Buenaventura sin escuelas: el terremoto agravó el riesgo de reclutamiento
23 de agosto de 2026
Una reunión en el colegio San Vicente de Buenaventura (Valle del Cauca), a inicios de 2026, significó la diferencia entre la vida y la muerte de decenas de estudiantes de primaria y bachillerato. Los rectores de varias instituciones educativas estaban preocupados porque, tal y como se había fijado el calendario escolar, las pruebas Saber 11 (antes conocidas como Icfes) iban a tener lugar en vacaciones. “Usted sabe que muchos muchachos aprovechan para irse de viaje a visitar familiares y de pronto no llegaban a presentar el examen”, dijo Leonor Murillo, rectora del San Rafael, el colegio más antiguo de esa ciudad. Entonces, decidieron pedirle a la Secretaría de Educación que evaluara la posibilidad extender el primer semestre de estudios y empezar el segundo con algunos días de retraso. Algunos criticaron la idea de cambiar de manera abrupta los tiempos de estudio.
VORÁGINE recorrió cuatro instituciones educativas en Buenaventura tras el terremoto del pasado 10 de agosto: reposan en el suelo grandes porciones de los muros, y los techos de varios espacios quedaron en el piso. Incluso, el personal de vigilancia de dos de los colegios nos dijo que las edificaciones “crujían” a lo largo del día y que el colapso era inminente.
Según le dijo a este medio la secretaria de Etnoeducación de Buenaventura, Carolina Chamat, se han identificado 34 colegios que quedaron colapsados total, parcialmente o en inminente riesgo de venirse abajo. Solo con ese conteo, unos 7.500 niños están sin escuela. Sin embargo, la capacidad de la Alcaldía es muy limitada: un solo profesional debe visitar todas las sedes educativas y en cada una se demora una hora. Esa labor ha sido apoyada por ingenieros de la Gobernación del Valle del Cauca y de Propacífico. Además, una fundación llamada Educambio haría los diagnósticos en algunas zonas rurales. Pero, todavía faltan algunos lugares por visitar, por lo que es seguro que miles de niños más quedaron sin un lugar donde tomar clases.
VORÁGINE constató un ejemplo de ese subregistro. En la zona rural de Buenaventura, en la ribera del río Calima, visitamos la vereda Colonias que alberga la sede principal del colegio Niño Jesús de Praga, donde se educan 400 niños. El nivel de destrucción es tal que con el paso de los días se desprenden más ladrillos que quedaron flojos tras el terremoto. Es evidente que el lugar representa un riesgo para cualquier persona. Incluso, la comunidad ya lo acordonó para que nadie pueda entrar.
A Hailin Murillo, del Consejo Comunitario de la Cuenca Baja del Río Calima, se le entrecorta la voz cuando nos muestra la huerta en la que los estudiantes del Niño Jesús de Praga tenían sembrado albahaca, orégano, cilantro cimarrón, cebolla, hierbabuena, cargamanta, celedonia. Allá la profesora Olivia les enseñaba de diferentes grados a sembrar, a cuidar y a cosechar esas plantas, algunas de las cuales tienen usos medicinales. Cuando llegaba el momento indicado, vendía los frutos de esa labor frente al colegio. Sin embargo, varios ladrillos grandes cayeron sobre el espacio y lo que quedó en pie del muro junto a la huerta amenaza con colapsar. El día del terremoto no había niños ahí.
Pero, el de Niño Jesús de Praga es apenas un ejemplo. Hay muchos colegios más que hoy representan un riesgo, por lo que se aplazó el inicio de clases y muchos niños, niñas y adolescentes no saben ni siquiera cómo las tomarán. La Alcaldía declaró la emergencia educativa y habilitó la posibilidad de educación en casa por medio de talleres, cartillas y de manera virtual. El ministro del Interior, Rodrigo Lara, estuvo en Buenaventura y prometió que el Estado proporcionaría tabletas y que iban a pedirle a las empresas de telecomunicaciones que donaran planes de datos. Pero tener a miles de estudiantes por fuera de las aulas los expone a riesgos y la comunidad prevé problemas para acceder a la educación digital.

Reclutamiento: el temor de profesores y padres
La Institución Educativa Juan José Rondón está ubicada en el barrio Juan XXIII de Buenaventura. Ese lugar ha sido el escenario de diferentes hechos violentos que han sido reseñados, por ejemplo, por la Defensoría del Pueblo. Esa entidad en 2021 advirtió, en una alerta temprana, que en 2021 se tuvieron que desplazar 30 familias por los enfrentamientos entre Los Shottas y Los Espartanos, dos grupos criminales que operan en el área urbana del municipio. La misma entidad registró en 2023 el abandono y la destrucción de casas en el sector, lo cual también obedecía a la dinámica de violencia.
En medio de ese panorama, el Juan José Rondón atiende a unos 1.000 estudiantes. Sin embargo, no podrán llegar a clases. VORÁGINE visitó la sede educativa y encontró un panorama de destrucción por cuenta del terremoto. La sala audiovisual del colegio quedó con el techo en el piso y varias varillas expuestas. Uno de los edificios tiene una grieta en una pared con más de tres centímetros de apertura. Además, la mitad de un muro del tercer piso se cayó hacia el patio del colegio y la otra mitad amenaza con caerse.
La rectora de la institución educativa, Elda Ángulo, cuenta que muchas veces los jóvenes llegaron a relatarle que había balaceras en sus barrios. “El colegio era el entorno donde ellos se sentían seguros y de alguna manera acá se relajaban y estaban un poco más tranquilos frente a toda esa situación difícil”, dijo. Que se debiliten las redes de cuidado sobre los niños y las niñas es uno de los aspectos que más la preocupa en este momento: “Nuestros estudiantes quedan con un tiempo libre en el que no sabemos qué pueden hacer, quiénes lo pueden llamar o qué otros caminos pueden coger”.
Esa misma preocupación gravita en otros lugares de Buenaventura. La rectora Leonor Murillo, del San Rafael (ubicado en el centro de la ciudad), dijo: “en el menor tiempo posible el gobierno nacional, el distrito y la Gobernación tienen que buscar las soluciones para que los grupos al margen de la ley no puedan reclutar a los muchachos”. En el colegio que ella dirige, que atiende a 700 estudiantes, hubo un colapso de parte de la estructura. En un área de la edificación lo que eran cuatro pisos quedaron aplastados en uno solo. Murillo contó que un arquitecto de la Secretaría de Educación, en una evaluación preliminar, dijo que había que demoler completamente.
Uno de los barrios más afectados por el terremoto fue El Jardín. Visitamos el colegio José Ramón Bejarano, que atiende a 800 niños, niñas y adolescentes. El estado de la planta física es tan peligroso que el hombre que la vigila nos dijo: “Hoy me tocó correr porque empezó a chirriar y yo pensé que se iba a caer”. La estructura a la que se refería tiene cuatro pisos y hay varias columnas que tienen sus extremos reventados hasta el punto en que se ven las varillas de hierro deformadas. Unos 20 metros de un muro perimetral se cayeron y en una zona verde se puede ver una grieta en el suelo de unos 5 centímetros de grosor. La situación se agrava porque el colegio queda cerca a la vía alterna-interna, por donde circulan tractomulas con cargas pesadas. “Cuando pasan las mulas hacen vibrar el suelo”, dijo el vigilante.
En el José Ramón Bejarano nos atendió la orientadora, Lidia Urrutia, quien también hizo énfasis en los riesgos que supone la falta de sedes educativas para la educación presencial: “Una de las consecuencias es que aquí en Buenaventura ha habido mucho reclutamiento de los jóvenes, ha habido explotación sexual y abusos de niñas. Entonces, nos da miedo que los niños y las niñas vayan a permanecer en espacios inseguros”.
Los temores de la comunidad educativa tienen sustento. La Defensoría del Pueblo conoció cinco casos de reclutamiento forzado en Buenaventura durante 2025. Sin embargo, la entidad tiene certeza de que el subregistro es altísimo.
Consultamos a la secretaria de Etnoeducación de Buenaventura, Carolina Chamat, quien en su respuesta dejó ver la impotencia frente a la situación: “En este momento es complejo decirte qué podemos hacer para que se evite la deserción o para que se mitigue el reclutamiento porque es que no tenemos respuesta inmediata porque requerimos es construcción de las sedes físicas”.
Miseria y falta de conectividad
El primer obstáculo que deberá enfrentar la continuidad de la educación en Buenaventura es la miseria en la que quedaron miles de familias luego de perder sus casas. Esa situación es advertida por la rectora Elda Ángulo: “Los estudiantes podrían estar desmotivados y eso haría que en lugar de decidir ir al colegio, piensen que deben buscar trabajo y generar recursos para sus familias que quedaron sin nada. Es una situación que los pone a escoger si la prioridad es estudiar o generar recursos”.
Los reportes de la Alcaldía respaldan esa preocupación: según la entidad, 9.194 viviendas resultaron afectadas y 954 destruidas. En Buenaventura murieron 27 personas y 50.740 resultaron afectadas por el sismo. Hailin Murillo le dijo a VORÁGINE que en el Consejo Comunitario de la Cuenca Baja del Río Calima que el 98% de las viviendas tuvieron daños, y el 50% colapsaron. El barrio el Jardín, en la parte urbana, fue uno de los que recibió el mayor peso del terremoto. Solo por dar un ejemplo, todas las casas que quedan frente al colegio José Ramón Bejarano sufrieron graves incidentes. Incluso, una se cayó y dejó herido a un niño.
Ese contexto genera escepticismo frente a las soluciones de virtualidad. Maritza Herrera, madre de un adolescente de 16 años que estudia en el José Ramón Bejarano, advirtió: “Algunos dicen que la educación va a ser virtual, pero el celular de mi hijo se destruyó en la catástrofe”. Además, su casa quedó con graves afectaciones, por lo que aseguró que el joven no tendría ni siquiera un lugar dentro de la vivienda desde donde atender las clases. La rectora Murillo también habló de la falta de dispositivos: “En muchas casas no hay conectividad y en muchas otras hay un solo celular para la mamá, el papá y los niños. Así no van a poder tener esa capacidad para responder a la virtualidad”.
En algunos casos el problema persistiría aunque les den dispositivos a los niños. Por ejemplo, en la Cuenca Baja del Río Calima hay comunidades que no tienen conectividad. “Acá la señal no es tan buena”, dijo Hailín Murillo. Pero, dijo, que van a buscar todas las alternativas (como carpas) para que los niños de esa región se sigan educando.
Con respecto a la falta de internet, la secretaria Chamat dijo que van a gestionar antenas de Starlink para asegurar la conexión. En una visita a Buenaventura que hizo el ministro del Interior Rodrigo Lara, prometió: “Les voy a pedir a los operadores de telefonía móvil que le donen a los niños planes de datos y nosotros vamos a gestionar la entrega de tabletas para que podamos tener educación virtual lo más rápido posible”. Sobre el tema, Chamat dijo que necesitan 10.000 tabletas en el municipio para entregarles a los estudiantes. Le preguntamos al ministro Lara cuándo se tiene planeada la entrega de los elementos que mencionó, pero al cierre de este artículo no habíamos recibido respuesta.
A la rectora Elda Ángulo le preocupa que, suponiendo que se superen las barreras de acceso a la virtualidad, la falta de la modalidad presencial se traduzca en deserciones. “Va a haber niños que van a perder la motivación por el estudio, porque para ellos el colegio es encontrarse con sus amigos y con sus compañeros”, dijo. Ella habló con añoranza sobre las estrategias contra el abandono del colegio que estaba implementando en la institución educativa. Contó, en medio de la cancha de microfutbol en la que hablamos y desde la que se veían las ruinas, que estaban avanzando en la identificación de intereses de los niños, las niñas y los adolescentes: podían elegir un deporte (como el fútbol, basquetbol, voleibol, ajedrez) o diferentes campos como el cine y la lectura. Apenas empezaban a dar frutos esos centros de interés, cuando llegó el terremoto. “Desde casa no lo podemos hacer y este año los íbamos a fortalecer”, explicó.
Las advertencias
Aunque un terremoto es imposible de predecir, había problemas en la infraestructura educativa en Buenaventura que habían sido advertidos desde hace varios años. Leonor Murillo asumió la rectoría del San Rafael desde 2022, nos dijo que, en aquel año, empezó a alertarles a las entidades los problemas que tenía su institución educativa y la urgencia de que se realizaran reparaciones. “Nosotros habíamos hecho la alerta, inclusive la misma de Oficina de Atención y Prevención de Desastres tiene los oficios que le hemos enviado. Vinieron en ocasiones, pero no se hizo la atención requerida para que estas situaciones de pronto pudieran prevenirse”, dijo.
VORÁGINE también conoció una serie de documentos que les enviaron a entidades nacionales (como el ministerio de Educación y la Unidad Nacional de Gestión de Riesgo, Ungrd) a la Alcaldía de Buenaventura pidiéndoles atender el deterioro en el colegio José Ramón Bejarano. En un correo de la Ungrd, del 7 de abril de 2026, a la alcaldesa Ligia del Carmen Córdoba se lee: “informamos que por no ser de competencia de (esta) entidad se traslada a la Alcaldía Distrital de Buenaventura, Valle del Cauca, el requerimiento de la referencia para que lo atiendan según lo de su competencia”. El oficio que dio pie a ese correo advertía los riesgos que corrían estudiantes y docentes por el deterioro de la planta física antes del terremoto.
Le preguntamos a la secretaria Chamat por qué no se habían hecho las adecuaciones que necesitaba el colegio y dijo: “eso sí no te puedo responder porque yo me enteré de esa información ahorita que pasó el terremoto. En el empalme (con el anterior secretario) no tuve información de por qué no se arreglaron las sedes”.
Luego de la reunión de rectores con la que inicia este reportaje, la Secretaría de Etnoeducación decidió correr el cronograma escolar. Con ese cambio, los niños debían regresar a las aulas el 18 de agosto. El terremoto fue el 10. Ninguna de las personas con la que hablamos tiene dudas: esa decisión terminó salvando decenas de vidas que se habrían perdido en los colegios que sufrieron daños graves.
Por el terremoto, el calendario de clases se volvió a mover. Ahora los profesores de los colegios a los que no se puede volver están contactando a las familias y a los estudiantes para saber en qué condiciones psicológicas están. Desde el 24 de agosto los niños, las niñas y los adolescentes recibirán guías de atención emocional. Eso durará dos semanas y, después, empezarán las clases en modalidad remota. Pero, cada hora que transcurre sin que el Estado solucione el problema de fondo de la infraestructura educativa, agrava los riesgos para quienes crecen en medio de contextos de violencia. Además, se va acrecentando la brecha de oportunidades entre los niños que acuden a lugares adecuados y quienes han sido tratados como ciudadanos de segunda categoría, cuya única esperanza para vivir con garantía de derechos es tener un talento extraordinario.
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