Memoria a prueba de balas: los retratos de los líderes sociales que quieren darle la vuelta a Europa

El Paro Nacional fue uno de los hechos que marcaron el 2021. Por eso, Vorágine publica un reportaje gráfico sobre el proyecto ‘Bulletproof Memories’, que desde Países Bajos acompañó las protestas e invita a artistas de todo el mundo a retratar a líderes y lideresas sociales asesinados tras la firma del acuerdo de paz.

30 de diciembre de 2021

Por Daniela Mejía Castaño y Carolina Linares*

Es sábado 24 de julio de 2021 y hace 24 grados, es verano. En la ventana del edificio de ladrillo se ven el amarillo, el azul y el rojo de la bandera de Colombia. Los colores vivos desentonan con el canal de aguas oscuras que hay frente al lugar por donde pasan botes blancos y elegantes con jóvenes rubios tomando vino. Debajo de la bandera, en la entrada del edificio, se van agrupando un montón de personas que hablan español y que ponen en el suelo, y con cuidado, cinco retratos de sesenta por sesenta centímetros.

Las imágenes son las caras de algunos de los líderes y lideresas sociales asesinados en Colombia desde la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional y las FARC en 2016. Justo debajo de la placa de acero donde dice «República de Colombia, Consulado [de Ámsterdam]» está el retrato de Gersain Yatacué, coordinador de la Guardia Indígena de la vereda San Julián, en Toribío, Cauca.

Según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), 250 líderes sociales fueron asesinados en Colombia en 2019. Gersain es uno de ellos, fue asesinado el 1 de agosto de ese año. Tenía 25 años y también lideraba proyectos productivos comunitarios. Más allá del retrato de Gersain dos hombres ponen la bandera de Colombia al revés: rojo, azul y amarillo.

Todas las personas que están ahí han sido convocadas por la ilustración «Homenaje a Cali», que tiene en primer plano a Jovita Becerra, una mujer que hace parte de la cultura popular caleña. De los costados de la ilustración de Jovita salen dos manos, las de Puerto Resistencia, bastión de las protestas del Paro Nacional de 2021 (que antes de ser Puerto Resistencia fue Puerto Rellena), y a los pies de Jovita hay cholaos, chontaduros y orquídeas. 

«En la ilustración también están el Parque del Perro y El Gato del Río, lugares muy conocidos de Cali, y Jovita está de negro porque así la vistieron durante las protestas, es nuestra forma de decir que estamos del lado de los movimientos de resistencia y del Paro Nacional», dice Carolina Linares, fotógrafa bogotana que vive en Róterdam y que diseñó la ilustración.

La imagen de Jovita se compartió en las redes sociales y grupos de WhatsApp de la diáspora colombiana en Países Bajos y ahora, alrededor de los retratos, incluido el de Gersain, colombianos y personas de otras nacionalidades cantan arengas:

With our heart
With our feet
We stand together when Colombia is on the street.

Frente al consulado y los retratos hay un árbol que parece ser de acacia, en su tronco varias personas van poniendo rosas rojas con la ayuda de una cuerdita. Cada rosa tiene en su tallo el nombre de una persona adherida con cinta.

Camilo Andrés Arango García, Alonso Moreno Tovar, Segundo Jaime Rosas…

Son 79 rosas que representan, cada una, las vidas de las víctimas de violencia policial que, según la ONG Temblores, hasta ese día se contaban durante las protestas del Paro Nacional, que comenzó el 28 de abril de 2021.

«Recuerdo que fui a un restaurante en Ámsterdam y vi un mural gigante con retratos de personas indocumentadas, eso y escuchar comentarios como “¿ah eres de Colombia?, qué bien, ahora que el país está en paz y se acabó la guerrilla se puede ir a turistear por allá”, al tiempo que recibía información casi diaria de un líder o lideresa social asesinado me hizo preguntarme cómo comunicarles a los europeos la situación que vive nuestro país: no hay paz, ni siquiera después de la firma de los acuerdos», explica la artista visual Laura Colom Urrea, y agrega: «Pensé en crear un proyecto que mezclara toda esa frustración y así nació Bulletproof Memories (en español Recuerdos a prueba de balas), un trabajo colectivo en el que invitamos a artistas de todo el mundo a retratar a los líderes sociales asesinados en Colombia desde la firma del Acuerdo de Paz».

El artista detrás del retrato del líder Gersain Yatacué es Magia Tahuanty, que se define a sí mismo como creador y traductor de imágenes soñadas. Fue Laura quien lo contactó.

El número tres

«Desde el principio supe que Bulletproof Memories era un proyecto ambicioso que requería de mucha investigación sobre la vida de los líderes, pues con esa información los artistas empiezan su trabajo, por eso compartí mi idea con otras dos mujeres», explica Laura.

Una de ellas fue Angélica Avendaño: «Llegué a Países Bajos para hacer mis estudios de posgrado pero era una excusa, siendo sincera solo quería escapar de Colombia. De hecho, los primeros años acá no hice contacto con ninguna otra colombiana para evitar ese trauma colectivo de compartir un país tan violento. Hasta que decidí salir a protestar y conocí a Laura. Cuando me contó de su proyecto yo hacía mi máster en arte y patrimonio. Todo encajó», reflexiona. 

La otra fue Sirey Zabeth: «Laura tenía una idea muy grande al principio y yo ayudé a concretarla para que fuera posible. Trabajamos las tres de manera virtual en ello: Angélica, Laura y yo. Coincidimos en que el arte por sí mismo no le cambia la vida a nadie, pero ayuda a hacer memoria». Sirey es licenciada en dirección teatral y magíster en estudios teatrales. Nació en Bogotá y vive en Barcelona desde hace dos años.

Laura, la primera en pensar el proyecto, es la hija de un ingeniero que trabajó por 30 años en la mina de El Cerrejón. «No me siento orgullosa de mi pasado. Desde los cuatro años hasta los 18, que me gradué del colegio, estudié y viví en el campamento enrejado de la mina. Eso me marcó: el sentirme privilegiada de estar ahí y después darme cuenta de la desconexión de ese lugar con la realidad colombiana. Mi trabajo de grado fue una videoinstalación que mostraba el contraste entre la vida en el campamento y fuera de él. Aún mueren niños de hambre y sed en La Guajira. También quería mostrar la vida de un ser privilegiado al lado de una megaindustria: ver el tren pasar tres veces al día, todos los días, escuchar las explosiones de la mina», dice hoy.

La operación de El Cerrejón, según el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), utiliza 24 millones de litros de agua al día. Más de 14 fallos judiciales han ratificado la vulneración de los derechos a la vida, al ambiente sano, al agua y a la seguridad alimentaria por parte no solo de la multinacional que explota la mina, sino también del Estado colombiano. 

Angélica es la sobrina de Clara, una mujer a la que los paramilitares le asesinaron el esposo. «Él, al igual que toda mi familia paterna, había heredado los conocimientos del campo. Buscó expandir su negocio y compró tierra en el Magdalena. Tenía ganado y en la época de las ‘vacunas’ se negó a pagarlas. Yo era una niña y no comprendía la situación, solo veía a mis primos en las fiestas de fin de año llorar por la ausencia de su padre. Esa memoria nunca se ha abordado de manera crítica en mi familia, muchos son de derechas y votan a figuras políticas que alimentan el conflicto colombiano», precisa Angélica.

Sirey Zabeth es la hija del excoronel de la policía Omar Eduardo Rojas Bolaños, autor del libro Ejecuciones extrajudiciales en Colombia, 2002-2010. Rojas Bolaños vive en el exilio por denunciar esas ejecuciones. También fue acosado por negarse a ser parte de redes corruptas entre bandas criminales de Medellín y la Policía Nacional de Colombia. Sirey vivía con él en ese momento. «Nos chuzaron los teléfonos y cuando no estábamos en casa se metían al computador de mi papá, y a mí se me desaparecía la ropa interior del cuarto. Además, vi cuando le apuntaron con un arma a él. El choque fue tanto que tuve una crisis de ansiedad que duró varios días. Al ver el costo de hacer las cosas bien en Colombia decidí irme del país apenas pude, me daba pánico la militancia y el activismo», cuenta Sirey.

La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), creada por el Acuerdo de Paz, estableció que «por lo menos 6.402 personas fueron muertas ilegítimamente para ser presentadas como bajas en combate en todo el territorio nacional entre 2002 y 2008». El número de ese caso en la JEP es el tres, pero es más (y mal) conocido como el de los “falsos positivos”.

Con el tiempo, el número tres de las cofundadoras del proyecto se ha multiplicado, ahora somos diez mujeres: a Laura, Angélica y Sirey se sumaron Carolina Linares, la fotógrafa y diseñadora gráfica que creó la ilustración de Jovita para invitar a los colombianos en Países Bajos a mostrar su apoyo a Cali; Claudia Cañizares, arquitecta de interiores; Itayosara Rojas, socióloga y candidata a doctora en Estudios del Desarrollo; Tais Triviño, psicóloga, magíster en Psicooncología; Katharina Gübel, alemana, magíster en Gestión de Recursos y Medio Ambiente; Zsófia Kelemen, húngara, magíster en Ciencia y Economía Política, y yo, una periodista que vive entre Colombia y los Países Bajos y que ayuda en las investigaciones para hacer los retratos, uno por cada líder y lideresa social y por su lucha.

Juntas conformamos Here We Draw The Line, un colectivo feminista que busca abrir espacios fuera de Colombia en los que el arte y el pensamiento crítico se unen para discutir y crear conciencia colectiva sobre la crisis de derechos humanos que vive el país.

* * *

«Si nos mantenemos en silencio, nos matan.
Si hablamos (nos matan) también.
Así que hablemos».
Cristina Bautista, lideresa social.

Cada 9 de abril se conmemora en Colombia el Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Conflicto. Según la Unidad para las Víctimas, la guerra ha dejado más de nueve millones de víctimas, lo que equivale a cerca del 18% del total de la población colombiana. 

Fue precisamente el nueve de abril de 2021 la primera vez que los retratos de Bulletproof Memories salieron a las calles de Países Bajos, a más de ocho mil kilómetros de distancia de Colombia. Las caras de Martha Cecilia Pérez, Magdalena Cocubana, José Yimmer Cartagena, Carlos Aldairo Arenas y Cristian Adrián Angulo se vieron en el Markthall de Róterdam, una mole de cemento en forma de herradura que en su interior resguarda uno de los mercados más grandes de la ciudad. Los protestantes 18 adultos, 1 niño y dos perras, Ramona y Tomasa, las mascotas de Carolina Linares llevaron flores amarillas y pancartas para recordar a los líderes.

La segunda vez que los retratos pisaron la calle fue el 7 de mayo y la cantidad de protestantes fue mayor que la primera: 400 personas se reunieron en la embajada de Colombia en La Haya y decidieron hacer un comunicado en el que le exigían al presidente Ivan Duque «escuchar las peticiones del pueblo colombiano y cesar de inmediato la persecución y estigmatización contra manifestantes, lideresas y líderes sociales». Mientras tanto, Colombia temblaba: según Temblores, con corte al 8 de mayo, como resultado de la violencia policial durante las protestas del Paro Nacional se habían registrado 47 víctimas mortales, más de 1.220 personas heridas, 963 detenciones arbitrarias, 548 desaparecidos y 28 víctimas de heridas oculares.

La tercera vez que los retratos salieron a las calles fue el 15 de mayo frente al Palacio de Paz, también en La Haya. Varias de las ilustraciones se colgaron en los árboles de por ahí. Una de las retratadas era Cristina Bautista, integrante de la comunidad indígena Nasa y defensora de los derechos de las mujeres indígenas.

Los retratos se volvieron a ver el 22 de mayo en Ámsterdam; ese día hubo presentaciones de baile, arengas e incluso se presentó un performance de El violador eres tú. Varios de los hombres que asistieron pintaron sus uñas de color rojo en señal de solidaridad con las más de 20 víctimas de violencia sexual que dejó el Paro Nacional, según Temblores. Los retratos también fueron apadrinados por protestantes, varios de ellos líderes sociales exiliados que lograron escapar a tiempo de la muerte, y que los tomaron entre sus manos, los levantaron al cielo y bailaron con ellos. 

Después, acompañaron la I Asamblea Popular de la Diáspora Colombiana en Países Bajos, celebrada el 12 junio, que dio como resultado una exhortación al Fiscal de la Corte Penal Internacional, Karim A. A. Khan, para que abra una investigación por posibles delitos de lesa humanidad cometidos durante las protestas. Luego, estuvieron a las afueras de la Corte Penal Internacional, en La Haya, el 16 de junio. Entre las asistentes estaba la senadora Aída Avella. Hubo pañuelos rojos y carteles que exigían respeto por los protestantes. 

Hoy, gracias a una cadena de favores humanos, todas esas imágenes están siendo exhibidas en el local 23 de la calle Place Fernand Cocq, ubicada en el barrio Ixelle de Bruselas, Bélgica. «La idea es que le den la vuelta a toda Europa, hasta que en nuestro país no tengamos que lamentar la muerte de un líder social más», me dice Laura. Desde el primero de enero hasta el 15 de diciembre de este año en Colombia habían sido asesinados 162 líderes sociales, de acuerdo con el Observatorio de Conflictos, Paz y Derechos de Indepaz. Según este mismo observatorio, 1.270 líderes sociales fueron asesinados desde la firma del Acuerdo de Paz, con corte a noviembre de 2021. En todo caso, las cifras no concuerdan; por ejemplo, mientras en 2020 la Consejería Presidencial para los Derechos Humanos registró 66 asesinatos a líderes sociales, la Defensoría del Pueblo contabilizó 182 e Indepaz sumó 310.

La penúltima lideresa asesinada en Colombia fue Cristina Isabel Cantillo, una mujer reconocida por su trabajo con población LGBTI+. En una de las últimas entrevistas que tuvo con un medio de comunicación antes de ser asesinada el 7 de diciembre, dijo: «En Colombia es muy difícil ser una mujer trans, es como llevar la muerte a cuestas». El último líder social asesinado es Javier Esnaider Castillo, según Radio Nacional de Colombia era integrante de la agrupación Changó, un colectivo y fundación que se dedica a rescatar jóvenes de la violencia a través de las músicas tradicionales del sur del litoral Pacífico; su último concierto en vivo lo dio durante el recién finalizado Festival Petronio Álvarez. Fue asesinado este lunes 27 de diciembre en Barbacoas, Nariño, después de que yo terminara de cerrar este reportaje y tuviera que volver a abrirlo para nombrar a Cristina como «la penúltima» y a Javier Esnaider como «el último». 

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