Murió el sacerdote que abusaba de niños porque se le presentaban en pantaloneta

El famoso cura Eliécer Salesman murió en la impunidad que le garantizaron los salesianos y la Arquidiócesis de Bogotá.

12 de noviembre de 2020

Por: Juan Pablo Barrientos / Ilustración: Camila Santafé

El pasado primero de noviembre, Día de Todos los Santos, murió Gustavo Eliécer García García, más conocido como Eliécer Salesman, el cura más importante de la comunidad salesiana, denunciado por pederastia pero protegido por su comunidad religiosa y la Arquidiócesis de Bogotá. 

A pesar de que Salesman quedó grabado reconociéndole a una de sus víctimas que sí lo había abusado, en la homilía de las exequias, el padre Jhon Jairo Gómez Rúa, superior de los salesianos en Bogotá, describió a su colega como un santo: “Las persecuciones no son una realidad del pasado porque hoy también las sufrimos y seguramente nuestro hermano las sufrió, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades. Por eso, aceptar el camino del evangelio aunque nos traiga problemas, eso es santidad”.

Acompañado por 15 sacerdotes y dos obispos, Gómez Rúa celebró las exequias de Salesman y enfatizó en que una de las máximas del difunto sacerdote era que todo lo arreglaba la oración y que el cura “gastó su vida como don Bosco, con generosidad, buscando la salvación de los jóvenes”.

El padre Salesman era considerado un santo en la comunidad salesiana, y como tal fue despedido en sus exequias, un hombre cuyo corazón “siempre vibró por los niños y los jóvenes”, dijo su colega en una muy sentida predicación, en la que más adelante aseguró que el difunto tuvo “momentos oscuros que necesariamente se presentan pero que con la ayuda de Dios se superan, porque Dios los puso a prueba y los encontró digno de él”.

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Un video

Salesman fue encubierto y protegido por su comunidad religiosa y por la Arquidiócesis de Bogotá, en cabeza del cardenal Rubén Salazar y de monseñor Pedro Mercado Cepeda, capellán del Congreso de la República y presidente del Tribunal Eclesiástico de la capital. Mercado es quien guarda celosamente los archivos secretos donde reposan las denuncias contra los curas pederastas y abusadores sexuales de menores. Denuncias que no conoce la Fiscalía y que la Iglesia “investiga” autónomamente gracias al concordato.

Hace dos años, un bogotano de 45 años, casado y padre de dos hijos, denunció que fue víctima de abuso sexual por parte del famoso sacerdote entre 1982 y 1992 en el barrio 20 de Julio de Bogotá, en el santuario del Divino Niño, administrado por los padres salesianos. Los hechos ocurrieron cuando la presunta víctima tenía tan solo 8 años y el sacerdote unos 54. 

En 2013, Camilo* decidió visitar a su victimario y lo grabó para obtener una prueba que demostrara los abusos sexuales por parte del padre Salesman. En vídeo, el cura reconoció que, en una ocasión, Camilo se le apareció en pantaloneta y, como estaba cansado por celebrar tres misas, decidió llevarlo a su habitación: “Yo estaba fundido después de tres misas, usted no sabe el estado anímico cuando uno lleva tres misas”, le recordó el cura, quien también le aclaró que solo fue cuestión de cinco minutos.

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Con el video en su poder, Camilo denunció a Salesman ante la comunidad salesiana, exigiendo que el cura fuera castigado y apartado del sacerdocio. La comunidad le prometió tomar cartas en el asunto, no sin antes silenciarlo con 50 millones de pesos para que no presentara la denuncia en la Fiscalía.

Unos meses más tarde, Camilo regresó a la parroquia del 20 de Julio en Bogotá y el padre Eliécer Salesman continuaba celebrando la misa. “Regresé ante la comunidad salesiana y ellos lo único que me dijeron fue que tenían muchas cosas administrativas pero que iban a trabajar para expulsarlo”, relata el hombre, quien recibió otros 50 millones de pesos y la promesa de estudios universitarios.

Los salesianos nunca suspendieron al padre Salesman, por el contrario, lo encubrieron y protegieron hasta su muerte. Tampoco hizo nada la Arquidiócesis de Bogotá en cabeza del cardenal Rubén Salazar y del cura Pedro Mercado, quienes enterados de las contundentes denuncias contra Salesman, porque no solo fue la de Camilo, nunca le exigieron a la comunidad salesiana que lo retirara del ministerio sacerdotal.

“Yo lo único que estoy pidiendo es justicia; no es posible que eso se presente en la comunidad Católica. Esto está afectando al mundo entero”, dice Camilo, quien recuerda que recibió los 100 millones a pesar de que nunca se los pidió a la comunidad.

El expediente terminó en los anaqueles de la Fiscalía mientras el cura disfrutaba de sus últimos años en un convento, donde falleció sin ser juzgado por la justicia colombiana ni por la eclesiástica.

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El padre Eliécer Salesman murió a sus 91 años, 71 de los cuales se los dedicó a la Congregación Salesiana, 61 como sacerdote. Era historiador de la Pontificia Universidad Javeriana y en 1974 fundó el Apostolado Bíblico Católico para propagar las buenas lecturas, según esta comunidad.

Al padre Gustavo Eliécer García, o padre Salesman como se hacía llamar, se le atribuyen, según su página de Wikipedia, siete publicaciones que suman más de seis millones de ejemplares vendidos en todo el continente, entre los que se destacan: Flora y Elio, Pequeños Mártires, Cursillo Bíblico, Secretos para Triunfar en la Vida, La Novena Bíblica al Niño Jesús, Los Nueve Domingos al Divino Niño, Mil Curiosidades y Lecturas Sabrosas.

La generosa homilía del padre superior de los salesianos en las exequias del padre Salesman, contrasta con la revelación que presentó el Vaticano en los primeros días de noviembre y que demuestra cómo los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI encubrieron, protegieron y promovieron en su carrera eclesiástica al arzobispo de Washington, cardenal Theodore Edgar McCarrick, a pesar de que conocían múltiples acusaciones por abuso sexual a menores de edad contra este príncipe de la Iglesia.

Los salesianos en Colombia están divididos en dos inspectorías, la de Bogotá y la de Medellín. Como las diócesis y arquidiócesis, las comunidades religiosas también tienen sus archivos secretos, donde reposan cientos de denuncias contra curas pederastas y abusadores de menores que la Fiscalía General no conoce. 

A pesar de que la vocación de los salesianos son los niños y jóvenes desprotegidos, sus dos archivos secretos en Colombia -y en el mundo- están repletos de denuncias por abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes, como quedó registrado en el libro Dejad que los niños vengan a mí

Mientras Francisco está revelando los archivos secretos y condenando lo que hay en ellos, los salesianos los siguen escondiendo, absolviendo a los perpetradores de abusos sexuales contra menores de edad. 

Al Papa no le importó denunciar a sus dos predecesores, uno de ellos santo, mientras que a los salesianos no les importó seguir protegiendo, hasta la muerte, a un hombre al que consideran santo a pesar de haber reconocido que violó a un menor de edad.   

*Nombre protegido por cuestiones de seguridad.

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Acerca del autor

Juan Pablo Barrientos
Bachiller del INEM José Félix Restrepo de Medellín. Comunicador social de la Universidad Católica del Norte, especialista en periodismo electrónico de la Universidad Pontificia Bolivariana y magíster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown. Ejerce el oficio desde hace 13 años. Fue corresponsal en Washington de La Fm y Noticias RCN; director de Teleantioquia Noticias; periodista de La Fm, La W y Caracol Radio. Ha sido profesor de las universidades Pontificia Bolivariana, Eafit, Santo Tomás y Politécnico Grancolombiano. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2018 a la Mejor Investigación en Radio con Dejad que los niños vengan a mí y Premio del Círculo de Periodistas de Bogotá por la Mejor Investigación en Radio 2016 con La Comunidad del Anillo. Autor del libro Dejad que los niños vuelvan a mí, de editorial Planeta, uno de los textos de no ficción más vendido en Colombia en 2019.
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