuenta, no tiene relación comercial alguna con Alejandro Casallas Rodríguez ni con Casa Babylon, el bar donde ellos dos gestaron el nacimiento del Jamming Festival hace más de diez años y donde se comercializaban las boletas del evento. Tras el escándalo por el fiasco musical de la edición 2022, ella tuvo que salir de Bogotá junto a su hijo por comentarios amenazantes en su contra, que trataban de  vincularla con lo sucedido.

Ella no opina mucho sobre el fracaso del festival que este año iba a celebrar una edición de oro al cumplir diez años y que prometía reunir a más de 100 artistas de todos los géneros musicales. Reconoce que no sabía lo que iba a suceder. Sin embargo, sí recuerda que muchos empresarios y promotores de eventos en Colombia veían venir algo. Ella misma tenía un presentimiento, pero estaba esperanzada en que Casallas “hiciera algo inteligente” que no lo dejara cometer un error. 

“Para mí sí fue una sorpresa por completo, no tanto que  no se hiciera el evento sino todo lo que pasó después, porque en lo personal se trabajó fuertemente por construir una marca, una imagen, para no dejarla caer de la forma como cayó. Eso era lo más importante”, argumenta.

Buena Vibra Eventos EU está matriculada en la Cámara de Comercio de Bogotá desde el 1 de marzo de 2019 y fue creada con un capital de $10 millones. Casallas Rodríguez, de 43 años, desde el 13 de enero de 2017 gerencia también la sociedad Jamming S.A.S., empresa que creó junto a Paola y que hasta hace cuatro años operaba el evento y que actualmente tiene un patrimonio de $97.733.434 e ingresos por $140.000, como se lee en reportes.

Moreno Cobos recuerda que el festival ya había pasado por crisis económicas de las que se había levantado. Así terminó la edición del año 2015, cuando cerraron el evento con más pérdidas que ganancias pese a tener dos patrocinadores, uno de ellos una empresa de telefonía. Dicho evento tuvo lugar el 7 de junio de ese año en el Parque Deportivo Autopista Norte 222 y contó en tarima con los artistas Shaggy, KY-Mani Marley, Damian Marley, Cypress Hill, The Skatalites, Morodo, Alborosie, Movimiento Original, Green Valley, Collie Buddz, Little Pepe, Flaco Flow y Melanina Afaz Natural y Ras Jahonnan.

“Nos costó mucho trabajo recuperarnos, tocó vender capital, nuestras familias nos apoyaron, hicimos infinidad de cosas. Eso se recupera, pero el trabajo y tener una imagen de 16 años, como es Casa Babylon, y 10 años de festival, eso es lo que finalmente duele. La imagen es algo que debes cuidar durante mucho tiempo”, insiste la productora de eventos al indicar que ella diseñó el logo actual del Jamming junto a otro diseñador en su momento. Ella dice que escogió la tipografía y los colores.

Frente a la pregunta de qué tan buen administrador era Casallas Rodríguez cuando fueron socios en el Jamming, ella afirma que prefiere no hablar de eso por respeto al empresario y a lo vivido con él. “Tengo muchas cosas para decirle, pero es a Alejandro Casallas al que debo hablarle, no a los seguidores y a los lectores de este artículo. Sería puntualmente a él”, aclara la diseñadora gráfica.

Desde que se conoció la cancelación del evento, Paola tuvo días de mucha intranquilidad, pues medios y personas del gremio empezaron a vincularla y responsabilizarla con todo lo sucedido, lo que la obligó a salir de Bogotá con su hijo de once años que tiene con Alejandro Casallas y es hoy su única conexión con el empresario. 

“Todo fue muy complejo porque estamos hablando de cosas que me hicieron daño directamente. La gente no mide, pueden estar muy dolidos, pero no miden sus acciones y de una manera muy fuerte lanzan acusaciones. Siento que los medios tienen que ser mucho más objetivos y tener más clara la información que comunican, porque hay personas que no buscan, no indagan, y por quince días fui la ex más famosa del mundo, mi nombre apareció en artículos en alemán, francés, inglés y había una réplica de información mal dada. Tener que salir corriendo y esconderme no fue fácil porque yo no tenía nada que ver, me desligué del festival hace rato”, afirma Paola.

Playa Hawai, de 26 hectáreas, le fue arrendado a los organizadores del festival en un contrato firmado el 28 de diciembre de 2021 entre Alejandro Casallas Rodríguez, representante legal del Jamming, y Juan Raúl Solórzano Mejía, dueño del lugar. El contrato muestra que este convenio se desarrolló entre el 11 y 25 de marzo pasado, fijándose un canon de arriendo de $450 millones, los cuales se debían pagar en cuatro depósitos.

Nacimiento del Jamming

“Yo me conozco con él desde niños porque residimos en el mismo entorno, como desde los ocho años (…) Con el tiempo, él siendo odontólogo y yo diseñadora gráfica, en algún momento nos encontramos en el 2000, más o menos (…) y en 2004 ya estábamos de novios. Dos años después ya éramos esposos”, afirma la mujer para indicar que con Casallas Rodríguez fundaron el bar Casa Babylon en junio del mismo año en que se hicieron novios. 

Ellos dos también llegaron a tener dos bares más, uno de ellos en la Avenida Primero de Mayo, en Bogotá. “Por amor a la escena, que era lo que nos movía a nosotros en ese momento, tomamos la decisión de montar un bar: encontramos el espacio para Casa Babylon y desde ahí arrancó el concepto, era rumba los fines de semana”, relata. Todo esto fue mucho antes de registrar en Cámara de Comercio la empresa Jamming S.A.S., el 10 de noviembre de 2013, junto a Casallas Rodríguez.  

Paola recalca, cada vez que puede, que la iniciativa de hacer eventos musicales nació desde el amor de la relación que sostenía con Alejandro, lo que hacía parte del proyecto de vida común de la pareja. Trabajaban en equipo. 

“Siempre me gustó y me encargué de la producción general de los eventos, tanto del bar  como fuera del bar. Por ejemplo, el primer aniversario de Casa Babylon lo celebramos en Salamandra, esa vez estuvo Ky-Mani Marley, artista jamaiquino, y bandas como Alerta Kamarada, entre otras. Esa fue la primera vez que reunimos muchas bandas en un espacio, y eso obviamente te va generando como esa hoja de vida, como esa preparación para poder llevar un evento mucho más masivo. Luego, hacia  2006, ya lo hicimos en Theatron (discoteca) con Los Cafres… Era un riesgo porque pasamos de eventos de 500 o 600 personas a uno que tenía un aforo calculado de 2.000 mil personas, por lo menos”, dice Paola Moreno.

La idea del Jamming Festival tomó fuerza con la proyección en televisores de Casa Babylon de varios de los festivales de reggae más famosos del mundo, como el Sumfest, el Summerjam, One Love Festival, Sunsplash y Reggae on the River, entre otros. 

Ellos quisieron replicar esos eventos en Colombia, y así fue como el 20 de mayo de 2012 nació la primera versión del Jamming Festival con una jornada de un día que se extendió desde las 10:00 a.m. hasta las 12:00 a.m. La nómina de artistas estaba compuesta por Sizzla Kalonji, Barrington levy, Los Cafres, Gondwana, Systema Solar, Alerta Kamarada, Los Elefantes, Profetas, Ras Jahonnan & Natural Selection y el Colectivo Casa Babylon, integrado por DJ Yeyo y DJ Beltsazar.

“El primer festival, siento, era una manera de exteriorizar lo que estaba pasando en Casa Babylon con los proyectos sociales y de artistas emergentes que tenían cabida allá en ese momento y que estaban en ese espacio reducido, entonces había que aprovechar y sacar el festival al aire. Ya estaba el Jamming Académico que eran unas charlas, había una cultura rastafari y demás. En esa primera versión hubo gente haciendo pintura facial, malabares, muchos proyectos y colectivos artísticos que teníamos en el bar, y lo llevamos por completo al Jamming, eso era lo bonito en ese momento: creer y sacarlo adelante”, expresa la productora de eventos musicales. 

Su rol durante la sociedad que tuvo con Casallas Rodríguez en materia de negocios, en torno al Jamming Festival, estaba centrado, principalmente, en viajar y cerrar los contratos que hacían con los diferentes artistas que participaban en cada edición del festival. 

“Siempre hubo una tiquetera para vender las boletas”

A la pregunta sobre el rol que tenía Alejandro en la empresa y la organización de los diferentes Jamming cada año, Paola responde que él era el encargado de elegir los artistas, para ello hacía votaciones en Facebook con el fin de que la gente indicara qué banda quería ver, esto con el fin de que pudieran estar entre los opcionados a contratar en cada festival. 

Explica que, mientras estuvo en la sociedad, fueron muy importantes los convenios que hicieron con diferentes empresas que se encargaron de la venta de las boletas, conocidas también como tiqueteras, algo que no tuvo la edición fracasada del festival, pues las entradas se pagaban a través de Nequi, Bancolombia, Davivienda, Efecty y la plataforma de pagos PayU. Aunque eso no es ilegal, según expertos y empresarios consultados, no resultaba confiable del todo para el consumidor.

“En 2013 se crea la empresa Jamming S.A.S. y a partir de ese año se hacen otras contrataciones que tienen que ver con empresas tiqueteras que se encargaban por completo de la boletería. Durante el tiempo en que administrativamente estuve como representante legal del Jamming, siempre hubo una empresa tiquetera (…) la responsabilidad de la tiquetera es del 100 % sobre todo porque ellos tienen las pólizas, el cubrimiento legal y la responsabilidad a terceros, así uno como promotor y empresario también tenga que adquirir pólizas para responder ante alguna eventualidad”, explica la exsocia del festival. 

Paola dice que el evento siempre tuvo problemas para conseguir patrocinadores de renombre  en el país. Los primeros llegaron en 2015 cuando entraron una marca de cervezas y otra de telefonía. Antes, expresa, no habían tenido apoyo porque las marcas percibían erróneamente al público fanático del reggae como personas consumidoras y sin dinero. Y pese a contar con patrocinadores de renombre, asegura  que la edición 2015 dejó más pérdidas económicas que ganancias. 

Tras los momentos difíciles vividos entre Paola y Alejandro con la organización del festival, las siguientes ediciones se desarrollaron con éxito hasta el 2020, cuando llegó la pandemia del Covid-19 para frenar la versión de ese año y que fue aplazada en marzo, cuando ya estaba a días de ser puesta en marcha. Desde ese momento y hasta el 18 de marzo de 2022 se vendieron boletas para el festival. 

Una persona que hizo parte del staff del Jamming Festival 2022, quien prefirió omitir su nombre, decidió hablar con Vorágine sobre algunos detalles relacionados con la forma en la que internamente se manejaba el evento antes de su cancelación. 

Él, por ejemplo, dice que desde 2021 soplaban vientos de crisis dentro de Buena Vibra Eventos de cara al Jamming Festival 2022, pues algunas de las personas que trabajaban con la organización renunciaron porque les debían algunos salarios. 

“Las razones principales eran que estaban ilíquidos porque eran dos años sin evento por cuenta de las restricciones del Covid-19 en Colombia. Los rumores de los proveedores, el tema de los retrasos y otros elementos llevaron a que muchos dentro de la organización empezáramos a desconfiar porque no veíamos realizable el festival. Eso fue como una bola de nieve que se fue agrandando, agrandando durante todo el 2021 hasta que llegó un momento en el que estalló todo. La permanente venta de boletas durante los dos años en los que el festival no operó, por el Covid, llevó a que se tuviera que cambiar la sede donde se iba a realizar. Entonces se pasó del Hotel Paraíso a Playa Hawai en las afueras de Ibagué”, expresa la fuente. 

En cuanto a la boletería habla de una estrategia que podría ser engañosa de cara a los consumidores del festival. Dice que en varias redes sociales del evento hacían publicaciones promocionando combos de entradas o boletas individuales manifestando que quedaban las últimas unidades, lo cual no era cierto si se tiene en cuenta que nunca se dejaron de vender tiquetes para el Jamming Festival 2022. 

“La promoción nunca se dejó de hacer porque al final ese era el objetivo real de los canales de las redes sociales del Jamming: que la gente terminara conectando con el WhatsApp del evento o con la página web y desde ahí hacer la compra de las entradas por Nequi o Daviplata o yendo a Casa Babylon o al otro restaurante que tiene Alejandro y que se llama Jamming Food”, revela el extrabajador del Jamming. 

Cuenta también que la estrategia consistía en que salían a la venta 2.000 boletas sueltas, o también podrían ser combos por días, a un costo determinado y por tiempo limitado antes de que supuestamente se agotaran.

“Eso era solo un gancho para que la gente comprara, pero igual siempre había boletas, eso nunca fue cierto. En una ocasión alguien me contó que el festival estaba sobrevendido en 2021 en capacidad y por eso es que se van a otra locación más grande porque ya había demasiada gente con entradas. A ciencia cierta nunca se sabrá cuántas boletas se vendieron porque no había tiquetera sino que simplemente eran boletas distribuidas a mano, digámoslo así. Al momento de un reclamo no hay un registro de la transacción sobre la cual se pueda soportar el cliente al hacer una reclamación, ese era uno de los huecos que tenía la organización”, añade.

El extrabajador del Jamming Festival por varios momentos interrumpe e insiste en que no entiende cómo hay personas que siguen volcando sus esperanzas en Buena Vibra Eventos EU si la cancelación del Jamming Festival se dio de manera abrupta en la madrugada del 18 de marzo de 2022, dejando con la comida preparada a centenares de comerciantes que habían creído en el proyecto que se construyó durante diez años y que, como una baraja de naipes, se cayó horas antes de ponerse en marcha. 

“No existe mérito para haber iniciado investigación en contra mía”: Casallas

La  Dirección de Investigaciones de Protección al Consumidor de la SIC hace seguimiento al Jamming Festival 2022 desde el 13 de marzo de 2020, cuando Buena Vibra Eventos EU informó a dicha entidad de la suspensión de la edición programada para ese año, pues para ese entonces en Colombia iniciaba la pandemia del Covid-19 y con ella una serie de restricciones a eventos masivos en el país.

El 18 de marzo pasado, siete días antes de la cancelación de la edición 2022 por parte de Alejandro Casallas, dicha entidad expidió la Resolución 13767 de 2022 para pedirle a la empresa organizadora del evento, entre varias solicitudes, que remitiera información a la SIC relacionada con la certificación del representante legal que acreditara la “cantidad de consumidores” que compraron boletas para asistir al “Jamming Festival 2020”.  En dicho documento, la SIC formuló cargos en contra de la empresa por la presunta falta de información oportuna y clara sobre el evento Jamming Festival 2022.

Ante la actuación administrativa de la entidad nacional, Alejandro Casallas Rodríguez como representante legal de Buena Vibra Eventos EU rindió descargos el 25 de abril pasado en un documento de 20 páginas, dirigido a la Dirección de Investigaciones de Protección al Consumidor y al que accedió Vorágine. 

En el texto, el empresario pide a la entidad revocar la resolución expedida en contra de él y la empresa Buena Vibra Eventos EU porque “no existe precisión y claridad en los hechos (investigados) dado que la Dirección (SIC) solamente tiene información parcial, incompleta y no contrastada de una serie de hechos que se afirman como sustento de cada una de las infracciones, y que pretende adecuar en el considerando vigésimo noveno de la Resolución 13767 del 18 de marzo de 2022”.

A lo que hace referencia Casallas Rodríguez es que la SIC, tras varias inspecciones adelantadas a la página web del Jamming Festival, determinó un presunto incumplimiento de la empresa Buena Vibra Eventos EU en una supuesta falta de información clara, oportuna, suficiente y precisa del Jamming Festival 2022. 

Además, la entidad detectó que en redes sociales de la empresa, días antes de la edición cancelada, se estaba promocionando el evento del 2023 usando piezas publicitarias que no tenían el código único PULEP asignado por el Ministerio de Cultura a todo espectáculo público en el país.  

“No existe precisión y claridad en los hechos que le sirven de respaldo, puesto que la Dirección emplea los mismos medios probatorios en contra de la sociedad Buena Vibra Eventos EU, en mi contra, sin que se haya logrado superar una mínima contrastación de los hechos (…) por lo que no existe ni mérito ni oportunidad para haber iniciado la investigación en contra mía, ni de la empresa, por lo que se solicita respetuosamente revocar la Resolución No. 13767 de 18 de marzo de 2022”, afirma el empresario en explicaciones entregadas en medio de los procesos administrativos que le lleva la SIC. 

Frente a la promoción en Instagram del Jamming Festival 2023, Casallas Rodríguez reconoce que esa información sí apareció, pero que no fue divulgada “en los canales web de información o en otros medios dispuestos por Buena Vibra Eventos EU, por lo que no hace parte del ejercicio de divulgación de medios que usualmente adelantamos de estos eventos, por lo que su aparición accidental en la cuenta de instagram no amerita de plano y de manera concreta la producción de una infracción al deber de información”.

Las movidas de Casallas para alargar el plazo de devolución de dineros de boletas

Actualmente, aparte del proceso en la SIC, la empresa organizadora del Jamming Festival es investigada por la Fiscalía 78 Local de Ibagué por el delito de estafa, esto tras la denuncia instaurada por la Alcaldía de esa ciudad por la cancelación del festival musical hace más de dos meses. 

Una de las ciudadanas que tiene en curso un proceso contra de Buena Vibra Eventos EU es Íngrid Thatiana Gutiérrez Villamil, una ingeniera de software que junto a su mejor amiga gastó $1.240.000 para asistir a los tres días de evento. Además, a ese valor hay que sumar lo gastado en transporte, hospedaje y alimentación de 3 noches y 4 días en Ibagué por $620.000. Ellas instauraron la demanda ante la SIC el 18 de abril de 2022. 

“Nosotros compramos las boletas en noviembre del 2021, desde septiembre estábamos ahorrando con mi amiga para adquirir las entradas. Yo a los organizadores del Jamming les escribí por Instagram y me indicaron cómo pagar por Bancolombia (a través de PayU), y así hicimos. Ya luego fui a Casa Babylon a recoger las entradas de los tres días”, explica la afectada.

Ella hoy tiene muy pocas expectativas de recuperar su dinero pese a que de Buena Vibra Eventos EU le enviaron por correo electrónico un formulario de Google para que lo diligenciara con las evidencias de compra de las boletas junto a la copia de la cédula y una certificación bancaria de su cuenta. 

“Iba a ser mi primera vez en el Jamming. Recuerdo que la tendencia One Love no me llamaba la atención en un comienzo, pero cuando el cartel de artistas se extendió tanto, y empecé a ver otros géneros y no solo reggae, pues me animé mucho más a comprar las boletas”, explica la mujer. 

Alejandro Casallas Rodríguez y su empresa Buena Vibra Eventos EU se han estado moviendo, pero no en las explicaciones públicas a los afectados como Íngrid sino en trámites administrativos ante la Superintendencia. Allí han hecho pedidos de nulidad de varias quejas de afectados, al identificar que la SIC supuestamente cometió algunos errores en las notificaciones administrativas que ha hecho en procesos de demandas de los consumidores.

Por ejemplo, en un formato de carta o comunicación que reposa en los expedientes administrativos de la SIC la empresa hace cálculos de tiempos para devolver el dinero de las boletas vendidas no solo en efectivo sino a través de Nequi, Daviplata y otros medios de pago digitales que tenían habilitados. 

En esos documentos Buena Vibra Eventos EU anuncia que para surtir ese trámite se acoge al Decreto Legislativo 818 de 2020 y a la Circular Externa No. 004 de 1 de abril de 2022 de la Superintendencia de Industria y Comercio, textos que permiten, según el empresario, determinar un plazo para la devolución de los dineros. 

En suma, esto indica que Buena Vibra Eventos EU tendría hasta 2023 para tramitar los reembolsos de dinero de los afectados que decidieron esta opción tras la cancelación del evento de marzo pasado que arrastraba compradores de la edición aplazada del 2020.

“De manera que durante la vigencia de la emergencia sanitaria (del Covid-19), que en la actualidad sigue declarada hasta el 30 de junio de 2022 y hasta un año más, realizaremos todas las gestiones para buscar dar reembolso a las personas que eligieran dicha opción dentro de los plazos otorgados por la normatividad citada”, se lee en el oficio. 

Para el abogado Alejandro Rodríguez González la normativa sobre la que se basa Buena Vibra Eventos EU para la devolución de dineros no aplicaría en este caso y los organizadores del Jamming estarían usando esa norma como un ‘salvavidas’. 

“Ya la SIC emitió una circular (la misma citada por Casallas) sobre que si los motivos de cancelación del evento no fueron originados por el asunto Covid, o no se tiene prueba de ello, ellos no pueden invocar el decreto que permite los reembolsos en estas circunstancias”, explica Rodríguez González. 

El jurista también cuestiona que en un pronunciamiento adicional ante la SIC los empresarios del festival dejen abierta la posibilidad de hacer otro Jamming Festival cuando “realmente no tienen cómo realizarlo porque la Superintendencia les restringió cualquier tipo de publicidad de un nuevo evento”.

El as bajo la manga de Buena Vibra Eventos para argumentar que la cancelación del evento tuvo relación con el Covid-19 está en la contestación que Alejandro Casallas Rodríguez le hizo a la ciudadana Íngrid Thatiana Gutiérrez Villamil, quien tiene en reclamo más de un millón de pesos.

En el texto se lee que la cancelación del festival respondió a varias razones, aparte del supuesto riesgo de seguridad que corría el evento. La primera de ellas se debería a las cancelación de algunos artistas por contagios y a otra que sería una “decisión autónoma (de otros artistas) de no vacunarse contra el Covid-19, sin cumplir así las exigencias legales previstas en Colombia”. 

Además, los empresarios del festival también responsabilizan de la no realización del evento de tres días al operador logístico 911, quien canceló su participación a menos de una semana del inicio del festival. Califican la decisión de dicha empresa, al parecer por la falta de cumplimiento en los pagos, de “súbita e inconsulta”, cuando el montaje del evento estaba al 95 %.

Por el momento, la disputa entre consumidores y empresarios por el reembolso de dinero apenas comienza.

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Acerca del autor

Andrés Felipe Carmona Barrero
Andrés Carmona Barrero es un periodista graduado de la Universidad Santiago de Cali. Trabajó durante cinco años para el diario El País, medio al que llegó como periodista digital para luego convertirse en reportero judicial y terminar su paso por esta empresa como editor de cierre en 2019. Como periodista de ese medio fue galardonado en dos ocasiones con el Premio de Periodismo Alfonso Bonilla Aragón. Desde entonces, ha trabajado como productor periodístico en el programa Séptimo Día, como investigador de archivo para Caracol Televisión y ha escrito en medios como la Liga contra el Silencio y Vorágine. También ha recibido capacitaciones en periodismo de investigación y datos de la plataforma latinoamericana Connectas.
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