Vorágine recoge las historias de sobrevivientes de abuso sexual clerical que no reposan ni en el archivo secreto de la Arquidiócesis de Medellín ni en la Fiscalía. Hombres y mujeres que aseguran haber sido violentados en su infancia por los representantes de Cristo en la Tierra.
11 de octubre de 2022

La mayoría de las víctimas de abuso sexual clerical son muy pobres y no tienen papá, así lo dice el catecismo no escrito de la pederastia, cuyos dictados de fe le facilitan a un sacerdote abusador manipular a la familia de sus víctimas, en el improbable caso de que se enteren de su agresión. Cuando lo hacen y descubren los abusos, las familias de los niños acuden a la curia antes que a la justicia y lo hacen sin un abogado. Que se trate de niños pobres y sin padre le da un margen de manipulación y maniobra a la Iglesia católica para evitar las denuncias penales mediante el pago de millonarias sumas de dinero, sin que los detalles de cada caso trasciendan o sean conocidos. Se trata de expiaciones de hombres ricos, pagadas al contado, igual que las limosnas de las misas. 

Las siguientes historias descubren el entramado de manipulación y mentiras de la Arquidiócesis de Medellín, que durante años silenció a las familias de menores abusados por sacerdotes de esa provincia eclesial. Además, se evidencia su estrategia de desaparecer la mayoría de las denuncias del archivo secreto, en el que reposan los delitos y faltas que cometen los sacerdotes. 

Estos clérigos, por ejemplo, no aparecen en el listado que recientemente —obligado por la Corte Constitucional— publicó monseñor Ricardo Tobón. Vorágine conoció sus historias gracias a una fuente protegida y a los sobrevivientes que nos contactaron para relatarnos sus historias que, en las próximas semanas, serán publicadas una a una más extensamente.

Fue ordenado sacerdote por el papa Juan Pablo II en su visita a Medellín en 1986. Vorágine contó la historia de una menor de edad que, según una fuente protegida, fue abusada por el sacerdote mientras trabajaba en El Calvario, una parroquia del barrio Campo Valdés, comuna Cuatro de Medellín. La misma fuente asegura que el cura pagó por el silencio de la sobreviviente con una fiducia de 200 millones de pesos. 

Al ser contactado para esta investigación, Álvaro Pimienta Restrepo negó las acusaciones y la existencia de la millonaria conciliación. Aseguró que no era un sacerdote pederasta. La Arquidiócesis de Medellín dice no haber recibido denuncias contra él. Siete de los trece cargos que ha ocupado en su vida ministerial no cuentan con nombramiento oficial, conducta documentada en varios países como un patrón de encubrimiento de las jerarquías eclesiales para proteger a sacerdotes acusados de abuso sexual de menores de edad.

Una fuente protegida contó que una monaguilla fue abusada sexualmente y quedó embarazada por el sacerdote . La joven y su familia recibieron, según el relato de la fuente, 300 millones de pesos a cambio de su silencio. 

En diálogo para esta investigación, la mujer negó estas versiones y dijo sentirse agradecida con el cura, a quien considera como un padre. Indagado por esos hechos, el sacerdote dijo que “no los niego ni los confirmo”.

La Arquidiócesis de Medellín dijo no haber recibido ninguna denuncia contra Hernando Antonio Pulgarían Agudelo, quien actualmente no tiene ningún encargo pastoral por ser mayor de 75 años.

En la respuesta que entregó la Arquidiócesis de Medellín omitieron el registro de los cargos ocupados por el cura desde su ordenación sacerdotal hasta 1998. Luego fue capellán del Colegio María Auxiliadora en Medellín y del Sena, así como vicario en tres parroquias diferentes.

Esta alianza investigativa conoció la denuncia de un hombre que dice haber sido abusado por Álvaro Jaramillo Ramírez cuando este era párroco en Nuestra Señora de la Macarena, en el barrio Granizal de Medellín, en 1992. El denunciante, cuyo nombre protege esta investigación, tenía quince años y era monaguillo de la parroquia, donde incluso a veces se quedaba a dormir. Los episodios de abuso se prolongaron hasta que el sacerdote fue trasladado, en 1996. Según el relato de la víctima, en esa misma parroquia conoció a otro sacerdote, quien también abusó sexualmente de él.

El sobreviviente presentó el caso ante la Arquidiócesis de Medellín en los años noventa y explicó que la única medida tomada fue la de trasladar de parroquia al sacerdote. Sin embargo, en la respuesta a un derecho de petición, la Arquidiócesis afirma no haber recibido denuncias contra el cura por abuso de menores. Actualmente es el párroco de La Sagrada Familia, en Villa Hermosa, Medellín.

Al ser contactado para esta investigación, y luego de escuchar la identidad del hombre que lo denunció y acusó, Álvaro Jaramillo Ramírez colgó el teléfono.

Actualmente, es el párroco de la Madre del Amor Divino, en Belén, Medellín. Antes trabajó en las parroquias Nuestra Señora del Carmen en Sabaneta y Nuestro Amigo Jesús en Niquía, Bello. El mismo hombre que denunció a Álvaro Jaramillo también le contó a esta alianza periodística que conoció a Herrera Ruiz en los años noventa, en una actividad religiosa de la que participó mientras era monaguillo en Nuestra Señora de la Macarena, donde Jaramillo fue párroco entre 1992 y 1996. 

El hombre dice que mantuvo relaciones sexuales con Herrera después de ese encuentro y hasta se fue a vivir con él un tiempo cuando cambiaron a Jaramillo de la parroquia.

También contactamos a Jader Gabriel Herrera Ruiz para que entregara su versión de los hechos, pero no respondió.

Esta investigación conoció la denuncia de un hombre que estudió en los años setenta en el Colegio Calasanz de Medellín y dice haber sido abusado sexualmente de manera repetitiva por este sacerdote de la comunidad religiosa de los escolapios, quien era profesor y coordinador de bachillerato de  la institución. Según el relato, el cura lo sacaba del salón, le decía que iba a confesarlo y se lo llevaba para abusar sexualmente de él. 

Así ocurrió durante varios años hasta que el joven tuvo que cambiarse de colegio. Se fue para el Liceo San Rafael, en Belén, donde también fue abusado por el rector de ese nuevo colegio.

Durante su recorrido sacerdotal se desempeñó como vicario parroquial de Santa Gertrudis, en Envigado; fue profesor del Seminario Menor y párroco en Nuestra Señora del Carmen y Nuestra Señora del Rosario, las dos en Bello.

El mismo hombre que dice haber sido abusado sexualmente por Mario Fernández, después de abandonar el Colegio Calasanz, entró a estudiar al San Rafael. Allí fue víctima de abuso sexual de monseñor Tiberio Berrío López, rector de la institución y párroco de Nuestra Señora de Belén. La dinámica de engaño, manipulación y vejamen era la misma: le decía que lo iba a confesar, y una vez estaban solos, aprovechaba para tocarlo.

En su carrera como sacerdote fue párroco de Nuestra Señora de la Asunción, en Medellín, entre 1990 y 1995; y de Nuestra Señora del Carmen, en San Javier, entre 2011 y 2013. Según el directorio de la Arquidiócesis de Medellín, es actualmente sacerdote de Nuestra Señora de la Asunción de Copacabana.

Vorágine habló con un hombre que dice haber sido abusado sexualmente a los doce años de edad por Rave García. En el 2002, el joven cuya identidad protege esta investigación, entró al Seminario Menor de Medellín y, cumpliendo uno de los requisitos para estudiar en esa institución, se integró a las actividades de la parroquia del barrio donde vivía, La Fe, en Guayabal, de la que era párroco José Hallén Rave García. 

El sacerdote convirtió al menor de edad en su mano derecha para todas las actividades religiosas dentro y fuera de la parroquia, y una vez se ganó su confianza y la de su familia, abusó sexualmente de él durante dos años de manera repetitiva, al menos una vez al mes. Después de cada uno de los episodios, que ocurrían en la casa cural de la parroquia, lo chantajeaba diciéndole que ese era un secreto de los muchos que había entre los dos, y le daba dinero para presionar su silencio.

Para escapar de los abusos de Rave García, el joven se vio obligado a cometer una falta grave en el Seminario para que lo expulsaran y así poder desligarse de las actividades de la parroquia. El sacerdote continuó buscando al menor de edad a través de sus padres, que nunca conocieron la historia, como tampoco lo hicieron la Arquidiócesis de Medellín ni la Fiscalía.

Durante su recorrido sacerdotal ha prestado sus servicios en las parroquias San Cristóbal y Santa Cecilia, las dos de Medellín. Actualmente es el párroco de La Fe, en el barrio Guayabal.

Vorágine conoció la historia de una mujer que denuncia que fue víctima de abuso sexual por parte de Jaramillo Montoya, a quien buscamos para que entregara su versión, pero no respondió.

Se ha desempeñado como sacerdote de la parroquia Marie Poussepin de Medellín y como arcipreste del Arciprestazgo Nuestra Señora de Chiquinquirá, en la Vicaría Episcopal del Sur. Actualmente es formador del Seminario Conciliar de Medellín, dirige el grupo de Propedéutico, es decir, el primer año de formación sacerdotal, en el que muchos de los seminaristas son menores de edad. 

Vorágine conoció la denuncia de un exseminarista que, siendo menor de edad, dice haber sido abusado sexualmente por Ramón Torres, a quien buscamos para que entregara su versión, pero no respondió.

En su recorrido sacerdotal se ha desempeñado como párroco de El Santo Evangelio en Medellín y como formador y psicólogo del Seminario Conciliar de Medellín. Actualmente es párroco de La Preciosa Sangre, en Bello, y es el rector del Colegio Sagrado Corazón de María, del mismo municipio.

Vorágine conoció la denuncia de un exseminarista que dice haber sido abusado sexualmente por Darío Gonzalo Martínez siendo menor de edad. Buscamos a Martínez para que entregara su versión, pero no respondió.

Se desempeñó como director de las Obras Misionales Pontificias, fue presidente nacional de la Unión Apostólica del Clero en Colombia y canónigo de la Catedral de Medellín. Falleció en octubre de 2016 a los 83 años de edad.

Vorágine conoció la historia de un hombre que narró los vejámenes de los que dice haber sido víctima por parte de Botero Jaramillo. En su relato, cuenta que este sacerdote se aprovechaba de los habitantes de calle para abusar de ellos sexualmente a cambio de ropa o de un plato de comida.

Fue capellán de la Institución Nacional de Educación Superior José Félix Restrepo. Vorágine conoció la denuncia de un hombre que dice haber sido la pareja sentimental de Rivera desde el séptimo grado, cuando apenas tenía doce años.

Aunque su nombre aparece en el directorio de sacerdotes activos de la Arquidiócesis de Medellín, no está vinculado a ninguna parroquia actualmente.

Vorágine conoció la denuncia de una mujer que dice haber sido abusada sexualmente por el sacerdote Neftalí Bedoya Cano cuando ella tenía seis años y él era el cura de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en la Comuna Trece de Medellín. Ella y su hermano fueron puestos al cuidado del sacerdote porque su madre era cabeza de familia, y su padre, alcohólico y violento.

El sacerdote, que “cuidaba” a los dos menores y a otra niña más en su propia casa, no solo abusaba de ellos, sino que además los obligaba a realizar actos sexuales unos a otros.

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