Avianca y los juegos de poder de Efromovich

Germán Efromovich está maniatado y piensa su próxima jugada. La empresa a la que le tienen suspendido el préstamo del gobierno es la joya del hombre detenido por el escándalo Lava Jato.

2 de octubre de 2020

Por Julián Bernal Ospina / Ilustraciones Ricardo Macía Lalinde

El pacto de la servilleta

La imagen es de una sala del Aeropuerto Intercontinental George Bush de Houston: maletas viajeras, personas presurosas, salas de espera que son oficinas, camas o restaurantes, conexiones transitorias desde París o desde Londres: el complejo de vías en red y edificios llanos que parecen arañas de concreto capaces de levantarse en cualquier momento.

Dos viajeros se encuentran y se saludan. El uno viene de Colombia, va hacia Los Ángeles; el otro, de regreso a Brasil. El uno elegante, ejecutivo; el otro casual, práctico. Ya se han llamado varias veces para encontrarse. No tienen más que ese tiempo en Houston. Deciden ingresar en la sala VIP de Continental. Deben pagar trescientos dólares. Ya instalados, después de negociar –guerra por medios pacíficos, pregunta y contrapregunta, cartas que se muestran y que se guardan– cierran un pacto. Irónicamente, el bienestar cómodo de los viajeros de primera clase no alcanza para una resma de hojas de papel. Toman lo primero que hay a la mano y lo utilizan para anotar los detalles de la transacción.

En una servilleta escriben toda “la filosofía”, diría uno de ellos.

Esta historia se la contó Germán Efromovich a Darío Arizmendi en una emisión del 2010 del programa El Radar. Efromovich, en 2004, selló el pacto con Gabriel Silva, el hombre elegante de la escena del aeropuerto (en ese tiempo presidente de la Federación Nacional de Cafeteros), para hacerse con el 100% de Avianca, según la revista Dinero. Le compró el 50% a Julio Mario Santo Domingo, y el otro 50% a la Federación. Era el salvador, el “empresario del año”, que llegó a la compañía a levantarla cuando esta se sometió por primera vez al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos.

Adquirió entonces una aerolínea a punto de cumplir los cien años. Avianca nació en Barranquilla en 1919, con la Sociedad Colombo Alemana de Transporte Aéreo (Scadta). Se dice que su primer vuelo fueron 157 cartas. Luego pasó de alemanes a gringos, superó la guerra por el narcotráfico, el conflicto armado, la guerra de precios con aerolíneas internas y extranjeras, dominó la operación del Puente Aéreo de Bogotá, superó también el 9/11, pasó de poderoso en poderoso (hasta Ardila Lülle tuvo que ver con ella), y se fusionó en 2001 con Sam y ACES. Todo desde su posición en el mercado. Parece ahora intentar superar la pandemia por el coronavirus, esta vez con un préstamo de los colombianos, ese mismo que ahora está suspendido por una decisión del Tribunal de Cundinamarca.

Es la empresa que Germán Efromovich ayudó a salvar de la quiebra con Fabio Villegas –en 2004 CEO de la compañía–, pero la misma que se deterioró, al parecer, en parte gracias a los intrincados negocios y la ambición de aquel.  

En 2019, Efromovich fue sacado de la presidencia de la junta directiva de Avianca Holdings por algo que él denominó como emboscada. A inicios del siguiente año, en 2020, su empresa fue señalada de sobornos para la compra de aviones de Airbus, con supuestas comisiones bajo cuerda. Y a finales de agosto de 2020 a él y a su principal socio, su hermano José, el Ministerio Público Federal brasileño resolvió retenerlos su domicilio como medida de aseguramiento por el escándalo de Lava Jato, una operación de investigación que significa, literalmente, lavado de autos –y que surgió en el 2013 por una red de lavado de dinero a través de empresas fachada que prestaban estos servicios, con procedimientos similares a los de Odebrecht–. Esta operación ha afectado a más de 250 personalidades de Brasil, ha dejado más de 120 condenas y más de 12 países de Latinoamérica se han visto involucrados.

Si bien este hecho no involucra directamente a Avianca, sí permite concluir que sus principales accionistas han tenido una serie de negocios internacionales –petróleo, hotelería, transporte aéreo en Brasil y Colombia–, y que Avianca ha sido parte de ese emporio. Según El Tiempo la medida de retención fue tomada por haber intercedido indebidamente, a través del astillero Ilha S. A. (Eisa), en licitaciones para la compra, venta y construcción de buques petroleros. También por, según el periódico, comprar a altos funcionarios de una subsidiaria de Petrobras –Transpetro– para su beneficio. Todo esto se estima que suman perjuicios por más de 407 mil millones de pesos, al cambio de hoy. Los mismos contratos implicados en el caso Lava Jato fueron los que se rastrearon, en 2001, para designar la corresponsabilidad de la empresa Marítima Petróleo e Engenharia, entonces propiedad de Germán Efromovich, en el accidente de la plataforma P-36 de Petrobras: la unidad sumergible más grande que operó en Brasil. En el accidente murieron once personas.El hombre que hace pactos en servilletas siempre ha jugado con el riesgo. Aunque el azar y la ruleta movida por otros los han puesto a él y a su hermano a punto de perder sus fichas, mientras haya posibilidad seguirá jugando la partida. Seguirá buscando nuevas servilletas, esta vez para limpiar su apuesta.

El segundo round de Avianca mientras Efromovich se defiende

Avianca vive hoy su segundo proceso de quiebra. Contrario a lo que muchos piensan, este no se dio por la pandemia del coronavirus. Comenzó por tensiones entre sus accionistas y problemas que afectaron la operatividad, como los precios bajos del petróleo del 2018, los del dólar, y el paro de pilotos de 2017; el impago de los créditos que se asumieron con miras a ampliar la oferta y la flota y la incapacidad de mantener los slot aeroportuarios (tiempo que cada aerolínea tiene para llevar a cabo la operación). Todo esto, según analistas, ha incidido en ese proceso, sumado a una estrategia agresiva de endeudamiento, con acreedores como Elliot Management, para balancear entre los hermanos Efromovich pérdidas y gastos de sus diferentes negocios del sector petrolero, hotelero y aeronáutico –entre otros– en Colombia y en Brasil.

Synergy Group es el consolidado de empresas de los hermanos Efromovich, mientras que BRW Aviation es la subsidiaria del sector aéreo. Astilleros, hoteles, aerolíneas y petroleras son propiedades que parecen divididas por una frontera difusa. Como se afirma en El País, los hermanos Efromovich han sido expertos en encontrar en las crisis oportunidades de negocio, y en mover sus fichas entre sus propiedades según sea la conveniencia. OceanAir fue el nombre que le dieron a su primera aerolínea brasileña que, después, fue controlada por Avianca Holdings y llamada Avianca Brasil. Sin embargo, según relata el periódico, no lograron mantener esa estrategia cuando en el 2018 pidieron en Brasil mediación de la justicia con los acreedores por 94 millones de dólares (unos 347 mil millones de pesos, al precio actual), y en 2019 perdieron el control de Avianca Holdings al incumplir el pago de un préstamo de 456 millones de dólares (1,7 billones de pesos, aproximadamente) a la aerolínea United.

Hoy BRW Aviation tiene el 51,33% de las acciones de Avianca Holdings, resultado de la fusión de Avianca y TACA. Sin derecho a votar ni a participar en las decisiones de la empresa, pues el control lo ha asumido el salvadoreño Roberto Kriete (de Kingsland Holding Limited), los hermanos Efromovich buscan diferentes salidas de la crisis que hoy les sobrevive. Hasta el punto de indagar otras opciones de compra: por ejemplo, la aerolínea Alitalia. Antes de la pandemia, según publicó El País, Germán Efromovich viajó incluso hasta la India a buscar inversionistas.

Mientras Avianca intenta resurgir, Efromovich se defiende, y en buena medida, busca hacerlo por su propia cuenta. Con su frasquito de gel antibacterial, y su tapabocas desechable, lanza varias sentencias en su última entrevista a El País de España antes de quedar detenido. “Hacía mi trabajo, que era crear empleos y quería terminar la universidad”, responde al ser cuestionado por su postura en contra de la dictadura militar brasileña. Afirma también estar a favor del proyecto neoliberal de Bolsonaro. De lo que se desprende que para él que todo empresario debe saberse mover entre las ideas políticas, debe saberse arriesgar y debe asumir su rol de generar empleo. 

Algunos empleados de Avianca dicen que lo admiran por ser un presidente capaz de ponerse la camiseta, y admiten sentir tristeza al ver su condición actual. Uno de ellos, a través de una llamada telefónica, pide reservar su nombre, incluso la mención del puesto que ocupa, con miedo a que su afirmación pueda traer represalias. Así recuerda a Efromovich:

“Lo vi una vez, hace un poco más de un año. Era el vuelo inaugural a Munich. Él es una persona a la que no le gusta quedarse quieta. Está muy presto a ayudar. Cuando él va a viajar, se mete al counter, entrega los voucher. Dice siempre: ‘vamos, hagamos esto’. Una persona muy proactiva. Según lo que yo he escuchado, es una persona que quiere a su empresa, la cuida. Creo que es una persona que siempre ha luchado. A pesar de todo lo que ha pasado, ha tenido siempre la intención de ser parte de Avianca. Él siempre hablaba de Avianca como algo de ‘mí’”.

En una reciente rueda de prensa que reprodujo el diario El Tiempo, Efromovich aparece frente a una cámara, dándoles la espalda a unas repisas en las que hay aviones, carros, fotografías, helicópteros, placas, muñecos, cosas. Está en su casa de Sao Paulo. Junto a él, uno de sus abogados, que no alcanza a registrar la cámara. Efromovich responde a preguntas de periodistas con respecto al caso de Lava Jato, y sus futuras y pasadas inversiones. Se defiende. Le da indicaciones a la moderadora. Dice que es inocente. Que aún no se han abierto procesos, todo es preliminar. Todos son malentendidos. Que por un lado está la empresa, por otro lado los accionistas. Que él lo que estaba buscando era capitalizar. Que antes había logrado sacar a Avianca de un problema más grande, a comparación del que existe hoy.

Sube la voz, busca precisar, como si estuviera dando una clase de periodismo: “Los mejores comentaristas son aquellos que hacen sus comentarios el lunes después del juego; ahí es fácil decir quién es el jugador bueno, quién es el malo”, afirma irónicamente. Saca un documento. Como si él mismo fuera un abogado que se defiende. Dice que ahí no hay prueba alguna de sobornos, de lavado, de ningún delito. “Es una ficción, una fantasía”, repite una y otra vez. Una mala interpretación de los jueces, según él. Al fin de cuentas sigue siendo un jugador que se defiende. Tal y como él mismo lo dice, tras la pregunta de cuáles serán los próximos pasos: “No les voy a decir a mis enemigos en público qué cartas tengo bajo la manga”. 

Un pragmático pasa por inocente

Mientras Germán Efromovich esperaba las preguntas de Camila Zuluaga en la cabina de Blu Radio, los dedos de la mano tamborileaban sobre la mesa, y la mirada pasaba de un punto a otro con ceño fruncido, con movimientos ágiles de la cabeza. Era el 21 de mayo del 2019 y el mundo estaba atento a la decisión de Irán de desvincularse del acuerdo nuclear con Estados Unidos. Él no. Él movía piezas de ajedrez en la mente, miraba el reloj, se acomodaba los audífonos y la camisa lila remangada de vendedor de enciclopedias, de lavador de platos, de soldador de radiografías.

Vestido tal vez como en sus primeros años.

Camila Zuluaga quien preparaba las preguntas. Ella tomó el periódico La República, yendo y viniendo erguida hacia el computador.

–Hoy amaneció y nos llegó el periódico La República a la casa, con el titular de Avianca: “En 8 años la acción de Avianca ha caído 77%” –introdujo Zuluaga, después de romper la tensión. –Pero antes de entrar en honduras de los detalles económicos y demás, ¿cómo está usted, leyendo esta noticia de la acción de Avianca de que las cosas no van bien?–.

–Yo, muy bien, gracias –respondió Germán Efromovich. Parecía que ya tenía preparadas las respuestas–. A ver. El problema de la acción es parte de los movimientos de mercado, inclusive, obviamente, de lo que Avianca ha sufrido en función de dos eventos en los últimos años: uno, el más reciente, el paro ilegal, que nos costó más de 300 millones de dólares. ¿No? Y, el otro, el default de Venezuela, que nos costó otros casi, fueron 280 y poco millones de dólares. O sea, en un total de casi 600 millones de dólares eso le pega a cualquiera.

Se trató de la huelga de casi 700 pilotos del sindicato ACDAC, perdida ante los estrados judiciales, que duró más de 50 días y que dejó más de 100 pilotos despedidos, y otros más de 100 sancionados. Según un colaborador de Avianca, fue consecuencia de una promesa incumplida por un incremento de salarios y de prestaciones para los pilotos que nunca se dieron. Sin embargo, la misma fuente dice que hoy en día la empresa ha procurado proteger a los empleados durante la pandemia con un bono y con las obligaciones por ley. Aunque dejó claro que los obligaron a decidir entre dos opciones. Les dijeron: “o se ‘prescinden del contrato’ (es decir, renunciaban) o se someten a una ‘licencia no remunerada’ (es decir, seguían trabajando sin recibir salario)”.

–¿Esa posibilidad existe? ¿United puede llegar a tener el control de Avianca?– preguntó Camila.

–Si United tuviera ese interés, y el riesgo y la variación de los indicadores fueran tan graves como algunos medios sociales y algunos chismes lo hacen creer, posiblemente sí. Pero la realidad no es esa–.

Pero la realidad sí fue esa.

Tres días después, el 24 de mayo, a través de un comunicado, la aerolínea United tomó el control de las decisiones de la compañía, y delegó a Kingsland el dominio, es decir, a Roberto Kriete. Este último pertenece a la familia dueña de TACA, que se unió en 2009 a Avianca Holdings. El nuevo hombre del poder de la compañía había sido el aliado de Efromovich. Incluso se dice que celebraron la unión en las Bahamas. Ahora Efromovich lo tilda de enemigo.

Para Germán Efromovich salir del control de Avianca era ciento por ciento improbable. Según él, apenas habían incumplido uno de los criterios del préstamo. Como condición de pago, puso sus acciones en Avianca. Pero al parecer su seguridad pragmática de gerente –aquella que le permite sin más llevar calzoncillos desechables en su maleta– no le jugó esta vez un buen cálculo.

Entre tanto, el argumento de la guerra sucia contra los sindicatos de pilotos también fue utilizado por United –los recientes acreedores–, así como por los accionistas mayoritarios de las minorías (los más importantes dentro de los más pequeños), Kingsland, para quitarle el control de la compañía. Por último, fue la misma justificación para sacar a hombres de confianza de la junta directiva de Avianca Holdings, como su propio hermano José. 

Esto sucedió un año y medio antes de que los hermanos fueran arrestados, en marzo de 2019. Ahí comenzó la debacle para Efromovich en Avianca, y para Avianca Holdings la llegada de una nueva etapa, tras la renuncia de Hernán Rincón como CEO. Kriete tomó el control y designó al holandés Anko van der Werff como el nuevo presidente. Llegó la pandemia y dejó al jugador Efromovich con el agua casi en la nariz.

Juego de tronos por Avianca

A quien llamaron el salvador de Avianca cuando decían que la rescató de la quiebra y la llevó a la bolsa de valores de Nueva York; Efromovich, a quien Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos alabaron por ser “un empresario ejemplar” y creer en Colombia y su gente; a él lo echaron del avión a la bodega. Las decisiones de endeudamiento (más aviones, más flotas), el descontento de los usuarios, la huelga, el control del mercados interno y del externo (rutas que van de otros países o que vienen de estos), las pugnas por el poder interno: todo influyó en la decisión de United, cuya consecuencia inmediata fue la subida de las acciones de Avianca. Para Efromovich se trató de una traición de Kriete, un juego bélico para el amante del libro El arte de la guerra; para Kriete, el transcurso natural como respuesta a una “Avianca en quiebra”: como lo dijo en una reunión en El Salvador a un grupo de empleados para disuadirlos de ponerlos de su lado. Al final, la decisión fue de United, sin importar justicias o traiciones.

Juego de tronos”. Así lo llamó el consultor Andrés Bernal en su columna de mayo de 2019 en el periódico Portafolio. Esta vez la imagen es la siguiente: gritos que van y vienen en las reuniones de las salas de juntas; manotazos, madrazos. Tal como lo reportó The New York Times en el 2016 cuando estaban en conversaciones para que Copa Airlines, Delta o United compraran a Avianca, los hermanos Efromovich se enfrentaron histéricos con Kriete. En el centro de la guerra, como un rey en su trono, el prestamista Paul E. Singer, de Elliot Managment.

Este parece ser un caso de “estructura de propiedad piramidal”. En palabras de Bernal, refiriéndose a los manejos de Efromovich con las empresas de café, transporte terrestre, hoteles y los servicios de Avianca: “Este tipo de negociaciones son conocidas como ‘operaciones con partes vinculadas’ y, sin estar prohibidas, se ha considerado, por diferentes modelos regulatorios, que deben tener procesos especiales para su contratación, de tal forma que no expropien el valor de los accionistas minoritarios”. Seguidamente, afirma: “Avianca, adicionalmente, ha estado sometida a los riesgos de una estructura de propiedad en diferentes niveles, conocida académicamente como ‘estructura de propiedad piramidal’, que no es lo mismo que una ‘pirámide’. Este modelo, básicamente permite que se controlen varios negocios con diferentes socios minoritarios en cada nivel; para el contexto actual, especialmente importante OceanAir (Avianca Brasil), en problemas de insolvencia”.

Una estructura piramidal domina a otra estructura piramidal. Elliot Managment a los Efromovich y a Kriete.

El jugador de la guerra del mercado

Cuando se le oye hablar a Germán Efromovich reluce el español abrasilado con toques de boliviano. El hijo de polacos migrantes que huían de la muerte de la Segunda Guerra Mundial heredó de ellos el cosmopolitismo. Toda la familia por parte de su papá desapareció en la guerra, a excepción de un tío, David, el ídolo de infancia. Bolivia lo vio nacer en 1950; Chile lo vio vivir en contenedores y dormir sobre baúles, asistir al mundial en que Colombia batió cuatro veces el arco de la ‘Araña Negra’ y empató con Rusia, y hacerse amigo del futbolista Cuca Aceros; Brasil lo vio crecer, vender enciclopedias, formar a adultos para pasar pruebas estatales –dicen que incluso le enseñó al expresidente Lula–, y hacerse profesional: ingeniero mecánico; Estados Unidos lo vio lavar platos, aparentar dormir en lujosos hoteles para que los inversionistas creyeran en él.

La mentalidad pragmática, las maneras secas, la espontaneidad. La vanidad, la persistencia y la lucha. La concentración en los objetivos. Un narrador de historias que nadie conoce. Un despertador de conciencias que para crecer en los negocios parece no tener escrúpulos. Al menos así lo indican las investigaciones en su contra. Un encantador de espíritus, como si fuera un pastor de superación. Esta es la narración de un luchador capitalista que ahora está detenido. Pero por más de que le huya a la política no lo puede hacer, porque él mismo es un animal político. La política lo persigue. Y la justicia también.

Efromovich no llegó a Colombia buscando aviones sino petróleo. Estas son algunas de las investigaciones relacionadas con él que permiten deducirlo: según Rutas del Conflicto, en el 2003 compró los derechos de explotación del campo Rubiales (Rubiales-Piriri y Quifa, en el Meta), también con financiación de Elliot Management. Con ello, dejó el campo abierto para el ingreso del capital extranjero para la explotación y exploración de campos petroleros en los llanos colombianos. La empresa era Meta Petroleum Limited, beneficiada con la militarización del territorio durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. En una entrevista no publicada, según Rutas del Conflicto, Efromovich afirmaba contar con un ejército de seiscientos hombres y treinta asesores de seguridad para cuidar el campo petrolero. Este fue el mismo territorio de Pacific Rubiales, lugar denominado como la república independiente de Canadá, cuando en el 2008 esta multinacional se hizo con los derechos de explotación del territorio.

Rutas del Conflicto también señala: decenas de miles de hectáreas para la siembra de palma aceitera, especialmente en el Cesar, en la hacienda Bellacruz, con tierras reclamadas por campesinos, y con sentencia de la Corte Constitucional en el 2016 para devolver 1.200 de estas. Otros conflictos más en otros países: indagaciones abiertas en 2017 por la simulación de venta de la aerolínea Mac Air –aerolínea de la familia del expresidente argentino Mauricio Macri– a Avianca: el fiscal Jorde Di Lello hizo énfasis en asociación ilícita, negociaciones incompatibles, defraudación contra la administración pública y tráfico de influencias.

Efromovich ha dicho que en cuestión de política un empresario no debe intervenir. Es un jugador del mercado. En eso consiste su política. Se debe a sus clientes: tal como y se le vio repartiendo pases de abordar o preguntando a los usuarios si se sentían bien atendidos. Según dice él, no llega a los aviones como si fuera el dueño. Cuenta que alguna vez, enfermo, tuvo que dar explicaciones a un cliente que se molestó porque estaba usando varias sillas. Se ha dicho en varias ocasiones –en entrevistas con Darío Arizmendi, en publicaciones en El Tiempo y Portafolio, en Dinero– que es un hombre conocedor de cada milímetro, hasta donde sea posible, de sus propiedades. Su olfato ha estado en cada paso, en cada decisión. Su pasión por jugarse el pellejo, resultar ganador a toda costa, valga lo que valga. Todo esto lo hace dueño de una historia capitalista de superación personal, pero que en realidad es matizada por una figura acostumbrada a jugar la guerra política del mercado.

Los lobos en la cueva, los buitres a volar

La caída de las acciones y del valor de Avianca no ha sido por el mercado aeronáutico colombiano, en todo caso. El abogado Lucas Arcila, quien ha investigado este mercado para terminar los estudios de su segunda maestría en Francia, afirma que en realidad se trata de dos mercados, el nacional (en Colombia) y el exterior (desde o hacia el extranjero), y que en ambos existen oligopolios, con mayor predominio de Avianca (para el caso del mercado interno). Dice Arcila, en conversación telefónica, a propósito de la pregunta por los cielos abiertos en Colombia:

“Se ha venido siguiendo una tendencia en los últimos años de construir una política de cielos abiertos: se han venido firmando tratados –en el mercado internacional–, convenios –algunos bilaterales con ciertos países, otros multilaterales con países por ejemplo de la Comunidad Andina de Naciones– que, precisamente, tienden a eso. En el mercado interno, también se ha ido liberalizando en el sentido de que hoy en día las empresas –las aerolíneas– pueden fijar tarifas como quieran en Colombia”.

La desregulación o liberalización ha sido un proceso gradual, de los últimos años, como afirma Arcila. Lo cierto es que el dominio lo ha tenido Avianca, y este dominio ha representado para la empresa una relativa seguridad. No ha sido la quiebra por culpa de sus usuarios. El economista Salomón Kalmanovitz afirma que Avianca estaba en crisis antes del COVID-19 por “políticas aventureras”. La adquisición de nuevos aviones (alcanzó a contar con doscientos de ellos, de los cuales la mayoría eran de su propiedad) coincidió con la caída de los precios de las exportaciones en la región y con las diferentes crisis con los sindicatos, en especial el sindicato de ACDAC. Por ello, según Kalmanovitz, tuvo que pedir prestados más de 450 millones de dólares a United Airlines, préstamo que después, como ya se vio, obligó a salir volando a Efromovich de la cabina de piloto, y poner a la accionista minoritaria, Kingsland, o sea a Kriete, al volante.

Hoy en día el único que parece salir en titulares y referirse al panorama actual es el CEO Anko van der Werff, holandés con espíritu tecnocrático. Brinda opciones, enlista salidas, habla del interés general, le pide al gobierno que asigne algún tipo de préstamo, o que les compre acciones, o que capitalice, o algo, en el desespero de poder recobrar algún respiro. Parece haberle aprendido a Efromovich estar en la primera línea de atención. Hace unas semanas estuvo en el foco de la polémica tras el préstamo que el Gobierno le otorgó a Avianca por 370 millones de dólares (según datos de Cuestión Pública al 28 de agosto de 2020, este valor corresponde en bolsa a 7,13 veces más de lo que se valoriza a Avianca). Anko van der Werff dio una entrevista en W Radio que dejó más preguntas que respuestas. Ante el cuestionamiento sobre cómo la aerolínea iba a respaldar el préstamo, dijo que con la marca, el programa de LifeMiles y con cuentas bancarias con efectivo. 

Los lobos –reconociendo quizá de súbito un impulso por cuidar lo que aún es suyo– decidieron aguardar en sus cuevas a que la tormenta pasara, afilar sus garras y tramar el siguiente paso. Pero la tormenta no pasa. Acostumbrados a la guerra, no deben temerla demasiado. Efromovich siempre ha dicho que no le interesa perder una batalla siempre y cuando pueda ganar la guerra. En este caso, si todos pierden, ¿alguien gana? Los más poderosos –los financieros, los buitres– se irán con su capital a las economías más fuertes y dejarán las emergentes devaluando cada vez más su moneda y aumentando la inflación, tal y como lo afirma The New York Times.

Efromovich le dijo a El Tiempo que ni siquiera lo dejaron ir a sacar las cosas de la oficina de Avianca. Que el héroe Kriete no era más que un traicionero. Que estaban investigando para que salieran a flote las artimañas. Que si no fuera por ellos TACA estaría quebrada. Que si Airbus le pagó sobornos a algún alto funcionario de la empresa fue una imbecilidad. 

Sin embargo, días después de que Efromovich sacara a la luz pública la contratación de Hernán Rincón –antes había sido presidente de Microsoft para Latinoamérica– como CEO, este dijo, frente a Yamid Amat, que era posible fracasar, que los errores se cometían, pero había que reconocerlos. ¿Esta vez hubo más errores que aciertos?

Los aviones también resultaron detenidos

Efromovich, como todos, hoy por hoy ha dejado de ser un itinerante. Más por la detención que por la pandemia. Antes de que estuviera retenido estuvo viajando en busca de inversionistas. Ha debido detenerse como se detuvieron casi todos los 132 aviones de Avianca por el nuevo coronavirus (con solo operaciones de carga). El impacto de la pandemia ha representado un declive del noventa por ciento en el tráfico aéreo global, y se espera la reducción de 314 mil millones de dólares alrededor del mundo (según datos de Avianca y de la Asociación Internacional de Transporte Aéreos [IATA, por sus siglas en inglés]). Por lo cual la segunda mayor aerolínea de Latinoamérica estima pasivos de entre uno y diez billones de dólares. Ahora su futuro está en manos de la Corte de Bancarrota por el Distrito Sur de Nueva York.

Una corte estadounidense decide por una empresa supuestamente de Colombia.

Por su parte, el gobierno del presidente Iván Duque –sin oír las críticas que se han venido dando desde diferentes sectores ideológicos– aprobó el préstamo con plata del Fondo de Mitigación de Emergencias. Tanto él como su gabinete justifican que esto se hace para contribuir a la reapertura del mercado aeronáutico en Colombia, con la condición de que el nuevo acreedor –los contribuyentes, los colombianos– sea el primer destinatario cuando la empresa tenga la solvencia suficiente. Además, bajo la consigna de que la decisión está amparada por un juez estadounidense.

Las críticas, sin embargo, no han parado: no se ha efectuado el mismo respaldo a otros sectores de la economía indispensables como el agro, o a Satena, que es una aerolínea estatal (argumento esgrimido por el exministro de hacienda Juan Carlos Echeverri en Caracol Radio); no hay condiciones explícitas para que el préstamo no sea usado para antiguas deudas (para pagarles a los acreedores, como denuncia el portal Cuestión Pública); ni tampoco hay mandatos para que los principales beneficiarios sean los empleados de la empresa. Por último, no parece haber una respuesta del gobierno para mejorar la competencia del mercado aeronáutico –y, así, la promoción de los cielos abiertos–, sino que a la larga se ahondará en la dependencia de Avianca, tanto en el mercado interno como externo.

Los análisis que hacen académicos como Óscar Eduardo Díaz Olariaga, ingeniero aeronáutico y doctor en la misma materia, abogan por trascender la coyuntura y buscar soluciones estructurales. Se deberían considerar la formación del personal, la especialización de los entes reguladores en temas como la competencia, la responsabilidad de tributar en el país del que la empresa recibe el préstamo, y la agresividad de la demanda venidera, a propósito de la apertura del mercado. Según se infiere a partir de estas posturas, un préstamo que no tenga en cuenta las posibles consecuencias podría ayudar a aumentar el oligopolio existente de Avianca. Un préstamo a Avianca debería estar acompañado de una política pública integral con otros préstamos equitativos que incentiven la competencia.

El gobierno no parece tener en cuenta estas recomendaciones. Quienes están a favor del préstamo hablan del “interés general” y de las grandes contribuciones que Avianca le ha dado a Colombia, pero como no sea la vinculación indirecta de la puesta en marcha de un servicio, y el cariño de la gente que vive de la empresa, no hay más: los accionistas más importantes son del extranjero, la mayoría de acreedores también lo son, y está radicada en Panamá. En ello están de acuerdo economistas y políticos diferentes: Salomón Kalmanovitz, Martín Jaramillo, Germán Vargas, entre otros. El gobierno debería ser responsable y construir esa política pública integral para no responder solo coyunturalmente a la crisis.

Seguramente hoy Efromovich se complace de volver a estar con su familia y dejar su habitación en el Movich de la Avenida El Dorado, así como sus otras casas itinerantes. Su esposa, Hilda Efromovich, “el gran amor de su vida, compañera fiel en las buenas y en las regulares”, según dice una fuente cercana, lo está acompañando en su casa de Sao Paulo. En medio de su defensa, tal vez sueñe viajando en uno de sus aviones. Y así se imagine viendo el horizonte a través de la ventana, esa paz que le da sentir que nadie lo va a interrumpir y que puede dedicarse a trabajar, y pensar la mejor estrategia, el mejor modo de recobrar las riendas de la empresa. Tal vez esté de nuevo con sus tres hijas, y comparta con ellas más de un fin de semana. Tal vez uno de esos aviones de su repisa le sirva para jugar con sus nietos, y así recuerde las veces que viajó con ellos: “Adora a sus nietos, pero su adoración es su nieta mayor, a quien solía llevarse de vacaciones a Disney en plan abuelo-nieta, cuando aún no habían nacido más nietos”, según cuenta la fuente.

Está detenido, también, pero sin hambre. Hambre que sí han sentido los empresarios de Turquía, los vendedores de fruta de la India, los cantineros en Manila, los taxistas de Argentina, los vendedores informales de Colombia. Los pequeños empresarios de aquí que hoy se preguntan qué van a comer mañana. Los pilotos, azafatas, oficinistas de Avianca que hoy se preguntan qué pasará con sus empleos.

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